Heidi, Marco y hasta Calimero o La abeja Maya nos dieron grandes lloros y alegrías a los boomers más bobalicones, hay que reconocerlo. Pero en el podio de la infancia hay varias películas que cíclicamente asomaban en esas televisiones sin plan B que desataban las pasiones más vibrantes: las que conformaban la saga de Sissi Emperatriz. Quien no se haya enamorado de Francisco José y quien no se haya arrebatado cuando trepaba por riscos alpinos para ofrecer una flor de ¡edelweiss! a Isabel de Baviera que tire la primera piedra. Por aquí, con suerte, solo teníamos tréboles y margaritas.
Cada vez que salen las notas de la PAU de las distintas comunidades autónomas, me sorprendo a mí misma leyendo titulares en este y otros diarios sorprendidos con el alumnado que, habiendo sacado notas estratosféricas, escogen carreras de letras. Que la elección de las humanidades siga siendo carne de noticia refleja la violencia estructural con la que el sistema opera contra quienes aman las artes, las lenguas, la historia o la filosofía. En un mundo tan mercantilizado como el nuestro, esperamos que las grandes mentes del futuro pongan su inteligencia al servicio de la “praxis”, de las STEM o las ciencias de la salud, como si la literatura, el cine o la música no hubiesen salvado nunca más de una vida. La dignificación social de la disciplina humanística pasa, precisamente, por tratar con naturalidad una decisión tan vocacional como esta. No todos los talentos son científicos, y menos mal.
A Jorge Luis Borges le intrigaba que a todo lo largo de los Evangelios Cristo escribe una sola vez; lo hace sobre tierra o arena, y no llega a saberse lo que ha escrito. La escena está en el Evangelio de Juan, contada con la prosa seca del Nuevo Testamento, que, según el gran especialista Antonio Piñero, fue escrita en un griego más bien rústico y nada literario. El resultado es de una austera eficacia visual, que le hace a uno pensar en El Evangelio según san Mateo, de Pasolini. Unos letrados y fariseos le presentan a Cristo a una mujer acusada de adulterio. Hay mucha gente alrededor. Con el propósito de tenderle una trampa, los hombres citan la ley de Moisés, que castiga el adulterio con la muerte por lapidación, y le preguntan qué considera él que se debe hacer. Cristo no dice nada. Se inclina sobre la tierra y escribe algo en ella con un dedo. Los acusadores siguen preguntando. Él se incorpora y dice, en la edición castellana de Piñero: “El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojarle una piedra”. A continuación, vuelve a inclinarse, y escribe de nuevo. Mientras tanto, los acusadores y los curiosos y testigos, quizás lapidadores voluntarios, “salieron uno por uno comenzando por los ancianos, y se quedaron él solo y la mujer”. El relato no puede ser más lacónico, y más lleno de sugerencias que nuestra imaginación añade: el silencio después del clamor colectivo, la retirada gradual, la escena que se queda vacía, esa mujer de pie, el hombre que deja de escribir y se incorpora cuando han quedado solos los dos. Parece que es entonces cuando mira a su alrededor y se da cuenta de que toda esa gente que parecía tan dispuesta a ejercer su bárbara justicia se ha ido. Dice: “Mujer, ¿dónde están? Ninguno te ha condenado?”. Y añade, y aquí termina sin más el pasaje: “Tampoco yo te condeno; vete y a partir de ahora no peques más”.
En el catálogo de frases insufribles que los andaluces estamos condenados a soportar cuando revelamos nuestra procedencia están las pronunciadas por quienes, supongo que con voluntad empática, nos reciben con un “¡Ozú, de Sevilla!”, o “¡Arsa, de Cádiz!”. Aunque palabras como ozú y arsa son reales y se pueden localizar en contextos concretos de la vida andaluza, ni son frecuentes ni conforman la banda sonora de nuestra existencia. La primera es una evolución desde Jesús dicha admirativamente y con ceceo. La segunda, arsa, proviene de la pronunciación vulgar del imperativo alza. Quizá en un tablao flamenco, genuino o montado para disfrute de turistas ante paellas fluorescentes, podrán sonar ambas voces en una sola velada; en mi día a día apenas las he escuchado. Por eso, suelo responder con una mueca de resignado hartazgo cuando me toca encajarlas como contraseñas de una identidad andaluza otorgada externamente.
La gran mayoría de los 22 ministros de Pedro Sánchez son ateos. El propio presidente lo es. Es lo habitual en los gobiernos progresistas europeos. En el PSOE hay católicos reconocidos, como Salvador Illa, y también los hay en el espacio político a la izquierda de los socialistas, donde los católicos de base siempre han tenido una presencia importante. Pero la mayoría de los dirigentes, como los ministros, son no creyentes. Sin embargo, hasta 14 ministros, una cifra absolutamente inédita, participaron el miércoles en una misa en la que el Papa bendijo la Torre de Jesucristo de la Sagrada Familia.
En el acto de despedida de Madrid que celebró el Papa el martes, en Ifema, Niurka Gibaja, entusiasmada, viviendo el momento como la culminación de cuatro días de trabajo como voluntaria, agitó una banderita multicolor al aire. Entonces sonó una voz detrás suya, denotando desagrado:
La teóloga Niurka Gibaja (tercera por la derecha, agachada), miembro de Crismhom y de Revuelta de Mujeres, el pasado domingo junto a otros creyentes LGTBIQ+ en el Movistar Arena, en Madrid, donde el Papa celebró un acto, en una imagen cedida por la propia Gibaja. A la derecha del todo, Raúl Peña, portavoz de Crismhom.
León XIV finalizó este viernes su visita a España con un balance que combina un mensaje poderoso en defensa de los migrantes y contra el discurso del odio, con omisiones dolorosas. El Papa ha pasado de puntillas sobre el mayor escándalo de la Iglesia española en las últimas décadas: los abusos sexuales por parte de miembros del clero y su encubrimiento sistemático. Esta semana posiblemente deje un poso duradero en España por el poder de su palabra, por la plasticidad y la fascinación de las imágenes de la Sagrada Familia y, sobre todo, porque con sus discursos y gestos se está erigiendo, poco más de un año después de su entronización, en una figura antagónica del otro líder estadounidense global, Donald Trump. Pero el viaje también deja otro poso evidente de decepción.
Dejada atrás la pequeña aldea georgiana de Odzisi, echando un vistazo hacia el otro lado del valle se vislumbra con claridad un recinto fortificado: son instalaciones del FSB, el servicio secreto ruso, cuyos agentes se encargan de las tareas de vigilancia de la frontera artificial impuesta tras la intervención armada rusa de 2008 y gracias a la cual Moscú controla el territorio georgiano de Osetia del Sur.
Una amiga me lo advirtió antes de ir. “Las que vais a ver a Bad Bunny me parecéis las mismas que las que van a rezar al Papa, no me interesa nada ni lo uno ni lo otro”. A mí no me pareció que fuera lo mismo rezar que cantar cosas como “Si tu novio no te mama el culo, pa eso que no mame”, pero mi amiga tenía razón en algo fundamental. En la práctica, no hay tanta diferencia entre perrear y rezar en 2026. Y no es que lo diga ella (o yo), es que el papa León XIV se reunió con Bad Bunny en su apretada agenda madrileña en un guiño de complicidad cristiana y, por si quedaban dudas, Benito bendijo al Pontífice durante el concierto. Hacia la mitad apareció el sapo Concho, mascota animada de la gira, en las pantallas gigantes y dijo: “Acho, un fuerte aplauso para el Papa que ha llevado esperanza y unión a tantas personas en el mundo”.
La visita del Papa a España ha tenido tanta enjundia que su análisis es casi inabarcable. Podría reflexionarse largo y tendido sobre las cuestiones relativas a la Doctrina Social de la Iglesia que el Pontífice ha escogido destacar en nuestro país y por qué. Podría discutirse si la aconfesionalidad del Estado ha quedado en entredicho, amenazada por la presencia del Pontífice en el Congreso, como hemos oído clamar a liberales de izquierdas y derechas. Podría analizarse si el aplauso de siete minutos que recibió León XIV por parte de nuestra casta política es un gesto de humildad o de oportunismo. Y, en caso de que sea lo segundo, preguntarnos por qué es oportuno, por qué da rédito en este momento aplaudir un discurso como el del Papa. También podríamos analizar la jeta de nuestros políticos de uno y otro signo troceando lo que dijo León XIV en el hemiciclo y arrojándoselo a la cara al contrario, incapaces de atisbar que el Evangelio no cabe en sus dogmas.
El papa León XIV ha estado en España del 6 al 12 de junio, pasando por Madrid, Barcelona y Canarias. La visita del Pontífice ha dejado imágenes como su ovación de siete minutos en el Congreso de los Diputados o la inauguración de la Torre de Jesucristo de la Sagrada Familia en Barcelona. Además, durante su paso por las islas de Gran Canaria y Tenerife, el Papa ha incidido en sus discursos en el drama migratorio.
El monarca espera en Tenerife otro Falcon para volver a Madrid, tras despedir en la isla al Pontífice, que cierra hoy un viaje de siete días por España Leer
El monarca espera en Tenerife otro Falcon para volver a Madrid, tras despedir en la isla al Pontífice, que cierra hoy un viaje de siete días por España
El periplo de León XIV por España se ha cerrado con un inconveniente técnico en el avión de Iberia en el que estaba previsto que viajara desde Tenerife, su última etapa del viaje, hacia Roma. El Papa ha embarcado finalmente en un avión Falcon del Grupo 45 del Ejército del Aire que se encontraba ya en Canarias, para viajar en dirección a Italia. La aeronave ha sido cedida por el Rey, y ha emprendido vuelo a las 18.09 (hora local canaria), donde está previsto que aterrice en torno a las 23.00 (hora de Roma). El Ejército del Aire enviará otro avión a Canarias para recoger a Felipe VI.
Las campanas al vuelo y un bombardeo de helicópteros en el cielo: Robert Prevost está llegando a Santa Cruz de Tenerife y la gente corre por las calles para acercarse al recorrido del papamóvil. En un banco de la calle, un hombre fuma tranquilo. No es fácil este viernes encontrar a alguien como Aaron Santana, echando humo a la sombra, ajeno al tránsito enloquecido. No es fácil encontrar a alguien que no tenga un motivo para acercarse a la ruta del Papa, por devoción, porque es un día histórico, por curiosidad, porque esto pasa solo una vez en la vida, porque el hombre es campechano o porque la televisión les ha metido el gusanillo en el cuerpo. El obispo de Roma es el Bad Bunny de Santa Cruz. Pero Aaron Santana es ateo y director financiero, tiene 42 años y para él escuchar al Papa es lo mismo que oír un discurso “de esa señora que está pasando por ahí”, señala la acera. ¿Pero toda esa gente que está corriendo para acercarse al papamóvil? “Este es un mundo de borregos”, dice. Fuma tranquilo.
Miembros del clero caminan hacia el Falcon del Ejército del Aire en el que debía viajar Felipe VI y donde viajará Luis XIV, tras la avería en el avión de Iberia que tenía previsto trasladar al Pontífice.
Personal de la Santa Sede y los periodistas desembarcan del avión en el que debía partir el Papa, tras un incidente en el aeropuerto de Tenerife Norte.
El papa León XIV y el rey Felipe VI se dirigen a la sala de autoridades del aeropuerto de Los Rodeos de Tenerife tras comunicarse un incidente técnico en el avión.
El papa León XIV y el rey Felipe VI descienden del avión que debería trasladar al pontífice a Roma tras su viaje de siete días a España por problemas técnicos que impiden su despegue del aeropuerto de Los Rodeos.
El rey Felipe VI sube al avión del papa León XIV en el aeropuerto de Los Rodeos, en Tenerife, tras detectarse un problema técnico que impide el despegue de la aeronave.
Numerosos sacerdotes salen de la sacristía instalada en el Auditorio Adán Martín de Santa Cruz de Tenerife para la misa del papa León XIV en el puerto de la ciudad ante miles de personas.
El papa León XIV abraza a una niña durante un encuentro con migrantes en el centro Las Raíces, en San Cristóbal de La Laguna en Tenerife, este viernes.
El papa León XIV pronuncia su discurso durante un encuentro con migrantes en el centro Las Raíces, en San Cristóbal de La Laguna en Tenerife, este viernes.
Numerosas personas acuden al puerto de Santa Cruz de Tenerife, donde este viernes el papa León XIV oficia una misa multitudinaria en su último día de viaje.
Imagen facilitada por Vatican Media en la que el papa León XIV saluda a los asistentes durante una ceremonia de despedida en su residencia en la isla canaria de Gran Canaria, este viernes.
Imagen facilitada por Vatican Media en la que el papa León XIV saluda a los asistentes desde el balcón del palacio episcopal de Gran Canaria, donde ha pasado la noche, este viernes.
La ubicuidad del apostolado de la fe esta vez se ha hecho con sobrecarga bollywodiense de luz y de color con eje pastelero en el centro de Barcelona: la apoteosis explosivamente plástica y musical ha sido hipnótica. En conjunto este viaje papal ha fabricado la campaña de márketing más poderosa que se recuerda en los siglos de los siglos (después de la campaña de venta de la IA lanzada urbi et orbi, nunca mejor dicho, por los oligarcas del nuevo tecnofascismo benditamente disfrazado de servicio público y denodada vocación de fraternidad desinteresada). De punta a punta del país, los medios públicos y privados han asumido el marco de la fe católica como espacio privilegiado de la virtud, el bien y la bondad, gracias al empuje y la inteligencia de un papa culto, batallador y bregado en las condiciones materiales de la existencia de los parias de la tierra, en su caso los parias del Perú.