Arsa la mirada
En el catálogo de frases insufribles que los andaluces estamos condenados a soportar cuando revelamos nuestra procedencia están las pronunciadas por quienes, supongo que con voluntad empática, nos reciben con un “¡Ozú, de Sevilla!”, o “¡Arsa, de Cádiz!”. Aunque palabras como ozú y arsa son reales y se pueden localizar en contextos concretos de la vida andaluza, ni son frecuentes ni conforman la banda sonora de nuestra existencia. La primera es una evolución desde Jesús dicha admirativamente y con ceceo. La segunda, arsa, proviene de la pronunciación vulgar del imperativo alza. Quizá en un tablao flamenco, genuino o montado para disfrute de turistas ante paellas fluorescentes, podrán sonar ambas voces en una sola velada; en mi día a día apenas las he escuchado. Por eso, suelo responder con una mueca de resignado hartazgo cuando me toca encajarlas como contraseñas de una identidad andaluza otorgada externamente.

© Alberto Paredes (Europa Press)
