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Las jornadas parciales explican la mitad de la brecha salarial entre hombres y mujeres

10 June 2026 at 11:12

Las estadísticas oficiales muestran de forma consistente que los hombres cobran más que las mujeres: según los últimos datos del INE, de 2024, ellos cobran 32.058 euros brutos en promedio anual y ellas, 26.905. La brecha ha caído con fuerza si se compara con principios de siglo, pero la contracción se ha atenuado en los últimos años y aún es “muy alta”, en opinión de CC OO. El sindicato ha presentado este miércoles un informe que desmenuza la brecha con otros datos del INE, más profundos, los de la Encuesta Cuatrienal de Estructura Salarial de 2022. Y de ese análisis se desprende una desagregación clave: el sindicato cuantifica qué peso tienen los factores que explican esa diferencia. CC OO concluye que, de los 31 puntos que separan la retribución promedio de los asalariados del sector privado, casi 16 corresponden a que las mujeres trabajan más a jornada parcial, 12 a la posible discriminación laboral y seis a su mayor presencia en sectores peor retribuidos.

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© Mònica Torres

Dos trabajadores en un comercio en Valencia, en julio de 2023.

Los talibanes detienen a decenas de mujeres en Afganistán por violar sus reglas de vestimenta

8 June 2026 at 13:10

Una de las escasas ventanas al mundo aún al alcance de los afganos y, sobre todo, de las afganas —las redes sociales— llevaban desde hace días alertando de que en una provincia occidental de Afganistán, Herat, muchas mujeres estaban siendo detenidas tras ser acusadas de violar el rígido código de vestimenta de los talibanes que gobiernan el país, que las obliga a cubrirse de la cabeza a los pies. Un vídeo, difundido por una mujer, según el activista Jahanzib Wesa, mostraba a otra afgana bajo una especie de sábana mientras era conducida por agentes de la policía de la moralidad a una de las furgonetas blancas que suele usar ese cuerpo. El diario digital Hasht-e Subh informó luego de que entre 40 y 50 mujeres habían sido arrestadas de esa manera. Otros medios reducían esa cifra a una veintena. Todos coincidían en que las afganas detenidas iban completamente cubiertas.

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© Scott Peterson (Getty Images)

Dos mujeres vestidas con burkas en las calles del sur de Kabul, Afganistán, el 17 de enero de 2022.

La respuesta correcta de Benito Antonio

6 June 2026 at 04:30

La gente a la que le gusta Bad Bunny, que aprecia su música, que se ha pasado más horas en Ticketmaster para conseguir su entrada de las que disfrutará en el concierto, la que soltó una lágrima cuando Benito Antonio Martínez Ocasio convirtió la Super Bowl en una fiesta del orgullo latino, todas las mujeres feministas que disfrutamos del reguetón, las que cantamos orgullosas “yo perreo sola”, toda esa gente ha salido a defender la Casita de Bad Bunny con toda la gracia de su retórica. No porque la Casita estuviera o les pareciera bien, porque de hecho ha sido un error lamentable, sino porque pensaban que Benito Antonio es un buen tipo. Y que si Bad Bunny es bueno entonces la Casita tiene que serlo también.

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La Casita en uno de los conciertos de Bad Bunny en el Estadio Metropolitano de Madrid.

Tamara Fernández Varela, drogada, violada y grabada por su marido: “Me ha matado en vida”

7 June 2026 at 04:30

Ni ella misma se lo creía. Tamara Fernández Varela leía y releía en su casa la carta con la que el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 2 de Carballo le comunicó que su exmarido la había drogado, violado y fotografiado, y no se reconocía. Incluía seis imágenes. En algunas de ellas aparecía completamente desnuda. “Las miraba y decía: no puedo ser yo. Semejante barbaridad no te entra en la cabeza. Una mujer como muerta en una cama. Era yo”, rememora la gallega de 43 años. Su madre y ella empezaron a gritar. Gritaron tanto que una vecina asustada llamó a una ambulancia.

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© ÓSCAR CORRAL

Tamara Fernández Varela, en Carballo (A Coruña), el 29 de mayo de 2026.

Como estragar seu dia: vá ao dermatologista

Faz uns dias que tive uma consulta com a dermatologista. Mais de uma década se passou desde que tive o desprazer de alguém apontar uma lupa para os meus poros, e achei que era hora de conferir a saúde da pele. Nada, porém, me preparou para a experiência. Inclusive, se um dia você estiver procurando um jeito de estragar sua semana, faça como eu e marque um dermatologista para segunda de manhã bem cedo. É um estrago garantido.

Fomos eu e meu companheiro: dois branquelos com histórico de algumas pintas meio problemáticas na família. A médica pediu para entrarmos juntos para “dedurarmos um ao outro”. Meu companheiro começou explicando que seu objetivo era ver pintas. A médica fez perguntas sobre elas e sobre a pele dos pais etc. Tudo normal e profissional. Até que ela se virou para mim.

Repeti que também estava ali por causa das pintas, especialmente de uma no rosto. Daí a primeira diferença: ela me perguntou o que eu fazia de “skin care”. Bastou mencionar o produto para a região dos olhos que ela me interrompeu: “Pois é, a verdade é que você devia pensar seriamente em botox com essas linhas na sua testa”.

Mesmo chocada, consegui articular: “Não quero colocar botox”. Ela, porém, não desanimou. Insistiu: botox era a única saída, porque minha pele “tem tendência a craquelar” e as linhas de expressão “já estão visíveis mesmo com o rosto relaxado” e, portanto, era “agora ou nunca”: se eu quiser colocar em alguns anos, será tarde; as linhas terão se tornado “vincos irreversíveis”.

“Mas… eu não me importo com as minhas linhas”, falei, baixinho, enquanto minha autoestima era sugada por aquela médica transformada em vendedora de botox.

Vejam, eu entendo as mulheres que se injetam a toxina botulínica. O ano é 2026, mas a pressão ainda é tão grande que até dá pra argumentar que a função primeira e principal de toda mulher é ser bonita e, portanto, jovem — o que só é possível com uma pele livre de qualquer marca deixada pelo tempo. Não é como se surpreendesse que, em 2024, as aplicações de botox tenham representado 46% de todos os procedimentos estéticos não-cirúrgicos no Brasil. Foram 351 mil aplicações, segundo a Sociedade Internacional de Cirurgia Plástica Estética.

O que me surpreendeu foi ter sido explícita sobre minha preocupação naquela consulta (a saúde da minha pele) e, em troca, ter recebido uma enxurrada de opiniões não solicitadas sobre a aparência dela.

Sem falar na diferença no tratamento: meu companheiro também tem linhas de expressão na testa. Adivinhe se a médica falou alguma coisa para ele? Já eu tive que passar minutos ouvindo sobre como minha pele “é difícil” e, que absurdo!, eu, “com 30 anos”, já estou “com essas linhas todas”.

Saí arrasada, me sentindo inadequada e com raiva de mim mesma por não ter antecipado o pior. O que esperava? Receber o mesmo tratamento que um homem? Encontrar uma médica focada na saúde? Mesmo sabendo que homens não são tão cobrados pela aparência quanto nós, como todo mundo vem me dizer, que dermatologista ganha dinheiro mesmo aplicando botox? Inocência da minha parte.

Depois, fui falar com mulheres. Uma tem um grupo de amigas com a opinião unânime de que “depois dos 25 anos é obrigatório colocar botox”. Outra estava pensando em se candidatar, enquanto uma terceira admitiu: “Já cedi, estou noiva, não tem como!”. Uma quarta confessou: “Não gosto de falar sobre isso; esse assunto me dá muita ansiedade”. Bom, pelo menos não sou a única lançada nesse redemoinho que só deve ter aprofundado minhas linhas.​

Desde então, não paro de me perguntar: por que um procedimento que não é indicado para grávidas é vendido como a coisa mais tranquila do mundo? O que é tão horrível em linhas de expressão? Estou perdendo o bonde da História ao não me livrar das minhas? Será que algum dia vamos deixar as mulheres envelhecerem em paz? Ou será que, em breve, vamos ser incapazes de lembrar como são os rostos humanos normais e imperfeitos?

Quem procura, acha. E eu, em 30 minutos, estraguei minha semana e achei uma nova noia para chamar de minha.

Donna Haraway, filósofa: “Vivimos en un mundo pronatalista y antiinfancia. Los bebés deberían ser escasos y valiosos”

30 May 2026 at 04:30

Prepárense para un viaje cercano a lo sideral. Escuchar a Donna Haraway (Denver, 81 años) supone adentrarse en territorio poco convencional. Estamos ante una filósofa, bióloga y teórica feminista, conocida por su pensamiento innovador en el cruce entre las ciencias y las humanidades. Afirma que para pensar se sitúa en el lugar de la materia en descomposición. Es visionaria, provocadora y sus textos tienen un toque punk. Inspirada en la ciencia ficción y con un estilo irónico, Haraway entreteje historias con la intención de ayudarnos a ver la hibridación entre humanos, tecnología y otras especies. Elegida entre los 10 pensadores tecnológicos más influyentes por Ideas, se dio a conocer en 1985 con su ensayo Manifiesto cíborg, donde señaló que estamos integrados en y con la tecnología. Profesora emérita en la Cátedra de Historia de la Conciencia en la Universidad de California en Santa Cruz, fue la primera profesora titular de la primera cátedra de teoría feminista de EE UU en la misma universidad. Su trabajo ha resultado influyente en la teoría feminista, la teoría queer y los estudios ciberculturales. Ha dirigido más de 60 tesis doctorales en distintas áreas y su obra ha inspirado a decenas de artistas. Entre otros reconocimientos, en 1992 recibió el American Book Award y el Premio Erasmus 2025, que otorga la fundación holandesa en memoria del pensador de Róterdam. El viernes 5 de junio participa telemáticamente en un acto de La Casa Encendida (Madrid) que celebra los 10 años de Seguir con el problema: generar parentesco en el Chthuluceno, editado en España por Consonni en 2019, donde señala que el mundo hoy gira en torno a redes de vida interconectadas.

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© Ian Tuttle

Donna Haraway, en su casa de Santa Cruz, California, este 21 de mayo. 
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