El vídeo de un intento de decapitación en Belfast que ha desatado protestas violentas contra migrantes

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Los líderes políticos y religiosos de Irlanda del Norte han podido comprobar en las primeras horas de este miércoles, cuando todavía no se han apagado los rescoldos de una prolongada noche de violencia en Belfast y otras partes del territorio, que sus llamadas a la calma han sido inútiles. Coches, autobuses, cabinas telefónicas y contenedores incendiados. Viviendas donde supuestamente residían inmigrantes, o simplemente personas de alguna minoría étnica, completamente en llamas después de que grupos de violentos las escogieran como objetivos que debían ser “liberados”.

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Para comprender por qué los discursos sobre la “prioridad nacional” encuentran hoy tanto eco en la opinión pública, hay que empezar por recordar algo que tiende a olvidarse: seguimos viviendo en la era de los Estados-nación, lo cual significa que la discriminación en función de la nacionalidad sigue existiendo en todos los países. Ocurre en Francia, pero también en España. Para ser elegido diputado al Congreso, es necesario tener la nacionalidad española, y esas mismas normas rigen también para una serie de puestos de trabajo, sobre todo en la función pública.
Resuena aún en Madrid la visita del Papa. Paso ligero, palabra firme y una agenda intensa y diversa, llena de encuentros y gestos simbólicos. El eco se entremezcla con el reverberar de las reacciones que León XIV ha dejado tras de sí. Voces que ensalzan su mensaje, celebran la calma y llaman al respeto, a construir comunidad abierta y unida. En tiempos donde el ruido busca opacar la acción institucional y social más laboriosa, subrayando el conflicto y atacando con furor corrosivo los consensos donde se asienta nuestra democracia, este oasis festivo y lleno de concordia es digno de celebrar. ¿Se mantendrá la onda expansiva de estos ecos de humanidad o se deshará cuando la visita termine? Quedan dos capítulos, Barcelona y Canarias. Dos buenos escenarios para cantar la diversidad y proclamar a los cuatro vientos la prioridad humana.
El llamamiento explícito a que las fuerzas políticas representadas en el Parlamento dialoguen de forma civilizada en el fondo y en las formas en un momento de especial polarización es probablemente la propuesta concreta más preciada del discurso pronunciado este lunes por el papa León XIV ante las Cortes españolas. Es la primera vez en que un papa habla ante la sede de la soberanía popular y el carácter de acontecimiento histórico con el que ha sido tratado está justificado.
El 12 de julio de 1998, la Francia de Zinedine Zidane y Thierry Henry le metió tres goles como tres soles a la todopoderosa Brasil de Ronaldo Nazario para levantar el primer Mundial de su historia. No era solo eso. Ganó un país que intentaba integrar a los hijos de su inmigración, convertidos en campeones. Aquella selección reunía jugadores con raíces en África, el Caribe, Armenia o el País Vasco, un reflejo del país. Luego, más de un millón y medio de personas invadieron los Campos Elíseos tras la victoria de una Francia, al fin, abiertamente multicultural. No fue una noche sin incidentes, como se dijo años después. Pero tampoco la tormenta que llegó luego a la calle. La semana pasada, veintiocho años después, el PSG logró su segunda Champions League y la policía detuvo a 890 personas personas, se registraron 219 heridos, disparos de mortero, pillajes en supermercados, atropellos, agresiones sexuales. Todo, mientras los ultras estaban en Budapest viendo la final. No es el fútbol.

Se trata de cualquiera de estos años. La ucronía es la siguiente: Franz von Papen (1879-1969), político esencial de la República de Weimar y del Tercer Reich, resucita y va con un grupo de jóvenes políticos demócratas a Berlín, a la sede de la Unión Demócrata Cristiana de Alemania (CDU). Allí los recibe, entre otros, el actual canciller, Friedrich Merz. Papen da la voz de alarma en un momento en que la tentación de aliarse con la extrema derecha de Alternativa por Alemania es fuerte. El antiguo canciller, que en enero de 1933 convenció al presidente del Reich, Hindenburg, para que llamara a Hitler al poder, se ve obligado a recordar las lecciones de la historia. Él, que maniobró hasta la estrenuidad para constituir un Gobierno de coalición entre la derecha y la extrema derecha, conoce bien a esta última. Hace tiempo que Papen ha aprendido en la tumba de sus errores: no fue Hitler quien acabó lloriqueando, sino que fue él quien adoptó un criterio equivocado. Antes, Papen había declarado respecto de Hitler: “Lo voy a acorralar en un rincón hasta que se ponga a lloriquear”. Papen había muerto, casi nonagenario, en el año 1969, y con esta visita a Berlín está prestando un último servicio a su país.

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El Papa ha pronunciado este lunes en el Congreso, en sesión conjunta con el Senado, un histórico discurso en el que ha subrayado el valor moral de las decisiones políticas, que debe estar por encima “de consensos sociales mudables” o el “vaivén de las mayorías de cada momento”, y en el que ha reprochado “la descalificación permanente del adversario”, precisamente en un lugar donde se ha convertido en la práctica cotidiana. “Quienes ejercen una responsabilidad pública tienen, por eso, una especial obligación de custodiar la palabra para ‘desarmar el lenguaje’. La firmeza no exige desprecio; la discrepancia no conlleva humillación”, ha advertido en una llamada a rebajar la agresividad verbal y la polarización. Ha sido un discurso de media hora que ha recibido al final con siete minutos de aplausos, una de las ovaciones más largas que se recuerdan en el hemiciclo, y en tres ocasiones se han oído gritos de “¡Viva el Papa!“.

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Si no entiendo lo del reguetón, y llevamos 30 años con esta brasa (el punk, el heavy, pobrecitos míos, fueron modas de pocos años), imagínense lo de la casita de Bad Bunny. Está vedado a mis maltrechas neuronas, está más allá de mi comprensión, como si fuera la vida extraterrestre, pero no cabe duda de que está entre nosotros. Es como un niño secuestrado en Italia por bandidos de las remotas montañas calabresas en los años ochenta, al que metieron en una cueva y pasó allí dos años, cosas de la época que se hacían con familias ricas para sacarles la pasta. “Cuando pedí un yogur y me preguntaron qué era eso supe dónde estaba”, ha relatado ahora en una entrevista. Hablo de ese tipo de extrañeza ante lo que te rodea. Yo tampoco sé dónde estoy y supongo que ya es tarde. Es abrumador cómo entran todos, no ya al estadio o a la casita, sino a la tontería. Y, sí, tampoco sé qué hago yo hablando de esto. El tema se impone, es “de lo que todo el mundo habla”, “no deja a nadie indiferente”. Sí, lo sé, los debates ya crecen espontáneamente, como por esporas, sobre las nimiedades más insospechadas. Las redes para algunas cosas han estado bien, pero la mayoría de todo eso que, se clamaba con indignación, los medios no nos decían, nos estaban ocultando, resulta que estaba muy bien ignorado, porque ya vemos que no tiene la menor importancia, pero la cobra (y se factura).

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La política alemana es conocida por sus consensos. Pero esos consensos tienen un precio. Eso lo sabe muy bien el Partido Socialdemócrata (SPD), que ha visto cómo su identidad política se iba diluyendo en los sucesivos Gobiernos de coalición. Tanto, que ahora el electorado se pregunta qué es lo que realmente representa o defiende este partido, que está en mínimos históricos en las encuestas de intención de voto.

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Francia encara la larga recta final hacia las elecciones presidenciales más importantes en décadas, las que se celebrarán en la primavera de 2027, sumida en un cierto tedio político, un escenario perfecto para las sacudidas ultra. El país está bloqueado; el Parlamento, fragmentado. No hay reformas, apenas se oye a la oposición. Las luces de la fiesta se apagan y la música ha dejado de sonar. A menos de un año de los comicios, hay muchas dudas sobre las candidaturas, una sola certeza y ningún entusiasmo particular por la decena de aspirantes que se han postulado hasta ahora.

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El tercer día de León XIV en Madrid, este lunes, también va a ser muy intenso y es uno de los que más expectación ha despertado. La cita del día es una de las centrales del viaje, el histórico discurso que pronunciará pasadas las diez y media de la mañana en el Congreso de los Diputados, en sesión conjunta con el Senado. Ya había suspense, pero se ha disparado tras la contundente intervención que hizo el sábado, nada más llegar, con una potente batería de frases contra el populismo y la línea política de la ultraderecha. Además de elogios poco disimulados al Gobierno por su postura internacional en defensa de la paz y del multilateralismo. También llamó al diálogo y a la reconciliación, una idea clave que es probable que el Papa repita en el Parlamento, y que del mismo modo le llevará a lanzar mensajes para todos, que agraden o fastidien en unos momentos a unos u otros.

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París, 7 jun (Prensa Latina) Como demostración del impulso alcanzado por una prematura campaña presidencial, el líder de la Francia Insumisa (LFI), Jean-Luc Malenchon, acusó hoy a la ultraderecha de promover el supremacismo.
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