La imagen tradicional de la investigación y la innovación en España, a menudo asociada a la bata blanca y al microscopio, está mutando a pasos agigantados hacia un perfil mucho más industrial, estratégico y, sobre todo, militar. El sector de la defensa ha irrumpido con fuerza en las cuentas públicas, convirtiéndose en el nuevo motor de la inversión en investigación, desarrollo e innovación (I+D+i) del país. Durante 2025, el sector público estatal ejecutó la cifra récord de 15.676 millones de euros en I+D+i, una marca que supera en más de 2.000 millones el máximo anterior y que ha sido posible gracias a un presupuesto total disponible que rondó los 20.500 millones de euros. En este nuevo escenario, el gasto vinculado específicamente a la defensa se ha triplicado en apenas 12 meses, transformando por completo las prioridades y el foco de la inversión pública total en ciencia y tecnología.
Uno de los fenómenos más inquietantes de la temporada de baño en las costas es la irrupción de las medusas cerca del litoral, sobre todo en el Mediterráneo. El dolor y las reacciones alérgicas por su picadura, o por el simple roce con sus tentáculos, provoca el cierre de playas en cuanto se divisa un banco de esta especie marina. Para evitarlos, dos grupos de investigación pertenecientes a la universidad de Alicante (UA) y la Politècnica de València (UPV) acaban de patentar un sistema de sensores formados por un generador de frecuencia y una bobina que, instalado en una boya, puede frenar el avance de las medusas hacia el litoral. El dispositivo también puede aplicarse a “instalaciones industriales que absorben agua de mar” para sus desarrollar funciones, como “desaladoras, centrales térmicas o centrales nucleares”, señala César Bordehore, profesor del departamento de Ecología de la UA y uno de los investigadores de este proyecto.
El alzhéimer ha sido, durante décadas, una batalla perdida. Una enfermedad neurodegenerativa intratable, que borra la memoria y desvanece la esencia irremediablemente, donde poco o nada se podía hacer más que terapia paliativa para acompañar el aciago pronóstico. Sin embargo, en los últimos tiempos, hay una revolución científica en marcha que está cambiando ese funesto panorama: ya ha llegado la primera generación de fármacos que logra ralentizar el deterioro cognitivo, se están ensayando nuevas moléculas más potentes y también se ha abierto el campo a escenarios hasta ahora impensables, como la cirugía. En esta línea, un ensayo clínico del Hospital Germans Trias i Pujol de Badalona ha traído a Occidente una técnica experimental para tratar de frenar en el quirófano el deterioro cognitivo.
El escarabajo pelotero (Scarabaeus laticollis), un coleóptero coprófago que descompone los excrementos de los animales, está en declive. El uso de la ivermectina, un antiparasitario para el ganado, está detrás de su descenso en España, según un estudio reciente publicado en la revista Quercus. “Se empieza a dar la alarma. Está pasando en el parque nacional de Doñana y en más sitios. Aparte de la descomposición, hacen galerías, facilitan la infiltración del agua, el aireamiento y la alimentación de las plantas al poner a su disposición los nutrientes. Si estos insectos desaparecen, se altera completamente la estructura del suelo”, explica Laura Moreno, responsable del programa de especies de WWF España.
Proyectos cuyo objetivo es preservar la vida microscópica
Lagunas saladas. Los microorganismos son aún más inexplorados. Se empiezan a conocer gracias a las técnicas moleculares, indican Ana López y Miguel Ángel Fernández, investigadores del Centro de Investigación y Cambio Global de la Universidad Autónoma de Madrid. A diferencia de las demás especies, su extinción se produce en determinados lugares, no en todo el planeta, por su capacidad de dispersión, aclaran. Pero pueden desestabilizar un ecosistema o llevar a la desaparición en cadena de organismos de mayor tamaño. Por ejemplo, si se extingue la microalga Dunaliella salina, pueden morir los flamencos que se nutren de ella. López y Fernández estudian si los tapetes —son como alfombras— microbianos, cianobacterias filamentosas en su mayoría, de las lagunas saladas de Caballo Alba (Segovia), Pétrola (Albacete) y Chiprana (Zaragoza) se adaptan a tiempos prolongados de sequía, humedad o lluvias torrenciales. "Las lagunas saladas de interior, en las que se ven también bacterias arqueas, algas y hongos, son interesantes porque tienen una población bastante exótica, distinta a la de agua dulce, y están sufriendo presión humana directa, aumento de la temperatura y ciclos de lluvias variables por el calentamiento global, y creemos que esto está desestabilizando su función", detalla López. Además, según estudios publicados, su desecado produce un alza de gases de efecto invernadero, como metano y dióxido de carbono, refiere. Fernández cita también el auge de parques solares a su alrededor, que modifica el terreno. "Creemos que puede cambiar el aporte de minerales y nutrientes; aún no lo sabemos", incide.
Suelo forestal. Investigadores del Centro para la Conservación de la Biodiversidad y el Desarrollo Sostenible de la Universidad Politécnica de Madrid participan en un proyecto financiado por el Ministerio de Ciencia que analiza el papel de las comunidades microbianas del suelo en el mantenimiento de la salud de los hayedos y otros ecosistemas forestales, relata el subdirector, Juan Antonio Martín García. "Son clave en la resiliencia de los bosques frente a factores de estrés climático, olas de calor, sequías y patógenos", expone a partir de los primeros resultados. Para conservar su biodiversidad, Martín García sugiere reducir el laboreo intensivo y el uso de pesticidas de amplio espectro, así como favorecer técnicas agrícolas que protejan la estructura y la fertilidad del suelo. El Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (Creaf) lidera las iniciativas ForestSoilorg, que evalúa cómo las interacciones entre los árboles y los organismos del suelo afectan al balance de carbono y nutrientes en ecosistemas dominados por el haya (Fagus sylvatica), y Sisebio, que estudia a las bacterias, hongos, protistas, microartrópodos y nematodos para entender mejor su papel en el funcionamiento de los ecosistemas forestales.
Bioeconomía. La Fundación Biodiversidad apoya las iniciativas cofinanciadas con fondos europeos Remicro, para restaurar las micorrizas, hongos que viven en simbiosis con las raíces de plantas y facilitan la absorción de nutrientes y agua, tras un incendio; Pis-Foresta, sobre conservación de polinizadores y restauración de colmenas, castañares y producción micológica en Zamora y León, y Bioconecta, para mejora de infraestructuras verdes en el Camino Lebaniego (Cantabria) y que incluye intervenciones en la costa y la campiña para la protección de dunas y control de la vegetación exótica. El proyecto europeo Restpoll es otro ejemplo. Con la participación de la Universidad de Freiburg de Alemania y 24 entidades, entre ellas Creaf e Irta, que impulsan el piloto en Cataluña, busca implementar y examinar prácticas que beneficien a las comunidades de polinizadores en zonas agrícolas, viñas y pastos en 16 países de la UE. Mientras, la plataforma ciudadana iNaturalist cuenta con un banco de datos de especies que pueden usar conservacionistas.
La evolución no es la supervivencia del más fuerte. Ni siquiera es la supervivencia del mejor adaptado. En términos evolutivos, lo decisivo es dejar descendencia: conseguir que los genes pasen a la siguiente generación. Para ello, claro, hace falta sobrevivir al menos hasta la edad reproductiva. Pero vivir mucho sirve de poco si ninguno de tus gametos acaba encontrándose con el del sexo opuesto.