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El fin sigiloso de hongos, mariposas y escarabajos

5 June 2026 at 04:30

El escarabajo pelotero (Scarabaeus laticollis), un coleóptero coprófago que descompone los excrementos de los animales, está en declive. El uso de la ivermectina, un antiparasitario para el ganado, está detrás de su descenso en España, según un estudio reciente publicado en la revista Quercus. “Se empieza a dar la alarma. Está pasando en el parque nacional de Doñana y en más sitios. Aparte de la descomposición, hacen galerías, facilitan la infiltración del agua, el aireamiento y la alimentación de las plantas al poner a su disposición los nutrientes. Si estos insectos desaparecen, se altera completamente la estructura del suelo”, explica Laura Moreno, responsable del programa de especies de WWF España.

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Proyectos cuyo objetivo es preservar la vida microscópica

Lagunas saladas. Los microorganismos son aún más inexplorados. Se empiezan a conocer gracias a las técnicas moleculares, indican Ana López y Miguel Ángel Fernández, investigadores del Centro de Investigación y Cambio Global de la Universidad Autónoma de Madrid. A diferencia de las demás especies, su extinción se produce en determinados lugares, no en todo el planeta, por su capacidad de dispersión, aclaran. Pero pueden desestabilizar un ecosistema o llevar a la desaparición en cadena de organismos de mayor tamaño. Por ejemplo, si se extingue la microalga Dunaliella salina, pueden morir los flamencos que se nutren de ella. López y Fernández estudian si los tapetes —son como alfombras— microbianos, cianobacterias filamentosas en su mayoría, de las lagunas saladas de Caballo Alba (Segovia), Pétrola (Albacete) y Chiprana (Zaragoza) se adaptan a tiempos prolongados de sequía, humedad o lluvias torrenciales. "Las lagunas saladas de interior, en las que se ven también bacterias arqueas, algas y hongos, son interesantes porque tienen una población bastante exótica, distinta a la de agua dulce, y están sufriendo presión humana directa, aumento de la temperatura y ciclos de lluvias variables por el calentamiento global, y creemos que esto está desestabilizando su función", detalla López. Además, según estudios publicados, su desecado produce un alza de gases de efecto invernadero, como metano y dióxido de carbono, refiere. Fernández cita también el auge de parques solares a su alrededor, que modifica el terreno. "Creemos que puede cambiar el aporte de minerales y nutrientes; aún no lo sabemos", incide.

Suelo forestal. Investigadores del Centro para la Conservación de la Biodiversidad y el Desarrollo Sostenible de la Universidad Politécnica de Madrid participan en un proyecto financiado por el Ministerio de Ciencia que analiza el papel de las comunidades microbianas del suelo en el mantenimiento de la salud de los hayedos y otros ecosistemas forestales, relata el subdirector, Juan Antonio Martín García. "Son clave en la resiliencia de los bosques frente a factores de estrés climático, olas de calor, sequías y patógenos", expone a partir de los primeros resultados. Para conservar su biodiversidad, Martín García sugiere reducir el laboreo intensivo y el uso de pesticidas de amplio espectro, así como favorecer técnicas agrícolas que protejan la estructura y la fertilidad del suelo. El Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (Creaf) lidera las iniciativas ForestSoilorg, que evalúa cómo las interacciones entre los árboles y los organismos del suelo afectan al balance de carbono y nutrientes en ecosistemas dominados por el haya (Fagus sylvatica), y Sisebio, que estudia a las bacterias, hongos, protistas, microartrópodos y nematodos para entender mejor su papel en el funcionamiento de los ecosistemas forestales.

Bioeconomía. La Fundación Biodiversidad apoya las iniciativas cofinanciadas con fondos europeos Remicro, para restaurar las micorrizas, hongos que viven en simbiosis con las raíces de plantas y facilitan la absorción de nutrientes y agua, tras un incendio; Pis-Foresta, sobre conservación de polinizadores y restauración de colmenas, castañares y producción micológica en Zamora y León, y Bioconecta, para mejora de infraestructuras verdes en el Camino Lebaniego (Cantabria) y que incluye intervenciones en la costa y la campiña para la protección de dunas y control de la vegetación exótica. El proyecto europeo Restpoll es otro ejemplo. Con la participación de la Universidad de Freiburg de Alemania y 24 entidades, entre ellas Creaf e Irta, que impulsan el piloto en Cataluña, busca implementar y examinar prácticas que beneficien a las comunidades de polinizadores en zonas agrícolas, viñas y pastos en 16 países de la UE. Mientras, la plataforma ciudadana iNaturalist cuenta con un banco de datos de especies que pueden usar conservacionistas.

© Paul Starosta (GETTY IMAGES) (Stone RF)

Imagen de la vistosa mariposa nocturna isabelina, en peligro de extinción.

El asco de los europeos para incluir insectos en su dieta viene de lejos y es biológico

6 June 2026 at 04:30

En Cerdeña hacen un queso de sabor fuerte, picante y de olor aún más fuerte. Se llama casu marzu (en la vecina Córcega se lo conoce como casgiu merzu) Lo de casu/casgiu es fácil de traducir, queso. Lo de marzu/merzu no tanto. En sardo y corso significa podrido. Ambos se hacen con queso de cabra u oveja. En el caso del primero, se parte del pecorino. Para pudrirlo, lo abren cuando aún no está del todo curado e introducen larvas de Piophila casei, una mosca; la llaman la del queso. Es una de las contadas excepciones a la aversión que tienen los europeos al consumo de insectos. Ahora, un estudio del sarro dental de sapiens, neandertales y grandes simios apunta a que los primeros no los comen en Europa porque nunca lo hicieron. Los autores del trabajo, publicado en Science Advances, apuntan a que esta repulsión no es cultural, sino biológica.

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© NurPhoto (NurPhoto via Getty Images)

Cientos de millones de personas comen insectos, pero el consumo se concentra en las regiones tropicales del planeta. En la imagen, puesto de comida en Nanning, capital de la región sureña Guangxi, en China.
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