Juan Luis Arsuaga: "Me irrita que cuando pido servicios públicos, los políticos me den tolerancia. La tolerancia no quita la fiebre"




El Papa ha llegado este jueves a Canarias, última etapa de su viaje a España antes de regresar a Roma el viernes, y nada más aterrizar en Las Palmas ha ido al muelle de Arguineguín, un símbolo del drama de la inmigración en las islas. En 2020 llegó a ser conocido como el muelle de la vergüenza, ante el abandono en el que quedaron miles de migrantes tras un insólito número de llegadas de cayucos. Este lugar ha sido símbolo de todo lo que se ha hecho mal desde la política, de la descoordinación entre instituciones y del rechazo de parte de la población. Hasta desembocar en la idea de la prioridad nacional de Vox, que secunda el PP. Y también en la política migratoria cada vez más restrictiva de la UE, pues justo este viernes entra en vigor el nuevo pacto europeo que endurece el acceso al asilo. A todos ellos, León XIV ha lanzado un mensaje claro y rotundo: “No podemos acostumbrarnos a contar muertos. La dignidad humana no tiene pasaporte ni pierde valor al cruzar la frontera”.

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El popular Alfonso Fernández Mañueco ha tomado posesión este jueves de su cargo como presidente de Castilla y León tras el acuerdo de gobierno con Vox. El pacto incluyó el concepto de prioridad nacional defendido por la extrema derecha, que discrimina a los inmigrantes respecto a los españoles en el acceso a subvenciones y servicios públicos. El PP, que gobierna en la comunidad desde 1987, inaugura así la tercera legislatura con Mañueco al frente. Las tres las ha suscrito en sendas coaliciones, primero con Ciudadanos y en las dos últimas ocasiones con Vox.

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Ha sido irse el Papa a Barcelona y Madrid ha vuelto a su enfrentamiento diario. Las palabras de concordia y entendimiento político de León XIV no son ya más que historia remota, tiempo pretérito. La Asamblea de Madrid ha vuelto este jueves a la bronca entre el Gobierno del PP y los partidos de la oposición. Vox ha hecho como si los peregrinos y las guirnaldas hubieran sido el decorado de una pesadilla y ni siquiera ha tenido ninguna mención para su Santidad. ¿Quién era ese hombre vestido de blanco que se paseaba por la ciudad en una especie de descapotable? Al parecer, el villano de una película.

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El papa León XIV limitará la parte canaria de su visita a Gran Canaria y Tenerife, y pasará de largo por El Hierro, la isla que en los últimos años ha concentrado la mayor parte de las llegadas de personas migrantes. Este olvido ha causado la irritación del presidente del Cabildo insular, el socialista Alpidio Armas, que no asistirá a los actos con el Pontífice. Por ello, la tarea de trasladar al santo padre la realidad migratoria de la pequeña isla recaerá en Darwin Rivas, un sacerdote de 49 años (25 de ellos como cura) con la doble nacionalidad española y venezolana. Es el titular de cuatro de las parroquias de la segunda isla menos poblada del archipiélago (tras La Graciosa). Como miembro de la asociación Corazón Naranja, es una de las personas encargadas de atender a las personas que ingresan en el Centro de Atención Temporal de Extranjeros (CATE) de la isla. “La migración es un problema político que no se puede resolver con soluciones policiales”, avisa.

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El primer ministro polaco, el conservador Donald Tusk, compareció en la frontera con Bielorrusia a mediados de mayo para anunciar un objetivo cumplido por su Ejecutivo. “En el último año del Gobierno del PiS [el ultraconservador Ley y Justicia], 12.000 personas cruzaron ilegalmente la frontera con Bielorrusia. El primer trimestre de este año, ¡cero!”, alardeó el dirigente. Polonia ha fortificado la línea que le separa del régimen autoritario de Aleksandr Lukashenko, aliado del Kremlin, en nombre de la seguridad nacional. Los defensores de los derechos humanos advierten sin embargo de que el blindaje se produce a costa de las leyes internacionales de asilo y de los derechos de las personas migrantes.

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Los suizos volverán a las urnas el próximo domingo, 14 de junio, para decidir si quieren frenar la inmigración estableciendo un tope de población de 10 millones (ahora el país tiene 9,1 millones) en el horizonte de 2050, como propone la derecha populista. Ese mismo día podrán pronunciarse también, en todo el territorio, sobre un cambio en el servicio civil sustitutorio del militar; en Berna, sobre un crédito para renovar un museo; y en el cantón de Zúrich, sobre una iniciativa para frenar el aumento del coste de la vivienda.

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El número de personas que se vieron obligadas a huir de sus hogares y dejar una vida atrás por culpa de una guerra o algún otro acontecimiento violento descendió en 2025; fueron 117,8 millones, un 4% menos que el año anterior, quienes se encontraban desplazadas a la fuerza, bien dentro de su país —son los desplazados internos— o bien fuera de él como refugiados. Es el primer descenso registrado en una década, pero, aunque lo parezca, esto no es una buena noticia, pues la caída no responde a que el mundo sea un lugar más seguro, sino al retorno de millones a sus países de origen a pesar de que la situación aún esté lejos de mejorar.

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La ley que ha firmado hoy el presidente de Estados Unidos, después de que el Congreso la aprobara ayer, concede 70.000 millones de dólares más a la campaña contra la inmigración que inició nada más regresar a la Casa Blanca. Los nuevos fondos se suman a la ya astronómica cantidad de 170.000 millones de dólares que se destinaron al mismo propósito en la ley presupuestaria (bautizada como “gran y hermosa” por el presidente) que se aprobó en julio de 2025. En total, la astronómica cantidad de 240.000 millones de dólares se destinará hasta el final del mandato de Donald Trump a conseguir la mayor deportación de la historia. La gestión de los fondos se ha puesto en entredicho en un contexto en el que la mayor parte de la población desaprueba la actuación de las agencias migratorias y se rebelan las pésimas condiciones en que se mantiene a los detenidos.

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Quizá ayude a explicar lo que ha ocurrido en este país, su nivel de crispación y polarización, el hecho de que Federico Jiménez Losantos, antiguo pope de la emisora de la Conferencia Episcopal Española, la Cope, defina hoy como “satánico”, “monstruo” y “siniestro” al cardenal arzobispo de Madrid, José Cobo, y critique que el Papa venga “a ayudar a Pedro Sánchez”; que no se le ocurra otra cosa mejor que visitar un centro de Cáritas —“esos cristianos rojos, cantera de Podemos”— y que, según él, se haya arrodillado “ante el islam”.
Para comprender por qué los discursos sobre la “prioridad nacional” encuentran hoy tanto eco en la opinión pública, hay que empezar por recordar algo que tiende a olvidarse: seguimos viviendo en la era de los Estados-nación, lo cual significa que la discriminación en función de la nacionalidad sigue existiendo en todos los países. Ocurre en Francia, pero también en España. Para ser elegido diputado al Congreso, es necesario tener la nacionalidad española, y esas mismas normas rigen también para una serie de puestos de trabajo, sobre todo en la función pública.

“Ninguna confesión tendrá carácter estatal”, establece explícitamente la Constitución. La cuestión de qué supone el laicismo del Estado ha vuelto a resurgir con motivo del histórico discurso del Papa ante las dos Cámaras, reunidas de manera conjunta en el Congreso este lunes. El Papa habló de lo que quiso y fue coherente con la doctrina de la iglesia. Los diputados y senadores aplaudieron durante siete minutos. Pero el acto en sí trascendía inevitablemente lo político.

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La Cámara de Representantes de Estados Unidos ha aprobado este martes la inyección de 70.000 millones de dólares más para la ofensiva antiinmigración de la Administración de Donald Trump. Con 214 votos a favor y 212 votos en contra, los congresistas validaron el proyecto de ley de Reconciliación, que el presidente ha promovido para financiar su promesa electoral de llevar a cabo la mayor deportación de la historia. La norma impulsa las operaciones del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por las siglas en inglés) y la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) sin concesiones a los demócratas, que exigían reformas en las agencias migratorias y quienes votaron en contra en bloque.

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Un bolso lleno de las cosas favoritas de Hajar Tabit; una cacerola con un guiso de callos hecho por Ghizlane Jmel; la bandera verde y amarilla de Michelle Rosa; el reloj de Tania Aparecida; el cielo, flores rojas, familia y mascotas. Son las imágenes de la exposición Goals for Hope, un proyecto de fotografía participativa que reúne imágenes tomadas por migrantes de distintos equipos de fútbol en España. Las protagonistas de la exposición de Madrid son las Madres Dragonas de Lavapiés, mujeres de orígenes muy diferentes que desde 2018 empezaron a juntarse para jugar al fútbol en este barrio la capital, donde conviven vecinos de más de 88 nacionalidades.

Pese a la defensa de los valores católicos y la herencia histórica del cristianismo, las posiciones sobre inmigración de Vox dejan al partido en un limbo en su relación con la Iglesia Católica, más cuando el rechazo a la inmigración irregular y la apuesta –por rachas– de dar protagonismo a las demandas de deportaciones masivas les alejan de la doctrina social que promueve la entidad. Mientras que en el PP dirigentes de la primera línea avalan el cien por cien del discurso pronunciado este lunes en el Congreso de los Diputados por León XIV, en Vox marcan distancias con el mismo y lo utilizan, en todo caso, solo para reivindicar el reconocimiento de la historia española y atacar al Gobierno. "El Papa les ha lanzado un mensaje en contra de sus políticas abortistas y en favor de la eutanasia", dicen voces autorizadas de la formación.
Otras fuentes de alto rango comparten el discurso en términos generales, pero al ser preguntados por las posiciones sobre inmigración invitan a "trascender el contenido" del discurso y "mirar más allá" de lo que se ha dicho en el Congreso, algo más político y que dista del mensaje recurrente del Papa en los sucesivos actos que viene protagonizando desde su llegada el sábado por la mañana en España. De hecho, Santiago Abascal, este mismo lunes hizo esa separación. Después de que el pontífice abandonase el hemiciclo, fue interpelado para referirse a su llamada por "la justicia social, la acogida respetuosa o la integración" en los procesos migratorios, algo completamente contrario a las posiciones de Vox en cuanto a migración. "Hay que distinguir entre los discursos y la política práctica. Son las palabras que se esperan de un líder religioso", opinó Abascal, que intentó hacer compatibles ambas cuestiones para esquivar un nuevo enfrentamiento con la Iglesia.
"La necesidad de acogida al débil, al inmigrante, al extranjero es perfectamente compatible con las leyes de los Estados como reivindica el propio León XIV. Hasta tal punto se entiende bien que se distingue el hecho de la política práctica. Si uno entra en el Estado Vaticano tiene multa, tiene cárcel y la prohibición de entrar. A mí me gustaría tener una política migratoria igual en España", marcó posiciones Abascal para rebajar el calado de las palabras del pontífice y abrir una propia contradicción en su mismo posicionamiento previo. "Creo que es compatible mantener un discurso de acogida como defendemos; un discurso de combate de las mafias, sobre el derecho a permanecer en su propia tierra, con discursos que lo que señalan son los problemas que ocasionan la inmigración masiva en muchas sociedades. Por lo tanto, ninguna contradicción y muy satisfecho con los elogios que León XVI ha hecho a España".
Se coincide en ese punto con el PP, que mientras la izquierda celebra un posicionamiento favorable a la acogida, elude analizar párrafo a párrafo el detalle de lo expresado y asegura que de fondo se les da la razón con esa llamada a fomentar las vías legales –ellos lo vinculan al trabajo– y a la colaboración en los países de origen. "El Papa ha mostrado más coherencia hoy aquí que otros en años. Ha dado más argumentos que otros", dicen fuentes parlamentarias frente a Sánchez. Pese a ello, la distancia entre el PP y Vox a la hora de lidiar con la presencia del Papa es más que evidente. Por ejemplo, mientras el presidente del PP Alberto Núñez Feijóo se reunió en audiencia privada con León XIV por la tarde –y con Isabel Díaz Ayuso–, no ha habido interlocución con Vox ni Abascal más allá del saludo matinal en el Congreso.

Con su comparecencia frente a los medios tras la visita del Papa a la Cámara Baja, Abascal quiso desviar el foco del principal tema de confrontación con la Iglesia –y que pone en un dilema a parte de sus votantes, mayoritariamente definidos como católicos– y centrarlo en los asuntos positivos, en la coincidencia o en esa interpretación del mismo en defensa de la vida o en contra de la eutanasia. In situ alguna figura parlamentaria del partido quitaba hierro al asunto: "La izquierda no está de acuerdo con sus posiciones sobre la eutanasia o el aborto, no pasa nada por discrepar". En esa salida posterior al acto en el Congreso, algunas voces de Vox reivindicaban el resto de discursos más religiosos del Papa este fin de semana, apelando a la familia, al matrimonio –entre un hombre y una mujer– y a la fe. Delimitaban ya como hizo Abascal cada lugar de influencia, el religioso y el político.
Vox ha participado activamente en el aplauso multitudinario al Papa durante siete minutos, con vítores de por medio, y solo su portavoz adjunto y responsable de Vivienda, Carlos Hernández Quero, –uno de los dirigentes con perspectiva más dura contra la inmigración, socialpatriótica– se ha bajado de ese reconocimiento al poco de iniciarse el aplauso. Desde el partido niegan ninguna motivación y recalcan que participó en el aplauso.
La visita del Papa fue bien recibida por Vox en los días previos, desde el secretario general de Vox, Ignacio Garriga, a la portavoz parlamentaria, Pepa Millán, que expresó la "ilusión" y las "ganas" por la misma. Para reflejar lo mejor de España, dijo, frente a la imagen que ha dejado el Gobierno a nivel internacional. Después de varios meses de encontronazos puntuales y distancia, Garriga hizo presencia durante un desayuno informativo del presidente de la Conferencia Episcopal, Luis Argüello, el 12 de mayo en el Hotel Four Season de Madrid, lo que tuvo una lectura de acercamiento y de limar asperezas. Ahora se defiende que hay un cierto entendimiento y que desde la Conferencia se ha asumido que los países tienen derecho a gestionar como consideren su inmigración. Una distinción de lo político con lo social, en definitiva.
Hay dos antecedentes claros de choque. En agosto de 2025, Vox criticó que la Conferencia Episcopal lamentase que el Ayuntamiento de Jumilla (Murcia), restringiese el uso de instalaciones públicas, como el polideportivo municipal, para que la comunidad musulmana celebrase la fiesta del cordero. Eso llevó a Abascal a reaccionar y a sugerir que o bien los obispos se movían en esa dirección por miedo a perder "ingresos públicos", o bien por estar "amordazados" por los casos de pederastia de la Iglesia. Una confrontación directa que no dejó indiferente a nadie. "No estamos ante un debate sobre libertad religiosa, estamos ante la amenaza real de una ideología extremista como es el islamismo", señaló.
En abril volvió a haber un enfrentamiento. A raíz de la 'prioridad nacional' pactada con el PP, el secretario general y portavoz de la Conferencia, Francisco César García, expresó que "la dignidad de la persona es intocable e irrenunciable" y que "la Iglesia tiene el compromiso de estar cerca de unos y otros". Y ante ello, el líder de Vox respondió en X contra él. "Este personaje nunca se atreve a criticar al gobierno mafioso. Porque el gobierno le proporciona su negocio con la invasión. Y esa es su prioridad: el negocio. Y el desprecio profundo a los españoles que quieren defender su patria".
Este personaje nunca se atreve a criticar al gobierno mafioso.
— Santiago Abascal 🇪🇸 (@Santi_ABASCAL) April 24, 2026
Porque el gobierno le proporciona su negocio con la invasión.
Y esa es su prioridad: el negocio. Y el desprecio profundo a los españoles que quieren defender su patria. https://t.co/PxmAkDG6vD
Ante ello, desde la Conferencia se defendió el intento de contactar y reunirse con Vox a nivel nacional. García trasladó a principios de mayo tras un ofrecimiento, Vox no les dio respuesta, y eso que hay interlocución sin problema en el ámbito local y autonómico. En la Conferencia, según trasladó Argüello en un reciente encuentro con periodistas, entienden que el distanciamiento forzado por Vox en el plano estatal se debe a un "interés electoral".
"Vox hace de la cuestión migratoria la cuestión central porque debe percibir que hay votantes que proceden de sectores como barrios populares que pueden creer que la inmigración les perjudica en el Estado del bienestar. Y prima eso sobre la religión. Entendemos que hay una estrategia, les viene bien electoralmente", apreció Argüello, no viendo disonancia entre la base solidaria del catolicismo y la apuesta de católicos por Vox pese a ese distanciamiento de la Iglesia por miedo a los efectos de la inmigración. En la Conferencia han explicado que si bien los Estados tienen derecho a regular la inmigración como consideren, una vez llega, "debe primarse la dignidad humana". En esa contemplación se refugia ahora Vox para reservarse frente al discurso de acogida del Papa. Abascal alude a la compatibilidad de la solidaridad con la gestión migratoria que consideren los poderes del Estado. Con la Conferencia Episcopal se reunió justo después del acto en el Congreso León XIV.
Si bien sigue habiendo coincidencia de posiciones en temas morales, Vox mantiene un perímetro de distancia con la Iglesia y con los obispos españoles por estrategia electoral. No replican, sin embargo, alguna de las posturas anteriores con Francisco I, de desconfianza sobre todo cuando abordaba temas sobre España. Tampoco de rebajarle a "ciudadano Bergoglio" como el propio Abascal pronunció hace unos años. La figura del Papa por ahora sigue recibiendo un tratamiento institucional en Bambú, que tampoco ve en llamamientos de León XIV a "huir de enfoques identitarios que pueblan el mundo de fantasmas y enemigos; de narrativas divisivas" y de quienes "ganan popularidad avivando el fuego de las polarizaciones" un toque de atención público sobre Vox. No se sienten aludidos y una vez más, miran a las políticas de Sánchez.