León XIV finalizó este viernes su visita a España con un balance que combina un mensaje poderoso en defensa de los migrantes y contra el discurso del odio, con omisiones dolorosas. El Papa ha pasado de puntillas sobre el mayor escándalo de la Iglesia española en las últimas décadas: los abusos sexuales por parte de miembros del clero y su encubrimiento sistemático. Esta semana posiblemente deje un poso duradero en España por el poder de su palabra, por la plasticidad y la fascinación de las imágenes de la Sagrada Familia y, sobre todo, porque con sus discursos y gestos se está erigiendo, poco más de un año después de su entronización, en una figura antagónica del otro líder estadounidense global, Donald Trump. Pero el viaje también deja otro poso evidente de decepción.
Atriz subiu ao palco para denunciar o que diz ter sido um episódio de racismo. Direção do teatro diz não ter identificado "atitude de natureza racial", mas remeteu o caso para o Ministério Público.
Atriz subiu ao palco para denunciar o que diz ter sido um episódio de racismo. Direção do teatro diz não ter identificado "atitude de natureza racial", mas remeteu o caso para o Ministério Público.
“¡Maricón!”. No era la primera vez que lo oía, pero sí era la primera vez que se lo decían dentro de un campo de fútbol. También era la primera vez que tanta gente se lo gritaba al unísono: “¡Maricón!”. “Alguna vez, saliendo de fiesta con mis amigos, me lo habían dicho. En ese momento se pasa muy mal, pero siempre preferí obviar los insultos. Siempre consideré que era mejor ignorarlos”, explica el futbolista Nacho Ruiz (Torrent, Valencia, 29 años). El 16 de noviembre del año pasado, fue distinto. “Ese día me lo dijeron en un partido y más veces que en toda mi vida. Juego al fútbol desde que tengo seis añitos. Empecé en el Valencia y debuté profesionalmente con 19 en el Espanyol y nunca me había pasado esto”, reconoce.
Como con tantos relatos, la violencia desatada esta semana en Belfast se puede contar con la historia de una calle. Lendrick Street está en la zona este de la ciudad norirlandesa. Una línea recta de apenas 200 metros. Casas humildes de dos alturas, de ladrillo a la vista, alineadas con ese estilo georgiano por el que solo la puerta y las ventanas indican que son viviendas diferentes las que habitan esos muros continuos que son los dos lados de la calle.
Una vez más, la violencia racista ha tomado las calles del Reino Unido. Una vez más, el mensaje de odio ha ganado cuerpo y ha crecido hasta su explosión en redes sociales y el incendio en el mundo físico y real. Esta semana ha sido en Belfast, la capital de Irlanda del Norte, una ciudad que creía olvidadas escenas como las que se han visto desde la madrugada del lunes al martes: gritos de odio, edificios y vehículos incendiados por una muchedumbre hostil, gente huyendo con lo puesto de sus hogares en llamas. La causa no ha sido, como hace décadas en la época de los troubles, el odio religioso entre irlandeses; el objetivo de la horda es ahora la población de origen inmigrante.
Una de la madrugada. Tengo 32 años y me encuentro sentada en la taza del baño de casa de mis padres mientras pienso qué futuro me espera. Mejor dicho, qué presente tengo. Dejé un trabajo que emocionalmente me llenaba, pero en el que las semanas se convertían muchas veces en 11 días seguidos, y eso me agotó. Lo dejé para opositar y ahora me enfrento a procesos con más de 20.000 personas, entiendo, igual de desesperadas que yo. Antes de encender este cigarro, me he pasado LinkedIn. Y por eso pienso qué presente me queda, nos queda, a los que nos sacamos una carrera universitaria hace más de 10 años y ya no podemos realizar convenios de prácticas, pero tampoco tenemos los cinco años mínimos de experiencia que solicitan las empresas para puestos que perfectamente, con un voto de confianza, una oportunidad, podríamos desarrollar. Pienso en esto y me acuerdo de mi padre, que sin estudios, a base de trabajo, consiguió trazar una carrera profesional sólida. Y pienso en mí, y en la gente que está como yo en este extraño limbo y supongo que estamos condenados a enfrentarnos a 20.000 personas por una plaza mientras robamos Orfidal en casa de la suegra y fumamos en la taza del WC de la de nuestros padres a la una de la madrugada. Qué futuro.
Empieza el circo mundialista y David Beckham descubrirá este viernes su estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood. Es el guiño del imperio del entretenimiento a la Copa del Mundo, y casi el único. En el bulevar de los Oscar, entre saraos y buscavidas que imitan a Michael Jackson, hay que rastrear mucho para encontrar referencias a la gran cita del fútbol, pese a que a 20 kilómetros de allí Estados Unidos arranca su concurso contra Paraguay (madrugada del viernes al sábado, 3.00; DAZN).
Laura Bates (Oxford, 39 años) ha investigado durante años el mundo de la machosfera, ese oscuro reducto de las redes, cada vez con más tentáculos, donde habitan hombres resentidos —los llamados incel o célibes involuntarios— que sueñan con violar o asesinar a las mujeres que los rechazan; donde supuestos gurús enseñan cómo tratarlas con mano dura o donde, desde hace unos años, circulan deepfakes, vídeos pornográficos realizados con inteligencia artificial, en los que niñas y mujeres que no han dado su consentimiento son sometidas, a partir de fotos suyas, a abusos y violaciones virtuales, pero con consecuencias e impacto psicológico reales y devastadores. Bates fundó en 2012 Everyday Sexism Project, una web que ha atendido las denuncias, anónimas o no, de más de 200.000 mujeres que han encontrado en ese repositorio la ayuda para expresar sus miedos, su rabia o su frustración, y que han informado a gobiernos e instituciones de realidades que no necesariamente acaban en un juzgado o con los culpables castigados. En 2023 le dio forma a estas ideas en su aclamado libro Los hombres que odian a las mujeres (Capitán Swing).
Irlanda del Norte, donde acampó la violencia durante casi 30 años del siglo pasado entre la comunidad católica y la protestante, ha sido escenario de violentos disturbios raciales en las últimas horas. El detonante esta vez ha sido el apuñalamiento de un hombre de 40 años en Belfast a manos de un refugiado sudanés. La víctima ha perdido el ojo izquierdo y permanece grave en el hospital.
Líderes ultras como Tommy Robinson, animado por Elon Musk, atizaron el odio contra los migrantes a través de las redes sociales. Grupos de enmascarados incendiarios vehículos y hasta secuestraron un autobús en una zona donde viven inmigrantes en Belfast el martes por la noche.
Los altercados se han repetido en Londonderry, la segunda ciudad de Irlanda del Norte, el miércoles. También a las afueras de Glengormley, a unos diez kilómetros del centro de Belfast. Unas 300 personas, en su mayoría hombres vestidos con ropa oscura, se han concentrado con el objetivo de atacar un hotel cercano que albergaba a migrantes. La policía ha intervenido con cañones de agua para intentar dispersar a los manifestantes. Ellos les han lanzado piedras, según informaThe Guardian.
1. La víctima y el agresor
La familia de la víctima, Stephen Ogilvie, de 40 años, ha pedido que no se instrumentalice esta tragedia. "Contamos con muchos migrantes que aportan una contribución muy valiosa a nuestro país, entre otros ámbitos, en nuestro sistema sanitario y en el sector hotelero, y dependemos de ellos para que nuestro país funcione. No queremos que esta terrible tragedia se utilice para dividir a la gente o avivar la hostilidad", han declarado la familia en un comunicado.
Este miércoles ha comparecido ante el juez el autor del ataque, Hadi Alodid, de 30 años. Va a permanecer en prisión preventiva las próximas cuatro semanas. Alodid llegó al Reino Unido en 2023 vía París y Dublín. Tenía residencia legal válida hasta 2028, según el Ministerio del Interior británico.
2. 2025 ya fue "un año de odio"
En todo el Reino Unidola inmigración se ha convertido en un tema candente. La forma en que se aborda la cuestión ha contribuido al auge del partido de extrema derecha Reform UK en las últimas elecciones. En las municipales más recientes el partido liderado por Nigel Farage ha obtenido excelentes resultados en Inglaterra, Gales y en Escocia. No estaban convocados a las urnas en Irlanda del Norte.
El año pasado se produjeron disturbios contra los inmigrantes en Irlanda del Norte, en medio de la indignación por una presunta agresión sexual en la que estaban implicados dos adolescentes descritos como de origen extranjero. El escenario de los enfrentamientos fue la ciudad de Ballymena, en Irlanda del Norte, donde grupos de manifestantes atacaron viviendas en las que residen migrantes.
El Reino Unido también se vio sacudido por la violencia en julio de 2024 tras el asesinato de tres niñas pequeñas que fueron apuñaladas cerca de Liverpool por un joven británico de 17 años, hijo de refugiados ruandeses. El suceso que en aquel momento provocó disturbios, incluso en Irlanda del Norte. El adolescente se declaró culpable de los cargos de asesinato de las niñas y fue condenado a cadena perpetua, con un mínimo de 52 años.
En noviembre del año pasado, Amnistía Internacional describió los 12 meses anteriores como "un vergonzoso año de odio" en Irlanda del Norte. Los servicios policiales registraron 2.048 incidentes racistas y 1.280 delitos de odio racial en ese periodo, una de las cifras más altas registradas desde que se empezaron a recopilar datos en 2004.
3. El antecedente más reciente, el caso Nowak
La semana pasada se supo que el estudiante Henry Nowak, de 18 años, que murió ante la policía tras un altercado con un joven sij de 23 años en realidad había sido víctima de un apuñalamiento. El agresor acusó a Nowak de haberle atacado aparentemente por motivos racistas. Los policías vieron el turbante del sij en el suelo y creyero su versión. Como muestra el video que se conoció hace unos días, fue al contrario. Nowak murió por las heridas que le ocasionó el ciudadano sij con un cuchillo ceremonial de 21 centímetros.
En Southampton, más de mil personas se congregaron frente a la comisaría central. Se registraron enfrentamientos con la Policía antidisturbios, que dejaron once agentes heridos y varios detenidos. El caso fue utilizado como bandera por sectores de la extrema derecha, que lo presentaron como evidencia de un sesgo racial en la actuación policial en perjuicio de los blancos.
Entró en acción el activista antiinmigración Tommy Robinson, quien responsabilizó de la muerte de Nowak al primer ministro, Keir Starmer. Incluso se refirió al caso el vicepresidente de EEUU, JD Vance, quien culpó de la violencia a "la invasión masiva de migrantes". El agresor de Southampton, sin embargo, no era un inmigrante.
Desde entonces, la comunidad sij ha denunciado episodios de abuso racial y verbal, a pesar de que Mark Nowak, el padre de la víctima, también advirtió de que la muerte de su hijo no se utilizara para crear "más división, odio o tensión".
4. El papel de Tommy Robinson y Elon Musk
Elon Musk, Tommy Robinson y otros agitadores instaron a la gente a salir a la calle tras el ataque en Belfast. Apelaron a protestar contra "los invasores de nuestro pueblo". Grupos de enmascarados, con ropas oscuras, incendiaron coches y sembraron el terror en zonas habitadas por inmigrantes. Como consecuencia de esta persecución, 27 personas perdieron sus viviendas y ahora son sin techo, como han dicho las autoridades norirlandesas.
Con más de dos millones de seguidores en la red social de Elon Musk, Tommy Robinson es fundador de la extinta Liga para la Defensa Inglesa. En la primavera de hace dos años estuvo detrás de los peores disturbios racistas registrados en más de una década. Una de las publicaciones de Robinson, retuiteada por el propio dueño de esa red social, el magnate Elon Musk, incluía dos pósteres con una larga lista de localidades de Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte donde debían convocarse manifestaciones.
En una publicación en X, Musk ha retuiteado un mensaje de Matt Goodwin, candidato de Reform UK en las recientes elecciones parciales de Gorton y Denton, en el que dice: "No son las redes sociales las que están 'avivando las tensiones'. No es Elon Musk. No es Nigel Farage. No es la 'extrema derecha'. Es la política deliberada de inmigración masiva descontrolada y fronteras abiertas. Esta política tiene que acabar o destruirá a las naciones occidentales". Y apunta Musk: "Exacto".
5. El recuerdo de los 'Troubles'
Esta violencia en Irlanda del Norte también guarda relación con los llamados Troubles, como se conoce al enfrentamiento sectario que tuvo lugar entre la década de 1960 y finales de la de 1990. El acuerdo de paz de 1998, conocido como el Acuerdo del Viernes Santo, dio lugar a pactos de gobierno entre los principales partidos nacionalistas (los que abogan por una Irlanda unida) y unionistas (los que desean seguir formando parte del Reino Unido).
Los disturbios violentos tienen lugar en zonas que se han visto afectadas por la privación económica a largo plazo, el desempleo y la marginación. La narrativa antimigratoria sostiene que la frontera con Irlanda es un corredor de paso para los migrantes. Así se reavivan las tensiones en torno a la identidad nacional entre las comunidades católicas y nacionalistas.
Casi toda la violencia de la primera jornada se ha concentrado en zonas que aún están bajo el control de uno de los dos principales grupos pro-británicos ilegalizados: la Asociación de Defensa del Ulster (UDA) y la Fuerza de Voluntarios del Ulster (UVF), segúnPolitico. En su día, estos grupos asesinaron a católicos en represalia por la violencia del Ejército Republicano Irlandés (IRA). Miles de miembros de UVF y UDA ahora comparte valores con agitadores de extrema derecha en Inglaterra y más allá.
Los principales objetivos en la actualidad son los inmigrantes asiáticos y africanos. Muchos se han asentado, debido a la baja natalidad en la comunidad protestante en donde son dominantes. Lo llamativo es que asiáticos y africanos apenas representan el 3 % de la población de Irlanda del Norte. Es el rincón más blanco del Reino Unido.
Manifestação foi organizada pela Associação Vida Justa e pelo Movimento SOS Racismo e seguiu até ao Campo 24 de Agosto, local onde há dois anos imigrantes argelinos foram violentamente espancados.
Manifestação foi organizada pela Associação Vida Justa e pelo Movimento SOS Racismo e seguiu até ao Campo 24 de Agosto, local onde há dois anos imigrantes argelinos foram violentamente espancados.
Cerca de 200 pessoas manifestaram-se no Porto em memória das vítimas em Portugal dos "crimes de ódio". O destaque foi para Alcindo Monteiro, assassinado há 31 anos.
Manifestação desta quarta-feira em Lisboa e Porto para lembrar as vítimas de racismo e da xenofobia em Portugal e homenagear Alcindo Monteiro, assassinado no Bairro Alto, em junho de 1995.
O combate ao racismo é uma coisa desejável, mas é um perigo pôr na mão de pessoas como o SOS Racismo um articulado que lhes permita perseguir judicialmente quem tem ideias com que não concordam.
Num Ocidente dominado e subjugado pela vertigem da política identitária e do wokismo institucionalizado que a extrema-esquerda impôs, Henry Nowak não tinha a identidade correcta para ser vítima.
A professora de Geografia, que foi afastada da sala de aula enquanto decorre o processo, terá feito comentários contra imigrantes, como “deviam ir para a vossa terra”, “sou portuguesa de origem”, e os imigrantes estão a “estragar Portugal e usam os nossos recursos”. O Ministério da Educação está a acompanhar o processo de averiguação instaurado pela escola a uma professora acusada de discurso de ódio, confirmou hoje a tutela, adiantando que caberá depois à escola decidir se instaura um processo disciplinar. “A diretora do agrupamento instaurou um processo de averiguações com vista à recolha de informação e ao apuramento dos
O caso de Tanaka Luanda Lawrence, a Lulu, uma mulher guianesa presa por 12 anos no Brasil e que morreu a dois dias de ganhar liberdade, joga luz nas falhas de um sistema penitenciário que nega direitos fundamentais de forma sistemática, especialmente quando essas pessoas são mulheres, negras, pobres e estrangeiras.
Ao analisar as violações de direitos e as omissões institucionais que marcaram o caso de Tanaka, revelado pela Agência Pública, o pesquisador em violência de Estado e violência policial e doutor em sociologia da Universidade de Brasília (UnB) Edergenio Negreiros Vieira aponta como o sistema carcerário brasileiro opera. Para ele, casos como o de Tanaka não são exceção, mas regra em uma estrutura que produz desigualdades de forma sistemática.
Negreiros Vieira detalha as múltiplas violações de direitos que Tanaka sofreu: desde a omissão do Estado no acesso à saúde, passando pela negligência médica e farmacêutica, até a morosidade da Justiça em responder a demandas urgentes. O pesquisador também analisa como o Brasil, signatário da Regra de Bangkok — que estabelece padrões mínimos de atendimento à saúde para mulheres presas —, falhou em cumprir seus próprios compromissos internacionais.
Além das questões legais e institucionais, a entrevista analisa sobre os cruzamentos de raça, classe, gênero e xenofobia que agravam ainda mais a situação de pessoas como Tanaka. Utilizando o conceito de necropolítica do teórico camaronês Achille Mbembe, Negreiros Vieira explora como o Estado decide quem merece proteção e quem é descartável.
Confira os principais trechos da entrevista:
Tanaka Luanda Lawrence, conhecida como Lulu, passou 12 anos presa no Brasil. Morreu dois dias antes de conquistar a liberdade
A quais conclusões o senhor chegou a respeito dos direitos postergados e, na prática, negados de Tanaka Luanda Lawrence?
O caso de Tanaka não é isolado. Geralmente, quando surgem casos de violação de direitos e da dignidade humana de pessoas em situação de privação de liberdade, ou relacionados à violência policial, o senso comum tende a imaginar que são exceções, uma anomia dentro do sistema. Pelo contrário, é mais provável que casos como o de Tanaka sejam a regra. Se levarmos em conta que possuímos a terceira maior população carcerária do mundo — tanto no feminino, quanto no masculino —, apesar de o encarceramento no Brasil ser majoritariamente masculino (95% a 97%), a situação dela reflete uma realidade estrutural.
E quais direitos foram negligenciados?
Primeiro, houve omissão por parte do Estado. A Constituição de 1988 consagra o princípio da dignidade humana, inclusive na situação de cárcere. A Lei de Execução Penal (LEP – Lei 7.210/84) também garante plena assistência às pessoas privadas de liberdade. É importante destacar que o artigo 14 da LEP garante expressamente a assistência à saúde (médica, farmacêutica e odontológica) como um dever do Estado. No caso de Tanaka, o Estado negligenciou tanto o atendimento médico quanto o farmacêutico, pois ela não teria tido acesso aos medicamentos necessários.
Além disso, o Brasil é signatário de várias convenções internacionais sobre os direitos de pessoas privadas de liberdade. Temos a Regra de Bangkok, [da Organização] das Nações Unidas (ONU), voltada para o tratamento de mulheres presas e infratoras. O documento, de 2010, estabelece regras mínimas de atendimento à saúde (itens 22 ao 26). Ele determina que cada unidade prisional deve ter um médico à disposição, preferencialmente com conhecimentos mínimos em saúde mental e psiquiátrica. Pelo que consta, não era o caso da unidade onde Tanaka estava alocada, apesar de fazer muro com um hospital.
A questão da saúde dela foi levada à Justiça, mas os prazos concedidos não condizem com a urgência. O senhor avalia que houve aí outro tipo de violação de direitos humanos?
Houve uma evidente falha na tutela jurisdicional, uma dupla desproteção. O Estado falhou ao negar o acesso à saúde, e a Justiça falhou ao não fiscalizar o cumprimento da pena. Quando o advogado peticiona e a Justiça não se efetiva, ocorre essa dupla desproteção: falha do braço executivo do Estado e falha do Judiciário.
Acreditamos, erroneamente, que essas falhas são anomalias, mas os estudos mostram que essa é a forma como o sistema opera. O sistema prisional brasileiro foi alvo da ADPF [Arguição de Descumprimento de Preceito Fundamental] 347, que reconheceu o “estado de coisas inconstitucional” do nosso sistema carcerário. Esse conceito, adotado pelo STF [Supremo Tribunal Federal] a partir do sistema constitucional colombiano, trata exatamente dessas falhas estruturais do Estado.
Nossa Lei de Execução Penal é muito bonita no papel, mas não é cumprida. Esses litígios estruturais revelam uma violação generalizada, um ataque à dignidade da pessoa humana, marcado por inércia e omissão institucional. O caso de Tanaka evidencia essa burocracia do Estado que mata. Superar isso exige soluções complexas, pois envolve cruzamentos de raça, classe social e gênero. O fato de ela ser estrangeira, a xenofobia, é mais um elemento que contribui para esse estado de coisas inconstitucional.
O senhor conseguiria estipular a quantidade de direitos violados?
De imediato, temos a omissão do direito à saúde, que é o mais evidente. Mas também podemos incluir a violação da dignidade da pessoa humana, garantida pela Constituição. Ela enfrentou um calvário para fazer a cirurgia, foi negligenciada na sala de operação e teve que retornar à instituição carcerária. A morosidade do juiz ao ser provocado mostra uma total desumanização das pessoas encarceradas. Não há preocupação com o processo de reeducação. O sistema carcerário, ao invés de ser um lugar de esperança e reeducação, tem produzido cada vez mais desigualdades.
Vivemos uma crise evidente das estruturas sociais, que está se agravando. Não é uma crise cíclica e passageira. O problema é que a crise virou a própria essência do modelo de produção capitalista na sua vertente mais cruel, o neoliberalismo. O neoliberalismo virou uma forma de organização social da vida que não oferece alternativas para todos. Pessoas como Tanaka, que o teórico Clóvis Moura chamaria de “franja marginal”, acabam sendo recrutadas para servir como “mulas”. Se o sistema não resolve o problema dos excluídos, ele os encarcera ou os mata. Não é à toa que o encarceramento e a violência aumentam na sociedade.
Há solução?
Acredito que sim. A solução precisa ser pautada na ideia de uma igualdade radical e em repensar esse modelo de organização social. O discurso progressista que defendo muitas vezes vai na contramão do que circula na sociedade. Precisamos denunciar as mazelas desse modelo e oferecer alternativas para gestar uma nova forma de organização social. No entanto, vejo que muitos que querem gerir o Estado acabam se tornando apenas “gestores da miséria”.
A solução passa por um processo de reeducação e por um debate profundo, como o que a Agência Pública faz, para que chegue a mais pessoas. Esses textos precisam circular nos espaços populares e institucionais para que a sociedade pressione por mudanças, especialmente no sistema judiciário, que tem sido um elemento fundamental na produção de desigualdades.
O senhor acredita que, num caso como esse, faz diferença Tanaka não ser brasileira, não ser branca e/ou não ser homem?
Faz toda a diferença. Podemos pensar no conceito de necropolítica, do camaronês Achille Mbembe. Se antes os estados absolutistas decidiam quem vivia ou morria, nos estados modernos o Estado assume essa função. Ele decide quem vai morrer e quem vai sobreviver. Alguns corpos são passíveis de luto, enquanto outros são “corpos matáveis”.
O corpo de Tanaka e de tantas outras mulheres, especialmente negras, pobres e estrangeiras de países fora do eixo ocidental dominante, são tratados dessa forma.
Se fosse alemã, inglesa ou estadunidense branca, o caso teria virado um escândalo e um problema diplomático tremendo. Mas Tanaka é uma mulher guianesa, pobre e preta. Ela está marcada por esses cruzamentos que tornam a existência ainda mais cruel.
Talvez a melhor descrição das mudanças na vida de Lulu esteja em suas próprias palavras: “Eu reflito sobre minha antiga vida, meu erro, meus direitos e meu futuro adiante”, diz uma de suas anotações. Guianense, negra e mãe de cinco filhos, Tanaka Luanda Lawrence estava presa havia alguns anos na Penitenciária Feminina da Capital (PFC), na zona norte de São Paulo, no antigo complexo do Carandiru. A sua trajetória no sistema penitenciário brasileiro é um retrato das engrenagens de negligência operadas nas prisões do país, em um sistema que mói existências e é especialmente cruel contra mulheres.
Entre 2016 e 2019, Tanaka, ou Lulu, como foi carinhosamente apelidada devido ao sobrenome Luanda, chamava de “senhoras” as outras mulheres brasileiras, angolanas, cabo-verdianas e peruanas, a quem descrevia como “bonitas”.
“Adoro poemas e nem sequer consegui escrever um adequado hoje, mas, de qualquer forma, o período que passo aqui vale o meu tempo”, anotou em um dos encontros do projeto coletivo Mulheres possíveis — corpo, gênero e encarceramento voltado a reeducandas do sistema penitenciário.
“Este projeto traz à tona a mulher, a criança e a artista em mim. É realmente um prazer estar aqui com vocês, senhoras, aprendendo, desenhando, rindo, compartilhando ideias. Quando nos encontramos, para mim é uma libertação mental da prisão, apesar de eu ainda estar nela”, registrou. Nos encontros, os registros de Lulu indicam que ela aprendeu “novas habilidades”, que fez “um pouco de exercício” e que dava risada. Relatou, ainda, que entendia melhor “sobre o corpo feminino” e “sobre o Brasil e sua maneira de sobreviver”.
“Hoje eu tinha tanto em que pensar”, escreveu, ao ilustrar o que seria sua cela, a de número 81.
“Uma cela é um quarto quadrado de 2x2 com paredes brancas e uma porta azul de ferro que às 6 da tarde deve estar trancada e aberta às 7 ou 8 horas da manhã de um sábado. Tem um vaso sanitário e um banheiro bem pequeno.
Tem duas camas de cimento, uma pequena prateleira para deixar as coisas. Também tem duas janelas bem gradeadas, então, ao menos você pode ter um pouco de ar para respirar. Quanto a mim, prefiro ficar na cela.
Por quê? Porque quando eu estou lá dentro, minha mente pode ir a qualquer lugar que eu queira estar.”
"Adoro poemas e nem sequer consegui escrever um adequado hoje, mas, de qualquer forma, o período que passo aqui vale o meu tempo", anotou em um dos encontros do projeto coletivo Mulheres possíveis — corpo, gênero e encarceramento voltado a reeducandas do sistema penitenciário. "Este projeto traz à tona a mulher, a criança e a artista em mim. É realmente um prazer estar aqui com vocês, senhoras, aprendendo, desenhando, rindo, compartilhando ideias."
"Quando nos encontramos, para mim é uma libertação mental da prisão, apesar de eu ainda estar nela", registrou. Nos encontros, os registros de Lulu indicam que ela aprendeu "novas habilidades", que fez "um pouco de exercício" e que dava risada. Relatou, ainda, que entendia melhor "sobre o corpo feminino" e "sobre o Brasil e sua maneira de sobreviver". "Hoje eu tinha tanto em que pensar", escreveu, ao ilustrar o que seria sua cela, a de número 81.
“Uma cela é um quarto quadrado de 2x2 com paredes brancas e uma porta azul de ferro que às 6 da tarde deve estar trancada e aberta às 7 ou 8 horas da manhã de um sábado. Tem um vaso sanitário e um banheiro bem pequeno. Tem duas camas de cimento, uma pequena prateleira para deixar as coisas. Também tem duas janelas bem gradeadas, então, ao menos você pode ter um pouco de ar para respirar.”
Quanto a mim, prefiro ficar na cela.
Por quê? Porque quando eu estou lá dentro, minha mente pode ir a qualquer lugar que eu queira estar.”
A autoridade de um diamante “bruto”
“Ela acabou virando uma referência lá dentro, seja pela luta pelos direitos delas, seja porque conseguia unir as estrangeiras”, relata Lucas Lopes, advogado que assumiu a defesa de Tanaka em 2021. Ele destaca que Lulu passava a impressão de ser dura, num primeiro momento, mas tinha um grande coração, além de ser generosa e acolhedora.
“[Para] muitas [reeducandas] que tinham acabado de chegar e queriam sair em liberdade, ela conseguia fazer a ponte, para que tivessem um lugar para ficar no primeiro momento”, conta Lopes.
Ex-reeducanda francesa, Sophie Marie* conheceu Tanaka no pavilhão das estrangeiras da PFC e também relembra as primeiras impressões. Ela conta que levou alguns meses até que as duas trocassem mais do que cumprimentos: nenhuma falava ainda português, e se aproximaram pelo inglês.
Lulu usava cartas e desenhos para se expressar e evidenciava o conhecimento que obtinha em encontros com colegas de cela tanto sobre o Brasil quanto sobre o próprio corpo
“Era uma mulher robusta, forte, sempre disposta a fazer as pessoas rirem.” Em 2013, com a progressão ao semiaberto, Sophie Marie perdeu o contato com Lulu, especialmente após ser solta, em 2015.
Nove anos depois, a francesa, reencarcerada por outro delito, encontraria novamente Tanaka no mesmo lugar. Ambas passaram a dividir a cela no pavilhão das brasileiras. Ali, Sophie Marie diz ter conhecido “a Tanaka de verdade, não a Tanaka de fachada”.
“Quando eu voltei, ela continuava alegre, sim, mas esses anos todos a mudaram, o sofrimento, a incerteza de não saber o futuro. Eu vi uma Lulu mais sombria”, conta Sophie.
A ex-colega de cela diz que Lulu “era como um diamante”. “Para ver todas as faces do diamante, é preciso girar a peça. Lulu era assim, tinha autoridade natural”, recorda. “Extremamente generosa, impaciente, às vezes, insegura. Quem não a conhecia podia pensar que era brava, meio bruta, de tanto que tinha o respeito das brasileiras. Bastava ela olhar ou levantar um pouquinho a voz e já resolvia o problema”, diz a amiga.
Para Paula*, outra das reeducandas que dividia o alojamento com a guianense, Lulu era uma figura materna no ambiente hostil do cárcere. “Ela era minha mãe lá dentro”, diz, acrescentando que havia até planos de as duas abrirem um negócio de costura em sociedade quando estivessem fora da prisão.
“Um dos sonhos dela era abrir um negócio de costura comigo e com outra colega, que a gente é costureira, né? Ela também queria comprar uma casa e voltar ao país dela para conhecer os netinhos”, detalha a amiga já em liberdade.
A autoridade de um diamante “bruto”
“Ela acabou virando uma referência lá dentro, seja pela luta pelos direitos delas, seja porque conseguia unir as estrangeiras”, relata Lucas Lopes, advogado que assumiu a defesa de Tanaka em 2021. Ele destaca que Lulu passava a impressão de ser dura, num primeiro momento, mas tinha um grande coração, além de ser generosa e acolhedora.
“[Para] muitas [reeducandas] que tinham acabado de chegar e queriam sair em liberdade, ela conseguia fazer a ponte, para que tivessem um lugar para ficar no primeiro momento”, conta Lopes.
Ex-reeducanda francesa, Sophie Marie* conheceu Tanaka no pavilhão das estrangeiras da PFC e também relembra as primeiras impressões. Ela conta que levou alguns meses até que as duas trocassem mais do que cumprimentos: nenhuma falava ainda português, e se aproximaram pelo inglês.
Lulu usava cartas e desenhos para se expressar e evidenciava o conhecimento que obtinha em encontros com colegas de cela tanto sobre o Brasil quanto sobre o próprio corpo
“Era uma mulher robusta, forte, sempre disposta a fazer as pessoas rirem.” Em 2013, com a progressão ao semiaberto, Sophie Marie perdeu o contato com Lulu, especialmente após ser solta, em 2015.
Nove anos depois, a francesa, reencarcerada por outro delito, encontraria novamente Tanaka no mesmo lugar. Ambas passaram a dividir a cela no pavilhão das brasileiras. Ali, Sophie Marie diz ter conhecido “a Tanaka de verdade, não a Tanaka de fachada”.
“Quando eu voltei, ela continuava alegre, sim, mas esses anos todos a mudaram, o sofrimento, a incerteza de não saber o futuro. Eu vi uma Lulu mais sombria”, conta Sophie.
A ex-colega de cela diz que Lulu “era como um diamante”. “Para ver todas as faces do diamante, é preciso girar a peça. Lulu era assim, tinha autoridade natural”, recorda. “Extremamente generosa, impaciente, às vezes, insegura. Quem não a conhecia podia pensar que era brava, meio bruta, de tanto que tinha o respeito das brasileiras. Bastava ela olhar ou levantar um pouquinho a voz e já resolvia o problema”, diz a amiga.
Para Paula*, outra das reeducandas que dividia o alojamento com a guianense, Lulu era uma figura materna no ambiente hostil do cárcere. “Ela era minha mãe lá dentro”, diz, acrescentando que havia até planos de as duas abrirem um negócio de costura em sociedade quando estivessem fora da prisão.
“Um dos sonhos dela era abrir um negócio de costura comigo e com outra colega, que a gente é costureira, né? Ela também queria comprar uma casa e voltar ao país dela para conhecer os netinhos”, detalha a amiga já em liberdade.
Página do livro “Mulheres Possíveis” em que Tanaka Luanda participa e tenta definir o que seria o substantivo carta
Geografia de uma solidão continental
Sobre uma foto sua que integra o livro Mulheres possíveis, Tanaka descreveu o substantivo sobre o qual parecia ter se tornado especialista: “Carta — substantivo feminino, conversa prolongada no tempo-espaço, pertence ao grupo de objetos ‘espelho’ cujo conteúdo transborda o continente, pode conter pessoas, lembranças, relatos, conselhos, mistérios, imagens, objetos, fragmentos (de si e do outro), aproximações e rompimentos; une dois pontos no espaço; pressupõe o desapego daquilo que se deixa dentro; objeto de manutenção de vínculo; e registro no papel daquilo que se sente e pensa”.
Lulu escrevia cartas. Pela falta de visitas, pela distância dos filhos e pelas restrições do Estado brasileiro ao contato de reeducandas estrangeiras com suas famílias no exterior. As mensagens eram, para Lulu, companhia, saudade e resgate de afetos distantes. Em uma delas, ela conta que com música e dança se sentia conectada à família e à própria alma. “Eu uso música para curar minha alma”.
Apenas em 2024, o Estado brasileiro se tornou obrigado a providenciar videochamadas para as detentas estrangeiras do sistema penitenciário nacional. Até então, as reeducandas estrangeiras viviam uma espécie de exílio legalizado. No Brasil, essas mulheres presas enfrentam um isolamento duplo, uma punição que vai muito além da privação de liberdade.
Sem família no país, a maioria das reeducandas estrangeiras têm dificuldades de acesso ao “jumbo”, pacote com alimentos e produtos de higiene que parentes têm permissão de levar em dias de visita. Os visitantes, no entanto, para serem cadastrados, precisam apresentar documentos nacionais, como CPF ou RG, o que inviabiliza o envio de itens, inclusive pelos Correios, e dificulta o contato com familiares.
O jumbo cumpre a função de suprir lacunas estruturais do Estado, que, na rotina prisional, serve o jantar pouco após as 16h e o café da manhã no início da manhã seguinte, muitas vezes impondo longos períodos de jejum forçado.
Lulu escrevia cartas. Pela falta de visitas, pela distância dos filhos e pelas restrições do Estado brasileiro ao contato de reeducandas estrangeiras com suas famílias no exterior.
As mensagens eram, para Lulu, companhia, saudade e resgate de afetos distantes. Em uma delas, ela conta que com música e dança se sentia conectada à família e à própria alma. “Eu uso música para curar minha alma”.
Apenas em 2024, o Estado brasileiro se tornou obrigado a providenciar videochamadas para as detentas estrangeiras do sistema penitenciário nacional.
Até então, as reeducandas estrangeiras viviam uma espécie de exílio legalizado. No Brasil, essas mulheres presas enfrentam um isolamento duplo, uma punição que vai muito além da privação de liberdade.
Sem família no país, a maioria das reeducandas estrangeiras têm dificuldades de acesso ao “jumbo”, pacote com alimentos e produtos de higiene que parentes têm permissão de levar em dias de visita. Os visitantes, no entanto, para serem cadastrados, precisam apresentar documentos nacionais, como CPF ou RG, o que inviabiliza o envio de itens, inclusive pelos Correios, e dificulta o contato com familiares.
O jumbo cumpre a função de suprir lacunas estruturais do Estado, que, na rotina prisional, serve o jantar pouco após as 16h e o café da manhã no início da manhã seguinte, muitas vezes impondo longos períodos de jejum forçado.
Entre as atividades propostas em oficiais com reeducandas estava a confecção de cartas para que as mulheres pudessem se expressar livremente
A ex-reeducanda cabo-verdiana Tânia* conta que o tamanho dessa solidão depende de uma variável: ter ou não um consulado em funcionamento. “O suporte consular é um privilégio até para as brasileiras dentro da cadeia. Ser uma estrangeira sem apoio consular torna-se mais complicado e difícil”, explica.
Segundo ela, assessores ou secretárias executivas de alguns consulados visitam a unidade prisional para entregar produtos de higiene, comida e roupas; em outros, vão a cada dois ou três meses. Em alguns casos, intermedia o contato com advogados e o repasse de dinheiro da família, depositado na folha prisional. “Eles averiguam o teu processo. Você já sabe que, com o suporte consular por trás, não é muito humilhada”, diz a mulher, hoje em liberdade e de volta ao país africano.
Uma pesquisa realizada pelo World Female Imprisonment List, divulgada em 2023, revelou que o Brasil possui, atualmente, a terceira maior população carcerária feminina do mundo, atrás apenas dos Estados Unidos e da China. O país apresentou um crescimento exponencial, ao quadruplicar o número de mulheres encarceradas em 20 anos, chegando a cerca de 33.488 até dezembro de 2025, das quais 34% estão na chamada “prisão provisória”, segundo dados do Departamento Penitenciário Nacional (Depen), ligado ao Ministério da Justiça.
Longe do paraíso
Para Tanaka, a prisão era “o inferno de verdade”. Em uma mensagem mais soturna, ela descreve: “Você não pode nem mesmo falar em paz com outra prisioneira em outro pavilhão, esses guardas gritariam com você como uma criança, ou eles ouviriam o que estamos dizendo e, mais tarde, viriam para dar blitz em sua cela. Ontem à noite eles vieram à minha cela para procurar um telefone, tudo porque eu estava dando à minha colega de país uma mensagem que veio para ela através do meu e-mail – e o que piorou a situação foi a minha maneira de falar [português]”.
O registro de Tanaka reforça o que revelam os dados divulgados em 2023 pelo Instituto Terra, Trabalho e Cidadania (ITTC), que atua na defesa dos direitos de mulheres migrantes em conflito com a lei, a respeito de a barreira do idioma aprofundar o abismo comunicacional no sistema penitenciário: cerca de 9% das mulheres atendidas entre 2008 e 2018 não falavam espanhol, inglês ou português.
A comunicação e o acesso a direitos básicos, como o acompanhamento de seus processos judiciais, dependem frequentemente de traduções improvisadas feitas por outras reeducandas. Era o que Tanaka fazia para ajudar outras detentas.
Lulu desabafa: “Cara, esse lugar é muito confuso. Agora eles querem tirar seus direitos de falar com uma companheira presa. Eu estava tão brava, mas eu tinha que permitir que eles fizessem o trabalho. Depois eu limpo a bagunça. Nunca fui para a cama depois da 1 da manhã. Tudo começou às 17h41 de sábado à tarde, 21-07, mas enquanto eu estiver na cela 81, os guardas nunca encontrarão nada que me leve ao castigo, em nome do Senhor que eu sirvo. Deixem-me em paz”.
Segundo o ITTC, o racismo institucional também atua como uma engrenagem central nesse sistema: entre 351 mulheres migrantes da América Latina e do Caribe, 71% se autodeclararam não brancas, como Tanaka. A análise dos dados da organização demonstra que mulheres negras e indígenas tendem a receber penas mais altas do que mulheres brancas e amarelas, ainda que possuam perfis e experiências semelhantes.
Ilustração da cela 81 pela própria Lulu representando o lugar onde passou parte da vida. Todas as ilustrações desta reportagem são de autoria de Tanaka Luanda
Liberdade ao alcance das mãos
Tanaka cumpriu todos os requisitos objetivos e subjetivos, ostentava bom comportamento e possuía registro de trabalho externo. Em 2024, no dia 11 de dezembro, recebeu parecer do Ministério Público favorável à progressão para o regime aberto. No papel, o Estado reconheceu que estaria pronta retornar ao convívio social após 12 anos.
Tanaka aproveitava as saidinhas temporárias para buscar médicos em busca de solução para sua condição de saúde e sempre voltou ao presídio no prazo esperado
Quase dois anos após chegar ao Brasil, Tanaka foi capturada em uma operação da Polícia Federal (PF), no aeroporto de Guarulhos, em 14 de fevereiro de 2012. A ação desmantelou um grupo criminoso que usava “mulas” para transportar cocaína para a Europa.
Tanaka começou transportando drogas no próprio corpo. Com o passar do tempo, ganhou confiança dos chefes e passou a preparar outras mulheres para a mesma função. Ocupava um cargo baixo na hierarquia da organização, mas foi condenada por tráfico internacional de entorpecentes, o que lhe rendeu uma pena severa: 24 anos de prisão em regime fechado.
Durante mais de uma década encarcerada, trabalhou incansavelmente no sistema — chegou a atuar na montagem de caixas de panetone para uma grande marca alimentícia —, estudou, fez cursos profissionalizantes e manteve um histórico irretocável de bom comportamento.
Aprendeu a falar português e, com essa habilidade somada ao seu carisma, tornou-se uma liderança entre as outras presas estrangeiras. Por isso, aquele parecer do MP era tão desejado.
Tanaka havia acertado as contas com seu passado.
Burocracia íntima e impessoal
Tanaka Luana passou 12 anos confinada em regime fechado e teve progressão de pena concedido em dezembro de 2024, após meses de luta por saúde lidando com um mioma
Tanaka já cumpria pena no Centro de Progressão Penitenciária (CPP) Feminina de São Miguel Paulista, na zona leste da capital paulista, quando passou a relatar à sua defesa em maio de 2023 um quadro de sangramento vaginal contínuo e dores abdominais intensas. Desde o início do cumprimento da pena seu prontuário médico já registrava a presença de um mioma uterino, doença que afeta quatro em cada 10 mulheres com mais de 40 anos e que é de três a nove vezes mais comum em pacientes negras, segundo dados da Federação Brasileira das Associações de Ginecologia e Obstetrícia (Febrasgo).
Sem acompanhamento adequado, o mioma cresceu. Nas saídas temporárias a que passou a ter direito, Tanaka procurou médicos particulares e comprou os remédios com o próprio dinheiro, recursos guardados a duras penas do seu trabalho na prisão. O sofrimento foi testemunhado pelas colegas. Paula relata ter enfrentado noites insones no alojamento superlotado: “Como a gente ficava em uma cela com 17, 18 meninas, tinha dias que ela ficava a madrugada gemendo de dor. E como eu era mais próxima, a gente não dormia, de tanto que ela gemia”.
Em janeiro de 2024, durante uma saída temporária de fim de ano, um médico particular atestou a gravidade do caso e recomendou a histerectomia total (retirada do útero). O advogado de Tanaka acionou a embaixada da Guiana em Brasília e somente após pressão diplomática, uma cirurgia foi agendada no Sistema Único de Saúde (SUS) para o dia 2 de abril de 2024, no Hospital Estadual Sapopemba, em São Paulo.
Naquela mesma noite, no entanto, funcionários do hospital ligaram diretamente para o celular do defensor. A cirurgia não havia sido realizada, devido a uma “diferença”, não especificada, no exame pré-operatório. Segundo a equipe médica, o contato com o advogado se deu porque ninguém conseguiu contato com a escolta prisional para levar Tanaka de volta ao presídio. “Como assim? Você tá achando que eu vou conseguir chamar a escolta? O mesmo número do presídio que eu tenho é o de vocês”, respondeu Lucas Lopes.
O que se seguiu foi um labirinto burocrático de petições ignoradas e prazos descumpridos. Em 12 de abril de 2024, o advogado protocolou pedido urgente de esclarecimentos ao juiz Hélio Narváez, responsável pela execução penal. O magistrado proferiu um despacho padrão que, na especificidade do juridiquês, não dialogava com a urgência do caso de Lulu, concedendo 15 dias para o presídio responder. O prazo expirou sem qualquer manifestação.
O pedido foi reiterado, em busca de respostas. O juiz ainda concedeu mais cinco dias para manifestação. Apenas 26 dias após o primeiro pedido de urgência, em 8 de maio de 2024, a unidade prisional informou que o exame de colpocitologia oncótica havia apresentado alterações e que um novo exame seria agendado.
A defesa, alarmada com a falta de transparência, pediu acesso imediato ao prontuário completo, aos exames detalhados e à lista de medicamentos que seriam fornecidos à detenta. O Ministério Público concordou com a pertinência do pedido. O juiz Narváez, no entanto, mandou arquivar a solicitação.
“Este juízo não se presta a ficar acompanhando as sucessivas medidas terapêuticas e medicinais a que a pessoa presa é submetida”, decidiu. O Tribunal de Justiça do Estado de São Paulo (TJSP), ao julgar o recurso da defesa de Tanaka, manteve a decisão de Narváez.
Lulu chegou ao Brasil em 2010 e foi presa menos de dois anos depois, em São Paulo. Ganhou direito a ser reintegrada à sociedade por bom comportamento e por cumprir todos os requisitos exigidos
A Agência Pública procurou o juiz Narváez por meio do TJSP, mas o tribunal informou que ele não se manifestaria: “Os magistrados têm independência funcional para decidir de acordo com os documentos dos autos e seu livre convencimento. Essa independência é uma garantia do próprio Estado de Direito. Quando há discordância da decisão, cabe às partes a interposição dos recursos previstos na legislação vigente”.
Tanaka continuava sangrando na cela. Em setembro de 2024, durante mais uma saída temporária, ela comprou novamente, com seus próprios recursos, o Primolut-Nor, um medicamento essencial para controlar a hemorragia. O advogado peticionou, mais uma vez, no processo, informando detalhadamente que a cirurgia estava atrasada há mais de cinco meses. O juiz repetiu o despacho padrão: 15 dias para resposta do presídio.
Em 31 de outubro de 2024, diante do silêncio da unidade prisional e da juntada de um ofício de cobrança enviado pela embaixada da Guiana, o juiz limitou-se a escrever uma linha: “Ciente. Aguarde-se resposta”. O presídio nunca respondeu à determinação judicial.
A cirurgia foi feita apenas em 5 de dezembro de 2024, no Hospital Planalto, em São Paulo. Dois dias depois, num sábado, Tanaka teve alta e, antes de retornar ao presídio, recebeu uma recomendação taxativa: “Sinais de alarme para ida imediata ao pronto-socorro: dores intensas, sangramento aumentando, febre ou outra intercorrência”.
Lulu usou recursos próprios para buscar saúde, o que nem Justiça nem sistema penitenciário lhe garantiram. Após meses de dor, um novo capítulo se desenhava com o regime aberto à vista.
Lulu chegou ao Brasil em 2010 e foi presa menos de dois anos depois, em São Paulo. Ganhou direito a ser reintegrada à sociedade por bom comportamento e por cumprir todos os requisitos exigidos
Burocracia íntima e impessoal
Tanaka Luana passou 12 anos confinada em regime fechado e teve progressão de pena concedido em dezembro de 2024, após meses de luta por saúde lidando com um mioma
Tanaka já cumpria pena no Centro de Progressão Penitenciária (CPP) Feminina de São Miguel Paulista, na zona leste da capital paulista, quando passou a relatar à sua defesa em maio de 2023 um quadro de sangramento vaginal contínuo e dores abdominais intensas. Desde o início do cumprimento da pena seu prontuário médico já registrava a presença de um mioma uterino, doença que afeta quatro em cada 10 mulheres com mais de 40 anos e que é de três a nove vezes mais comum em pacientes negras, segundo dados da Federação Brasileira das Associações de Ginecologia e Obstetrícia (Febrasgo).
Sem acompanhamento adequado, o mioma cresceu. Nas saídas temporárias a que passou a ter direito, Tanaka procurou médicos particulares e comprou os remédios com o próprio dinheiro, recursos guardados a duras penas do seu trabalho na prisão. O sofrimento foi testemunhado pelas colegas. Paula relata ter enfrentado noites insones no alojamento superlotado: “Como a gente ficava em uma cela com 17, 18 meninas, tinha dias que ela ficava a madrugada gemendo de dor. E como eu era mais próxima, a gente não dormia, de tanto que ela gemia”.
Em janeiro de 2024, durante uma saída temporária de fim de ano, um médico particular atestou a gravidade do caso e recomendou a histerectomia total (retirada do útero). O advogado de Tanaka acionou a embaixada da Guiana em Brasília e somente após pressão diplomática, uma cirurgia foi agendada no Sistema Único de Saúde (SUS) para o dia 2 de abril de 2024, no Hospital Estadual Sapopemba, em São Paulo.
Naquela mesma noite, no entanto, funcionários do hospital ligaram diretamente para o celular do defensor. A cirurgia não havia sido realizada, devido a uma “diferença”, não especificada, no exame pré-operatório. Segundo a equipe médica, o contato com o advogado se deu porque ninguém conseguiu contato com a escolta prisional para levar Tanaka de volta ao presídio. “Como assim? Você tá achando que eu vou conseguir chamar a escolta? O mesmo número do presídio que eu tenho é o de vocês”, respondeu Lucas Lopes.
O que se seguiu foi um labirinto burocrático de petições ignoradas e prazos descumpridos. Em 12 de abril de 2024, o advogado protocolou pedido urgente de esclarecimentos ao juiz Hélio Narváez, responsável pela execução penal. O magistrado proferiu um despacho padrão que, na especificidade do juridiquês, não dialogava com a urgência do caso de Lulu, concedendo 15 dias para o presídio responder. O prazo expirou sem qualquer manifestação.
O pedido foi reiterado, em busca de respostas. O juiz ainda concedeu mais cinco dias para manifestação. Apenas 26 dias após o primeiro pedido de urgência, em 8 de maio de 2024, a unidade prisional informou que o exame de colpocitologia oncótica havia apresentado alterações e que um novo exame seria agendado.
A defesa, alarmada com a falta de transparência, pediu acesso imediato ao prontuário completo, aos exames detalhados e à lista de medicamentos que seriam fornecidos à detenta. O Ministério Público concordou com a pertinência do pedido. O juiz Narváez, no entanto, mandou arquivar a solicitação.
“Este juízo não se presta a ficar acompanhando as sucessivas medidas terapêuticas e medicinais a que a pessoa presa é submetida”, decidiu. O Tribunal de Justiça do Estado de São Paulo (TJSP), ao julgar o recurso da defesa de Tanaka, manteve a decisão de Narváez.
Lulu chegou ao Brasil em 2010 e foi presa menos de dois anos depois, em São Paulo. Ganhou direito a ser reintegrada à sociedade por bom comportamento e por cumprir todos os requisitos exigidos
A Agência Pública procurou o juiz Narváez por meio do TJSP, mas o tribunal informou que ele não se manifestaria: “Os magistrados têm independência funcional para decidir de acordo com os documentos dos autos e seu livre convencimento. Essa independência é uma garantia do próprio Estado de Direito. Quando há discordância da decisão, cabe às partes a interposição dos recursos previstos na legislação vigente”.
Tanaka continuava sangrando na cela. Em setembro de 2024, durante mais uma saída temporária, ela comprou novamente, com seus próprios recursos, o Primolut-Nor, um medicamento essencial para controlar a hemorragia. O advogado peticionou, mais uma vez, no processo, informando detalhadamente que a cirurgia estava atrasada há mais de cinco meses. O juiz repetiu o despacho padrão: 15 dias para resposta do presídio.
Em 31 de outubro de 2024, diante do silêncio da unidade prisional e da juntada de um ofício de cobrança enviado pela embaixada da Guiana, o juiz limitou-se a escrever uma linha: “Ciente. Aguarde-se resposta”. O presídio nunca respondeu à determinação judicial.
A cirurgia foi feita com médico particular, apenas em 5 de dezembro de 2024, no Hospital Planalto, em São Paulo. Dois dias depois, num sábado, Tanaka teve alta e, antes de retornar ao presídio, recebeu uma recomendação taxativa: “Sinais de alarme para ida imediata ao pronto-socorro: dores intensas, sangramento aumentando, febre ou outra intercorrência”.
Lulu usou recursos próprios para buscar saúde, o que nem Justiça nem sistema penitenciário lhe garantiram. Após meses de dor, um novo capítulo se desenhava com o regime aberto à vista.
“Desculpa, obrigado, meninas”
Era 9 de dezembro de 2024, uma segunda-feira, quando as dores pós-cirúrgicas começaram a se manifestar. Tânia, que dividia a cela com ela, conta ter ouvido as primeiras queixas ainda no almoço. “Perguntei se era dor de barriga ou na cicatriz. Falou que era por dentro”, recorda. No dia seguinte, a guianense foi até a enfermaria; a auxiliar de saúde de plantão entregou remédio para gases, atribuindo o desconforto ao pós-operatório. No mesmo dia 10, o quadro se agravou.
“Ela passou muito mal, mencionando que sentia uma bola de fogo dentro dela, que queimava por dentro, transpirava muito e que a pressão estava muito baixa”, relatou outra presa, testemunha do sofrimento. A solução adotada pela chefia de plantão do presídio, segundo depoimento oficial prestado em uma sindicância interna instaurada pela Secretaria de Administração Penitenciária (SAP), foi oferecer um prato de sopa à Lulu, que agonizava.
Os relatos de ao menos quatro colegas de cela, obtidos pela Pública, que acompanharam de perto o calvário pós-cirúrgico de Tanaka, afirmam que houve negligência. “Passaram, acho, só diclofenaco e dipirona. Ela reclamava de dor. Já tinha febre. Falaram para ela que eram gases, que era para ela ficar andando”, diz Tânia, que insistiu com a chefia do plantão por socorro. “A agente respondeu que era frescura, que a cirurgia tinha corrido bem, que a enfermaria já tinha dado remédio para gases”.
A agente em questão, segundo o depoimento de Tânia, foi quem mandou que a cozinha preparasse uma sopa para a presa, sob a hipótese de que o problema pudesse ser gastrite. “Só que, quando ela terminou de comer a sopa, vomitou. E a dor só aumentava”. Lulu não foi encaminhada ao hospital, e já sem conseguir andar, foi levada à enfermaria do próprio presídio.
“De terça para quarta, a gente chamando ajuda, falando que ela estava ruim, e ela falando: ‘Eu vou morrer, eu vou morrer. Eu tô com muita dor’”, recorda Paula. “A gente chamou ajuda para tirar ela dali, porque ela estava sofrendo: vomitava, gritava, arregalava os olhos de tanta dor, e a gente não podia fazer nada.”
Às 22h55, mais de 24 horas após o início das dores intensas relatadas no prontuário, Tanaka deu entrada no Hospital Municipal Tide Setúbal. O detalhe mais perverso é que o hospital fica, literalmente, parede a parede com o presídio, dividindo o mesmo muro na zona leste de São Paulo.
Paula relembra a cena emocionada. “Ela só queria ficar comigo, segurando a minha mão. Ela dizia: ‘Eu vou morrer, eu vou morrer.’ Aí teve uma hora em que ela falava bem assim: ‘Obrigado, meninas, desculpa, obrigado, meninas’”, diz a amiga, que carregou Tanaka até o carro que a levaria, enfim, ao hospital. “Eu falei: ‘Tchau, Tanaka, fica com Deus, tá?’ e nunca mais a vi.”
No dia seguinte, 11 de dezembro, alheio à tragédia que se desenrolava na UTI do hospital vizinho ao presídio, o parecer favorável à progressão de Tanaka ao regime aberto foi emitido pelo Ministério Público. À 1h de 12 de dezembro, Lulu morreu, aos 47 anos.
O laudo pericial do Instituto Médico Legal (IML) apontou como causa mortis “sepse generalizada e necrose mesentérica”, uma infecção generalizada letal que tomou conta do seu corpo após a cirurgia pela qual ela e seu advogado tanto batalharam.
A notícia chegou tarde à unidade prisional, que à época tinha na direção Nivia Claudia Firmo Pedro. “Era quase onze horas da manhã quando informaram que Tanaka tinha morrido à meia-noite. Para o senhor ver que eles não tinham nem dignidade para respeitar a nossa dor”, reclama Tânia.
Naquele dia, quatro ou cinco estrangeiras africanas foram à enfermaria com a pressão arterial elevada, transtornadas com a morte da amiga guianense. O luto estava apenas começando. De sua casa, por mensagem de uma amiga em comum, Sophie Marie soube logo cedo da tragédia. “Mandei uma mensagem perguntando como ela estava e a resposta veio: ‘A Lulu morreu, a Lulu morreu’. Eu dei um grito.”
e
A dois dias da liberdade
O corpo de Tanaka Luanda Lawrence cruzou o Brasil no final de dezembro de 2024, partindo de São Paulo até Boa Vista. De lá, a viagem seguiu até a cidade de Bonfim (RR), na fronteira seca com a Guiana, país de origem de Lulu.
Do outro lado da linha imaginária que divide as duas nações, uma funerária guianesa já a aguardava para a viagem final até a capital, Georgetown. O traslado internacional, com toda a sua complexidade logística e financeira, só foi possível porque familiares e ex-companheiras de cela organizaram uma vaquinha.
O medo era que Lulu fosse enterrada como indigente em uma vala comum em solo estrangeiro. Com esforço, os amigos juntaram cerca de R$ 10 mil. Do filho mais velho de Tanaka, que havia tentado a vida nos Estados Unidos, veio o complemento.
A coleta foi realizada por Sophie Marie fora dos muros do presídio. Durante três dias, ela angariou contribuições de cerca de quarenta pessoas. A burocracia estatal brasileira ainda tentou reter os documentos originais de Lulu até o último momento, mas a pressão do consulado guianês viabilizou a viagem de retorno.
Antes do traslado, amigas se reuniram em uma missa numa igreja da zona leste de São Paulo que Tanaka frequentava nos dias de saidinha do presídio.
O enterro, realizado a milhares de quilômetros do presídio, foi transmitido ao vivo no Facebook, para que as amigas que ficaram para trás no Brasil, pudessem, pela tela de um celular, se despedir.
Na Guiana, o caçula de Tanaka, que tinha acabado de nascer quando ela tomou a decisão de vir para o Brasil, hoje com 14 anos, é um promissor tenista da seleção nacional de seu país. O grande desejo da mãe era, ao sair em regime aberto, trabalhar para trazê-lo a São Paulo e dar-lhe uma raquete profissional de presente.
O sonho foi interrompido de forma abrupta numa maca de um hospital público, a poucos metros da cela onde ela passou parte dos últimos anos de sua vida, e a meros dois dias de deixar o presídio.
A dois dias da liberdade
O corpo de Tanaka Luanda Lawrence cruzou o Brasil no final de dezembro de 2024, partindo de São Paulo até Boa Vista. De lá, a viagem seguiu até a cidade de Bonfim (RR), na fronteira seca com a Guiana, país de origem de Lulu.
Do outro lado da linha imaginária que divide as duas nações, uma funerária guianesa já a aguardava para a viagem final até a capital, Georgetown. O traslado internacional, com toda a sua complexidade logística e financeira, só foi possível porque familiares e ex-companheiras de cela organizaram uma vaquinha.
O medo era que Lulu fosse enterrada como indigente em uma vala comum em solo estrangeiro. Com esforço, os amigos juntaram cerca de R$ 10 mil. Do filho mais velho de Tanaka, que havia tentado a vida nos Estados Unidos, veio o complemento.
A coleta foi realizada por Sophie Marie fora dos muros do presídio. Durante três dias, ela angariou contribuições de cerca de quarenta pessoas. A burocracia estatal brasileira ainda tentou reter os documentos originais de Lulu até o último momento, mas a pressão do consulado guianês viabilizou a viagem de retorno.
Antes do traslado, amigas se reuniram em uma missa numa igreja da zona leste de São Paulo que Tanaka frequentava nos dias de saidinha do presídio.
O enterro, realizado a milhares de quilômetros do presídio, foi transmitido ao vivo no Facebook, para que as amigas que ficaram para trás no Brasil, pudessem, pela tela de um celular, se despedir.
Na Guiana, o caçula de Tanaka, que tinha acabado de nascer quando ela tomou a decisão de vir para o Brasil, hoje com 14 anos, é um promissor tenista da seleção nacional de seu país. O grande desejo da mãe era, ao sair em regime aberto, trabalhar para trazê-lo a São Paulo e dar-lhe uma raquete profissional de presente.
O sonho foi interrompido de forma abrupta numa maca de um hospital público, a poucos metros da cela onde ela passou parte dos últimos anos de sua vida, e a meros dois dias de deixar o presídio.
Desejo e reparação
Na sindicância administrativa instaurada pela SAP para apurar a morte de Tanaka Luanda Lawrence, todas as presas e funcionárias ouvidas declararam formalmente que “não houve omissão de socorro”. No entanto, a leitura atenta dos próprios relatos anexados ao processo obtido pela reportagem indicam que Tanaka sentiu dores intensas, que a recomendação médica por escrito de retorno imediato ao hospital foi flagrantemente ignorada pelos servidores.
e que ela permaneceu horas agonizando na cela ou na enfermaria antes de ser finalmente transferida para o hospital que ficava do outro lado do muro. Além disso, ex-companheiras de cela que falaram sob condição de anonimato questionam a sindicância da SAP e afirmam que o sofrimento de Tanaka foi sistematicamente subestimado pelas funcionárias, que insistiam em diagnosticar a dor pós-cirúrgica como “gases” e as repreendiam pelos apelos de socorro à colega.
Tânia afirma que não foi chamada a depor na sindicância e é categórica: “foi omissão de socorro, sim, da parte da chefe de plantão e da penitenciária”. Para ela, a morte de Lulu tem cor. “Continuo a falar: ela morreu por causa do racismo”.
“Aquele foi o pior Natal. Eu fiquei muito, mas muito mal. Comecei a tomar remédio por conta própria para dormir. Tive que aguentar ainda alguns meses sem ela, eu sofri demais porque meus filhos gostavam muito dela”, lembra Paula.
Procurada, a Secretaria de Administração Penitenciária (SAP) afirmou que Tanaka “recebeu atendimento de saúde contínuo, de acordo com todos os protocolos exigidos, incluindo acompanhamento clínico, ginecológico e realização de exames, conforme a necessidade identificada pelas equipes médicas” e que o PAD instaurado não apontou irregularidades no caso. Sobre detentos estrangeiros, em nota oficial, a SAP disse adotar protocolos para garantir comunicação com familiares, com apoio consular quando necessário e que demandas adicionais são “analisadas caso a caso”.
“O que houve foi o que eu chamaria de uma dupla desproteção”, avalia o doutor em sociologia e pesquisador de violências de Estado da Universidade de Brasília (UnB) Edergenio Negreiros Vieira. “Houve omissão por parte do Estado na assistência à saúde médica e farmacêutica e até na atenção à dignidade da pessoa humana, uma omissão estrutural e institucional. […] E se o Estado falhou ao negar acesso à saúde, a Justiça também falhou. Por que? Porque a Justiça deve fiscalizar o cumprimento da pena”, afirma.
O pesquisador ressalta que houve um claro descumprimento da Regra de Bangkok, da Organização das Nações Unidas (ONU), da qual o Brasil é signatário e que versa sobre o acesso a ao menos um médico à disposição por unidade prisional como condição mínima, e que o profissional ainda tenha conhecimentos a respeito de saúde mental. “Quando se fala em falha, pode-se pensar que é um caso isolado, mas o mais provável é que essa realidade esteja mais para regra que para exceção”, complementa Vieira, salientando que o caso de Tanaka evidencia o que seria uma desumanização das pessoas encarceradas, “o que acaba produzindo mais desigualdades, em vez de reeducação”.
O processo de execução penal de Tanaka Luanda Lawrence, a Lulu, que deveria culminar com o seu alvará de soltura, foi encerrado com a juntada de uma certidão de óbito. Em 6 de abril de 2026, quase um ano e meio após a sua morte evitável, a defesa da guianense formalizou o pedido de remessa dos autos ao Ministério Público para apuração dos crimes de omissão de socorro (artigo 135 do Código Penal) e homicídio culposo (artigo 121, §3º, do CP).
A petição assinada pelos advogados Lucas Marques Gonçalves Lopes, Rubens Siebner Mendes de Almeida e Guilherme Fortes Bassi reúne as contradições entre os depoimentos prestados na sindicância da SAP, os documentos hospitalares e o sumário de alta da cirurgia.
Em 16 de abril de 2026, o promotor de Justiça Mateus Victor Ribeiro de Castilho, da Promotoria do Departamento Estadual de Execução Criminal (DEECRIM), emitiu parecer favorável ao pedido da defesa e requereu à autoridade policial a “apuração de eventual crime”.
Dias depois, o juiz Hélio Narváez, o mesmo que conduziu o processo de execução penal desde o primeiro pedido de providências por intervenção médica urgencial, proferiu um novo despacho. Determinou que, antes da instauração de procedimento para apurar eventuais crimes, fossem solicitadas mais informações sobre os fatos elencados pela defesa à unidade prisional, a mesma instituição que nunca respondeu ao pedido judicial, de mesma natureza, enquanto Lulu sangrava.
Desejo e reparação
Na sindicância administrativa instaurada pela SAP para apurar a morte de Tanaka Luanda Lawrence, todas as presas e funcionárias ouvidas declararam formalmente que “não houve omissão de socorro”.
No entanto, a leitura atenta dos próprios relatos anexados ao processo obtido pela reportagem indicam que Tanaka sentiu dores intensas
que a recomendação médica por escrito de retorno imediato ao hospital foi flagrantemente ignorada pelos servidores
e que ela permaneceu horas agonizando na cela ou na enfermaria antes de ser finalmente transferida para o hospital que ficava do outro lado do muro.
Além disso, ex-companheiras de cela que falaram sob condição de anonimato questionam a sindicância da SAP e afirmam que o sofrimento de Tanaka foi sistematicamente subestimado pelas funcionárias, que insistiam em diagnosticar a dor pós-cirúrgica como “gases” e as repreendiam pelos apelos de socorro à colega.
Tânia afirma que não foi chamada a depor na sindicância e é categórica: “foi omissão de socorro, sim, da parte da chefe de plantão e da penitenciária”. Para ela, a morte de Lulu tem cor. “Continuo a falar: ela morreu por causa do racismo”.
“Aquele foi o pior Natal. Eu fiquei muito, mas muito mal. Comecei a tomar remédio por conta própria para dormir. Tive que aguentar ainda alguns meses sem ela, eu sofri demais porque meus filhos gostavam muito dela”, lembra Paula.
Procurada, a Secretaria de Administração Penitenciária (SAP) afirmou que Tanaka “recebeu atendimento de saúde contínuo, de acordo com todos os protocolos exigidos, incluindo acompanhamento clínico, ginecológico e realização de exames, conforme a necessidade identificada pelas equipes médicas” e que o PAD instaurado não apontou irregularidades no caso. Sobre detentos estrangeiros, em nota oficial, a SAP disse adotar protocolos para garantir comunicação com familiares, com apoio consular quando necessário e que demandas adicionais são “analisadas caso a caso”.
“O que houve foi o que eu chamaria de uma dupla desproteção”, avalia o doutor em sociologia e pesquisador de violências de Estado da Universidade de Brasília (UnB) Edergenio Negreiros Vieira. “Houve omissão por parte do Estado na assistência à saúde médica e farmacêutica e até na atenção à dignidade da pessoa humana, uma omissão estrutural e institucional. […] E se o Estado falhou ao negar acesso à saúde, a Justiça também falhou. Por que? Porque a Justiça deve fiscalizar o cumprimento da pena”, afirma.
O pesquisador ressalta que houve um claro descumprimento da Regra de Bangkok, da Organização das Nações Unidas (ONU), da qual o Brasil é signatário e que versa sobre o acesso a ao menos um médico à disposição por unidade prisional como condição mínima, e que o profissional ainda tenha conhecimentos a respeito de saúde mental. “Quando se fala em falha, pode-se pensar que é um caso isolado, mas o mais provável é que essa realidade esteja mais para regra que para exceção”, complementa Vieira, salientando que o caso de Tanaka evidencia o que seria uma desumanização das pessoas encarceradas, “o que acaba produzindo mais desigualdades, em vez de reeducação”.
O processo de execução penal de Tanaka Luanda Lawrence, a Lulu, que deveria culminar com o seu alvará de soltura, foi encerrado com a juntada de uma certidão de óbito. Em 6 de abril de 2026, quase um ano e meio após a sua morte evitável, a defesa da guianense formalizou o pedido de remessa dos autos ao Ministério Público para apuração dos crimes de omissão de socorro (artigo 135 do Código Penal) e homicídio culposo (artigo 121, §3º, do CP).
A petição assinada pelos advogados Lucas Marques Gonçalves Lopes, Rubens Siebner Mendes de Almeida e Guilherme Fortes Bassi reúne as contradições entre os depoimentos prestados na sindicância da SAP, os documentos hospitalares e o sumário de alta da cirurgia.
Em 16 de abril de 2026, o promotor de Justiça Mateus Victor Ribeiro de Castilho, da Promotoria do Departamento Estadual de Execução Criminal (DEECRIM), emitiu parecer favorável ao pedido da defesa e requereu à autoridade policial a “apuração de eventual crime”.
Dias depois, o juiz Hélio Narváez, o mesmo que conduziu o processo de execução penal desde o primeiro pedido de providências por intervenção médica urgencial, proferiu um novo despacho. Determinou que, antes da instauração de procedimento para apurar eventuais crimes, fossem solicitadas mais informações sobre os fatos elencados pela defesa à unidade prisional, a mesma instituição que nunca respondeu ao pedido judicial, de mesma natureza, enquanto Lulu sangrava.