Me gusta pensar que ni rebuscando a conciencia en los sótanos de la tabla periódica encontraríamos un elemento tan sólido como el fútbol, que lo aguanta todo. Nada ni nadie puede con él. No existe criptonita que lo debilite ni vergüenza que lo atraviese. Y debe ser por eso que, a pocas horas del arranque para este Mundial estrafalario de las tres sedes, los cuarenta y ocho combinados nacionales y el premio FIFA de la Paz, a todos los que amamos este juego loco y desesperado se nos forma un nudo en el estómago imaginando la felicidad que se nos viene encima: si nada les parece comparable a la emoción de ver ganar a los suyos, imaginen el desenfreno cuando son los otros quienes terminan levantando la copa.
A las puertas del Mundial de fútbol, Estados Unidos ha puesto la mira en los influencers extranjeros. Las autoridades migratorias han advertido que quienes ingresen al país con una visa de turista no pueden utilizar su estancia para producir contenido destinado a generar ingresos económicos en YouTube, TikTok, Facebook u otras plataformas, una práctica que durante años ha sido habitual entre creadores digitales de todo el mundo.
El mayor Mundial de fútbol de la historia echa a andar mañana jueves en el estadio Azteca. El partido inaugural entre México y Sudáfrica será el pistoletazo de salida de un torneo que también organiza Canadá y que sobre todo discurrirá por Estados Unidos, donde se celebrarán 78 de los 104 partidos, incluida la final el 19 de julio. El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, decía el pasado mayo en la sede en Nueva York de la ONU, una organización que nació en 1945 para evitar conflictos bélicos, que “todos los ojos estarán puestos en Norteamérica”. “Pasamos mucho tiempo hablando de lo que nos divide, pero nos dimos cuenta de que, cuando reúnes a un grupo de personas, son muchas más las cosas que las unen que las que las separan”, añadía. La Copa del Mundo, sin embargo, la acogerá un país que hace poco más de 100 días lanzó una guerra contra Irán junto a Israel sin ningún tipo de aval de Naciones Unidas, que tiene abierto un conflicto diplomático de primer orden con otro organizador como México y cuya política antiinmigración, que atemoriza a muchos aficionados, denegó el lunes el acceso al somalí Omar Artan, uno de los 52 colegiados que iba a arbitrar durante la competición.
El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, visita el Estadio de Nueva Jersey, en el que se jugarán ocho partidos, entre ellos la final, el pasado lunes.
Los teléfonos de los futbolistas acostumbran a sonar en las buenas rachas. No todos los mensajes son valorados. No todos los mensajes importan. Casi ninguno. Pero cuando el que te escribe para felicitarte es Luis de la Fuente, seleccionador de España, todo cambia. El pasado 15 de marzo, Pablo Martín Páez Gavira, Gavi, volvía a jugar después de 205 días en la enfermería. Su regreso no solo significa la vuelta al primer equipo del Barcelona, sino también la posibilidad de intentar convencer a su entrenador en la Roja de que podía hacerle un hueco en la lista de 26 jugadores rumbo a Estados Unidos, México y Canadá. Y lo hizo. Le alcanzaron 700 minutos en un total de 13 partidos en la temporada 2025-2026 para ganarse su lugar en este Mundial. Según cuentan en la Federación, ya se lo había ganado mucho antes. Tuvo minutos en el primer amistoso en A Coruña y repitió este mismo lunes en Puebla, contra Perú.
Cuando por fin el escudero Sancho encontró la fuerza para encarar a su amo y pedirle un salario fijo, lo hizo azuzado por su esposa, Teresa Panza, y con un discurso repleto de retórica popular. Entre la retahíla de dichos y proverbios que encadenó Sancho en su súplica, estaba aquel que dice que “mientras se gana algo no se pierde nada”.
México es el amigo del fútbol global, el único país en organizar tres Copas del Mundo. La entrega de sus aficionados apoyó el talento descomunal de la Brasil de Pelé o la Argentina de Maradona, pero también ha arropado los sueños mundialistas de la República del Congo o Irak. Lo hace mientras en casa, la espera sigue. No es que nunca haya ganado un Mundial, sino que ha sido capaz de pasar solo una vez a unos cuartos de final y le cuesta ver a jugadores en las principales ligas europeas. A su Mundial, esta vez, llega incluso con una cierta ruptura entre los aficionados y su selección provocada por años de intermitencia en el juego. Por eso se encomiendan a dos figuras para apaciguar el divorcio: Javier Aguirre, el seleccionador, y su mano derecha, Rafa Márquez, el legendario defensa del Barcelona, serán el pegamento emocional de uno de los anfitriones.
La selección española fluye y golpea fuerte a cada partido, con goles de todos los colores, camino ya de Brasil 2027. La jerarquía de la campeona del mundo, subrayada después de golear a Inglaterra, quedó de manifiesto en un partido tan cómodo como serio en Reikiavik. Aunque alcanzaba con ganar para certificar el billete directo hacia el Mundial, la Roja ofreció una interesante actuación, nada funcionarial, muy vistosa en una cita sin apenas público en la grada. Las españolas nunca se acomodaron ni abandonaron, sino que se aplicaron en los automatismos y mecánica de juego dispuestos por Sonia Bermúdez.
El poderío ofensivo del Almería pudo con el Castellón este martes. El fuego del equipo de Rubi, temeroso a salir al ataque durante una buena parte de los 180 minutos de la eliminatoria, abrasó al conjunto de Pablo Hernández, que lo dio todo y que mereció la prórroga. Pero un tanto de Dzodic en el añadido destrozó el sueño orellut. Estalló toda la ciudad almeriense con un gol que le dio el pase a la final del playoff, donde ya esperan al Málaga o Las Palmas, que disputan la vuelta este miércoles (21.00, Movistar+) tras el 0-1 de los malagueños en la ida en Gran Canaria.
Avanzada la tarde, saltó la sorpresa. Cuando en el Real Madrid todas las miradas apuntaban a centrocampistas como Vitinha o Joao Neves, e incluso a virtuosos atacantes como Michael Olise, el “gran jugador” al que había hecho referencia Florentino Pérez al prometer el “mayor traspaso” de la historia del club blanco —una oferta agendada por él mismo para este martes durante los últimos días de la campaña electoral a la presidencia del club blanco— era Julián Alvarez, delantero centro del Atlético de Madrid.
La sala de prensa de San Mamés ha servido este martes para algo más que para hacer balance de una temporada fallida. Ha sido también el escenario elegido por el Athletic para cerrar una etapa y presentar las bases de la siguiente. Jon Uriarte, presidente del club, y Mikel González, director general de fútbol, han comparecido para analizar un curso que ha dejado al equipo fuera de Europa y para proyectar la reconstrucción alrededor de Edin Terzic, el técnico alemán llamado a liderar el nuevo intento rojiblanco.
Las restricciones aduaneras para entrar en Estados Unidos han terminado por salpicar directamente al corazón deportivo del Mundial, en concreto a su sistema arbitral. El colegiado somalí Omar Artan, que iba a convertirse en el primero de su país en arbitrar en una Copa del Mundo, no podrá dirigir partidos del torneo, que arranca este jueves y se prolongará hasta el 19 de julio, al denegársele la entrada a Estados Unidos. El Servicio de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP, en ingles) indicó en un comunicado que su entrada fue denegada, alegando “preocupaciones en la verificación de antecedentes”.
España se sabe favorita para pelear por el trofeo de la Copa del Mundo. Por eso ha cuidado entre algodones a sus estrellas Lamine Yamal y Nico Williams, para tenerlos en plenitud en el torneo. Este lunes, a siete días del debut contra Cabo Verde, la selección española ganó contra Perú (1-3), uno de los países que cayeron en las eliminatorias para el Mundial, en el Estadio Cuauhtémoc de Puebla. Fue un partido que sirvió para ganar fuelle y tranquilidad.
La primera vez que la FIFA anunció pausas de refresco en los partidos de un Mundial, en 2014, el asunto acabó en los tribunales. Los futbolistas, preocupados por el calor y la humedad de Brasil, no se fiaban de la FIFA, que dejó la decisión de cada partido al criterio de sus servicios médicos. Acudieron a un juzgado de asuntos laborales y lograron que las paradas se fijaran como automáticas en el minuto 30 de cada parte si se alcanzaban los 32 grados. Doce años después, la FIFA ha decretado pausas de hidratación de tres minutos en el 22 de todos los partidos del Mundial 2026, independientemente de las condiciones de temperatura y humedad. El movimiento, anunciado por el “bienestar de los jugadores”, apunta a un cambio esencial en cómo se juega el fútbol: de tener dos tiempos de 45 minutos, como desde 1897, a cuatro cuartos de unos 22.
No fue hasta pasadas las dos y diez de la madrugada del domingo al lunes cuando el Real Madrid anunció los resultados de los comicios presidenciales con un escueto comunicado en su página web, sin mención a las cifras oficiales de abstenciones, votos en blanco ni votos nulos: “Con el 100% de los votos presenciales y por correo escrutados, la candidatura encabezada por Florentino Pérez ha ganado las elecciones”. Solo entonces, tras más de seis horas de larga espera desde el cierre de las mesas electorales, se supo que la candidatura de Pérez había obtenido 21.741 apoyos, el 65% del total, mientras que la de su rival en las urnas, Enrique Riquelme, se había quedado en 11.814, el 35% restante.
La Selección española juega su último partido amistoso antes del inicio de la Copa del Mundo, y lo hace ante Perú en el Estadio Cuauhtémoc, en Puebla, un templo futbolero con dos mundiales a sus espaldas. El conjunto de Luis de la Fuente, uno de los favoritos del torneo, ha salido al campo sin dos de sus estrellas ofensivas, Lamine Yamal y Nico Williams, que ultiman sus respectivas recuperaciones físicas antes del comienzo de la fase de grupos. Tras alinear un equipo muy cambiado e incluso darle minutos a algunos jóvenes no convocados al torneo en el anterior partido contra Irak, la Roja ha salido al campo con un equipo que quizás da más pistas sobre quiénes serán los protagonistas durante el torneo, que para España comienza el próximo lunes 15 de junio en Atlanta contra Cabo Verde. Perú, por su lado, no clasificó a la Copa del Mundo.
A Diego Luna (Toluca, 46 años) no sólo le gusta el fútbol, sino que no concibe una vida sin él. Y Emiliano Monge (Ciudad de México, 48 años) recuerda más el patio del recreo donde jugaba fútbol que el salón de clases. Juntos, actor y escritor, encontraron en el Mundial 2026 una excusa para hablar de algo que los acompaña desde la infancia y que, pese a las decepciones, sigue ocupando un lugar central en sus vidas. El resultado es Cambiar la historia, un podcast producido por La Corriente del Golfo, que utiliza el deporte para hablar de memoria, política, identidad, afición e ilusión. Ambos reciben a EL PAÍS en la sede de la productora en Ciudad de México. Se sientan uno junto al otro, y al igual que ocurre en el pódcast, hablan del balompié como dos amigos que acaban de salir de un estadio entre resultados, anécdotas y predicciones. “Es difícil recordar momentos de la vida que no estén asociados a un partido. El fútbol se mete en la memoria como la humedad”, dice Monge.
Don Roberto, como le gusta que le llamen, vende camisetas de la selección mexicana en la línea, la interminable fila de autos que aguarda para cruzar hacia Estados Unidos desde Tijuana, Baja California. Asegura que “hay mucha emoción” entre la gente por el inicio del Mundial en unos días, a pesar de que a esta ciudad no llegaron los partidos, las obras ni los millones de fanáticos. Sí llegó una selección, la iraní, para instalarse en el estadio de Xolos. Camila Nicolle, de 12 años y aficionada al fútbol, se plantó la madrugada del domingo en el aeropuerto a esperar durante horas a que los jugadores de Irán firmaran su álbum de estampitas. La niña sabe que llegaron allí por el conflicto con Estados Unidos, aunque lo que le importa hoy es la oportunidad de conocer a un equipo mundialista.
La supremacía de los diamantes (canchas de béisbol) y los callejeros playground de baloncesto sobre los campos de fútbol se ha reducido notablemente en la vista aérea de Manhattan. Así lo viene apreciando en los últimos años Bruno Invernizzi, un alto ejecutivo italiano de Microsoft, cuando sobrevuela el distrito más reconocible de la Gran Manzana. “Me llama mucho la atención cómo se ha transformado la vista panorámica”, relata Invernizzi, hincha del Inter de Milán.
Me gusta imaginar a Eduardo Galeano siguendo su viejo ritual. Cuando empezaba cada Mundial, el escritor uruguayo salía a la puerta de casa y colgaba un cartel, plastificado contra la lluvia y en letras mayúsculas contra los molestadores, que decía: “Cerrado por fútbol”. Hoy Galeano tendría 86 años y las venas abiertas por el trumpismo y sus trombos. Él definió el fútbol como la única religión que no tiene ateos. Seguramente, por lo imposible que es mantenerse al margen —ni a favor ni en contra— de esta pasión colectiva, de este delirio emocional.