Cada vez que salen las notas de la PAU de las distintas comunidades autónomas, me sorprendo a mí misma leyendo titulares en este y otros diarios sorprendidos con el alumnado que, habiendo sacado notas estratosféricas, escogen carreras de letras. Que la elección de las humanidades siga siendo carne de noticia refleja la violencia estructural con la que el sistema opera contra quienes aman las artes, las lenguas, la historia o la filosofía. En un mundo tan mercantilizado como el nuestro, esperamos que las grandes mentes del futuro pongan su inteligencia al servicio de la “praxis”, de las STEM o las ciencias de la salud, como si la literatura, el cine o la música no hubiesen salvado nunca más de una vida. La dignificación social de la disciplina humanística pasa, precisamente, por tratar con naturalidad una decisión tan vocacional como esta. No todos los talentos son científicos, y menos mal.
En el catálogo de frases insufribles que los andaluces estamos condenados a soportar cuando revelamos nuestra procedencia están las pronunciadas por quienes, supongo que con voluntad empática, nos reciben con un “¡Ozú, de Sevilla!”, o “¡Arsa, de Cádiz!”. Aunque palabras como ozú y arsa son reales y se pueden localizar en contextos concretos de la vida andaluza, ni son frecuentes ni conforman la banda sonora de nuestra existencia. La primera es una evolución desde Jesús dicha admirativamente y con ceceo. La segunda, arsa, proviene de la pronunciación vulgar del imperativo alza. Quizá en un tablao flamenco, genuino o montado para disfrute de turistas ante paellas fluorescentes, podrán sonar ambas voces en una sola velada; en mi día a día apenas las he escuchado. Por eso, suelo responder con una mueca de resignado hartazgo cuando me toca encajarlas como contraseñas de una identidad andaluza otorgada externamente.
La gran mayoría de los 22 ministros de Pedro Sánchez son ateos. El propio presidente lo es. Es lo habitual en los gobiernos progresistas europeos. En el PSOE hay católicos reconocidos, como Salvador Illa, y también los hay en el espacio político a la izquierda de los socialistas, donde los católicos de base siempre han tenido una presencia importante. Pero la mayoría de los dirigentes, como los ministros, son no creyentes. Sin embargo, hasta 14 ministros, una cifra absolutamente inédita, participaron el miércoles en una misa en la que el Papa bendijo la Torre de Jesucristo de la Sagrada Familia.
León XIV finalizó este viernes su visita a España con un balance que combina un mensaje poderoso en defensa de los migrantes y contra el discurso del odio, con omisiones dolorosas. El Papa ha pasado de puntillas sobre el mayor escándalo de la Iglesia española en las últimas décadas: los abusos sexuales por parte de miembros del clero y su encubrimiento sistemático. Esta semana posiblemente deje un poso duradero en España por el poder de su palabra, por la plasticidad y la fascinación de las imágenes de la Sagrada Familia y, sobre todo, porque con sus discursos y gestos se está erigiendo, poco más de un año después de su entronización, en una figura antagónica del otro líder estadounidense global, Donald Trump. Pero el viaje también deja otro poso evidente de decepción.
La visita del Papa a España ha tenido tanta enjundia que su análisis es casi inabarcable. Podría reflexionarse largo y tendido sobre las cuestiones relativas a la Doctrina Social de la Iglesia que el Pontífice ha escogido destacar en nuestro país y por qué. Podría discutirse si la aconfesionalidad del Estado ha quedado en entredicho, amenazada por la presencia del Pontífice en el Congreso, como hemos oído clamar a liberales de izquierdas y derechas. Podría analizarse si el aplauso de siete minutos que recibió León XIV por parte de nuestra casta política es un gesto de humildad o de oportunismo. Y, en caso de que sea lo segundo, preguntarnos por qué es oportuno, por qué da rédito en este momento aplaudir un discurso como el del Papa. También podríamos analizar la jeta de nuestros políticos de uno y otro signo troceando lo que dijo León XIV en el hemiciclo y arrojándoselo a la cara al contrario, incapaces de atisbar que el Evangelio no cabe en sus dogmas.
El papa León XIV ha estado en España del 6 al 12 de junio, pasando por Madrid, Barcelona y Canarias. La visita del Pontífice ha dejado imágenes como su ovación de siete minutos en el Congreso de los Diputados o la inauguración de la Torre de Jesucristo de la Sagrada Familia en Barcelona. Además, durante su paso por las islas de Gran Canaria y Tenerife, el Papa ha incidido en sus discursos en el drama migratorio.
El periplo de León XIV por España se ha cerrado con un inconveniente técnico en el avión de Iberia en el que estaba previsto que viajara desde Tenerife, su última etapa del viaje, hacia Roma. El Papa ha embarcado finalmente en un avión Falcon del Grupo 45 del Ejército del Aire que se encontraba ya en Canarias, para viajar en dirección a Italia. La aeronave ha sido cedida por el Rey, y ha emprendido vuelo a las 18.09 (hora local canaria), donde está previsto que aterrice en torno a las 23.00 (hora de Roma). El Ejército del Aire enviará otro avión a Canarias para recoger a Felipe VI.
Las campanas al vuelo y un bombardeo de helicópteros en el cielo: Robert Prevost está llegando a Santa Cruz de Tenerife y la gente corre por las calles para acercarse al recorrido del papamóvil. En un banco de la calle, un hombre fuma tranquilo. No es fácil este viernes encontrar a alguien como Aaron Santana, echando humo a la sombra, ajeno al tránsito enloquecido. No es fácil encontrar a alguien que no tenga un motivo para acercarse a la ruta del Papa, por devoción, porque es un día histórico, por curiosidad, porque esto pasa solo una vez en la vida, porque el hombre es campechano o porque la televisión les ha metido el gusanillo en el cuerpo. El obispo de Roma es el Bad Bunny de Santa Cruz. Pero Aaron Santana es ateo y director financiero, tiene 42 años y para él escuchar al Papa es lo mismo que oír un discurso “de esa señora que está pasando por ahí”, señala la acera. ¿Pero toda esa gente que está corriendo para acercarse al papamóvil? “Este es un mundo de borregos”, dice. Fuma tranquilo.
Miembros del clero caminan hacia el Falcon del Ejército del Aire en el que debía viajar Felipe VI y donde viajará Luis XIV, tras la avería en el avión de Iberia que tenía previsto trasladar al Pontífice.
Personal de la Santa Sede y los periodistas desembarcan del avión en el que debía partir el Papa, tras un incidente en el aeropuerto de Tenerife Norte.
El papa León XIV y el rey Felipe VI se dirigen a la sala de autoridades del aeropuerto de Los Rodeos de Tenerife tras comunicarse un incidente técnico en el avión.
El papa León XIV y el rey Felipe VI descienden del avión que debería trasladar al pontífice a Roma tras su viaje de siete días a España por problemas técnicos que impiden su despegue del aeropuerto de Los Rodeos.
El rey Felipe VI sube al avión del papa León XIV en el aeropuerto de Los Rodeos, en Tenerife, tras detectarse un problema técnico que impide el despegue de la aeronave.
Numerosos sacerdotes salen de la sacristía instalada en el Auditorio Adán Martín de Santa Cruz de Tenerife para la misa del papa León XIV en el puerto de la ciudad ante miles de personas.
El papa León XIV abraza a una niña durante un encuentro con migrantes en el centro Las Raíces, en San Cristóbal de La Laguna en Tenerife, este viernes.
El papa León XIV pronuncia su discurso durante un encuentro con migrantes en el centro Las Raíces, en San Cristóbal de La Laguna en Tenerife, este viernes.
Numerosas personas acuden al puerto de Santa Cruz de Tenerife, donde este viernes el papa León XIV oficia una misa multitudinaria en su último día de viaje.
Imagen facilitada por Vatican Media en la que el papa León XIV saluda a los asistentes durante una ceremonia de despedida en su residencia en la isla canaria de Gran Canaria, este viernes.
Imagen facilitada por Vatican Media en la que el papa León XIV saluda a los asistentes desde el balcón del palacio episcopal de Gran Canaria, donde ha pasado la noche, este viernes.
La ubicuidad del apostolado de la fe esta vez se ha hecho con sobrecarga bollywodiense de luz y de color con eje pastelero en el centro de Barcelona: la apoteosis explosivamente plástica y musical ha sido hipnótica. En conjunto este viaje papal ha fabricado la campaña de márketing más poderosa que se recuerda en los siglos de los siglos (después de la campaña de venta de la IA lanzada urbi et orbi, nunca mejor dicho, por los oligarcas del nuevo tecnofascismo benditamente disfrazado de servicio público y denodada vocación de fraternidad desinteresada). De punta a punta del país, los medios públicos y privados han asumido el marco de la fe católica como espacio privilegiado de la virtud, el bien y la bondad, gracias al empuje y la inteligencia de un papa culto, batallador y bregado en las condiciones materiales de la existencia de los parias de la tierra, en su caso los parias del Perú.
El papa León XIV volverá a Roma en el Falcon en el que el Rey tenía previsto regresar a la Península. El Ejército del Aire llevará otro avión a Canarias para Felipe VI. Iberia ha informado de una incidencia técnica en la aeronave en la que el Pontífice debía regresar al Vaticano desde el aeropuerto de Tenerife y ha comunicado que enviará otra aeronave desde Madrid para el personal de la Santa Sede y los periodistas que tenían previsto viajar con el Papa. El Pontífice ha dedicado su última jornada en las islas a varios actos con la inmigración como protagonista. Primero ha visitado el centro de acogida Las Raíces, en La Laguna. Allí ha hecho un llamamiento a la solidaridad y a la construcción de una sociedad más acogedora. “Todos somos migrantes, todos somos peregrinos en camino a la patria celestial. Ayudémonos a hacer de esta travesía un lugar más humano”, ha pedido. Más tarde, se ha reunido con organizaciones de la isla y migrantes y ha recordado que toda sociedad que acoge “tiene deberes hacia quienes llegan”; y quien es acogido, “responsabilidad y deseo sincero de construir junto a los demás”. Por último, León XIV ha ofrecido una misa multitudinaria en Santa Cruz, a la que han asistido 40.000 personas. En su último discurso dirigido a los feligreses, ha defendido el sosiego y la acogida: “Qué importante es no reducir todo a comercio y beneficio”.
¿Nos encontramos ante el primer papa algorítmico de la historia? Quizá sí, si atendemos a su capacidad para producir un grado de satisfacción trasversal desconocido hasta el momento. Los conservadores perciben en él señales de continuidad. Los progresistas, matices revolucionarios. Los jóvenes lo hallan cercano. Los mayores, sensato. Los creyentes se sienten ratificados en su fe, y a los ateos les parece un hombre razonable y hasta maravilloso, da gusto verle bendecir ambulancias. Como los algoritmos, León XIV es un espejo que devuelve una imagen mejorada a quien se busca en él. Abres una red social y enseguida tienes la impresión de que el mundo piensa igual que tú. Pues eso, que el algoritmo nos sirve una realidad a medida. León XIV habla de forma que cada cual escucha la música que le conviene.
Fue llegar el papa León XIV a Cataluña y se obró el milagro: Barcelona volvió a ser por un instante la de los Juegos Olímpicos de 1992. Es decir, aquella ciudad de la que toda España sacaba pecho con ilusión, donde el buenrollismo entre autoridades era más norma que excepción, con un jovencísimo príncipe Felipe portando la bandera española por el estadio olímpico de Montjuïc (hoy Lluís Companys). Esta vez, en cambio, fue la exhibición del nacionalismo catalán en su vertiente religiosa —con la canción del Virolai, la virgen de Montserrat (la Moreneta) y la obra de Antoni Gaudí— lo que impresionó, deslizando un retrato del tiempo político actual.
Son las 13.00 horas e Igor Cortadellas, artista visual, está rodeado de cámaras haciendo declaraciones en la avenida Gaudí, delante de La Sagrada Família, convertida casi en su casa desde hace meses. “Vivo aquí delante y fue insuperable”, le dice una vecina entusiasmada al reconocer que es el autor del espectáculo que culminó anteayer la bendición de la torre de Jesús por parte del Papa. No para de recibir felicitaciones. “Estamos sorprendidos por ello”, admite. “No porque la Basílica sea universal y sitúa a Barcelona en el mundo. Ni Lamine Yamal ni Messi: es el icono. Y hemos colaborado con el máximo respeto. Era sumarnos sin romper nada. El aprendizaje que hemos vivido ha sido bestial. Es inenarrable”.
El Papa, junto a los Reyes y el arzobispo de Barcelona, Juan José Omella Omella, siguen el espectáculo de luces y fuegos artificiales tras la bendición papal de la Torre de Jesucristo de la Sagrada Familia.
Los Reyes, el arzobispo de Barcelona, Juan José Omella Omella, el papa León XIV y los presidentes del Gobierno y de la Generalitat, presencian el espectáculo de luz y fuegos artificiales tras la bendición de la Torre de Jesucristo de la Sagrada Familia.
El Papa visitará en los próximos días Madrid, Barcelona, Gran Canaria y Tenerife. Con motivo de las restricciones de movilidad que conllevará la visita del Pontífice en dichas localidades, la distribución de la edición impresa de EL PAÍS podría verse afectada por la imposibilidad de que los vehículos de reparto lleguen hasta algunos quioscos y puntos de venta.