El Papa frente al capitalismo feroz y la derecha desalmada
El capitalismo tal y como se conoce en Europa, el que combina economía de mercado y protección social, tenía la impronta de las dos corrientes políticas que dominaron la política de la posguerra: la democracia cristiana y la socialdemocracia. La primera estaba impregnada de la doctrina social de la Iglesia, formulada por primera vez por otro papa León, el XIII, en 1891, y actualizada por Juan XXIII en 1961. Incluso la derecha más autoritaria (y genocida) del siglo pasado, la de los fascismos de los años treinta, se adornaba con un cierto barniz social. Tras la guerra, quedó la democracia cristiana como la fuerza conservadora dominante en Europa occidental, y se definió la economía social de mercado, algo cercano a lo que luego se llamó capitalismo renano, contrapuesto al anglosajón. Eso empezó a quebrarse en las últimas décadas del siglo XX con la ola neoliberal, que surgió de EE UU (Reagan) y el Reino Unido (Thatcher) y que permeó a toda la derecha y hasta a parte de la izquierda. Se volvió a predicar el Estado mínimo, el individualismo antes que la solidaridad, los impuestos bajos antes que los servicios públicos. Pero incluso un neocon como George W. Bush defendía en el cambio de milenio un “conservadurismo compasivo”, al menos como eslogan (los hechos fueron otra cosa). Los tiempos han cambiado tanto que el papa León XIV, que ha visitado España esta semana, es visto por algunos como un temible revolucionario, cuando no un traidor, por defender valores tan propios del cristianismo como la solidaridad con el prójimo. Y también es prójimo el extranjero, venga de donde venga y como venga.
© Borja Suarez (REUTERS)







