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Arenas movedizas

Enrico TOMASELLI

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Escríbenos: info@strategic-culture.su

Rechazar la idea de haber cometido un error garrafal le lleva a permanecer inmóvil y erguido, mientras se hunde en las arenas movedizas en las que se ha aventurado imprudentemente.

Por mucho que se le dé vueltas, la pelota siempre acaba en manos de Trump. El conflicto —desencadenado por él en Asia Occidental de forma tan imprudente como desafortunada— es, como era de esperar, una patata caliente muy difícil de manejar, pero por mucho que intente desesperadamente encontrar una salida, al final el quid de la cuestión siempre resurge, y nadie puede resolverlo salvo el presidente de los Estados Unidos.

Solo que se trata de una clásica situación de pérdida para ambas partes. Porque, despojado de todas las incrustaciones histórico-políticas de una de las regiones más complejas del planeta, el quid de la cuestión es este: la relación entre EE. UU. e Israel. Y si los intereses de ambos países divergen, o bien se separan, o bien uno de ellos impone su voluntad al otro.

Esta es precisamente la elección que tiene ante sí Trump. Pero él no es capaz, salvo de forma limitada (solo en algunas cosas, solo en cierta medida, solo durante un tiempo), de imponer su voluntad a Israel. Pero tampoco puede separarse de él; es más, los lazos militares son cada vez más estrechos y, por lo tanto, cada vez más difíciles de romper.

En la situación actual, es evidente que Washington utiliza a Tel Aviv para intentar intimidar a Teherán y, en cualquier caso, para mantenerla bajo presión. Todas las farsas entre Trump y Netanyahu son ridículas, los dos se coordinan en todo.

Además, EE. UU. intenta claramente separar unas cuestiones de otras (Palestina, Líbano, Yemen, Irán…), no solo para negar in nuce la causa de todos los conflictos —es decir, la presencia de Israel—, sino también para desmontar pieza a pieza el bloque enemigo. Un juego al que, sin embargo, Irán no se presta, y de hecho gestiona la escalada —siempre y sobre todo en el plano político.

Hay algo que debe quedar claro para los aficionados de los estadios. Irán juega un partido estratégico, por lo que mira hacia los resultados a medio y largo plazo, no actúa para satisfacer a los hooligans de la grada Sur. Por lo tanto, está preparado para la reanudación de la guerra, pero eso no significa que la desee. Si puede, la evita.

Si recapitulamos por un momento los acontecimientos de los últimos días, podemos leer entre líneas el hilo conductor.

Teherán ha dejado muy claro que está dispuesta a discutir el fin del conflicto, pero solo a condición de que se refiera a todo el teatro de operaciones, y no solo al Golfo Pérsico. Pero esto supone un gran problema para la administración Trump.

No es el único, quizá ni siquiera el más importante, pero sin duda el más difícil de resolver. Porque Tel Aviv puede aceptar el cese del conflicto con Teherán —en el que se encuentra en desventaja—, pero no puede ni quiere aceptarlo en lo que respecta a los demás frentes.

Por lo tanto, en un primer momento frenó a Netanyahu, quien en los últimos días había amenazado con un bombardeo masivo sobre Beirut, pero luego —dado que la negociación se estancaba también en otras cuestiones— el líder israelí volvió a la carga.

Así pues, con toda probabilidad, han acordado tantear el terreno. La aviación israelí ha atacado Beirut, pero de forma muy limitada: un único objetivo, un edificio que presuntamente albergaba un puesto de mando de Hezbolá. Ante esto, Irán ha respondido, y es la primera vez que reacciona militarmente ante un ataque que no se dirige contra su propio territorio.

Pero la respuesta es igualmente limitada: solo misiles balísticos (interceptables), en oleadas de pocos misiles sucesivos (lo que facilita la interceptación) sobre objetivos no especialmente sensibles.

El mensaje no es la fuerza de la respuesta, sino precisamente el simple hecho de que haya habido una. Teherán ha desplazado un poco más allá el equilibrio. A su vez, Israel ha contraatacado, atacando una serie de objetivos ya golpeados en el pasado. Irán también ha continuado con algunos lanzamientos, tras lo cual ambos se han detenido —por el momento.

Pero el comunicado de las fuerzas armadas iraníes afirma que están dispuestas a reanudar los ataques, incluso con mayor intensidad, si Israel ataca el Líbano. No (solo) Beirut, sino el Líbano. Por lo tanto, intenta alterar aún más el equilibrio de fuerzas.

Y aquí es donde llegamos, precisamente, a lo que decía al principio. Porque las jugadas y contrajugadas iraníes, siempre cuidadosamente calibradas, restringen el margen de maniobra del enemigo y, por lo tanto, devuelven la pelota a Trump, quien o bien logra detener a Netanyahu, o bien ve cómo se le cierra el camino de la negociación —y además aparece débil frente al líder israelí.

Y la situación vuelve a complicarse. De hecho, las FDI siguen bombardeando el sur del Líbano, desafiando abiertamente a Irán —y, en esencia, también a EE. UU. Al hablar con Channel 11, funcionarios israelíes han afirmado que cesan el fuego contra Irán, pero no lo harán en el sur del Líbano, a pesar de las amenazas iraníes.

Es evidente que Tel Aviv pretende agravar las tensiones y, en última instancia, sabotear las posibilidades de acuerdo entre Washington y Teherán.

Obviamente, en este punto los iraníes se ven obligados a responder de alguna manera, so pena de perder credibilidad —no solo ante Hezbolá y la propia población iraní, sino también ante Estados Unidos e Israel—.

Veremos en las próximas horas cómo evoluciona la situación, pero, evidentemente, la cuestión se refiere a un ámbito mucho más amplio, y precisamente en los términos antes mencionados.

Israel juega dos partidas: una tratando de complacer a Estados Unidos y coordinarse con ellos, y la otra tratando, por el contrario, de obligarlos subrepticiamente a hacer prevalecer los intereses israelíes sobre los estadounidenses.

A su vez, también Estados Unidos juega dos partidas: una pseudo-negociadora —y, en cualquier caso, extremadamente contradictoria— y otra en la que utiliza a Israel como el «perro rabioso» para mantener a Irán (y al Eje de la Resistencia) bajo presión. En esta última, simulan además una dialéctica polémica, que beneficia tanto a Washington como a Tel Aviv.

Obviamente, el problema es que, por el contrario, Irán juega una sola partida, y tiene muy claros tanto cuáles son sus objetivos tácticos y estratégicos, como cuál es el juego amañado por Israel y Estados Unidos. Como decía al principio, es una clásica situación de perder-perder. Cualquier movimiento que haga Trump, pierde.

Al parecer, su respuesta a esto es simplemente no hacer ningún movimiento. Evidentemente, desde que tuvo que detener la fase cinética del conflicto, no ha hecho más que ganar tiempo, sin tener, sin embargo, ninguna idea concreta sobre cómo desbloquear elimpasse.

Y así, de hecho, son los demás actores —con sus movimientos y contramovimientos— los que determinan la evolución del panorama.

Que, precisamente como consecuencia de ello, se modifica de una manera que escapa totalmente al control de la Casa Blanca, y Trump acaba pareciendo a merced de los acontecimientos.

Él es el único que puede decidir qué movimiento realizar, pero dado que —precisamente— cualquier movimiento supondría una derrota, opta por no elegir.

No hay que olvidar nunca que él es, indiscutiblemente, un narcisista patológico.

Y esto no significa simplemente que le guste que siempre se le considere el mejor, un ganador, sino que se trata de una auténtica distorsión cognitiva, que actúa en todos los ámbitos; el narcisista patológico rechaza la realidad cuando esta no coincide con sus expectativas.

Rechazar la idea de haber cometido un error garrafal le lleva a permanecer inmóvil y erguido, mientras se hunde en las arenas movedizas en las que se ha aventurado imprudentemente.

Publicado originalmente por  Giubbe Roisse

Traducción:  Observatorio de trabajador@s en lucha

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Un respeto a las humanidades

Cada vez que salen las notas de la PAU de las distintas comunidades autónomas, me sorprendo a mí misma leyendo titulares en este y otros diarios sorprendidos con el alumnado que, habiendo sacado notas estratosféricas, escogen carreras de letras. Que la elección de las humanidades siga siendo carne de noticia refleja la violencia estructural con la que el sistema opera contra quienes aman las artes, las lenguas, la historia o la filosofía. En un mundo tan mercantilizado como el nuestro, esperamos que las grandes mentes del futuro pongan su inteligencia al servicio de la “praxis”, de las STEM o las ciencias de la salud, como si la literatura, el cine o la música no hubiesen salvado nunca más de una vida. La dignificación social de la disciplina humanística pasa, precisamente, por tratar con naturalidad una decisión tan vocacional como esta. No todos los talentos son científicos, y menos mal.

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© Eloy Alonso (EFE)

Examen de acceso a la universidad en Oviedo.
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Arsa la mirada

En el catálogo de frases insufribles que los andaluces estamos condenados a soportar cuando revelamos nuestra procedencia están las pronunciadas por quienes, supongo que con voluntad empática, nos reciben con un “¡Ozú, de Sevilla!”, o “¡Arsa, de Cádiz!”. Aunque palabras como ozú y arsa son reales y se pueden localizar en contextos concretos de la vida andaluza, ni son frecuentes ni conforman la banda sonora de nuestra existencia. La primera es una evolución desde Jesús dicha admirativamente y con ceceo. La segunda, arsa, proviene de la pronunciación vulgar del imperativo alza. Quizá en un tablao flamenco, genuino o montado para disfrute de turistas ante paellas fluorescentes, podrán sonar ambas voces en una sola velada; en mi día a día apenas las he escuchado. Por eso, suelo responder con una mueca de resignado hartazgo cuando me toca encajarlas como contraseñas de una identidad andaluza otorgada externamente.

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© Alberto Paredes (Europa Press)

Misa del papa León XIV en la Sagrada Familia, el miércoles.
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Exclusiva: La verdadera historia detrás del Irán nuclear y el acuerdo de Islamabad

Si se obliga a Irán a realizar una demostración nuclear ante los ojos de todo el mundo, China obtendrá la prueba de que la disuasión estadounidense carece de fundamento.

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MOSCÚ y SAN PETERSBURGO – El lunes 1 de junio, en Power Shift, una nueva plataforma geopolítica independiente, Zulfiqar Ali, Larry Johnson y yo mismo revelamos lo que, a efectos prácticos, constituye una información de gran repercusión: si las nubes negras siguen cerniéndose sobre nosotros, Teherán está dispuesto a pasar de la ambigüedad nuclear a detonar efectivamente un dispositivo nuclear en territorio iraní.

Menos de una semana después, la página de Power Shift fue censurada en YouTube, sin explicación alguna y sin posibilidad de recurso. Sin embargo, lo que revelamos ya se había detallado en varios podcasts y entrevistas a lo largo de la semana pasada, como aquí y aquí (con Larry y conmigo); aquí; y en el foro de San Petersburgo, aquí.

Publiqué un informe detallado previo a la divulgación de la información, redactado justo antes de que el equipo negociador de Irán suspendiera el intercambio de todos (cursiva mía) los textos y mensajes con EE. UU. a través del mediador Pakistán.

En lo que respecta a la redacción de lo que quizá sea el borrador final de un Memorando de Entendimiento (MoU) entre Irán y EE. UU., objeto de un debate interminable, de repente quedó muy claro que todo gira en torno al Líbano.

Irán reiteró en repetidas ocasiones que estaba dispuesto a abandonar el “alto el fuego” —ya en estado comatoso— si la secta de la muerte de Asia Occidental seguía adelante con su amenaza de bombardear Dahiyeh, el suburbio de mayoría chiíta del sur de Beirut.

Ante la presión de Trump, el líder de la secta de la muerte se vio obligado a dar marcha atrás. Solo por unos días. Trump necesita desesperadamente un MoU y una prórroga del alto el fuego para poder venderlo como una «victoria». Su (cursiva mía) victoria.

Todo eso estaba sucediendo, a un ritmo vertiginoso, tras una fatídica y extremadamente delicada llamada telefónica de 105 minutos el jueves 28 de mayo entre el presidente iraní Masoud Pezeshkian y el primer ministro pakistaní Shehbaz Sharif.

Islamabad es el único canal de comunicación extraoficial entre Teherán y Washington que funciona y goza de confianza. Nuestras fuentes revelaron que, durante la llamada telefónica, Pezeshkian transmitió un ultimátum formalmente estructurado en tres pasos que debía comunicarse a la Casa Blanca con absoluta claridad:

  1. No más negociaciones nucleares. Es decir, la prioridad es el fin de todas las guerras, contra Irán y el Eje de la Resistencia.
  2. No más marcos prospectivos de tratados nucleares. Es decir, no habrá conversaciones que conduzcan a un posible y diluido JCPOA 2.0; solo después de resolver el fin de las guerras y la situación del estrecho de Ormuz.
  3. Si las amenazas de EE. UU. persisten, dijo Pezeshkian, eso conduciría a la «detonación de un dispositivo nuclear en suelo iraní», ejecutada no como un acto de guerra, sino como una demostración soberana e irreversible de la capacidad para controlar el dominio de la escalada.

Lo que resulta especialmente sorprendente es que nada de lo anterior tiene que ver con posturas diplomáticas.

Lo que hemos visto es al presidente de Irán transmitiendo lo que es, en esencia, una decisión del líder Mojtaba Jamenei, en la que se indica que, si Washington cruza el siguiente umbral, Teherán pasaría instantáneamente de la ambigüedad nuclear a una demostración innegable.

Y eso implicaría una ruptura permanente del sistema mundial de no proliferación, con consecuencias imprevistas.

La alineación estratégica entre China, Irán y Pakistán

El primer ministro pakistaní, Shehbaz Sharif, obviamente evaluó la magnitud de tal información. Inmediatamente ordenó al ministro de Asuntos Exteriores pakistaní, Ishaq Dar —que se encontraba en Nueva York para las sesiones del Consejo de Seguridad de la ONU— que transmitiera la información a Washington.

Dar eludió todo el aparato burocrático y llamó directamente al secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, en Nueva York. El mensaje, de Teherán a la Administración Trump, fue contundente: la escalada cuenta ahora con un peldaño terminal.

Rubio “podría” (y esa es la palabra clave) haber reconocido la gravísima seriedad de lo que, de hecho, es un ultimátum nuclear formal. Informó a Trump. Al día siguiente, el 29 de mayo, Trump detuvo abruptamente cualquier acción cinética adicional. Y su retórica incendiaria se moderó al instante.

Esto no tuvo nada que ver con un repentino arrebato de moderación estratégica en el eje War-a-Lago/Despacho Oval. Fue el resultado directo y posterior del canal de comunicación extraoficial Sharif-Dar-Rubio.

En la mañana del 29 de mayo, Dar llegó a Washington para una visita oficial de un día.

Sentado frente a Rubio, le proporcionó la información detallada que la llamada telefónica de Nueva York solo había adelantado.

Puso dos bombas de gran alcance sobre la mesa de negociaciones:

1. Irán no entregará nada de su uranio altamente enriquecido (HEU). Nada. Cero. Y eso es definitivo.

Se trata de la independencia soberana (dos conceptos que ocupan el centro de la reciente declaración conjunta de Rusia y China firmada en Pekín durante la visita oficial de Putin a Xi Jinping).

Por lo tanto, Teherán no entregará sus reservas, sean cuales sean las condiciones, ya sea de forma temporal o no, solo para cumplir con un mecanismo destinado a salvar las apariencias ante la opinión pública estadounidense.

Desde el punto de vista de los dirigentes iraníes —con Mojtaba al frente—, el UME (Uranio Muy Enriquecido) va mucho más allá de un activo técnico; es la fusión definitiva de soberanía, disuasión, influencia y supervivencia política.

2. China ha suministrado a Irán sistemas de defensa estratégica de última generación —incluidos MANPAD lanzados desde el hombro— que han pasado de forma encubierta a través de terceros países (y por eso no pude obtener ninguna confirmación oficial hace dos semanas en Shanghái).

El resumen: existe una alineación estratégica China-Irán-Pakistán plenamente operativa.

¿Sigue siendo posible un Acuerdo de Islamabad?

Tal y como están las cosas, ninguno de nosotros —incluidas nuestras fuentes— sabe si un arma nuclear detonada en suelo iraní habría sido desarrollada exclusivamente por Irán [cuentan con la capacidad científica para ello]; o con posible ayuda rusa, pakistaní o norcoreana. Todas las opciones son plausibles.

Según el profesor Ted Postol del MIT, Irán podría convertir fácilmente 450 kg de hexafluoruro de uranio al 65 % en uranio apto para armas al 85 % aproximadamente: todo lo necesario para un arma de bajo rendimiento, que se montaría en al menos 10 sistemas de lanzamiento de misiles capaces de alcanzar Israel. Eso significa, como mínimo, 10 bombas nucleares.

Técnicamente, este tipo de arma de bajo rendimiento puede diseñarse, explica Postol, utilizando un reflector de neutrones fabricado con uranio empobrecido —o carburo de berilio/tungsteno— y situado inmediatamente alrededor del núcleo fisionable. Este refleja los neutrones que se escapan de vuelta hacia el material nuclear para aumentar la eficiencia de la fisión y reduce la masa crítica necesaria. En pocas palabras: menos material y más bombas.

Muy importante: a principios de la semana pasada se presentó un borrador de esta columna a un alto funcionario iraní, miembro del círculo extremadamente reducido que rodea al líder Mojtaba Jamenei. Su reacción: «No haré comentarios sobre este asunto».

Más allá de esta respuesta evasiva, lo que quedó claro al instante es la transmisión verificada de la comunicación extraoficial más trascendental de la crisis de “ni guerra ni paz”.

La historia es la siguiente: Pezeshkian habla con Sharif; Sharif habla con Dar; Dar habla con Rubio; Rubio habla con Trump; Dar habla con Rubio cara a cara (durante su rueda de prensa en Washington).

Todo ello arroja nueva luz sobre el alto el fuego de 60 días, posteriormente roto, la frágil vía de salida que Trump necesitaba desesperadamente. Este marco ha sido organizado por Pakistán y respaldado estructuralmente por China, tal y como confirmé en Shanghái.

Teherán ha insistido en el orden de los procedimientos, una y otra vez. En primer lugar, deben cesar todas las guerras, especialmente la ofensiva del culto a la muerte sobre el Líbano. A continuación, se abordan las modalidades para restablecer el tráfico comercial a través del estrecho de OrmuzLa tercera y última etapa consiste en reanudar algún tipo de diálogo nuclear significativo.

En el panorama general, ya se está llevando a cabo una profunda reestructuración, independientemente de las desagradables sorpresas que puedan deparar futuras rupturas del alto el fuego.

Tal y como están las cosas: los Acuerdos de Abraham están, a todos los efectos prácticos, muertos; Arabia Saudí ha congelado todas las conversaciones secretas de «normalización» con Israel; Catar y Omán están elaborando discretamente calendarios de transición militar para retirar gradualmente a EE. UU. de Asia Occidental.

Y lo más crucial: una nueva arquitectura de seguridad en Asia Occidental se está consolidando rápidamente fuera del paraguas «protector» estadounidense, impulsada por los Cuatro Suníes: Pakistán, Arabia Saudí, Turquía y Egipto.

El jueves pasado, de nuevo en «Power Shift» (nuestro canal de YouTube aún estaba activo), Zulfiqar Ali, Larry Johnson y yo señalamos un posible “Acuerdo de Islamabad” como el marco emergente para poner fin a la guerra entre Estados Unidos e Irán, mucho antes de que los principales medios de comunicación occidentales lo reconocieran como la estructura organizativa.

También identificamos el mecanismo que lo impulsaba: una incesante diplomacia itinerante pakistaní, respaldada de forma discreta pero decidida por China.

Esbozamos la hoja de ruta en dos fases: en primer lugar, un alto el fuego inmediato y la reapertura del estrecho de Ormuz (Irán está de acuerdo con ambas medidas); en segundo lugarun breve margen de negociación para ultimar el acuerdo político y financiero más amplio.

Informamos de que la liberación de los activos congelados de Irán, tema extremadamente polémico, no era un tema de debate especulativo, sino una palanca activa en el proceso. Esa liberación de activos y el posible alivio de las sanciones se estaban tratando como medidas concretas de fomento de la confianza.

También informamos de que una delegación iraní de alto nivel —incluidos el líder del Parlamento, Ghalibaf, el ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, y el gobernador del Banco Central, Abdolnaser Hemmati— viajaría a Doha en relación con la vía de los fondos congelados.

Esto se confirmó posteriormente en todos los ámbitos, incluido el hecho de que el componente del Banco Central estaba directamente vinculado a los activos congelados.

También adelantamos que Islamabad podría convertirse en el escenario del acto político final, incluida una posible visita de Trump, junto a Pezeshkian: sin embargo, ahora esa posibilidad parece tan remota como siempre.

China se limita a observar cómo fluye el río

Estos son los hechos, tal y como están:

Irán está lejos de estar aislado y se encuentra posicionado para una guerra prolongada, con un respaldo material y estratégico significativo por parte de China, Pakistán y Corea del Norte, y un apoyo cuidadosamente calculado de Rusia, tal y como confirmé durante el foro de San Petersburgo.

Estados Unidos está paralizado. La administración Trump puede parecer que desea una vía de salida; pero se encuentra totalmente limitada por la presión del culto a la muerte en Asia Occidental —como hemos visto este fin de semana—; por vías de escalada agotadas; y por la ausencia de una opción militar decisiva que pueda alterar el tablero de ajedrez sin crear una crisis infinitamente más inmanejable.

Las petro-monarquías del Golfo están aterrorizadas ante una posible reanudación de la guerra —con la principal excepción de los Emiratos Árabes Unidos.

Esto deja a Islamabad como la única vía de salida disponible, con el mariscal de campo Asim Munir posicionado como el intermediario indispensable; y Pekín y Moscú siguiendo todo de cerca, en algunos aspectos configurando activamente el marco general.

El bombardeo del sur de Beirut el 6 de junio se perpetró una vez más en un momento crítico de las negociaciones, como señaló Mohammad Mokhber, asesor principal del líder Mojtaba Jamenei y miembro del Consejo de Discernimiento de Irán:

Al bombardear el Líbano durante la presencia del mediador en Irán [se refería a Asim Munir], el enemigo prendió fuego a la mesa de negociaciones por tercera vez para denunciar las repetidas violaciones del alto el fuego en todas las zonas. Nos dirigimos a los violadores con el lenguaje del “poder”; el eje de la resistencia es un cuerpo unificado, y sin duda pagarán un precio alto y doloroso por esta agresión sobre el terreno.

El bombardeo de la secta de la muerte sobre el sur de Beirut dio lugar a un espectáculo francamente surrealista: la Administración Trump persiguiendo al mediador pakistaní en Teherán, suplicándole que intercediera ante los iraníes para lograr una desescalada.

El Emperador que quería destruir la civilización iraní tuvo que pedir a Pakistán que salvara lo que aún se podía salvar.

Esto significa, tal y como informamos, que con Irán marcando las condiciones de la escalada y aumentando su potencial de disuasión, y con Trump sin ninguna carta que jugar, la única solución posible reside en la diplomacia a través de Islamabad.

Esta semana en Power Shift, en tres programas consecutivos de lunes a miércoles, profundizaremos en la información de inteligencia y la diplomacia que subyacen a estos giros tectónicos.

Y luego, por supuesto, está el intrigante ángulo chino.

Los think tanks estadounidenses quedarán totalmente paralizados cuando finalmente se den cuenta de que, al introducir armamento militar avanzado en el teatro de operaciones iraní, Pekín está poniendo a prueba de forma activa los límites de la coacción hegemónica estadounidense.

Y si la situación llega a un punto crítico, y se obliga a Irán a realizar una demostración nuclear ante los ojos de todo el mundo, China obtendrá una prueba de concepto inexorable de que la disuasión estadounidense es vacía.

No queda más que admirar la ingeniería de una clase magistral estratégica de tal envergadura, sin disparar un solo tiro.

Traducción:  Observatorio de trabajador@s en lucha

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La plataforma Filmin y la distribuidora Elastica se unen para ganar músculo en las salas de cine

Juan Carlos Tous (a la izquierda), fundador de Filmin, y Enrique Costa, responsable de Elastica; ayer en Madrid.

La plataforma digital Filmin, que lidera en España el mercado en Internet del cine de autor —español e internacional, especialmente el europeo— y el de cine clásico de Hollywood, y la distribuidora Elastica, que ha llevado a los cines españoles títulos como Valor sentimental, El agente secreto, La sustancia, Anatomía de una caída, La zona de interés, Alcarràs, O corno o Salve María, y que actualmente lidera la taquilla con Backrooms, han unido sus fuerzas “para ganar músculo en salas”, aseguran sus responsables. “Nuestro ADN está marcado por una vocación y ambición de hacer que cierto tipo de cine de calidad, europeo y/o de autor, llegue al mayor público posible. Damos este paso porque amamos el cine, las salas de cine y creemos en Internet”.

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‘Pioneras’: bonito gol por la escuadra del cine popular más emocionante

Cincuenta y cinco años son muchos años. Pero quizá no tantos si pensamos que es el periodo comprendido entre el nacimiento de algunos de nosotros y la plena contemporaneidad. Lo que se ha podido ver, disfrutar y sufrir, en la sociedad y en el cine, a lo largo de una vida. Pues bien, España ha cambiado tanto como la distancia que hay entre Las Ibéricas F. C., película del año 1971 dirigida, producida y escrita por Pedro Masó, y Pioneras, solo querían jugar, tercer largometraje de Marta Díaz de Lope Díaz, que se estrena este viernes en cines. Dos historias de fútbol femenino.

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Pioneras, solo querían jugar

Dirección: Marta Díaz de Lope Díaz.

Intérpretes: Sofía de Iznájar, Daniel Ibáñez, Aixa Villagrán, Bruna Lucadamo.

Género: melodrama. España, 2026.

Duración: 106 minutos.

Estreno: 12 de junio.

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Recreación del primer partido de fútbol femenino en España en diciembre de 1970 en la colonia Boetticher en la película 'Pioneras, solo querían jugar'.
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‘Iván & Hadoum’: orgullo de clase (y de género) en los campos de plástico

Iván & Hadoum es la historia de amor entre un joven trans y una joven de origen marroquí, compañeros de trabajo en una envasadora de tomates y verduras de los campos de plástico del sur de España. La ópera prima de Ian de la Rosa (Almería, 37 años), premiada tanto en la última Berlinale como después en el festival de Málaga, es una suerte de Romeo y Julieta en los márgenes en la que confluyen cuestiones de identidad de género, inmigración y vida laboral precaria y abusiva.

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Iván & Hadoum

Dirección: Ian de la Rosa.

Intérpretes: Herminia Loh, Silver Chicón, Úrsula Díaz Manzano, Esperanza Guardado.

Género: drama. España, 2026.

Duración: 101 minutos.

Estreno: 12 de junio.

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Silver Chacón y Herminia Loh, en un momento de 'Iván & Hadoum'.
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El periodista y escritor Álex Grijelmo, elegido académico de la RAE

Alex Grijelmo en la azotea de la sede de EL PAÍS, en noviembre de 2024.

El periodista y escritor Álex Grijelmo (Burgos, 70 años) ha sido elegido miembro de la Real Academia Española (RAE) para la silla o, en el pleno celebrado esta tarde en la sede de la entidad en Madrid. Grijelmo se siente, según ha declarado a EL PAÍS, “felizmente obligado a trabajar dentro de la institución, a ser partícipe de sus debates y a asumir sus decisiones. Y sobre todo a divulgarlas”. Su candidatura había sido presentada por Juan Luis Cebrián, el primer director de EL PAÍS y posteriormente presidente de Prisa; y dos lingüistas, José Antonio Pascual, catedrático de Lengua Española, y Salvador Gutiérrez Ordóñez, catedrático de Lingüística General.

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Los bárbaros occidentales

Sobre el lento desenmascaramiento del orden liberal y el descubrimiento, bastante incómodo, de que el emperador lo sabía desde el principio

Marcos Paulo CANDELORO

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Hay algo casi infantil en la fascinación que parte de Occidente ha desarrollado por el lema de la alianza de naciones europeas. Sin embargo, la realidad revela que se trata más bien de un consorcio militar-financiero que intenta preservar una hegemonía que ya empieza a escapársele de las manos.

La guerra de Ucrania, en términos generales, no hizo sino acelerar un proceso que llevaba décadas en marcha. Europa se percató, algo tarde, de que el monopolio político, económico y cultural construido después de 1945 comenzaba a mostrar fisuras irreversibles. China, Rusia, India, Irán e incluso las potencias medianas comprendieron algo que Bruselas y Davos nunca han llegado a admitir del todo: que el orden internacional liberal nunca fue universal. Se trataba, más bien, de la universalización forzada de los intereses de Washington, disfrazada con el sentimental lenguaje del humanitarismo.

Aquí reside la ironía central de nuestra época. Los mismos países que pasaron décadas predicando la soberanía relativa, la gobernanza global y la responsabilidad internacional ahora redescubren frenéticamente el valor de las fronteras, del patriotismo industrial y de la autonomía estratégica. La globalización cumplió su propósito mientras consolidó su supremacía. En el momento en que comenzó a beneficiar a rivales civilizacionales, se convirtió en una amenaza existencial, y he aquí que el viejo instinto territorial resurgió rápidamente, ese mismo instinto que durante años se había tratado como un síntoma de atraso provinciano y, en casos más graves, como evidencia de algún tipo de psicopatología colectiva.

El conflicto actual, por consiguiente, trasciende con creces la dimensión militar y se adentra en el terreno antropológico, ese terreno sobre el que la hoja de cálculo del consultor de Davos no explica absolutamente nada. Por un lado, Occidente posmoderno se transformó en una máquina burocrática de disolución cultural, un bloque político incapaz de defender su propia memoria histórica y, sin embargo, deseoso de exportar compulsivamente la política de identidad al resto del planeta. Por otro lado, los países que han comprendido algo bastante elemental que Aristóteles ya había descrito siglos antes de que existieran los consultores de ESG, (Environmental, Social and Governance (Ambiental, Social y Gobernanza evalúan el desempeño ambiental, social y de gobernanza de una empresa, determinando su sostenibilidad y capacidad de generar valor a largo plazo) a saber, que los pueblos sobreviven gracias a la preservación de la identidad, la continuidad histórica y la cohesión simbólica

Rusia lo comprendió pronto, China aún antes, y ambas percibieron que el liberalismo occidental había dejado de funcionar como modelo económico para convertirse en una especie de religión negativa, fundada en la deconstrucción permanente de los lazos orgánicos. La familia se convierte en opresión, la nación en prejuicio, la religión en atraso, la masculinidad en peligro, la frontera en violencia moral, en una lista cada vez más extensa de aquello que debe ser pulverizado en nombre de un progreso que nadie es capaz de definir con precisión. No es casualidad que Occidente contemporáneo produzca riqueza material y depresión espiritual con igual eficiencia industrial.

Y, sin embargo, lo más curioso de todo es observar cómo la prensa internacional insiste en narrarlo todo a través de la vieja lente moral de la Guerra Fría. Democracia contra autoritarismo, libertad contra tiranía, civilización contra barbarie: he aquí la caricatura que ya no convence ni siquiera al ciudadano europeo o estadounidense medio, a ese ciudadano común que mira Londres, París o Los Ángeles y se da cuenta, sin necesidad de un diploma de Harvard, de que quizás el colapso viene desde dentro. La crisis migratoria europea es solo el síntoma visible, amigos. El verdadero problema es mucho más profundo y, además, resulta considerablemente más embarazoso, pues Europa se ha cansado de sí misma, ha perdido el instinto civilizatorio básico de la supervivencia, ha transformado la culpa histórica en política de Estado, ha sustituido la identidad por la administración tecnocrática y ha cambiado la pertenencia por el consumo

Mientras tanto, el establishment occidental responde de la única manera que conoce: con censura, vigilancia y propaganda moralizante. Toda disidencia se convierte en una amenaza para la democracia, toda crítica al globalismo en extremismo, toda resistencia cultural en radicalización, y los regímenes supuestamente liberales han llegado a depender abiertamente de mecanismos antiliberales para su supervivencia política, en un espectáculo que avergonzaría incluso a Carl Schmitt.

La máscara se cayó durante la pandemia, se cayó de nuevo con la guerra y se cayó definitivamente en medio de la creciente desesperación de las élites globalistas enfrentadas al surgimiento de cualquier fuerza mínimamente soberanista.

El ciudadano medio, el de a pie, por consiguiente, ha comenzado a considerar una hipótesis bastante herética: que la mayor amenaza a la libertad contemporánea quizás no provenga de Moscú ni de Pekín, sino del propio aparato burocrático-financiero que gobierna Occidente en nombre de la democracia, neutralizando elecciones, censurando opiniones y redefiniendo los conceptos básicos de la realidad mediante una ingeniería semántica permanente. El nuevo orden mundial, por lo tanto, prescinde del modelo del imperio formal. Bastará con algo mucho más sofisticado: un régimen administrado por conglomerados financieros, plataformas digitales, organismos transnacionales y estructuras de inteligencia capaces de moldear el comportamiento humano a escala industrial, preservando al mismo tiempo la estética de la libertad.

Y quizás sea precisamente esto lo que explique el creciente pánico en Occidente. Por primera vez en décadas, el resto del mundo ha comenzado a darse cuenta de que el emperador está desnudo. Lo más triste de todo, sin embargo, es que el emperador siempre lo supo. Simplemente contaba con que nadie lo mirara, y así no se den cuenta.

Publicado originalmente por  The Elegant Ruin

 Traducción:  InfoPosta

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La «ruta de Trump» en Armenia agranda la brecha entre Washington, Teherán y Moscú

Estimados lectores, en la gran traducción del día les traemos un artículo del analista político Vali Kaleji en The Cradle. 

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Vamos:

El Cáucaso Meridional se está convirtiendo en una prueba de fuego para ver hasta dónde puede llegar Washington en el perímetro compartido por Rusia e Irán antes de que se produzca una reacción violenta.

En vísperas de las cruciales elecciones parlamentarias de Armenia del 7 de junio, el secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, durante una breve visita a Ereván el 26 de mayo, firmó tres acuerdos de gran importancia en una reunión con el ministro de Asuntos Exteriores armenio, Ararat Mirzoyan.

Entre ellos se incluían el «Acuerdo Marco entre la República de Armenia y los Estados Unidos de América sobre Cooperación Estratégica en relación con la Ruta Trump para la Paz y la Prosperidad Internacionales (TRIPP)», la «Carta sobre la Asociación Estratégica Integral entre la República de Armenia y los Estados Unidos» y el «Marco entre la República de Armenia y los Estados Unidos de América para garantizar el suministro en la extracción y el procesamiento de minerales críticos y tierras raras».

El respaldo de Washington en época de elecciones

La breve visita de Rubio, que duró solo una hora aproximadamente en el aeropuerto de Ereván, fue una clara señal del apoyo de EE. UU. al Gobierno de Nikol Pashinyan de cara a las cruciales elecciones parlamentarias de Armenia del 7 de junio.

En los últimos años, la administración de Pashinyan se ha distanciado gradualmente de la Federación Rusa y de las instituciones regionales lideradas por Moscú, incluida la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC) y, más recientemente, la Unión Económica Euroasiática (UEE), al tiempo que ha buscado estrechar lazos con la UE, la OTAN y los EE. UU.

En este contexto, el secretario de Estado de EE. UU., que viajó a Ereván dos semanas antes de las elecciones, expresó su firme apoyo a Pashinyan y a su equipo, afirmando: «Tú (Ararat Mirzoyan), el primer ministro y tu equipo estáis allanando el camino hacia un futuro más brillante y más independiente para Armenia».

El presidente de EE. UU., Donald Trump, también escribió en una publicación en Truth Social:

«¡El primer ministro Nikol Pashinyan, de Armenia, un gran amigo y líder, está haciendo que su país sea fuerte, próspero y muy seguro! Nikol comparte plenamente mi visión de PAZ y PROSPERIDAD para Armenia y toda la región del Cáucaso Meridional… Nikol cuenta con mi APOYO TOTAL y ABSOLUTO para su reelección el 7 de junio de 2026».

Armenia también acogió la Octava Cumbre de la Comunidad Política Europea el 23 de mayo, lo que constituyó otra muestra del apoyo occidental al Gobierno de Pashinyan.

No obstante, sigue sin estar claro si dicho apoyo se traducirá en última instancia en una victoria electoral del Partido del Contrato Civil de Pashinyan frente a sus oponentes nacionalistas y conservadores. Un ejemplo reciente es Hungría, donde la visita del vicepresidente estadounidense J.D. Vance a Budapest y su participación en un mitin electoral junto al primer ministro Viktor Orbán no lograron evitar la derrota de Orbán en las elecciones parlamentarias tras 16 años en el poder.

La Ruta de Trump toma forma

Los tres acuerdos firmados durante la visita de Rubio a Ereván —en particular el Acuerdo TRIPP— deben considerarse una continuación y un complemento del acuerdo de paz firmado por el presidente azerbaiyano Ilham Aliyev y Pashinyan en la Casa Blanca el 8 de agosto de 2025, bajo la mediación de Trump.

En virtud de dicho acuerdo, la conectividad directa entre Azerbaiyán y su República Autónoma de Najicheván a través del territorio armenio se refrendó no bajo la denominación preferida por Bakú de «Corredor de Zangezur», ni bajo el concepto preferido por Ereván de «Encrucijada de la Paz», sino bajo un nuevo título: la «Ruta Trump para la Paz y la Prosperidad Internacionales» (TRIPP), o simplemente la «Ruta Trump».

El Acuerdo TRIPP, compuesto por 11 artículos, establece el marco jurídico y operativo que rige esta ruta de tránsito. De conformidad con los artículos 1 a 4, se creará una empresa conjunta denominada TRIPP Development Company (TDC).

En virtud del acuerdo, el 74 % de las acciones y la participación mayoritaria en la empresa estarán en manos de entidades estadounidenses que operan bajo la Corporación Financiera Internacional para el Desarrollo de los Estados Unidos (DFC), mientras que Armenia conservará una participación del 26 %.

Además, en virtud del artículo 6, Armenia se compromete a conceder a la empresa conjunta derechos exclusivos de uso del suelo y desarrollo a lo largo de las zonas designadas para la ejecución del TRIPP durante un período inicial de 49 años. El acuerdo también prevé una posible prórroga de 50 años adicionales por mutuo acuerdo, en cuyo caso la participación de Armenia en la TDC aumentaría al 49 %.

Armenia se ha comprometido además a asumir todos los costes financieros asociados a la adquisición de terrenos y a la eliminación de cualquier gravamen o reclamación de terceros que afecte a las zonas del proyecto. Al mismo tiempo, el acuerdo afirma explícitamente que la República de Armenia conserva la plena soberanía, integridad territorial y jurisdicción legal y ejecutiva sobre todas las zonas y proyectos asociados al TRIPP dentro de su territorio soberano.

La aplicación de este acuerdo —al igual que el acuerdo de paz entre Armenia y Azerbaiyán y el proceso en curso de normalización entre Armenia y Turquía— dependerá en gran medida de la reelección del Partido del Contrato Civil de Pashinyan en las elecciones parlamentarias del 7 de junio. Si las fuerzas políticas nacionalistas y conservadoras de Armenia salieran victoriosas, el panorama político podría cambiar significativamente.

Fuertemente críticos con las políticas de Pashinyan respecto a Nagorno-Karabaj, estos grupos nacionalistas y conservadores mantienen posiciones de línea dura tanto hacia Azerbaiyán como hacia Turquía. Tradicionalmente han mantenido relaciones más estrechas con Irán y Rusia, al tiempo que han conservado una distancia cautelosa y cuidadosamente calibrada con respecto a Occidente.

En consecuencia, un cambio de gobierno podría tener profundas implicaciones para el futuro del proceso de paz entre Armenia y Azerbaiyán, la normalización de las relaciones entre Armenia y Turquía y la aplicación del TRIPP.

Teherán ve más que un corredor

Por lo tanto, no fue de extrañar que, en medio de la atmósfera altamente polarizada y políticamente cargada de Armenia en vísperas de las cruciales elecciones parlamentarias, la inesperada y breve visita de Rubio a Ereván fuera recibida con fuertes críticas por parte de las fuerzas de la oposición.

Los partidos de la oposición y los grupos políticos de Armenia sostienen que el proyecto a gran escala de la «Ruta Trump» es, en esencia, el mismo corredor de tránsito que Azerbaiyán lleva tanto tiempo buscando bajo el nombre de «Corredor de Zangezur» y que cuenta con el firme apoyo de Ankara.

El expresidente armenio Robert Kocharyan, líder de la influyente Alianza Armenia, expresó su profunda preocupación por las implicaciones estratégicas del acuerdo, afirmando:

«Creo que el proyecto «TRIPP» es una maniobra propagandística muy fuerte por parte de EE. UU., cuyo objetivo es crear tensión entre Irán y Armenia, porque después de eso, Teherán sin duda sentirá desconfianza… Esto también es un «golpe» para Rusia».

En Irán, el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Hamid Baghaei, también reaccionó a la visita de Rubio y a la firma del Acuerdo Trump, afirmando:

«La posición de la República Islámica de Irán con respecto a la seguridad en el Cáucaso Meridional es clara y no deja lugar a ambigüedades. Irán acoge con satisfacción la expansión de los intercambios económicos y la reapertura de las rutas de transporte y tránsito. Sin embargo, dado el largo historial de conducta hostil e intervención de Estados Unidos en diversas regiones del mundo, Irán alberga serias sospechas sobre las intenciones de Washington y ha expresado explícitamente su oposición a cualquier presencia desestabilizadora de este tipo en la región».

Aunque los funcionarios iraníes parecen haberse abstenido de adoptar una postura más explícita en esta fase —probablemente debido a su comprensión del delicado entorno electoral de Armenia y al deseo de evitar verse directamente involucrados en las rivalidades políticas internas del país—, Irán, en términos estratégicos, ve poca diferencia entre la «Ruta Trump» y el «Corredor de Zangezur» defendido por Azerbaiyán y apoyado por Turquía.

Desde la perspectiva de Teherán, ambas iniciativas persiguen objetivos que van mucho más allá del establecimiento de un mero enlace de transporte y tránsito entre el territorio continental de Azerbaiyán y Najicheván a través del territorio armenio adyacente a la frontera de Irán.

Los responsables políticos iraníes creen que tales proyectos podrían generar una serie de importantes retos de seguridadgeopolíticos, incluidos riesgos potenciales para los 40 kilómetros de frontera entre Irán y Armenia, los pasos fronterizos y las instalaciones aduaneras de Norduz (Irán) y Meghri (Armenia), así como para la red bilateral de comercio y tránsito por la que pasan más de 80.000 camiones al año.

Además, no cabe duda de que la puesta en marcha de la Ruta Trump, como parte del Corredor Central más amplio y de una ruta emergente de energía y transporte que une Asia Central, el mar Caspio y el Cáucaso Meridional con Europa, aceleraría aún más la orientación hacia Occidente de Ereván.

Tal evolución podría tener consecuencias de gran alcance, incluida la eventual retirada de Armenia de la OTSC y la UEEA. El efecto acumulativo de estos acontecimientos podría ser un cambio más profundo en el equilibrio geopolítico del Cáucaso Meridional en detrimento tanto de Irán como de Rusia —un proceso que, en muchos aspectos, comenzó con la Segunda Guerra de Nagorno-Karabaj en 2020.

La guerra de 12 días entre Estados Unidos e Israel contra Irán en junio de 2025 y la más reciente guerra de 40 días en la que participaron Israel y Estados Unidos contra Irán, del 28 de febrero al 7 de abril de 2026, han agudizado la sensibilidad de Teherán hacia el proyecto de la Ruta Trump y la posible presencia de empresas estadounidenses cerca de la frontera norte de Irán.

Esta preocupación es especialmente acusada dado que, en virtud del acuerdo recientemente firmado, dicha presencia no está pensada para ser temporal. Más bien, el acuerdo prevé un periodo de concesión inicial de 49 años, con la posibilidad de una prórroga adicional de 50 años por mutuo acuerdo, lo que podría dar lugar a una duración total de 99 años.

Desde la perspectiva de Irán, esto no equivaldría simplemente a un proyecto de transporte o de infraestructura, sino al establecimiento de una huella económica y estratégica estadounidense a largo plazo en una zona geopolítica altamente sensible adyacente a sus fronteras.

Por esta razón, Kocharyan declaró durante su campaña electoral:

«Hoy en día, Estados Unidos se encuentra en un estado de confrontación con Irán. En tales circunstancias, ¿cómo puede alguien creer razonablemente que ceder el control de la sensible zona fronteriza entre Armenia e Irán a una empresa estadounidense es una decisión racional? ¿De verdad consideran que tal medida es normal y aceptable? ¿Cómo se espera que Teherán perciba y tolere tal acuerdo? Insto a las autoridades de Ereván a que se pongan, aunque sea por un momento, en la posición de Irán y vean este desafío de seguridad desde la perspectiva de Teherán».

Moscú sube la apuesta

La respuesta de Rusia hacia Armenia, sin embargo, ha sido notablemente más dura, al menos en la etapa actual. Solo unos días después de la visita de Rubio, Moscú retiró a su embajador de Ereván para consultas, citando las políticas cada vez más prooccidentales del Gobierno de Pashinyan.

En las últimas semanas, funcionarios rusos han advertido abiertamente a Armenia, especialmente en relación con la posibilidad de su retirada de la UEEA, sobre las posibles consecuencias, entre las que se incluyen el aumento de los precios del gas o la suspensión de los acuerdos energéticos preferenciales, restricciones a las importaciones de productos armenios, limitaciones al comercio de diamantes y energía, e incluso una reevaluación de ciertos ámbitos de la cooperación económica.

En esencia, a Moscú le preocupa que su participación actual en la guerra de Ucrania pueda animar a Armenia —el único Estado del Cáucaso Meridional que sigue siendo miembro tanto de la UEEA como de la OTSC— a abandonar estas instituciones lideradas por Rusia.

Dado que ni Georgia ni Azerbaiyán son miembros de ninguna de las dos organizaciones, tal desarrollo reduciría significativamente la influencia económica, geopolítica y militar de Rusia en el Cáucaso Meridional.

La aplicación del Acuerdo TRIPP y la construcción de la Ruta Trump entre Azerbaiyán y Najicheván se enfrentan a importantes obstáculos políticos y dependerán en gran medida del resultado de las elecciones parlamentarias de Armenia del 7 de junio.

Si prevalecen las fuerzas políticas nacionalistas y conservadoras de Armenia, la probabilidad de que el proyecto se suspenda o se abandone sería considerable.

Incluso si Pashinyan consigue la reelección, es probable que la puesta en marcha del proyecto provoque una fuerte oposición por parte de Irán y exponga a Armenia a posibles medidas de represalia por parte de Rusia, especialmente en los ámbitos de las exportaciones de gas natural y las restricciones a las importaciones armenias.

Publicado originalmente por The Cradle

 Traducción:  Geopolítica rugiente

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La CPI: quien paga manda

El 84% del presupuesto de la CPI viene de potencias imperialistas, que dictan sus investigaciones y protegen a sus aliados.

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Para perseguir a gobernantes incómodos para el imperialismo, la CPI pasó por encima de su norma básica: limitar su actuación a los países que ratificaron el Estatuto de Roma. Sin embargo, mientras la Libia de Gadafi y la Rusia de Putin fueron víctimas de la CPI, Estados Unidos continúa impune. Y ha demostrado que, aun sin formar parte de la Corte, es quien verdaderamente manda en ella.

Cuando Bensouda intentó investigar los crímenes de guerra en Afganistán —sin limitar su investigación a la actuación del Talibán y del Estado Islámico, sino incluyendo a lo que ella consideraba los mayores criminales de aquella guerra (el ejército estadounidense y la CIA)—, sufrió una fuerte presión desde Washington, hasta el punto de resultar en sanciones gubernamentales. Sus cuentas bancarias y las de sus familiares fueron congeladas, y su marido fue espiado.

Finalmente, Bensouda fue sustituida por un nuevo fiscal dócil a Estados Unidos. Karim Khan modificó el enfoque de las investigaciones sobre Afganistán, declarando que daría prioridad al Talibán y al ISIS y retiraría la prioridad de Estados Unidos, alegando falta de recursos para una investigación más amplia.

Durante una de las muchas intervenciones militares francesas en África en este siglo (entre 2013 y 2016), soldados violaron y abusaron sexualmente de niños en campos de desplazados en la República Centroafricana. La ONU, aunque prestó una atención limitada al caso, fue acusada de una “grave falla institucional” por una comisión independiente, al haber permitido que las atrocidades continuaran. La CPI —que podría haber intervenido, dado que Francia es un Estado Parte y los magistrados franceses no lograron condenar a ningún soldado por una supuesta insuficiencia de pruebas— prefirió guardar silencio al respecto.

Durante el mismo período, en su intervención en el Sahel, soldados franceses —incluidos mercenarios de la Legión Extranjera— fueron acusados de asesinar civiles y de entrenar y armar fuerzas de seguridad responsables de masacres, ejecuciones sumarias y violaciones. Los gobernantes franceses tampoco tuvieron de qué preocuparse.

Por otro lado, la CPI incluso fingió examinar los crímenes de guerra cometidos por el Reino Unido en Irak, incluidas torturas contra prisioneros. Pero justificó el cierre del caso alegando que las autoridades británicas ya estaban llevando a cabo investigaciones internas, aun cuando la propia Oficina del Fiscal de la CPI reconoció que existía una “base razonable” para creer que tropas británicas habían cometido crímenes de guerra.

El Reino Unido no castigó a ningún oficial, aunque una investigación pública posterior concluyó que hubo violencia generalizada y un silencio corporativo —es decir, una responsabilidad de altos mandos militares—. Como el Reino Unido realmente no había sido capaz de concluir el caso, la CPI podría haber intervenido, ya que Londres integra el Estatuto de Roma. Pero la CPI volvió a lavarse las manos.

Ahora, como reveló Bensouda, Israel también está protegido, y no solo por las sanciones estadounidenses, sino también por la actuación de una burocracia de la CPI confabulada con el Mossad, que permite la injerencia directa e ilegal de Israel sin hacer absolutamente nada al respecto.

Una estructura dominada por las naciones imperialistas

De acuerdo con los datos disponibles en el último balance financiero de la CPI, correspondiente a 2024 y publicado en julio de 2025, es posible calcular que alrededor del 84% de toda su financiación proviene de países imperialistas y asociados (miembros de la OTAN, Suiza, Austria, Japón, Corea del Sur, Australia y Nueva Zelanda). Sin embargo, en conjunto representan apenas el 28% de los Estados Parte del organismo. Mientras tanto, el resto de los países (72%) aportan solamente el 16% de su presupuesto.

Existe un claro desequilibrio estructural en la financiación de la CPI. Naturalmente, esto está directamente relacionado con la actuación parcial de la Corte. Como dice el dicho, quien paga manda.

La propia CPI considera que el 60% de los países africanos que la integran están “no representados” o “subrepresentados” en su estructura interna. Es decir, apenas el 40% cuenta con algún tipo de representación. Para los países latinoamericanos y caribeños, ese porcentaje es todavía menor: solo el 14% de los integrantes de la Corte están adecuadamente representados. En los países de Asia-Pacífico, la cifra es del 28%. En cambio, la mitad de los países imperialistas y asociados sí están debidamente representados, un porcentaje muy superior al de las demás regiones.

Según un informe de la Asamblea de los Estados Parte, el 56% de los funcionarios de la CPI en 2024 provenían del grupo compuesto por países de Europa Occidental y relacionados. Apenas el 16% eran africanos, el 11% provenían de Europa Oriental, el 8% de Asia-Pacífico y el 8% de América Latina y el Caribe.

Entre los 18 jueces actuales de la Corte, ocho pertenecen a países imperialistas y asociados, y cinco mantienen vínculos académicos y/o profesionales con instituciones hegemónicas de esos países. Los demás son altos burócratas estatales, generalmente de países cuya burocracia estatal es intrínsecamente dependiente del imperialismo.

De esta forma, queda claro que las víctimas de la CPI siempre serán los dirigentes incómodos para las potencias imperialistas. Mientras incluso Putin ha tenido una orden de arresto emitida por el organismo y los gobiernos africanos continúan siendo su objetivo favorito, ningún país de la OTAN ha sido jamás seriamente molestado por procesos de la CPI.

Los bombardeos con armas prohibidas en Yugoslavia en 1999, las torturas en Abu Ghraib y Guantánamo, las masacres en Irak y Afganistán, las violaciones en África o, más recientemente, la masacre en la escuela de Minab y los asesinatos semanales de pescadores en el Caribe y el Pacífico Oriental, no preocupan a los jueces de la CPI.

Precisamente por ello, la mayoría de los países soberanos que no se arrodillan ante el imperialismo jamás se adhirieron a la CPI. Cuba acusó al organismo de tener una política “selectiva contra los países en desarrollo”. Corea del Norte calificó sus maniobras como “un producto de fuerzas hostiles”.

Pero, junto con la declaración de Burundi, quizás la mejor definición de lo que es la CPI fue dada por el vicesecretario del Consejo de Seguridad de Rusia, Alexander Venediktov: “Un títere obediente en manos del Occidente colectivo.”

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Ian de la Rosa, cineasta: “El cine es un deporte de ricos. Se quedan por el camino demasiadas voces”

“Recuerdo las pateras. No digo ver una, pero sí a los primeros niños que vinieron en ellas y que entraron a clase en el cole de Níjar. Entonces se introdujo la palabra patera en nuestras vidas. La primera fue una niña, luego llegaron más. No sabían castellano, acababan de llegar de Marruecos, estaban en situaciones complicadas. No hablábamos el mismo idioma y los metían en clase. Recuerdo la segregación. El racismo en el recreo. Y recuerdo, en ese recreo, intentar acercarme a esta primera niña, intentar jugar con ella. Nunca se llegaron a integrar con el resto. Pero eso me pasaba a mí también. Yo entendía ese sentimiento de que no perteneces. Imagino que ahí se conectó algo”.

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© Ayub El Kadmiri (EL PAÍS)

Retrato de Ian de la Rosa en su casa de La Latina, en Madrid, donde atesora una taza de La Tienda de los Milagros de su Níjar natal.
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Irán se arriesga a entrar en guerra

Es probable que esta fase del conflicto iraní solo termine cuando Occidente caiga por el precipicio económico que se avecina…

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La guerra de Estados Unidos con Irán ha traspasado su fase inicial para entrar en una nueva etapa emergente, en la que Irán apuesta implícitamente por que la siguiente fase sea la guerra.

Lo más probable es que se trate de episodios breves de guerra limitada, pero que, no obstante, encierran el potencial de extenderse a nivel regional, en caso de que Estados Unidos (e Israel) decidan intensificar drásticamente el conflicto.

La nueva fase conlleva riesgos, por supuesto, pero Irán tiene las cartas ganadoras: la capacidad de infligir daños desproporcionadamente mayores a la infraestructura del Golfo como represalia por cualquier daño que se le cause, y la conciencia de que Occidente se está acercando cada vez más al «precipicio» energético.

Los tres pilares que sustentan este cambio son, en primer lugar, la confianza en que Irán no será (ni puede ser) desplazado de su control sobre Ormuz, y que, al consolidar allí sus estructuras administrativas, la realidad del control iraní sobre Ormuz será asimilada cada vez más por los Estados, y se reflejará en su aceptación del control iraní-omaní.

Asociada a este principio fundamental está la aplicación por parte de Irán de una disuasión escalada frente al bloqueo naval estadounidense. Cualquier intento de interceptar o atacar buques iraníes o de interferir en la administración del estrecho se enfrentará a represalias cada vez más duras.

En última instancia, esta política puede llevar a que Irán inflinja daños cada vez mayores a los buques de guerra estadounidenses —otro punto de fricción—.

El 3 de junio, por ejemplo, Estados Unidos disparó un misil Hellfire contra un petrolero iraní cerca del estrecho de Ormuz. En respuesta, un buque de propiedad estadounidense (o parcialmente estadounidense), el Panaya, fue alcanzado por misiles.

Además, Irán lanzó tres oleadas de misiles de crucero contra la base aérea y de helicópteros estadounidense en Kuwait desde donde se había originado el ataque. También han surgido imágenes de graves daños en el aeropuerto internacional de Kuwait (aunque la causa de los daños sigue siendo objeto de controversia).

El segundo principio subyacente que influye en este cambio refleja simplemente el desdén iraní ante el continuo aumento de las exigencias de Trump, sus amenazas exageradas (que claramente no están a la altura de las capacidades de EE. UU.), junto con sus continuos giros y su retórica despectiva hacia Irán.

Al parecer, los dirigentes iraníes han llegado a la conclusión de que probablemente no habrá compromiso, y de que es mejor poner fin a las «negociaciones» «antes que continuar con las inútiles negociaciones de mala fe con un régimen estadounidense engañoso y decrépito», como el New York Times ha calificado las «negociaciones» con Irán — lo que sugiere que el «caos del acuerdo» no es un fallo puntual de Trump limitado a la cuestión de Irán, sino más bien un patrón constante de disfuncionalidad que se repite en prácticamente todas las iniciativas de «paz» de Trump.

Sin embargo, detrás de la decisión de Irán de suspender las conversaciones se esconde probablemente la claridad que va surgiendo gradualmente, filtrándose a través de las declaraciones y análisis israelíes y estadounidenses, de que el verdadero objetivo del ataque por sorpresa estadounidense-israelí del 28 de febrero nunca fue el cambio de régimen per se —con el fin de sustituir a los «radicales» iraníes por un líder más moderado al estilo de «Delcy Rodrigues»—; sino que pretendía, más bien, provocar la completa destrucción y fractura de Irán —una perspectiva que estaba destinada a cambiar los cálculos de Irán.

Esta perspectiva ha consolidado enormemente el apoyo público a la República Islámica y, al mismo tiempo, ha convertido la guerra en una lucha existencial por preservar los valores éticos de la Revolución. Desde esta perspectiva, Irán tiene poco que discutir con Trump, salvo algún futuro modus vivendi —en el momento en que Washington comprenda que se encuentra acorralado y que el nuevo realismo se imponga.

El tercer principio que sustenta esta nueva fase del conflicto es el enunciado por Irán desde el inicio de las conversaciones de Islamabad: «Alto el fuego para todos; o alto el fuego para nadie». Esto se volvió a subrayar en el último ultimátum de Irán a Trump: «Si se hubieran llevado a cabo las amenazas israelíes de la semana pasada de arrasar el barrio de Dahiyeh, en el sur de Beirut, Irán habría golpeado duramente el norte de Israel con sus misiles. “Era un alto el fuego para todos, o ningún alto el fuego”.

Trump optó por el alto el fuego y, tras su conversación con Netanyahu, anunció que estaba en vigor. Le dijo a Netanyahu que cancelara el bombardeo previsto sobre Dahiyeh, en el sur de Beirut. En Israel, una oleada masiva de indignación procedente de todos los sectores del espectro político arremetió contra Netanyahu ante la mera idea de frenar cualquier ataque israelí en el Líbano.

El ex primer ministro Naftali Bennett acusó a Netanyahu de «perder el control sobre la soberanía israelí». Y el ex primer ministro Yair Lapid afirmó que Israel se había visto reducido a un «Estado vasallo» tras la suspensión de los ataques.

Desde hace algunos meses, Estados Unidos e Israel han estado intentando que un sector de los líderes libaneses acepte la tarea de desarmar a Hezbolá, tal y como explicó Rubio, «para que Israel no tenga que hacerlo», algo que los líderes libaneses claramente no pueden hacer.

Israel carece de una estrategia coherente para el Líbano. El exalto cargo de la inteligencia militar israelí, Danny Citrinowicz, esboza un nuevo «logro iraní» estratégico:

Teherán ha logrado efectivamente vincular el frente libanés al ámbito más amplio de las relaciones entre Irán e Israel. Cualquier escalada en el Líbano se percibe ahora cada vez más a través del prisma de la dinámica entre Estados Unidos e Irán.

No obstante, observa:

La situación en el Líbano sigue siendo muy inestable. Israel y Hezbolá continúan interpretando los acuerdos actuales de formas fundamentalmente diferentes. [Mientras que] Israel sostiene que conserva libertad de acción en todo el Líbano, excepto en Beirut, Hezbolá [por su parte] insiste en que cualquier actividad militar israelí —cualquiera que sea— viola el marco del alto el fuego. Estas interpretaciones contrapuestas crean un potencial significativo para una renovada fricción y escalada sobre el terreno.

En Israel, la situación en las localidades del norte sigue siendo un punto neurálgico para casi todos los israelíes. Muchas localidades a lo largo de la frontera con el Líbano y hacia el sur, en Galilea, están medio vacías —«franjas enteras de territorio abandonadas por [el] Gobierno», escribe Ben Caspit. Los políticos locales afirman que «ellos también son israelíes» y que el Gobierno debe responder.

Es seguro que el Líbano seguirá siendo un punto de discordia. No se trata de si se producirá la próxima crisis, sino de cuándo. Israel no dejará que el asunto quede así: incluso los líderes de la oposición liberal exigen la destrucción de Hezbolá y protestan por el hecho de que Trump haya atado las manos de Netanyahu en el Líbano.

Irán tampoco dejará pasar el asunto. Los mediadores han informado a los estadounidenses de que Irán considera que el fin de la guerra en el Líbano, la retirada de las fuerzas israelíes y la retirada de Ormuz son condiciones vinculantes —antes de discutir otras cuestiones—.

Así pues, aquí estamos. Continúan las escaramuzas militares —en la práctica, una serie abreviada de ataques de las fuerzas estadounidenses contra el transporte marítimo iraní y la infraestructura del estrecho, surgidas del deseo de Trump de reafirmar su bloqueo naval ante la opinión pública estadounidense—. Esta situación es claramente inflamable, al igual que lo es el contexto libanés.

Irán está reconociendo de hecho la realidad de que, en esta nueva fase —con tantos puntos álgidos inherentes—, la escalada militar estadounidense probablemente se convertirá en algún momento en una necesidad política para satisfacer las necesidades de Trump y de sus financiadores judíos nacionales.

¿Y las negociaciones? No llegarán a ninguna parte mientras Israel y los donantes multimillonarios judíos de EE. UU. rechacen cualquier resultado con Irán que deje a este país intacto y más fuerte y —pari passu en este pensamiento binario— debilite en consecuencia el proyecto «Israel First» dentro de EE. UU. y de la región.

Un acuerdo que no vea a Irán irremediablemente debilitado será condenado por estas últimas fuerzas como una «negligencia traicionera» por parte de Trump. Será atacado sin piedad. Sin embargo, debe darse cuenta de que Irán está, de todos modos, a punto de liberarse de las ataduras de EE. UU.

Es probable que esta fase del conflicto iraní solo termine cuando Occidente caiga por el precipicio económico que se avecina…

Traducción: Observatorio de trabajador@s en lucha

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De la vida electoral colombiana al día después de… ¿Cómo se verán amigos y familiares?

De ganar el progresismo, es más fácil confiar en un paso de página, su discurso no ha sido de eliminación de la diferencia, ni autoritario.

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“Todas las guerras son malas, pero la guerra civil es la peor de todas, pues enfrenta al amigo con el amigo, al vecino con el vecino, al hermano contra el hermano.”

Frase popular durante la guerra civil estadounidense

“No, si la destrucción ha de ser nuestro destino, debemos ser sus autores y finalizadores. Como nación de hombres libres, viviremos para siempre o moriremos por suicidio.”

 — Abraham Lincoln

Desarrollo general de la contienda electoral

El 21 de junio es la segunda vuelta de las elecciones presidenciales colombianas 2026 – 2030. En un artículo anterior del día 19 de mayo, desarrollé como hipótesis un posible pacto o acuerdo entre Donald Trump y Gustavo Petro, de no interferencia del primero en las elecciones; hecho que se evidenció en el cese de improperios entre los dos presidentes desde febrero de 2026.

Ante la incredulidad de muchos frente a tal posibilidad, el propio presidente colombiano la confirmó al indicar que Trump había traicionado el acuerdo hecho en su visita de febrero. Hoy viernes 5 de junio, cuando escribo estas reflexiones, señala de nuevo la injerencia estadounidense aún más decididas luego de que Trump apoyara al candidato fascista Abelardo De La Espriella.

Claro está, el congresista republicano Bernardo Moreno, -o como le gusta ser nombrado tras obtener ciudadanía estadounidense, Berny Brown- proveniente de la élite cleptócrata colombiana ya estaba interfiriendo en las elecciones colombianas y fue al país andino en calidad de observador electoral señalando que los EE.UU. podrían no reconocer las elecciones si se ven anomalías, obviamente, en contra del que ellos quieren: De La Espriella. Ahora, el cubano – estadounidense secretario de Estado, Marco Rubio, -a quien quizá le agrada ser llamado ‘Marc Blond’- señala que vigilarán los comicios en Colombia y le quitarán la visa americana al que compre votos o haga fraude. Claro. En Colombia todos tienen cédula y pasaporte con visa americana. (guiño)

Varias cosas se suceden. Nada nuevo. Los tiempos electorales colombianos se ven salpicados de fraude, odio, intrigas, lenguaje vulgar, pasiones desbordadas, intromisión extranjera, no sólo estadounidense pues el presidente del Ecuador, con vínculos con el narcotráfico, Daniel Noboa, prometió en videollamada con De La Espriella retirar los aranceles puestos a mercancías colombianas. Esto fue una puesta en escena de tipo circense, pues la Comunidad Andina ya había ordenado el 21 de mayo como la fecha límite para el retiro de tales aranceles recíprocos de la mini guerra comercial de los dos países miembros. Es decir, Noboa prometió al colombiano lo que de facto debía hacer e hizo.

El fraude electoral con el algoritmo como señaló el presidente Petro, no logró verificarse (señalaba 885.000 personas inscritas extemporáneamente) y la recuperación de votos por parte del Pacto Histórico, partido del progresista Iván Cepeda, recuperó cerca de 23 mil votos; lo que no implica un hecho significativo ante los resultados finales: Iván Cepeda: 9.703.921 votos, Abelardo de la Espriella (ADLE): 10.366.143, quien también recuperó votos.

Así, en esta época electoral y desde la pre electoral colombiana, se exacerban, se crispan los nacionalismos, y los anti nacionalismos que piden invasiones o intervenciones extranjeras, piden mano dura, militar, letal, represión, austeridad, recortes a sectores populares y minorías o a segmentos propios del enfoque diferenciado como el femenino que es la mitad o más de la población mundial. en suma, sólo se piden políticas regresivas. Piden las masas populares la cárcel y la extradición de Petro al finalizar su mandato y tras ganar su candidato ultraderechista, ADLE.

El odio en Colombia se apalanca en una reedición de la lucha contra el comunismo que NUNCA ha vivido el país andino. Aunque esto también se ve en discursos internacionales en el propio EE.UU., lo que implica siempre un acento militarista, draconiano, totalitario, donde la gente, consciente o no, está dispuesta a privarse de derechos con tal de que el oponente político sea eliminado.

Las elecciones desde hace más de diez años en Latinoamérica, se votan en contra del que se odia y en tal método se puede elegir al diablo con tal de no ver ganar al oponente. Esto se ha comprobado en Argentina donde la gente con hambre celebra haberse opuesto al peronismo y al kirchnerismo, aunque Milei les recorte pensiones y servicios.

Para ADLE, el candidato progresista no es un contrincante político, ‘EL UNICO ENEMIGO ES CEPEDA’, señala a menudo. Al ganar la primera vuelta, fue igual de agresivo con la campaña del progresista y amenazó, señalando como siempre que actuará por la razón o por la fuerza. Y bueno, propone o imagina dar 30 días a los alcaldes municipales para acabar con la guerrilla y que demuestren resultados, lo que prevé la sombra del regreso de los asesinatos extrajudiciales llamados ‘falsos positivos’ (más de 8 mil). Rechaza el debate con Cepeda, porque dice que ‘no se sentará a hablar con enemigos’.

Estas demandas son propias de la ultra derecha que, en sus bases más humildes e iletradas, ignoran que apoyan el fascismo y son como corderos afilando el cuchillo de su pastor. Conozco a muchas personas maravillosas que se ven cegadas por el odio, por los clichés como Petro guerrillero, marica y borracho.

Pero omiten o desconocen que ADLE se ha declarado homosexual en más de una entrevista y lidera un partido anti diversidad, no sin antes transitar del ateísmo al ferviente amor y fe en Dios en plena campaña electoral; sin duda todo un milagro a favor del exterminio de la diferencia, mientras acumuló una fortuna de 40 mil millones de pesos en menos de 10 años en negocios con paramilitares, estafadores y narcotraficantes. Su lema de campaña: “firmes por la patria.”

Por su parte el progresismo afianza su discurso en ideas de paz, continuidad del proceso marcado por la administración Petro, promete hacerle un homenaje al final de su mandato. El lema de campaña, “Me la juego por la vida” o “Nos la jugamos por la vida”.

Reconoce errores en el desarrollo del programa Paz Total, el cual fue liderado por el propio Cepeda. Sobre este programa efectué un análisis en el artículo Colombia: todas las negociaciones con grupos al margen de la ley fracasarán mientras…

Reconocen que la corrupción se infiltró en la administración y que es una batalla a dar en la administración Cepeda, de darse.

La forma de expresarse Cepeda de la oposición y ADLE, es mediante críticas duras basadas en memoria histórica, los tilda de ultra derechistas, extrema derecha, fascistas o mafiosos. La adjetivación nunca ha desconocido que es un candidato, que es un opositor y no un enemigo a eliminar. Su campaña da continuidad de garantías a la derecha, como hasta ahora las han tenido durante la administración Petro. Sin embargo, sus bases sociales apelan a frases o adjetivos más duros, respecto a ADLE o Uribe, de lo cual no está exenta la base popular de ultraderecha, pero más en consonancia con la pobreza discursiva de su referente político, ADLE.

Cepeda llega como candidato tras derrotar en una consulta interna a Carolina Corcho, y por haber llevado a juicio y triunfado sobre el jefe paramilitar nunca demostrado, pero afirmado por sus lugartenientes, Álvaro Uribe Vélez; de cuyo hermano se acaba de ratificar sentencia de 28 años de prisión por crear un grupo criminal llamado Doce apóstoles, mediante el cual cometió asesinatos y paramilitarismo.

Su estilo es mesurado, firme pero carente a veces de ímpetu. Ha invitado o desafiado a ADLE a un debate público sin apuntes, pero como se vio, éste último no se expondrá a un debate. Su éxito se basa en el antecedente de lucha en el senado nacional y el juicio a Uribe, como señalé, así como en el acumulado de base social del progresismo y el petrismo.

Sin embargo, un público exigente e iletrado por obra del abandono estatal histórico, parido por décadas de violencia, en mi concepto necesita conectar con personajes pintorescos y agresivos como ADLE. No es que necesiten un tipo grosero y chabacano, ordinario como este cordobés, de tierras paramilitares que ha señalado desear ser como el paramilitar genocida Salvatore Mancuso. ADLE, señaló en entrevista para el pasquín Semana: “Mancuso es mi paisano y se echó a espaldas una lucha que debimos haber dado todos los cordobeses.”

Pero se necesita alguien de bríos tal vez tropicales como Petro, sucreño y costeño como ADLE. El reto de Cepeda y de sus jefes de campaña es cautivar, seducir al centro y confiar en la juventud que se ha volcado a apoyarlo sin esperar llamado alguno. El plan de gobierno, cercano a lo que se prospecta será su Plan Nacional de Desarrollo, consta de 433 páginas, lleva por lema, El poder de la verdad.

Este breve esbozo de algunos elementos y características de la contienda electoral tendrán como episodio final de tanto éxtasis, incertidumbre y odio acumulado, la definición presidencial el 21 de junio. El progresismo que no sólo ha sido gobierno sin poder por cuatro años, de perder, volverá a su lucha habitual de más de dos siglos con el sabor de haber experimento la gestión y la administración de lo público.

Si la ultra derecha pierde, entrará en un ciclo violento aún más peligroso en el contexto regional y ante un senado y cámara donde son minoría. Aunque si gana ha prometido llevar al caos y la violencia al país y esto no es amarillismo mío. Es el programa de gobierno de ADLE de tres páginas así como las múltiples intervenciones públicas del candidato.

Colombia: al menos desde 1920 en guerra civil

Aunque según la historiografía de la violencia, puede haber controversias y otras delimitaciones temporales, planteándose de 1920 al 1960 o de 1948 a 1958, según los hechos históricos que cada historiador propone englobar en tales recortes de tiempo, es importante reconocer que el país no ha tenido una paz significativa, que se redujera a anécdotas sobre delincuencia común o mafias y contrabando de todas las épocas.

El odio entre liberales y conservadores, la agresividad imperante en estos últimos, emparentados con el fascismo desde el grupo Legión Organizada para la Restauración del Orden Social o ‘Leopardos’, formado hacia 1920, ya introducía el germen autoritario venido de la vieja Europa.

El asedio tuvo como corolario el asesinato del liberal Jorge Eliécer Gaitán, en abril de 1948 y fue la inflexión histórica para la creación de grupos de autodefensa liberal campesina que luego pasaron a configurar guerrillas con iniciativas de toma del poder.

De ello devino la violencia estatal protectora del interés privado terrateniente y empresarial que debió organizarse no sólo mediante un ejército profesional sino una mano negra capaz de ejecutar todo aquello que no es permitido por los convenios internacionales.

Así, los pájaros, al inicio, luego el F2, el Departamento Administrativo de Seguridad DAS y finalmente los bloques paramilitares fueron configurando este grupo anti subversivo, anti estudiantil, anti intelectualidad y anti sindical, que se apalancaba de la mano del enemigo interno, el anti comunismo, el Plan Laso, Plan Cóndor, los informes Rockefeller, el Estatuto de Seguridad del Presidente Turbay en 1978 y aunque otros presidentes no fueron santos como Virgilio Barco, la ‘seguridad democrática’ de Álvaro Uribe Vélez marcó la historia reciente y disparó la violencia, las masacres y el desplazamiento interno a más de siete millones de colombianos.

La droga, marihuana y coca, personajes como Pablo Escobar, sus luchas y negocios con la DEA, las guerrillas colombianas y la institucionalidad que no lograba controlar el poder del narcotráfico han marcado parte de la historia colombiana.

Es la época de los 90’s, donde las guerrillas pierden sentido, se desgastan por su obrar interno errático de guerra prolongada, con insuficiente o nula proyección comunitaria o socialista, cayendo en el narcotráfico, con la excusa de pagar una guerra moderna más cara, pero confinados a un negocio que le mató desde adentro y acrecentó el hastío de la sociedad colombiana.

De ello ha devenido el diálogo de sordos. Si alguien dice tener ideas de izquierda, se le señala de guerrillero, de comunista terrorista, de vándalo o bandido. Si alguien es de derecha es paramilitar o paraco. En Colombia, esta guerra civil está viva y cuando se olvida se recicla para fomentar los sectarismos. El fantasma de la polarización está implícito, no solo en el sentido de pobres y ricos sino de liberales y conservadores, izquierda – derecha, paramilitares – guerrilleros, gente de bien – vándalos. Claro, esto así visto es simplista, hay matices, pero la animadversión sólo ve opuestos nítidos.

Dentro de las élites regionales esto se aprecia. Salvatore Mancuso, líder paramilitar condenado y quien ha confesado crímenes del paramilitarismo ante organismos estatales de EE.UU. y Colombia, es de la élite del departamento de Córdoba, al igual que Juvenal Ovidio Ricardo Palmera Pineda, alias Simón Trinidad, jefe guerrillero de las FARC que paga condena en EE.UU. es de la élite de Valledupar, departamento de Cesar. Hasta donde sé, se conocieron, fueron amigos antes de sus respectivos rumbos ideológicos.

En los barrios populares bogotanos, como el Policarpa, hay hombres que son amigos de infancia y ‘bloquean’ o integran un bloque paramilitar o ‘frentean’ y hacen parte de algún frente guerrillero. Se toman sus tragos, comparten, pero en sus roles militares pueden pactar o pelear.

Paradójicamente, como demostró el propio ADLE líneas atrás, ser paramilitar es una opción, un orgullo o una necesidad. También, el ministro de hacienda, Germán Ávila, respondió al gerente del Banco de la República que se sentía orgulloso de su militancia guerrillera en el M-19, grupo que hizo la paz y fue artífice de la Constitución de 1991.

En medio de este universo, que apenas describo de manera sucinta, el de una guerra civil permanente, los colombianos intentan ponerse al día con las tendencias políticas extranjeras como los gobiernos de Milei, Noboa, Bukele, Sheinbaum o Trump y a integrar a su cotidianidad las nuevas formas de entender la singularidad, el género y lo generacional, las violencias globales, sean el narcotráfico, la migración venezolana, particularmente, la trata de personas, de órganos, la exportación de combatientes para el mercenarismo en los conflictos ucraniano, africano o mexicano y demás.

Todo esto articulado bajo una sola y tóxica ‘pedagogía’: la difusión de información y adoctrinamiento de los medios de comunicación propiedad de grandes consorcios internacionales, como por ejemplo lo es el grupo empresarial ultraderechista, Prissa de España, dueño en México, Chile y Colombia del espacio radial llamado W Radio, en cada país. Por si fuera poco, el mismo grupo hace los libros de texto de ciencias sociales y educación primaria y secundaria para Iberoamérica con la editorial Santillana.

Así, solo una guerra civil, sin memoria, pero con el dolor, la paranoia y el odio como premisas puede enmascararse tras el debate más superfluo: ponerse o no una camiseta de una selección de fútbol arribista y que niega su origen humilde en varios de esos jugadores, como James Rodríguez que no saludó a la hija del presidente -una niña que juega fútbol- en la despedida para el mundial o las manifestaciones de Luis Díaz y otros abiertamente uribistas.

Es increíble que la forma más excelsa de nacionalismo sea robar o no dejarse robar una camiseta, pero ello es expresión de la banalidad discursiva del colombiano hecho a pulso de la violencia en la cual el Estado ha invertido históricamente más que en educación y en ésta, ha ELIMINADO el estudio de la historia.

Pero, ¿Cómo quedarán los ciudadanos de a pie tras despertar de la borrachera del insulto?

El día después de…  ¿Cómo se verán amigos y familiares?

Cuando alguien de la familia o amigo le va a un equipo de fútbol, e incluso a un partido político, puede haber acaloramientos y subsanarlos. Pero, cuando uno de los partidos promete aniquilar al diferente, cuando ve en el otro partido no a un adversario ideológico sino un enemigo, no ve estudiantes de universidad pública sino vándalos o vagos, ¿acaso estos familiares y amigos no comprenden que a mediano plazo pueden ser apartados de sus seres queridos? ¿Qué pueden ser despojados de derechos?

Durante la creación y afianzamiento de los regímenes totalitarios todos los ciudadanos trabajan para el Estado. Por lo cual, deben denunciar a amigos o familiares por el bien del Estado. Ello lo retrató de manera pasmosa George Orwell en su película 1984.

Piensan acaso que sólo será una resaca electoral para quien pierda, que vendrá el perdón a la agresión, que todo seguirá ahora normal, que se restauró la democracia o se logrará una venganza o justicia sólo a otros comunistas, progresistas, pero NO a los hermanos, familia o amigos de tales tendencias.

Ignoran que las retaliaciones pueden desatarse, como ocurrió con la administración Uribe, que su familiar o amigo puede perder su puesto por su tendencia ideológica o ser puesto preso o asesinado.

De ganar el progresismo, es más fácil confiar en un paso de página, su discurso no ha sido de eliminación de la diferencia, ni autoritario.

Mirarán progres y ultraderechistas en familia los partidos del mundial y celebrarán el triunfo o la derrota. Verán que la camiseta les pertenece a ambos, como la guerra civil que viven hace más de cien años, mucho antes de tener una selección de fútbol en un mundial.

Discutirán sobre las fallas técnicas, el arbitraje, las opciones perdidas o las grandes jugadas y aplazarán una vez más la discusión fundamental: la guerra civil, la animadversión y el odio que les han sembrado.

Todo se sabrá, poco a poco, tras la resaca electoral.

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