Exames: estudar mais ou aprender melhor?




Lustros de postergación de la educación pública han acabado por estallar, convirtiendo el final de curso en el más convulso que se recuerda en años. La Comunidad Valenciana entró ayer en su quinta semana de huelga indefinida del profesorado, que afecta a 629.470 estudiantes de la enseñanza pública, con la Generalitat intentando llegar a un acuerdo con los sindicatos tras haber utilizado hasta ahora una táctica dilatoria en la negociación que ha llevado al sistema al límite. En Cataluña, el Govern sí alcanzó un pacto con los sindicatos, pero los docentes lo rechazaron en votación al considerarlo insuficiente, lo que ha creado una situación de gran incertidumbre mientras el territorio se dispone a comenzar, este martes, la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU). Y en Madrid, los sindicatos han anunciado huelgas para el inicio de curso, además de la huelga que desde abril protagonizan las profesoras de Infantil hasta tres años. En esas tres comunidades autónomas trabajan casi cuatro de cada diez docentes de la red pública.

Guillermo M. (de Salamanca, 23 años) consume con cierta frecuencia bebidas energéticas desde los 15. En su adolescencia tomaba más que ahora. “Cuando estaba con los exámenes finales de la ESO bebía, mínimo, dos latas al día”, relata. Lo que no sabía entonces es que estaba ingiriendo el equivalente en cafeína a cuatro expresos de una tacada. El caso de Guillermo no es excepcional: el 44% de los chicos de 15 años han tomado alguna de estas bebidas en el último mes. Su consumo puede producir taquicardias, obesidad, déficit de atención, alteraciones del sueño, mayor irritabilidad y se asocia con otros malos hábitos, como el vapeo. La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) ha analizado 123 variedades comercializadas en España de este producto y las ha puntuado valorando sus ingredientes, su valor nutricional y la transparencia de su etiquetado: solo tres aprueban, y por los pelos.

Los directivos de TikTok decidieron no desactivar las notificaciones durante horario escolar, desoyendo las recomendaciones de su propio equipo de seguridad, y pagaron millones de dólares a asociaciones de padres y profesores para que hablaran bien en los centros de las redes sociales. Snapchat mandaba alertas a los adolescentes mientras estaban en clase para que compartieran lo que estaba pasando en el aula. Los ejecutivos de Google sabían que YouTube recomendaba vídeos a los estudiantes durante la jornada lectiva que nada tenían que ver con sus clases. Meta pagaba a “embajadores adolescentes” para que promocionaran Instagram y repartieran regalos entre sus amigos del colegio.

© JUAN BARBOSA