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Las plantas llegan por fin a la Puerta del Sol, pero solo en una parada de metro y para promocionar una cerveza

Un vergel. O la entrada a una selva. O un oasis en medio del desierto (de granito). Plantas de distintos tamaños y texturas han aparecido en una esquina de la Puerta del Sol. Verdísimas, resaltan en un espacio por lo demás gris. Una plancha caliente que cada verano es objeto de críticas por la falta de sombra ―a excepción de los polémicos toldos blancos― y espacios verdes que le den más aspecto de plaza y la conviertan en un lugar por el que pasear sin achicharrarse. Pero no, la vegetación no ha llegado al kilómetro cero de la capital para quedarse. Las plantas se han colocado en la parada de metro de Sol como parte de una promoción de la cerveza Corona, para sorpresa de los madrileños que llevan años reclamando arbolado en la zona.

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Promoción de una empresa de cerveza en una de las paradas de metro de la Puerta del Sol.
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Alcalá de Henares se queda sin su mural cervantino por decisión del ayuntamiento: “Lo estaban dejando deteriorar a propósito”

Miguel Rep frente al mural cervantino de Alcalá de Henares, en 2011. Actualmente, ya no existe.

Hasta hace unos días, Alcalá de Henares y Azul, una ciudad argentina a casi 10.500 kilómetros de distancia, eran localidades hermanas cuya unión se consumaba en dos pinturas murales a un lado y otro del océano. El dibujante y caricaturista argentino Miguel Rep fue el responsable de materializar el vínculo entre estas dos tierras lejanas que se habían acercado, por casualidad, a través de la figura de Miguel de Cervantes: la primera vio nacer al escritor y en la segunda se conserva una de las colecciones de ejemplares de El Quijote más importantes de América y la más grande de Argentina. En julio de 2011 se inauguró el primero de los murales, el de Alcalá, que Rep pintó durante semanas bajo el sol del verano en la pared lateral de la Casa Tapón y pocos meses después, en noviembre, hizo lo mismo bajo el cielo encapotado de la primavera argentina. Mientras el de Azul se conserva, el de Alcalá ya no existe por decisión del ayuntamiento.

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Una escuela pública infantil del centro de Madrid lleva desde enero con una plaga de cucarachas: pidió ayuda a la Comunidad sin éxito

Una, dos, tres, decenas. Las cucarachas aparecieron en la escuela infantil de Vallehermoso, en el distrito de Chamberí, a finales de enero. Al principio eran pocas, luego ya no. En las encimeras de la cocina, en los baños, por las esquinas. Los trabajadores del centro público, que depende de la Comunidad de Madrid, llenan recogedores enteros con los insectos y, de unos meses a esta parte, debido al aumento de temperatura, la “plaga” ha ido a más, ha adelantado Cadena SER y confirmado este periódico. En abril enviaron un escrito al área territorial de la Consejería de Educación que les corresponde ―hay cinco en la capital y gestionan los servicios educativos por zonas― solicitando una inspección urgente y medidas preventivas. Les respondieron que entendían la inquietud, pero que no correspondía a las familias elevar quejas a la Administración. Debían hacerlo a través de la dirección, que ya se había puesto en contacto con la Consejería un mes antes ―y ha seguido haciéndolo, sin éxito― para que enviaran personal técnico a inspeccionar las instalaciones.

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Fotos de las cucarachas en la escuela infantil Vallehermoso de Chamberí cedidas por las familias.
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“La huelga ya me ha costado 3.800 euros”: los paros educativos pasan factura a profesores, alumnos y familias

Los profesores de secundaria Tàfol Nebot y Vicenta Pellicer, este miércoles en Castellón.

Vicenta Pellicer, de 60 años, profesora de Valenciano en un instituto público de Castellón, ha perdido 3.600 euros con la huelga indefinida que empezó el 11 de mayo y ha quedado suspendida este miércoles. Pellicer tenía previsto reformar el baño de su casa y cambiar el ordenador, pero ha aplazado ambos gastos y planea, además, unas vacaciones austeras. “Es una cantidad muy grande”, dice, “y evidentemente afecta a mis planes a corto y medio plazo”. El impacto en el hogar de Ismene Baños, maestra de Primaria en Mislata (Valencia), de 39 años, será mayor. Su pareja también es docente, han hecho 22 días de huelga, y calculan que la factura se acercará a los 7.000 euros. “Tenemos una reducción de jornada para cuidar de nuestra hija de año y medio, pero el curso que viene estamos pensando en renunciar a ella”, afirma. Y Cristina Arroyo, educadora infantil en una escuela del barrio de Aluche, en Madrid, acumula 28 jornadas de huelga desde abril, lo que reducirá, calcula, a casi la mitad su exiguo sueldo de 1.300 euros, y le ha obligado a volver a vivir a casa de sus padres a sus 40 años. “Si normalmente me cuesta llegar a fin de mes, imagina ahora”.

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Protesta de profesores en Valencia, este jueves.
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