Os corais têm um relógio hormonal semelhante ao nosso para se reproduzirem

El alzhéimer ha sido, durante décadas, una batalla perdida. Una enfermedad neurodegenerativa intratable, que borra la memoria y desvanece la esencia irremediablemente, donde poco o nada se podía hacer más que terapia paliativa para acompañar el aciago pronóstico. Sin embargo, en los últimos tiempos, hay una revolución científica en marcha que está cambiando ese funesto panorama: ya ha llegado la primera generación de fármacos que logra ralentizar el deterioro cognitivo, se están ensayando nuevas moléculas más potentes y también se ha abierto el campo a escenarios hasta ahora impensables, como la cirugía. En esta línea, un ensayo clínico del Hospital Germans Trias i Pujol de Badalona ha traído a Occidente una técnica experimental para tratar de frenar en el quirófano el deterioro cognitivo.



En Cerdeña hacen un queso de sabor fuerte, picante y de olor aún más fuerte. Se llama casu marzu (en la vecina Córcega se lo conoce como casgiu merzu) Lo de casu/casgiu es fácil de traducir, queso. Lo de marzu/merzu no tanto. En sardo y corso significa podrido. Ambos se hacen con queso de cabra u oveja. En el caso del primero, se parte del pecorino. Para pudrirlo, lo abren cuando aún no está del todo curado e introducen larvas de Piophila casei, una mosca; la llaman la del queso. Es una de las contadas excepciones a la aversión que tienen los europeos al consumo de insectos. Ahora, un estudio del sarro dental de sapiens, neandertales y grandes simios apunta a que los primeros no los comen en Europa porque nunca lo hicieron. Los autores del trabajo, publicado en Science Advances, apuntan a que esta repulsión no es cultural, sino biológica.

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