La pregunta de cada junio
He tenido que escuchar la pregunta que se repite cada junio: “Si las personas LGTBI quieren ser iguales, ¿por qué celebran el Orgullo? ¿Y por qué con dinero público?”. Quien se atreve a plantearla parece olvidar que los derechos de los que hoy disfruta no surgieron espontáneamente, sino gracias a quienes se atrevieron a reivindicarlos. Quienes consideran innecesario el Orgullo suelen hacerlo porque nunca han tenido que ocultar a quien amaban, temer una agresión o soportar el rechazo por ser quienes son. El Orgullo no celebra una diferencia, sino la libertad de vivirla sin miedo. Y mientras siga habiendo insultos, agresiones o jóvenes que crecen sintiéndose señalados seguirá siendo necesario. Quizá cuando nadie cuestione esa libertad, el Orgullo deje de hacer falta. Pero mientras siga siendo cuestionada, seguirá teniendo sentido. El problema nunca ha sido que exista el Orgullo; el problema es que todavía existan razones para celebrarlo. Y que cada junio vuelva a formularse la misma pregunta es una de ellas.

© Núria Morchón (EFE)




