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El misterio de por qué casi siempre nos giramos hacia la izquierda: “Es algo inherente al ser humano”

Durante la pandemia, un equipo de físicos de la Universidad de Navarra aprovechó para investigar cómo nos comportamos en la fila manteniendo la distancia de seguridad: si el de delante se movía, si toda ella aceleraba, si alguien se iba... Pero por casualidad, descubrieron algo distinto que los dejó desconcertados: cuando cambiaban de dirección, la mayoría de las personas se giraban hacia la izquierda, en sentido contrario a las agujas del reloj. Intrigados, repitieron el experimento con adultos, adolescentes y niños, en España y en Japón. Y dio igual la cultura, la edad, si eran zurdos o diestros: tendían a ir hacia la izquierda. Los investigadores desconocen la causa de este comportamiento antihorario, pero creen que se encuentra en lo más profundo del ser humano.

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© epv

En la foto, personas caminando en Japón. En el vídeo, experimentos con adolescentes en el patio de un colegio de Pamplona. En azul, los que giran a la izquierda, y en rojo, a la derecha.
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Ana Conseglieri: “La psiquiatría siempre ha tenido un componente enorme de control del orden social”

Ana Conseglieri (Jaén, 48 años) es jefa de Sección de Psiquiatría del Hospital Universitario Infanta Cristina de Parla, y presidenta de la Asociación Española de Neuropsiquiatría (AEN). Llega a la entrevista después de una mañana en consulta y con un discurso que hilvana mientras bebe un café americano. Autora de varios libros sobre la historia de la psiquiatría en el franquismo, asegura: “La atención que ejercemos en la salud mental es el resultado de la justicia social que tiene nuestra sociedad y nuestro país. Y las instituciones necesitan entender que debemos rescatar la memoria de nuestro país, los silencios y todas las experiencias traumáticas para poder abordar un futuro”.

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© JUAN BARBOSA

Ana Conseglieri, en Madrid, el 19 de mayo.
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PSSD, cuando se deja de tomar antidepresivos pero la atracción y la libido no regresan

“Anestesia genital, ausencia total de deseo, libido aniquilada, anorgasmia, en lo físico, y en el plano emocional-social, la erradicación de cualquier atisbo de atracción, fantasía erótica o romanticismo”. Así describe Carmen Hernández, de 45 años, los síntomas que padece desde que dejó de tomar antidepresivos hace ahora 11 años. Y lo define como una “condena neurológica permanente”: “Nos recetaron la medicación porque buscábamos alivio y nos dejaron incapaces de sentir, de amar, de disfrutar, de desear”. Hernández es una afectada de PSSD, siglas en inglés de síndrome de disfunción sexual persistente postinhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina.

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© fizkes (Getty Images)

El PSSD no solo afecta a la respuesta sexual, también se puede perder la capacidad de sentir emociones en general.
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Cuidado com o toliamor. Eis 4 formas pelas quais sabota relações

O problema não está necessariamente na não monogamia, mas na desigualdade emocional que surge quando uma das partes aceita algo (sem saber) que contraria os seus desejos, valores ou limites. Cada vez mais jovens adultos vivem relações em “zonas cinzentas”, em que a exclusividade é muitas vezes presumida, mas raramente discutida de forma clara. A tendência foi confirmada recentemente, num novo inquérito da ClarityCheck, realizado junto de 3890 adultos entre os 18 e os 35 anos, citado pela Vice. E é associada ao conceito de “toliamor” — um termo usado para descrever relações em que há um desencontro entre aquilo

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Exames: estudar mais ou aprender melhor?

Chegam os exames do secundário e, com eles, os miúdos que deixam de dormir, deixam de comer e choram por tudo e por nada. A palavra de ordem é "estuda mais!”. Raramente "aprende melhor"

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Exames: estudar mais ou aprender melhor?

Chegam os exames do secundário e, com eles, os miúdos que deixam de dormir, deixam de comer e choram por tudo e por nada. A palavra de ordem é "estuda mais!”. Raramente "aprende melhor"

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Begoña del Campo, psicóloga: "No es que el cerebro no pueda descansar de los estímulos, es que ha desaprendido cómo hacerlo"

La ansiedad es uno de los trastornos más comunes en España y una sociedad repleta de estímulos no está ayudando a gestionarla. Y, esto, para la psicóloga Begoña del Campo, es el verdadero problema, pues es, entre otros motivos, el motivo por el que el mecanismo de la ansiedad ha dejado de ser adaptativo para mantenerse activado de forma constante. "El estilo de vida actual favorece precisamente eso: vivimos en un entorno de estimulación continua, donde la atención está fragmentada, la comparación es constante y la sensación de urgencia se ha normalizado", explica a 20bien.

El acceso a la información, la navegación a través de las redes sociales, trabajos cada vez más exigentes y la rutina del día a día están provocando lo que la experta denomina 'ansiedad silenciosa', un trastorno que encuentra en la salud mental de las personas un lugar en el que pasar desapercibida, pero provocando signos de alerta y vigilancia constante que se traducen en síntomas, entre los que se cuela la sensación de ausencia de descanso y de agotamiento mental.

¿Estamos forzando al cerebro a funcionar en un modo para el que no está diseñado?

"El volumen de estímulos es alto", advierte la psicóloga, sin embargo, explica que el cerebro se adapta. En este sentido, el problema ya no solo es la hiperestimulación sino la combinación de estos dos factores. "Cuando el cerebro se expone de forma constante a la hiperestimulación, aprende ese estado como referencia, se recalibra, y lo que antes era un nivel alto de activación pasa a ser lo normal; en ese punto, cuando intentas parar, aparece incomodidad, como si el silencio generara inquietud, como si faltara algo. No es que el cerebro no pueda descansar, es que ha desaprendido cómo hacerlo", cuenta a 20bien.

Siguiendo este contexto, la pregunta para la experta era casi una oblación. ¿Estamos forzando al cerebro a funcionar en un modo para el que no está diseñado? Su respuesta ha sido un rotundo "sí". La experta explica que el cerebro humano necesita ciclos, como la activación y la recuperación o la atención y la desconexión, pues solo así significa que está funcionando de forma eficiente.

Sin embargo, "hoy vivimos en una activación sostenida, sin pausas reales, donde incluso los momentos que llamamos descanso están llenos de estímulos; esto tiene consecuencias claras: disminuye la capacidad de concentración, aumenta la irritabilidad y aparece una sensación constante de saturación", añade.

Esto explicaría así aquella sensación de muchas personas que dicen no descansar incluso cuando paran. Para la psicóloga ese es el momento en el que se toma consciencia de que se vive en un plano de activación sostenido y por tanto, de pérdida de concentración, lo que provoca que se salte de estímulo a estímulo, sin conseguir reducir la activación del sistema nervioso. En este sentido, "no es que el cerebro falle, es que lo estamos utilizando fuera de sus condiciones óptimas", alerta la psicóloga.

¿Y cómo se frena este exceso de activación?

Cambiar aquello que el cerebro ha aprendido o a lo que se ha adaptado no es fácil ni se consigue con un solo gesto puntual, advierte Begoña del Campo. Sin embargo, la experta asegura a 20bien que, aunque "no hay un tiempo exacto porque depende del nivel de cronificación, sí hay una condición clara: necesita experiencias repetidas de calma para recalibrarse". Toca por tanto cambiar el cerebro por repetición.

En este sentido, la neuropsicología de la que especialista Del Campo, recomienda estrategias con eficacia como el entrenamiento cerebral "reduciendo estímulos de forma consciente, entrenando la atención a través de prácticas como la respiración o la meditación y trabajando los patrones automáticos de pensamiento", nos cuenta. La experta explica que la reprogramación del cerebro es posible, ya que tiene la capacidad de interpretar lo que ocurre y esto, por tanto, es algo que se puede entrenar. "Podemos ensayar nuevas formas de pensar, de sentir y de reaccionar, y eso modifica la experiencia que tenemos de la realidad", concluye.

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El mapa genético de la ansiedad: un estudio revela su arquitectura biológica y su relación con la salud mental y física

Un estudio a gran escala, basado en los datos genéticos de casi 700.000 personas de ascendencia europea, ha hallado el mayor número de asociaciones genéticas relacionadas con la ansiedad identificadas hasta la fecha, lo que ha arrojado luz sobre los mecanismos biológicos subyacentes a este trastorno. Los resultados de este estudio internacional, codirigido por investigadores del King’s College de Londres y el instituto de investigación médica QIMR Berghofer, se han publicado este martes en la revista Nature Human Behaviour.

Tradicionalmente, la investigación clínica ha clasificado a los pacientes según su diagnóstico, los que lo tienen y lo que no. Pero este estudio supone un avance disruptivo porque presenta a la ansiedad no como un estado fijo, sino como un espectro que va desde la respuesta natural del organismo al estrés diario hasta los trastornos crónicos y debilitantes.

Los autores explican que aunque los trastornos de ansiedad están aumentando drásticamente a nivel global y son una de las afecciones de salud mental más prevalentes del mundo, el estudio de las bases genéticas de la ansiedad ha permanecido históricamente rezagado frente a otros trastornos psiquiátricos, como la esquizofrenia o el trastorno bipolar.

Un estudio genético de casi 700.000 personas

La investigación se diseñó como un estudio de asociación de genoma completo (GWAS, por sus siglas en inglés), una técnica que analiza el ADN de muchas personas —en este caso, 693.869— para identificar qué diferencias genéticas surgen con mas frecuencia en los que sufren síntomas de ansiedad severos.

Así, identificaron 74 ubicaciones en el genoma donde las diferencias genéticas estaban vinculadas a los síntomas de la ansiedad. Alrededor de la mitad de estas ya habían sido reportadas en GWAS de ansiedad anteriores, pero el resto (39 de los loci) eran novedosos.

Además, el estudio aporta evidencia sólida del papel de genes específicos de la ansiedad, como PCLO y SORCS3. Los análisis mostraron que muchos de los genes implicados son particularmente activos en el tejido cerebral y participan en la forma en que las células nerviosas se comunican entre sí.

Pese a la relevancia de estos hallazgos, los investigadores creen que las variantes genéticas comunes analizadas solo explican aproximadamente el 6% de las diferencias en la gravedad de la ansiedad entre las personas.

Los autores subrayan que este porcentaje demuestra que un amplio margen depende de factores externos, como las influencias ambientales, las interacciones directas entre los genes y el entorno, y otros efectos genéticos aún no detectados de manera estadística.

Experiencia de vida

El estudio afirma que una predisposición genética elevada no dicta de forma inevitable el destino de una persona sino que el riesgo individual depende de una compleja interacción entre la biología, las experiencias de vida, los contextos sociales y los factores psicológicos.

Así, una persona con un perfil genético de alto riesgo podría no desarrollar jamás un trastorno de ansiedad si vive en un entorno favorable, mientras que alguien con bajo riesgo genético podría desarrollarlo frente a situaciones de estrés severo o traumas.

Además, que las tasas de ansiedad estén aumentando de forma acelerada en las últimas generaciones muestra que los factores ambientales y sociales están jugando un papel determinante y que las estrategias de salud pública para reducir la incidencia de la ansiedad deben centrarse en modificar y abordar dichos factores del entorno.

No obstante, descifrar el riesgo genético individual es esencial para identificar a quienes son más sensibles a las presiones externas y facilitar el diseño de tratamientos personalizados y enfoques preventivos más eficaces.

Salud física

Por último, el estudio encontró una amplia gama de correlaciones genéticas significativas de la ansiedad con afecciones de salud mental como física, incluyendo la depresión, el síndrome del intestino irritable, el dolor crónico, la enfermedad de las arterias coronarias, la endometriosis y la migraña.

Estas correlaciones resaltan la interconexión entre la salud mental y la física. Es importante destacar que, si bien algunas variantes genéticas compartidas pueden aumentar el riesgo tanto de una afección de salud física como de síntomas de ansiedad más graves, también es cierto que vivir con dolor o enfermedades crónicas puede contribuir a los síntomas de ansiedad", apunta Brittany Mitchell, del QIMR Berghofer y coprimera autora del estudio.

"Nuestros hallazgos no revelan una causalidad ni la dirección del efecto, pero sí plantean preguntas importantes para futuras investigaciones", concluye la investigadora.

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¿Son posibles los cuernos en una relación abierta?

“Sé discreto y no seas descarado. Tenía que ser con desconocidos”, canta Lily Allen en Madeleine, una canción en la que expresa en clave musical que la relación abierta que tenía con David Harbour se vio truncada cuando las normas que tenían pactadas fueron ignoradas por el actor. El disco West End Girl se ha convertido en una autopsia de la separación de la pareja escrita sobre un pentagrama, y aunque muchos han aplaudido a la cantante por convertir sus canciones en una venganza pública, otros se han preguntado por qué habla de cuernos cuando tenían una relación abierta.

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© JUSTIN TALLIS (AFP/Getty Images)

La cantante Lily Allen y su exmarido David Harbour.
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Pensamiento mágico, extraterrestres y el mismísimo diablo: por qué regresa la espiritualidad

No más dioses, no más duendes, no más magia. El comienzo de la modernidad ilustrada implicó el desbancamiento de las ideas religiosas, las supersticiones o cualquier creencia sobrenatural: la razón, guiando al conocimiento científico, llevaría a la civilización al progreso. Max Weber llamó a este proceso desencantamiento del mundo. La máquina de vapor aplastaba a los profetas y a los trasgos.

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Actuación durante el encuentro 'LLAMADOS. Unidos hacia 2033', en el Movistar Arena, el 12 de enero de 2026 en Madrid, España.Seminario de meditación cristiana en Madrid, donde numerosos jóvenes se reúnen con el sacerdote Pablo D'Ors, el 16 de noviembre de 2025 .

© Parveen Kumar (Hindustan Times / via Getty Images)

Practicantes de yoga en torno al 12º Día Internacional del Yoga el 1 de junio de 2026 en Gurugram, India.
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Autoexigencia impide a los hombres buscar ayuda psicológica

Ginebra, 8 jun (Prensa Latina) La autoexigencia de fortaleza, la represión emocional y las normas de género asociadas a la masculinidad hegemónica constituyen hoy obstáculos en la vida de los hombres cuando se trata de pedir ayuda psicológica.

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Ni crucigramas ni sudokus: descubren un sencillo hábito que reconfigura tu mente

Muchas personas recurren a sudoku y crucigramas para mantener la mente activa y preservar la salud cerebral, pero investigaciones recientes apuntan a que existe un hábito mucho más sencillo y accesible para cualquier persona: prestar atención a la respiración. Lejos de ser una función automática sin importancia, respirar de forma consciente puede influir directamente en la actividad cerebral, las emociones y la capacidad de concentración.

Gran parte de estos descubrimientos están relacionados con los trabajos del neurocientífico Jack L. Feldman, profesor de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA). Feldman es considerado una de las máximas autoridades mundiales en el estudio de la respiración y fue quien identificó una pequeña región del tronco cerebral denominada complejo preBötzinger. Esta estructura actúa como el principal generador del ritmo respiratorio en los mamíferos y resulta esencial para que podamos respirar de manera continua durante toda la vida.

Las investigaciones de Feldman demostraron que la respiración no solo garantiza el suministro de oxígeno al organismo; también está estrechamente conectada con regiones cerebrales relacionadas con la atención, la memoria, las emociones y la cognición. De hecho, determinados grupos de neuronas implicados en el control respiratorio envían señales a áreas superiores del cerebro, lo que ayuda a explicar por qué los cambios en el patrón de respiración pueden modificar nuestro estado mental.

El poder de ralentizar la respiración

Uno de los hallazgos más interesantes es que la respiración consciente parece actuar como una especie de puente entre el cuerpo y la mente. Cuando una persona ralentiza voluntariamente su respiración y presta atención al aire que entra y sale de los pulmones, se produce una regulación de la actividad neuronal que favorece estados de calma y concentración. Según Feldman, esta conexión podría explicar los efectos positivos que técnicas como el yoga o ciertas formas de meditación tienen sobre el bienestar psicológico y el rendimiento cognitivo.

Además, estudios realizados en UCLA han revelado que cada respiración es el resultado de una compleja coordinación entre miles de neuronas. Lejos de funcionar como un mecanismo rígido y repetitivo, el cerebro genera cada respiración mediante patrones neuronales que cambian constantemente, aunque mantengan un ritmo estable. Esta capacidad de reorganización continua refleja la enorme flexibilidad de los circuitos cerebrales y ayuda a comprender por qué la respiración puede influir de manera tan profunda en nuestros procesos mentales.

Una actividad gratis donde y cuando quieras

La importancia de este descubrimiento radica en que ofrece una herramienta sencilla para mejorar el funcionamiento cerebral. A diferencia de otras actividades que requieren tiempo, preparación o habilidades específicas, respirar conscientemente puede practicarse en cualquier momento y lugar. Bastan unos minutos al día de atención plena a la respiración para activar mecanismos neuronales relacionados con la regulación emocional y la concentración.

Los avances de la neurociencia muestran que la respiración es mucho más que una función automática destinada a mantenernos vivos. Gracias a los trabajos de Jack L. Feldman y otros investigadores, hoy sabemos que constituye una poderosa vía de comunicación entre el cerebro y el cuerpo. Por ello, dedicar unos minutos diarios a respirar de forma consciente puede convertirse en una herramienta eficaz para mejorar la atención, reducir el estrés y favorecer un mejor equilibrio mental, sin necesidad de recurrir a complejos ejercicios cognitivos.

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Ann Cvetkovich, la activista que convirtió la depresión en acción política

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“Todo irá bien”, proclamaban antes las películas. Pero no. En la calle vemos alguna cara sonriente y muchos semblantes serios o tristes, bregando como pueden con el mundo exterior. A todos ellos hay que sumarles los que no vemos, los invisibles rostros de interior de personas recluidas en sus casas, vencidas.

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Da vittime ad aguzzini: un’analisi psicologica del caso Israele

La “coazione a ripetere” secondo la psicoanalisi è la tendenza dell’individuo a risperimentare, ripetendo diverse volte la situazione, un evento traumatico anche quando questo modo di comportarsi provoca sofferenza. Per noi psicoterapeuti è sempre drammatico dover constatare che, ad esempio, chi ha subito violenza da piccolo tenda a esercitare episodi violenti verso i bambini. A livello razionale pare assurdo che chi ha sofferto per un certo comportamento o subito un evento violento lo riproponga. Non è entrata in lui la consapevolezza della drammaticità e della sofferenza che si determina? Come mai chi è stato nei panni della vittima ha la tendenza a entrare nei panni dell’aggressore senza, apparentemente, sentirsi in colpa? Certamente per fortuna solo una parte, relativamente piccola, delle vittime divengono carnefici ma il mistero di questo meccanismo psicologico rimane intatto.

Riflettevo su queste evidenze della psicologia nelle scorse settimane ponendo un paragone con la mattanza che lo stato di Israele sta attuando verso i palestinesi. Possibile che uno stato, fondato psicologicamente sull’esperienza del tentato genocidio nazista, possa ora esercitare una violenza, altrettanto efferata, verso un altro popolo? Il fatto che l’attuale situazione in Palestina possa definirsi o meno tentato genocidio non è rilevante ai fini della valutazione psicologica dell’enormità di tale situazione. Passare dal ruolo di vittime a quello di persecutore in una maledetta “coazione a ripetere” con analoghe modalità pare un destino dell’umanità.

Alcuni anni orsono ebbi in cura un uomo che era stato picchiato a sangue nell’infanzia dal padre alcolista. Raccontava che viveva nel terrore la sera quando il padre rientrava dal bar. Poteva capitare che il genitore si sdraiasse e dormisse ma a volte bastava un nonnulla per innescare la sua rabbia che si sfogava prima con la madre e poi con lui che era l’unico figlio. Il ragazzo appena 14 enne era andato via di casa e si era costruito una posizione sociale ed economica. Aveva frequentato, mentre lavorava, le scuole serali con grandi sacrifici per poi divenire un imprenditore affermato. Ora che era sposato e padre di due figli poteva essere sereno. Un demone però si agitava in lui per cui tendeva, nelle serate con amici, a bere in modo eccessivo per poi divenire collerico. Dopo alcuni episodi in cui aveva dato delle sberle ai figli si rivolse a me terrorizzato dalla constatazione di “essere divenuto come suo padre”. In un anno di psicoterapia si rese conto dei meccanismi inconsci che lo attanagliavano e li affrontò.

Freud affermava che i conflitti non elaborati vengono riproposti, senza che molte persone se ne rendano conto coscientemente, nella speranza inconscia di poterli padroneggiare. Assumere il ruolo del carnefice per chi è stato vittima è un modo per dire a se stessi inconsciamente: “Non mi capiterà più di essere debole e subire! Posso controllare il terrore e le angosce”. Possiamo sottilmente ritenere che il piccolo bambino maltrattato per soffrire psicologicamente meno “proiettasse se stesso nel padre” identificandosi con lui. Il sentimento ambivalente di affetto e odio, contemporaneamente provati, verso la figura genitoriale facevano provate emozioni anche esse ambivalenti: sofferenza per essere vittima ma soddisfazione di impartire una lezione.

Nei campi di concentramento nazisti la figura dei Kapò è stata molto controversa. Si trattava di prigionieri che venivano scelti per controllare gli altri. Alcuni di questi abusavano del loro potere divenendo, a detta degli altri prigionieri, peggio delle guardie naziste. Qualcuno affermerà: si tratta della banalità del male! Certamente è vero che tutti noi uomini abbiamo accanto a componenti altruiste e buone anche aspetti aggressivi e cattivi. L’esperienza clinica della tendenza a ripercorrere strade di sofferenza da parte di molti individui si salda con l’ipotesi suggestiva che anche i popoli possono imboccare gli stessi errori. Vedere gli israeliani come popolo svolgere il ruolo di aguzzini, perpetrando crimini che ricordano i nazisti, lascia sconcertati e attoniti.

Con questo scritto non desidero lanciare accuse che evocano opposti schieramenti ma sollecitare una autoriflessione in tutti noi.

L'articolo Da vittime ad aguzzini: un’analisi psicologica del caso Israele proviene da Il Fatto Quotidiano.

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Procurar o melhor restaurante: a fórmula que Feynman rabiscou há 50 anos estava certa

Voltar ao restaurante de que gostamos ou procurar algo melhor? Richard Feynman resolveu este dilema, num guardanapo, no final dos anos 1970. Um novo estudo vem agora provar que tinha razão — e que as pessoas tendem, intuitivamente, a seguir a regra que o físico postulou. Quando o físico Richard Feynman se sentou para almoçar num restaurante tailandês na Califórnia, no final da década de 1970, dificilmente poderia imaginar que os rabiscos que produziu durante a refeição viriam a ser saudados como a solução ótima para um problema familiar a qualquer viajante ou turista. O dilema é enganadoramente simples. Numa

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¿De verdad tu pareja tiene que hacerte feliz?

Nos han vendido una idea del amor y de las relaciones muy concreta. Y la hemos comprado totalmente. Y cómo no comprarla cuando el cine, la música y los mitos del amor romántico nos han grabado a fuego la idea de que nuestra pareja tiene que hacernos felices.

Fruto de esa idea tan insertada en nuestro 'mindset', empezamos a depositar ciertas expectativas sobre la pareja y esperamos que se cumplan. Esas expectativas suelen construirse alrededor de la idea que tenemos de lo que debe ser una relación de pareja, y lo que yo creo que la otra persona debería darme, sí o sí. En resumen, la relación se acaba convirtiendo en una especie de carta a los Reyes Magos que tiene el objetivo de que todos mis deseos y necesidades se vean cubiertos.

La cuestión es que esto no lo solemos admitir. Ni siquiera nos lo planteamos. Únicamente creemos que empezamos una relación porque nos hemos enamorado de esa persona y lo demás, ya vendrá solo. El tipo de amor que hemos asociado a las relaciones de pareja, nada tiene que ver con el Amor (con mayúscula). El Amor es plenamente consciente de que mi pareja no tiene, en ningún caso, la obligación de hacerme feliz.

Ahora bien, después de haber leído esta última frase, puedes autoevaluar la idea de amor que aplicas a tu relación de pareja. En otras palabras, te estoy invitando a que, en un gesto de honestidad contigo mismo, puedas ver si has sido presa del concepto de amor que usa expresiones del tipo: "quiero hacerte feliz el resto de mi vida". Si la respuesta es sí... tranquilidad, no nos alarmemos. Es lo más habitual.

Hay algo muy importante que conviene entender sobre las relaciones de pareja: gran parte de lo que sentimos que nos faltó emocionalmente en la infancia solemos acabar buscándolo en la pareja, incluso sin ser conscientes de ello. Afirma Joan Garriga, uno de los grandes referentes en el ámbito de las relaciones y la terapia sistémica, que "el encuentro en la pareja no es un encuentro de dos, sino de muchos".

Y quizá esa frase explica más cosas de las que parece. Porque cuando entramos en una relación no llegamos vacíos. Llegamos con nuestra historia, nuestras heridas, y todo aquello que nos faltó en nuestro hogar de origen.

La infancia, clave en nuestras relaciones

Así, por ejemplo, alguien que creció sintiendo distancia emocional por parte de uno de sus progenitores, o de los dos, puede acabar esperando, sin darse cuenta, que su pareja le dé constantemente esa atención, esa validación o esa presencia emocional que echó de menos durante años. Y ahí la relación deja de ser solo un vínculo entre dos personas. También se convierte en el lugar donde intentamos resolver necesidades mucho más antiguas. Porque hay una gran diferencia entre compartir bienestar con alguien y esperar que alguien nos rescate del malestar.

Llegados a este punto, quizá lo importante sea tener claro qué pertenece a una relación sana y qué cosas estamos esperando que la otra persona resuelva por nosotros. En una relación sana las dos personas se relacionan desde la interdependencia. Es decir, dos individuos autónomos, con sus propias vivencias y crecimiento interno.

Esa individualidad bien entendida será la que aporte a la relación los elementos importantes que esta debería tener. Así, la relación se convierte en un espacio de crecimiento mutuo donde las personas pueden sostenerse, acompañarse y compartir la vida sin perderse a sí mismas. No desde la exigencia de que el otro calme constantemente mis inseguridades o vacíos, sino desde la libertad de poder elegirnos sin convertirnos en responsables absolutos del bienestar emocional del otro. Porque una relación sana puede dar amor, apoyo, intimidad y refugio emocional en determinados momentos. Pero lo que no puede hacer es sustituir el trabajo interno que cada persona necesita hacer consigo misma.

Hay una pregunta muy clarificadora que debería ser imprescindible antes de formar una pareja: ¿me escogería a mí como pareja? Si la respuesta es 'no', quizá antes de buscar amor afuera deberíamos empezar por construir una relación más sana con nosotros mismos.

Convertirnos primero en "el amor de nuestra vida" y no ir a la relación para sentirnos completos a través del otro. Porque compartir la vida con alguien puede hacernos profundamente felices. Pero difícilmente podremos construir una relación sana cuando esperamos que ella venga a salvarnos de nosotros mismos.

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Demasiadas opciones todo el tiempo: la condena cotidiana de tener que decidir constantemente

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Decidir se ha vuelto algo constante, también en lo más cotidiano: qué ver, qué responder, qué hacer o qué dejar para después. Son elecciones pequeñas que pasan desapercibidas, pero se van sucediendo. Al final, empieza a instalarse una idea: siempre podría haberse hecho de otra manera. Cada decisión deja otras opciones fuera todavía. A menudo, elegir no simplifica, sino que obliga a parar, mirar y descartar.

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