Dwayne “The Rock” Johnson ha contado el susto que se llevó después de notar un bulto doloroso en el testículo izquierdo mientras se duchaba. El actor y exluchador, de 54 años, explicó que los médicos barajaron inicialmente dos posibilidades: una epididimitis o un cáncer testicular. Finalmente, todo quedó en una epididimitis, una inflamación tratable y no cancerosa.
Johnson explicó que no pudo hacerse una ecografía de inmediato porque tenía varios compromisos promocionales de Jumanji, por lo que tuvo que esperar hasta la mañana siguiente sin saber qué ocurría.
“Tuve que vivir esas 24 horas sin saberlo y seguir todo el día haciendo bromas y dando discursos”, recordó el actor. “Por cierto: estoy bien. Pero entonces no lo sabía, y aquello dolía muchísimo”.
La experiencia del actor ha vuelto a poner el foco sobre una afección relativamente frecuente pero poco conocida que, según The New York Post, afecta cada año a unas 600.000 personas en Estados Unidos.
Qué es la epididimitis y cuáles son sus síntomas
La epididimitis es una inflamación del epidídimo, un pequeño conducto situado detrás del testículo que almacena y transporta el esperma. Aunque es relativamente frecuente, muchos hombres desconocen esta afección hasta que aparecen síntomas.
“Cuando desarrollan dolor, hinchazón o notan un bulto, muchos hombres piensan inmediatamente en cáncer testicular o en una urgencia médica”, explicó el urólogo Jamin Vinod Brahmbhatt, de Orlando Health. El especialista, que aseguró haber sufrido epididimitis, reconoció que las molestias pueden llegar a ser “bastante intensas”.
Los síntomas más habituales incluyen dolor, inflamación o sensibilidad en un lado del escroto o del testículo. Algunas personas también pueden notar molestias al orinar, necesidad frecuente de ir al baño, secreción por el pene o incluso sangre en el semen.
Las molestias también pueden extenderse a la ingle, la parte baja del abdomen o la pelvis y, en algunos casos, ir acompañadas de fiebre o escalofríos.
Cuáles son las causas y cuándo consultar al médico
Según la Cleveland Clinic, las causas más frecuentes varían según la edad. En hombres jóvenes sexualmente activos suele estar relacionada coninfecciones de transmisión sexual, como clamidia o gonorrea. A partir de los 35 años, es más habitual que esté provocada por bacterias del tracto urinario, siendoEscherichia coliuna de las más comunes.
También puede estar relacionada, aunque con menos frecuencia, con lesiones en la zona inguinal, infecciones prostáticas, el uso de catéteres o ciertos medicamentos.
El tratamiento depende del origen del problema. Cuando existe una infección bacteriana suelen recetarse antibióticos, y los médicos también recomiendan reposo, hielo en la zona, buena hidratación y analgésicos para aliviar los síntomas. La mayoría de pacientes mejora en pocos días, aunque las molestias pueden prolongarse durante semanas.
Los expertos insisten en no ignorar cambios inesperados en la zona y recomiendan acudir al médico ante cualquier bulto, inflamación o dolor nuevo, especialmente si aparece de forma repentina e intensa, ya que podría tratarse de una urgencia médica como una torsión testicular. Sin tratamiento, la epididimitis puede derivar en molestias persistentes o, en algunos casos, problemas de fertilidad.
Abrir los ojos en plena madrugada es una experiencia universal que la mayoría de los ciudadanos vincula de forma directa con episodios de nerviosismo o tensión acumulada.
Sin embargo, esta deducción suele ocultar el verdadero origen del trastorno clínico. El portal sanitario brasileño Tua Saúde advierte que estas interrupciones recurrentes representan a menudo el primer indicio de un sueño profundo fragmentado.
Despertarse una o dos veces por ruidos ambientales o necesidades fisiológicas entra dentro de la más absoluta normalidad, pero el escenario se complica cuando la interrupción impide conciliar de nuevo el descanso rápidamente y se arrastra durante semanas. En estas circunstancias, el cerebro se ve despojado de su arquitectura reparadora habitual, provocando que el descanso se vuelva superficial e incapaz de cumplir sus funciones vitales de recuperación neurológica, propiciando un aumento indeseado del cortisol.
La estrecha frontera entre el malestar emocional y los fallos orgánicos
Las consecuencias directas de esta fragmentación se manifiestan a la mañana siguiente mediante un profundo agotamiento, dolores de cabeza, fallos de memoria e irritabilidad latente, incluso cuando el paciente asegura haber permanecido en la cama las horas reglamentarias.
Según datos científicos recabados en el año 2024 y publicados en la National Library of Medicine estadounidense, las alteraciones del ciclo nocturno actúan en muchas ocasiones como un predictor temprano del propio sufrimiento emocional, invirtiendo la creencia popular de que la angustia siempre genera el mal descanso.
Esta tesis se apoya además en investigaciones clínicas del año 2023 consultables en el mismo archivo, las cuales demostraron que abordar médicamente la mala calidad del reposo mejora el panorama psicológico del afectado. Los detonantes que astillan el letargo son sumamente variados, abarcando desde el reflujo gástrico y los dolores crónicos hasta la apnea obstructiva, la necesidad frecuente de orinar, el exceso de cafeína, el consumo nocturno de alcohol o el abuso de pantallas luminosas antes de dormir.
Para desenmascarar la verdadera magnitud de esta anomalía, los expertos de la plataforma recomiendan aplicar un sencillo "truco" basado en el registro metódico de las rutinas personales durante un periodo exacto de dos semanas.
Este seguimiento casero exige anotar diariamente parámetros concretos (como la hora de ir a la cama, los minutos necesarios para adormecerse, la cantidad de despertares por noche y el tiempo invertido en recuperar la consciencia plena). Igualmente, el individuo debe documentar el consumo de sustancias estimulantes, la percepción de ronquidos o acidez y su nivel general de somnolencia al día siguiente.
Las señales de alarma definitivas para solicitar asistencia médica profesional
Este minucioso diario personal resulta fundamental para que el paciente logre diferenciar una mala racha transitoria de un patrón crónico destructivo causado por posibles afecciones hormonales o neurológicas.
El medio subraya que resulta indispensable buscar supervisión médica inmediata si las alteraciones superan la barrera de las tres semanas consecutivas. Asimismo, la visita al especialista adquiere un marcado carácter de urgencia si la persona detecta síntomas severos de asfixia al dormir, pausas respiratorias evidentes, molestias en el pecho, síndrome de las piernas inquietas o si el cansancio acumulado pone en grave riesgo su seguridad al conducir vehículos.
Un estudio realizado con 2.044 adultos mayores japoneses en la Universidad de Hirosaki (Japón) revela que aquellos con niveles más bajos de vitamina C en su plasma sanguíneo tendían a tener un menor volumen de materia gris en el cerebro, así como una menor conectividad entre un conjunto de regiones cerebrales conocidas como la red neuronal por defecto.
Haruka Nagaya, de la Universidad de Hirosaki, y sus colaboradores presentan estos hallazgos en la revista de acceso abierto 'PLOS One'.
Investigaciones previas han revelado asociaciones entre dietas ricas en vitamina C y un menor riesgo de deterioro cognitivo en adultos mayores. Sin embargo, pocos estudios han analizado directamente los niveles de vitamina C en plasma sanguíneo y sus posibles asociaciones con la estructura cerebral y la conectividad dentro de las redes neuronales. Para contribuir a subsanar esta deficiencia, Nagaya y sus colegas analizaron imágenes de resonancia magnética (IRM) y los niveles plasmáticos de vitamina C de 2.044 adultos japoneses mayores de 64 años.
La vitamina y el volumen de materia gris
En concreto, midieron el volumen de la materia gris y blanca del cerebro de cada participante (teniendo en cuenta las diferencias individuales en el volumen cerebral total entre los participantes). También evaluaron la conectividad dentro de la red neuronal por defecto, que está asociada con varias funciones cognitivas, como la atención y la memoria autobiográfica.
Tras tener en cuenta estadísticamente otros factores que podrían afectar a la estructura y la conectividad cerebral, como la edad, los hábitos de actividad física y el nivel educativo, los investigadores descubrieron que los participantes con niveles más bajos de vitamina C en plasma tendían a tener un menor volumen de materia gris, así como una menor conectividad dentro de la red neuronal por defecto.
Estos hallazgos sugieren la posibilidad de que niveles óptimos de vitamina C en el plasma sanguíneo puedan favorecer la función cognitiva y contrarrestar el deterioro cognitivo. Sin embargo, los resultados no confirman una relación causal directa entre los niveles de vitamina C y la salud cerebral, y se requiere más investigación para explorar los mecanismos biológicos que subyacen a las asociaciones estadísticas observadas.
Participantes de otras etnias
Los autores también señalan que futuras investigaciones podrían basarse en este estudio tomando mediciones repetidas de vitamina C en plasma a lo largo del tiempo, teniendo en cuenta factores nutricionales y de estilo de vida adicionales, e incluyendo participantes de otras etnias y niveles socioeconómicos.
De esta forma, añaden: "Nuestro estudio demuestra que niveles más altos de vitamina C en plasma se asocian con una mejor preservación de la conectividad estructural de la red neuronal por defecto (RND), una red cerebral clave implicada en la función cognitiva. Este hallazgo genera la interesante hipótesis de que una dieta rica en vitamina C podría desempeñar un papel importante en el mantenimiento de la salud cerebral y en la mitigación del deterioro cognitivo relacionado con la edad en adultos mayores".
Brasilia, 13 jun (Prensa Latina) Una nueva cartilla elaborada por instituciones públicas brasileñas reúne hoy orientaciones sobre los derechos de las personas con enfermedades raras, para ampliar el acceso a información y fortalecer la atención integral.
Las redes sociales están llenas de trucos virales para calmar el estrés o la ansiedad. Aunque algunas de estas prácticas puedan tener efectos beneficiosos para algunas personas, lo cierto es que a nivel científico no tienen fundamento alguno. En los últimos días, uno de estos vídeos ha aparecido en las distintas plataformas asegurando que con solo sacar la lengua 40 segundos se puede activar el nervio vago y 'apagar' el cortisol. En España, donde se estima que el estrés afecta al 59% de la población, este tipo de consejos calan. Sin embargo, ¿cuál es la verdad detrás de este simple gesto?
La relación con la postura del Simhasana
La evidencia científica no existe para este truco viral, sin embargo, este gesto podría estar relacionado con una postura de yoga denominada Simhasana. Esta consiste precisamente en abrir la boca y sacar la lengua mientras se controla la respiración para exhalar de forma intensa. Este gesto de forma general sirve como estiramiento mandibular, muy recomendado para personas que padecen bruxismo y tienden a apretar la mandíbula por estrés o ansiedad. La persona, al poner el foco en este gesto, crea una respiración constante, empieza a aliviar la carga muscular y relaja, por tanto, la mandíbula. Todo ello le proporciona así un nivel de bienestar.
¿Activa esto el nervio vago?
La realidad es que no. Por mucho que estos consejos virales hablen de la activación del nervio vago como truco para calmar el estrés y la ansiedad, la ciencia no habla de ello como algo fácil de activar. El nervio vago es uno de los nervios más importantes del cuerpo humano que es fundamental para la función parasimpática del sistema nervioso autónomo. Se localiza en el bulbo raquídeo, algo que ya indica que no es muy accesible para su activación.
Los estudios lo han asociado a lo largo del tiempo a importantes funciones parasimpáticas entre las que se encuentra la regulación del estrés y la hormona del cortisol, ya que es el encargado de controlar la frecuencia cardíaca, la respiración y las funciones digestivas. Este trinomio entra en juego cuando la ansiedad y los episodios de estrés aparecen, ya sea acelerando los latidos, provocando cierta hiperventilación o incluso creando distensión abdominal.
No obstante, el nervio vago, al que coloquialmente se le ha ido considerando el interruptor del estrés, necesita terapias más complejas y un estudio profundo para entender si es posible una activación directa que provoque un efecto en el cuerpo humano. Así pues, la conclusión es que no existe evidencia científica de que sacar la lengua, un simple gesto, sea tan poderoso como para regular ese cortisol.
'Apagar' el cortisol: ¿es eso posible?
El cortisol forma parte del cuerpo humano y como en la mayoría de cuestiones de la salud, así como lo excesivo no es bueno, lo escaso tampoco lo es. Lo cierto es que los seres humanos necesitan el cortisol, ya que se encuentra presente en muchos de los procesos fisiológicos del cuerpo, como por ejemplo, para el simple hecho de despertarnos tras una larga noche de sueño. Por tanto, lo ideal es que el cortisol se mantuviera en un estado de equilibrio.
En este sentido, cualquier truco que ya comience con ese 'apagar el cortisol', es puramente más sensacionalista que científico. "La exposición excesiva al cortisol, como en el síndrome de Cushing, produce obesidad central, atrofia muscular, hipertensión e intolerancia a la glucosa. La deficiencia de cortisol, como en la enfermedad de Addison, causa fatiga, hipotensión, pérdida de peso e hiperpigmentación", recogen en la Librería Nacional de Medicina. La regulación del cortisol parte, por tanto, de mantener al sistema parasimpático cuidado y eso se consigue a través de un sueño reparador, alimentación saludable y la práctica de ejercicio.
No obstante, cuando la fluctuación natural del cortisol se desequilibra, entra en juego la terapia psicológica y médica, pero siempre tras un diagnóstico claro y focalizado que ayude a comprender el motivo.
El corazón experimenta una serie de cambios que varían al correr una maratón en base a la edad, sexo y el nivel de entrenamiento, según datos publicados por el Centro Médico Universitario de Ámsterdam (Países Bajos).
El estudio, recogido en la revista BMJ Open Sport & Exercise Medicine, indican que no termina de estar confirmado que estos cambios sean respuestas fisiológicas normales al ejercicio de resistencia o si se caracteriza por unas posibles malas adaptaciones futuras.
Los niveles excesivamente bajos de ejercicio son tan negativos como los altos, ya que pueden agravar el riesgo de muerte, según los investigadores. Además, este ejercicio de resistencia genera unos cambios en el funcionamiento cardiaco y en el aumento de sustancias, como las enzimas y las proteínas.
Sin embargo, señalan que no está claro si estos cambios son respuestas fisiológicas transitorias normales a las exigencias adicionales que se imponen al corazón en estas condiciones o indicadores tempranos de adaptaciones a largo plazo potencialmente dañinas.
Para esclarecer aún más el tema, los investigadores revisaron bases de datos de investigación en busca de estudios relevantes, publicados en inglés hasta abril de 2025, que compararan los efectos de correr una maratón en el corazón antes y después del evento.
Los investigadores analizaron en particular tres biomarcadores indicativos de estrés en la pared cardíaca o daño en el miocardio, la capa intermedia de la pared del corazón; los resultados de la ecografía de la estructura del corazón, las válvulas y las cámaras de bombeo (ecocardiografía); y los hallazgos de la resonancia magnética cardíaca.
Los 3 biomarcadores fueron: troponina T cardíaca (cTnT); troponina I cardíaca (cTnI); y péptido natriurético tipo B N-terminal (NT-proBNP). Se seleccionaron 69 estudios, que comprendían 3274 participantes, en su mayoría hombres (73%), de entre 27 y 63 años, para la revisión sistemática, y 49 se incluyeron en el análisis de datos combinados.
El análisis demostró que los tres biomarcadores se elevaron de forma constante durante la primera hora posterior a la finalización de una maratón, superando los umbrales clínicos comúnmente utilizados para la lesión miocárdica, la restricción del suministro de sangre (isquemia) o la insuficiencia cardíaca.
Tras correr una maratón, también se produjeron diversos cambios en el volumen de las cavidades cardíacas y en la dinámica de bombeo del corazón, incluida la fracción de eyección del ventrículo izquierdo, una medida de la cantidad de sangre que se bombea desde la principal cavidad de bombeo del corazón (el ventrículo izquierdo) con cada latido.
Sin embargo, estos cambios fueron menores y quedaron fuera del rango de lo que comúnmente se interpretaría como clínicamente significativo. Según los investigadores, no se observaron otros cambios evidentes en las resonancias magnéticas de ninguna de las demás funciones medidas, lo que sugiere que correr maratones no induce ningún signo visible de lesión miocárdica estructural clínicamente relevante.
Los cambios en los biomarcadores y los hallazgos ecocardiográficos variaron según los tiempos de carrera, la edad, el sexo y el nivel de entrenamiento. Los investigadores reconocen varias limitaciones en sus hallazgos. En particular, señalan que la mayoría de los participantes del estudio eran hombres, y que las mujeres podrían tener respuestas cardiovasculares diferentes a la carrera de maratón, tanto a corto como a largo plazo. Además, el nivel de entrenamiento, un factor potencialmente influyente, no se informó de manera consistente en todos los estudios incluidos.
Muchos de los estudios incluidos en la revisión obtuvieron una puntuación alta en cuanto al riesgo de sesgo, lo que indica que hay margen de mejora metodológica, añaden. "Nuestros hallazgos combinados confirman y cuantifican las elevaciones de biomarcadores cardíacos y las alteraciones en la función ventricular previamente reportadas después de un maratón. Sin embargo, la relevancia clínica de estos cambios aún no está clara", señalan los investigadores.
"Aún existe la posibilidad de que se produzcan consecuencias patológicas en personas susceptibles o con participación repetida en eventos de resistencia extrema", añaden. Se necesitan estudios a largo plazo bien diseñados en grupos diversos, que incluyan sexo y etnia, para averiguar "si estos efectos representan respuestas fisiológicas a niveles extremos de ejercicio o reflejan marcadores tempranos de remodelación cardíaca patológica", concluyen.
Hace tiempo que el protector solar dejó de ser un imprescindible exclusivo del verano. Igual que el sérum, la vitamina C o la crema hidratante, cada vez más personas lo están incorporado a su rutina diaria de cuidado de la piel, conscientes de que la fotoprotección es una de las herramientas más eficaces para prevenir el envejecimiento prematuro y cuidar la salud cutánea a largo plazo.
Sin embargo, que el protector solar se haya ganado un lugar fijo en el neceser no significa que lo estemos haciendo todo bien.Mar Santamaria, responsable de Atención Farmacéutica de PromoFarma da respuesta a algunos de los mitos más extendidos sobre la protección solar y ofrece recomendaciones para proteger nuestra piel correctamente este verano.
1. "El protector solar es una pantalla total que protege al 100%"
Aunque popularmente se ha extendido el concepto de "pantalla total" asociándose a ciertos protectores solares, lo cierto es que ningún fotoprotector bloquea por completo la radiación solar. Todos ellos permiten el paso de una pequeña parte de los rayos ultravioleta.
Los protectores solares no son una barrera impenetrable, sino más bien un colador por el que siempre se va a filtrar una pequeña parte de la radiación. En este sentido, Santamaria recuerda que es un error pensar que por elegir el factor de protección solar (SPF) más alto del mercado vamos a ser invulnerables al sol.
El SPF indica cuánto tiempo tarda tu piel en quemarse por la radiación UVB respecto a su tiempo natural sin protección. Sin embargo, conviene recordar que esta eficacia no es permanente. Independientemente de si hemos utilizado un SPF 30 o 50, el sudor, el agua, la fricción de la ropa o el uso de toallas reducen progresivamente la protección, por lo que es necesario volver a aplicar el fotoprotector en todo el cuerpo cada dos horas.Así como seguir otras medidas de protección frente al sol: evitar las horas centrales con más radiación, permanecer en la sombra, utilizar sombrero y gafas de sol.
2. "Si tengo la piel morena no necesito protector"
El bronceado no es un escudo frente al sol. De hecho, es una respuesta biológica de nuestra piel ante una agresión causada por la radiación ultravioleta. Si bien es cierto que una piel bronceada puede tardar más tiempo en mostrar signos visibles de quemadura, está igualmente expuesta al fotoenvejecimiento, las manchas y el riesgo de cáncer de piel.
El melanoma no discrimina por fototipo, por lo que la recomendación es mantener las mismas medidas de fotoprotección independientemente del tono de piel o del grado de bronceado: protector solar, reaplicación frecuente y evitar las horas de máxima radiación.
3. "Sin exponerme al sol no puedo sintetizar vitamina D"
Uno de los argumentos más utilizados para evitar aplicar el protector solar es la necesidad de sintetizar vitamina D. Como los filtros solares no bloquean completamente la radiación, permiten que la piel reciba la exposición necesaria para realizar este proceso.
Por otro lado, tampoco existe evidencia de que la piel desarrolle una resistencia progresiva al sol: el llamado "callo solar" es un mitono respaldado por la evidencia científica actualy el daño causado por la radiación es acumulativo.
4. "La luz azul solo la emiten las pantallas"
Cuando escuchamos hablar de la luz azul, tendemos a asociarla exclusivamente a pantallas digitales como las de dispositivos móviles y ordenadores. Sin embargo, es más desconocido el hecho de que el sol también emite este espectro de luz, y lo hace en cantidades importantes.
A largo plazo, el efecto de la luz azul sobre nuestra piel puede traducirse en envejecimiento prematuro, manchas o daño celular. Por este motivo, se recomienda el uso de protectores solares que, además de proteger de la radiación UVA y UVB, también cubra esa franja de luz azul.
5. "Los protectores solares son nocivos y alteran las hormonas"
La idea de que los protectores solares son malos para la salud es uno de los mitos más persistentes y peligrosos en torno a la fotoprotección, ya que puede llevar a muchas personas a tener conductas de exposición al sol poco saludables.
De lo que sí tenemos evidencia científica sólida y consensuada es del daño que causa una exposición excesiva al sol y su correlación con el cáncer de piel. De ello no hay, a día de hoy, ninguna duda. Así que es imprescindible tener unos hábitos de exposición responsables y saludables, sin excesos, sin quemaduras solares y cuidando la salud de la piel.
"Si tienes hambre, pregúntate por qué. Y respóndete. Quizás no comiste suficiente. Quizás faltó equilibrio. Quizás solo te apetece". Con esta reflexión, Isabelle Junot (@isa.healthy.life), desde su perfil profesional como coach nutricional, ha puesto sobre la mesa un debate esencial sobre la alimentación moderna: la necesidad de priorizar la intuición y el respeto a las señales del propio cuerpo por encima de las estrictas normas de autocontrol que suelen dominar las dietas convencionales.
La importancia de identificar el hambre real
La nutricionista y bióloga Paula Hernández (@paula_mindeat), especializada en salud digestiva y hormonal, respalda esta visión y aclara que el mensaje de Junot no invita a desconfiar del apetito, sino a gestionarlo con mayor criterio. Según la experta, el principal error reside en el "piloto automático", donde ingerimos alimentos sin detenernos a identificar qué necesidad estamos cubriendo realmente. "El hambre puede ser una señal fisiológica normal que indica que necesitamos energía, pero también hay ocasiones en las que recurrimos a la comida por aburrimiento, estrés, ansiedad, cansancio o simplemente por hábito", explica Hernández.
La nutricionista insiste en que distinguir entre el hambre fisiológica y la emocional es el primer paso hacia una alimentación consciente. La rutina actual, marcada por la inmediatez y la falta de pausas, impide que el cuerpo regule sus mecanismos de saciedad. Hernández advierte que "establecer espacios adecuados entre comidas permite recuperar esa percepción y favorece procesos digestivos fisiológicos importantes, como el complejo motor migratorio". Además, resalta que la distracción constante, como comer frente a pantallas, dificulta que el cerebro registre correctamente las señales que envía el estómago.
El peligro de las restricciones y el efecto compensación
El problema de prohibirse alimentos, advierte la especialista, es que fomenta una mentalidad de "todo o nada". Cuando una persona impone normas demasiado rígidas, se genera una tensión psicológica que suele derivar en un círculo vicioso de restricción y descontrol. "Si finalmente nos damos permiso para consumirlos, muchas veces ya no comemos guiados por el hambre real ni por la saciedad, sino que lo hacemos desde la sensación de privación acumulada", señala la nutricionista.
Para evitar este fenómeno, la experta apuesta por la flexibilidad y la normalización del placer en la dieta diaria, sin otorgar jerarquías morales a los alimentos. La recomendación es realizar una pausa consciente antes de ingerir cualquier alimento para evaluar el estado emocional y físico. "Si descubrimos que detrás hay otra necesidad, como descanso, gestión emocional o aburrimiento, quizá la solución no sea necesariamente la comida", apunta Hernández.
En definitiva, el bienestar sostenido no nace de la prohibición, sino de la capacidad de tomar decisiones informadas. Como concluye la especialista, "una buena relación con la comida no se construye a través de la prohibición, sino aprendiendo a tomar decisiones flexibles, escuchando las señales de hambre y saciedad".
Ramala, 13 jun (Prensa Latina) Gaza enfrenta hoy una inminente catástrofe humanitaria, sanitaria y ambiental por el deterioro acelerado de los servicios de agua y saneamiento debido al continuo bloqueo israelí, denunciaron hoy fuentes oficiales.
El paciente intervenido, de 46 años, presentaba una enfermedad abdominal compleja con un fallo intestinal crónico. Fue operado en marzo y recibió el alta tan solo 16 días después Leer
El paciente intervenido, de 46 años, presentaba una enfermedad abdominal compleja con un fallo intestinal crónico. Fue operado en marzo y recibió el alta tan solo 16 días después
Sigues comiendo lo que sabes que no te sienta bien. Te quedas más tiempo del necesario en una conversación que te agota. Aplazas algo que llevas semanas prometiéndote que harás. Te quedas en una situación que reconoces, con toda claridad, que no te hace ningún bien. Y lo más desconcertante de todo es que eres completamente consciente de ello mientras lo haces.
Si te sientes identificado con estas premisas, este artículo es para ti. Te voy a ayudar a comprender por qué haces lo que haces y puede que te ayude a cambiar la forma en que te relacionas contigo mismo para siempre.
¿Por qué haces cosas que no te convienen? Fíjate si es frecuente entre todas las personas que hasta la psicología tiene un nombre para este fenómeno: disonancia cognitiva. Lo describió por primera vez el psicólogo estadounidense Leon Festinger en 1957, y desde entonces se ha convertido en uno de los conceptos más sólidos y respaldados de toda la ciencia del comportamiento humano. La disonancia cognitiva es la incomodidad, tensión o ansiedad que experimentamos cuando nuestras creencias o actitudes entran en conflicto con lo que hacemos. Dicho de otra manera: es el malestar interno que aparece cuando lo que piensas y lo que haces no van al mismo sitio. Y ese malestar, lejos de paralizarnos, nos pone en marcha. Pero no siempre en la dirección correcta.
Tareas lo más aburridas
El experimento que lo demostró es casi una historia de película. Festinger y su colega Carlsmith reclutaron estudiantes universitarios y les hicieron realizar durante una hora tareas diseñadas expresamente para ser lo más aburridas posible, como meter y sacar carretes de un cajón, girar clavijas una a una, etc. Al terminar, les pedían que le dijeran al siguiente participante que las tareas habían sido interesantes y divertidas. Es decir, les pedían que mintieran a la cara de otra persona. Había tres grupos. Uno no mentía ni cobraba nada, solo evaluaba las tareas al final. Otro mentía y cobraba un dólar. El tercero mentía y cobraba veinte dólares, una cantidad considerable para la época.
Lo lógico sería pensar que quien más cobró fue quien más se convenció de su propia mentira. Pero ocurrió exactamente lo contrario. El grupo de control puntuó las tareas como lo que eran: aburridas. El grupo que cobró veinte dólares hizo lo mismo, con una puntuación casi idéntica. Pero el grupo que cobró solo un dólar terminó convenciéndose genuinamente de que las tareas habían sido interesantes. Quien más cobró por mentir fue quien menos se lo creyó. Quien menos cobró fue quien más se autoengañó.
La razón es esta: quien recibió veinte dólares tenía una justificación externa suficientemente grande para explicar su conducta. "Mentí porque me pagaron bien". Sin conflicto, sin necesidad de reescribir nada. Pero quien solo cobró un dólar no tenía esa salida. Su cerebro se quedó con una pregunta incómoda, ¿por qué mentiría yo por tan poco?, y buscó la respuesta donde pudo: dentro de sí mismo.
Como formuló el propio Festinger: cuanto menor es la presión externa para provocar una conducta contraria a nuestras creencias, mayor es la tendencia a cambiar esas creencias para que coincidan con lo que hemos hecho. No nos gusta traicionar nuestros valores. O como diría Groucho Marx: "Si no te gustan mis principios, tengo otros."
Esto tiene una implicación directa en la vida cotidiana que merece detenerse un momento. Las grandes injusticias o los grandes dolores son más fáciles de nombrar y gestionar precisamente porque la disonancia es tan evidente que no hay forma de ignorarla. Son las pequeñas contradicciones sostenidas en el tiempo, el trabajo que no te llena, pero "tampoco está tan mal", la relación que te cansa, pero "tiene sus cosas buenas", el hábito que sabes que te perjudica, pero "todo el mundo lo hace", las que más silenciosamente te moldean. Son lo suficientemente pequeñas como para que el cerebro las justifique sin que te des cuenta. Y es exactamente ahí, en ese territorio de incomodidad tolerable, donde el autoengaño trabaja con más libertad.
Esto es exactamente lo que hacemos todos, cada día, con las contradicciones de nuestra propia vida. Cuando alguien sigue fumando a pesar de conocer perfectamente los riesgos, cuando una persona permanece en una relación que le hace daño, pero se convence de que "en el fondo no es para tanto", cuando posponemos una conversación difícil y nos decimos que "no es el momento", estamos usando los mismos mecanismos que los participantes del experimento de Festinger.
La disonancia cognitiva explica nuestra tendencia a la autojustificación: la ansiedad que genera haber tomado una decisión equivocada o haber hecho algo incorrecto nos lleva a inventar nuevas razones para apoyar esa decisión. No lo hacemos con mala intención. Lo hacemos porque el cerebro humano tiene una necesidad casi física de coherencia interna, y cuando esa coherencia se rompe, busca restaurarla como sea.
La inteligencia no te protege
El mismo circuito prefrontal que el cerebro usa para resolver problemas lógicos es también la maquinaria que despliega para construir racionalizaciones convincentes. La inteligencia, en otras palabras, no te protege de la disonancia. Si acaso, te equipa para contarte una historia más elaborada. Cuanto más inteligente eres, mejor eres justificándote a ti mismo.
Además, hay momentos en que la parte de tu cerebro que evalúa el largo plazo pierde la batalla contra la parte que busca alivio inmediato. Somos humanos.
Existen tres formas principales en que el cerebro resuelve una disonancia, y las tres tienen consecuencias muy distintas.
1. La primera es cambiar la conducta para que coincida con los valores: el fumador que deja de fumar, la persona que deja la relación que le hace daño. Es la solución más honesta y también la más difícil, porque implica renunciar a algo.
2. La segunda es cambiar la creencia para que justifique la conducta: el fumador que empieza a pensar que "tampoco es para tanto" o que "algo te tiene que matar".
3. La tercera es añadir información nueva que alivie la tensión sin resolver nada: "bueno, el estrés también mata, y si dejo de fumar me estreso más". Las personas emplean estrategias diversas para reducir la disonancia, y con frecuencia usan varias a la vez.
El cambio de conducta elimina la inconsistencia en su origen, pero es el camino más difícil. Los hábitos, las adicciones y las presiones sociales resisten el cambio, por eso las personas con frecuencia prefieren las alternativas psicológicamente más fáciles.
El problema no es que usemos estos mecanismos. El problema es cuando los usamos de forma automática y repetida, sin ser conscientes de que lo estamos haciendo.
¿Cómo salir de este bucle?
La psicología nos da herramientas concretas.
1. La primera es aprender a distinguir entre el malestar que avisa y el malestar que paraliza. No toda incomodidad interna es una señal de que algo está mal. Pero hay un tipo de tensión específica, esa sensación de que algo no encaja, de que te estás contando una historia que no te acabas de creer, que merece atención. Y aquí la intuición juega un papel protagonista. Aprende a escucharte. Cuando sientas esa tensión, en lugar de buscar rápidamente una justificación, para. Hazte una sola pregunta: ¿esto que estoy haciendo está alineado con lo que quiero para mí? No con lo que es fácil, no con lo que alivia ahora mismo. Con lo que quieres de verdad.
2. La segunda herramienta es la observación sin juicio. Uno de los mayores obstáculos para resolver la disonancia de forma sana es la vergüenza. Cuando nos descubrimos haciendo algo que contradice nuestros valores, la respuesta instintiva es la autocrítica, y la autocrítica activa los mismos mecanismos de defensa que perpetúan el problema. En lugar de "soy un desastre por seguir haciendo esto", prueba con "noto que estoy haciendo algo que no coincide con lo que valoro. ¿Qué necesito para cambiarlo?". El cambio de lenguaje interno cambia literalmente la respuesta emocional y hace más accesible la reflexión honesta.
3. La tercera es reducir la brecha en pequeños pasos, no de golpe. La disonancia entre lo que haces y lo que quieres hacer no desaparece con una decisión complicada de mantener. Desaparece con acciones pequeñas y repetidas que van cerrando la distancia entre ambos. Si sabes que deberías tener una conversación que llevas meses aplazando, el primer paso no es tenerla mañana. El primer paso es escribir en un papel qué quieres decir y por qué te importa decirlo. La acción pequeña crea coherencia interna, y la coherencia interna alimenta la siguiente acción.
4. La cuarta, y probablemente la más contraintuitiva, es buscar la disonancia de forma activa. En lugar de evitar la información que contradice lo que haces, buscarla. Leer sobre los efectos de lo que pospones, hablar con alguien que tomó la decisión que tú evitas, exponerte conscientemente a la incomodidad de ver la brecha entre donde estás y donde quieres estar. Esa exposición voluntaria, bien gestionada, es el motor más potente del cambio genuino.
Hacemos cosas que sabemos que no nos convienen porque somos humanos, porque tenemos un cerebro que prioriza el alivio inmediato sobre el bienestar a largo plazo, y porque nadie nos enseñó a gestionar la incomodidad de ser contradictorios. Pero conocer el mecanismo cambia la relación que tienes con él. Cuando la próxima vez notes esa tensión entre lo que piensas y lo que haces, ya no será solo malestar sin nombre. Será una señal. Y las señales, cuando se leen bien, siempre apuntan hacia algún sitio.
Gracias por leerme y que encuentres tu bienestar emocional.
En verano tenemos algo muy claro: cualquier excusa es buena para meterse en el agua. Da igual si es una playa, un río lleno de piedras o una cala improvisada; lo importante es refrescarse. El problema llega cuando el terreno no acompaña: rocas, arena que quema o superficies resbaladizas pueden arruinar el momento.
Han leído bien. El año pasado, las bajas laborales costaron a España 18.400 millones de euros. Es ya la segunda mayor partida del gasto en Seguridad Social, solo por detrás de las pensiones. Y lo más preocupante no es la cifra en sí, sino su tendencia: crece cada año desde 2012 sin señales de corrección.
Sin embargo, el debate público rara vez aborda el problema de fondo. Se queda en la superficie: más coordinación, mayor control, agilizar las reincorporaciones. Medidas tácticas que esquivan una realidad estructural incómoda: España, como la mayor parte de Europa, envejece mientras aumenta el peso de las enfermedades crónicas. Dolencias que se desarrollan durante años, que en gran medida son prevenibles y a las que el sistema llega, sistemáticamente, demasiado tarde.
Esta disfunción no es nueva. Crecí observando a dos médicos, mis padres, trabajar en un sistema público que fallaba antes de empezar. Sus pacientes llegaban tarde, en fases avanzadas de enfermedad, arrastrando problemas que llevaban meses gestándose en silencio. El sistema no tenía forma de intervenir antes. Y fue ahí donde entendí que el problema no estaba ni en los profesionales, ni en la medicina, ni en las personas. El fallo estaba en la arquitectura. En el sistema.
Porque la sanidad europea sigue diseñada en torno a la enfermedad. El dinero se moviliza cuando algo ya se ha roto. Las consultas se activan cuando aparecen los síntomas. La prevención, cuando existe, queda relegada a un trámite: un folleto, una recomendación genérica, una casilla a marcar.
El caso de la salud mental es paradigmático. En España, es ya el principal motor del aumento de las bajas laborales. Entre los menores de 35 años, la incidencia ha crecido un 67% desde 2017. No se trata de episodios súbitos. Son procesos largos en los que el sistema nunca intervino a tiempo. No hubo señales detectadas ni apoyo temprano. Cuando llega la baja, el deterioro lleva meses consolidándose. Nada nuevo, un dato silencioso, pero que ha dado el salto de la conversación privada a la pública.
Durante décadas, el argumento era claro: faltaban herramientas para anticiparse. Ese argumento ya no es válido. La irrupción de la inteligencia artificial (sí, la IA, que tiene un poderoso prisma positivo en el campo de la salud) abre una ventana inédita: permite detectar patrones de riesgo antes de que se conviertan en crisis, eliminar barreras de acceso y convertir la prevención en algo integrado en la vida cotidiana, no en un lujo para quien tiene tiempo, información o recursos.
«No es una discusión sobre números sino de modelo de sociedad»
La evidencia práctica empieza a acumularse. Lo veo cada día en Alan. Facilitar el acceso directo a un psicólogo, sin receta ni lista de espera, provoca que el 75% de las personas acudan a terapia por primera vez. Convertir el hábito de caminar en algo cotidiano y divertido hace que las personas den 1.000 pasos más al día. Ofrecer un programa guiado para el dolor de espalda logra que el 80% de quienes lo siguen reporten una mejora real. No porque antes no lo necesitaran, sino porque el sistema nunca estuvo diseñado para facilitarlo.
En un país líder mundial en consumo de benzodiacepinas, y donde los problemas musculoesqueléticos y la salud mental son los principales motores de las bajas laborales, ese cambio importa más de lo que parece. La pastilla ofrece una solución rápida; la prevención accesible, una solución duradera. Cuando ambas opciones compiten en igualdad de acceso, las personas eligen la prevención.
El problema, por tanto, no es ya de diagnóstico ni de tecnología. Es de infraestructura. De quién construye el sistema que hará posible este cambio.
Estados Unidos y China no esperan. Están definiendo, mediante inteligencia artificial, cómo será el acceso a la sanidad en las próximas décadas, bajo sus propios incentivos y su propia concepción del bienestar. Europa, mientras tanto, encara una decisión estratégica: desarrollar su propia arquitectura o limitarse a regular la que otros diseñen.
El continente parte de una fortaleza indiscutible: la convicción de que la Salud es un derecho universal. Lo que ha faltado hasta ahora es la tecnología capaz de hacer esa idea operativa a gran escala y de convertir la prevención en una realidad accesible para todos, no solo para una minoría informada.
Porque, en el fondo, esta no es una discusión sobre números. Es una cuestión de modelo de sociedad. Si queremos seguir reaccionando tarde, pagando cada vez más por gestionar las consecuencias, o si apostamos por un sistema que evite que las personas enfermen en primer lugar. La respuesta parece evidente. Lo que sigue pendiente es tomarla en serio.
Un día después de una pérdida de conocimiento en el trabajo, tras un electrocardiograma que no pintaba bien y varias pruebas en el hospital, el médico le dijo a María Lillo: “Deberías estar muerta. Te voy a poner un DAI [un desfibrilador implantable] y no vas a poder tener hijos”. Lo cuenta desde su casa de Valencia mientras está pendiente de Ona, su bebé de tres meses, y con un corazón latiendo en su pecho que era de otra persona.
Claudia Flores preside el Grupo de Trabajo de la ONU sobre la Discriminación contra las Mujeres y las Niñas. Suena muy bien, escrito así, pero esta profesora de la Universidad de Yale, experta en derechos humanos internacionales, recuerda que finalmente son solo cinco mujeres que trabajan de forma voluntaria para lograr cambios reales en las leyes, políticas y hasta en el lenguaje humanitario internacional.
Es investigador en la Universidad Fernando Pessoa de Canarias, director del Centro de Investigación del Alzheimer en el Instituto Karolinska e investigador asociado en la Clínica Mayo, entre otras cosas. A tan increíble curriculum suma ahora el Premio Nacional de Investigación sobre demencia con cuerpos de Lewy (DCL) por su trayectoria, la enfermedad en la que se ha convertido uno de los mayores expertos a nivel mundial, a pesar de llegar a ella, cuenta, «de casualidad».
¿Qué supone recibir este premio para usted?
Para mi este premio y todo el trabajo realizado por Asinlewy es un paso tremendo hacia el reconocimiento y apoyo a la investigación de la DCL en España. Creo que es una excelente noticia para la comunidad científica española, pero también para la comunidad clínica y los pacientes y sus familiares. A nivel personal, es todo un honor haber sido galardonado con el reconocimiento a la trayectoria en investigación de DCL.
El premio reconoce su trayectoria investigadora en este campo. ¿Desde hace cuanto que la investiga?
Mi investigación sobre la DCL comenzó allá por el 2017, así que pronto se cumplen ya 10 años desde los primeros estudios.
No es una enfermedad ni muy conocida (ni siquiera entre los propios médicos), ni en la que haya habido muchos avances. ¿Qué le llevó a elegirla?
Esto es cierto, la DCL es aún una desconocida para mucha gente, lo cual es sorprendente dado que es la segunda demencia neurodegenerativa más frecuente, después de la demencia asociada al alzhéimer. Mi motivo para elegir este campo de trabajo fue una convergencia de factores y algo de casualidad. Para resumir, yo llevaba varios años usando una técnica para investigar el cerebro que se llama resonancia magnética cerebral, centrándome en pacientes con alzhéimer y personas sanas. En 2017 me encontraba haciendo mi formación postdoctoral en el Instituto Karolinska de Estocolmo (Suecia) y era el momento de desarrollar una línea de investigación propia para poder optar a una posición de assistant professor (algo así como profesor ayudante doctor en España). Esto se juntó con la posibilidad de coordinar el Hub de Resonancia Magnética del consorcio Europeo para la demencia con cuerpos de Lewy (E-DLB, www.e-dlb.com), así como con la posibilidad de realizar una estancia de investigación en la Clínica Mayo en uno de los principales grupos internacionales sobre esta enfermedad. Me parecieron oportunidades únicas así que las acepté y comencé a adentrarme en el mundo de la DCL.
«La DCL es aún una desconocida incluso para el personal sanitario»
Se premia también su labor en la creación de la plataforma FindDLB. ¿Podría explicar en qué consiste?
Como hemos dicho, la DCL es aún una desconocida para mucha gente incluido el personal sanitario. Esto lleva a su infradiagnóstico o diagnósticos erróneos. Por ejemplo, se sabe que dos de cada tres pacientes con DCL no son diagnosticados, o son diagnosticados con otro tipo de demencia como por ejemplo Alzheimer u otras enfermedades como el Párkinson. FindDLB significa justo eso, en castellano, «Encontrar a los DCL». Se trata de generar herramientas diagnósticas, conocimiento biológico y clínico sobre la enfermedad y transmitirlo al personal sanitario y sociedad para aumentar la visibilidad de la DCL.
¿Se usa ya en la práctica clínica? Si es así ¿qué resultados consigue?
La plataforma FindDLB es más bien una red nacional de investigación y formación, aunque también hemos generado algunas herramientas y conocimiento que sí se está usando en la práctica clínica. Por ejemplo, a nivel cualitativo, hemos observado un aumento del número de diagnósticos de DCL en clínicas especializadas de demencia, así como un mayor número de remisiones desde atención primaria para evaluación de sospecha de DCL. Como resultado final, queremos conseguir una mejora en el diagnóstico y tratamiento de la DCL y sus fases prodrómicas.
A día de hoy no existe una prueba diagnóstica y muchas veces se confunde con otras patologías. ¿Podría servir para obtener un diagnóstico precoz?
Bueno, justo en los tres últimos años se ha avanzado mucho en el desarrollo de una técnica conocida como ensayo por amplificación de semillas (seed amplification assay, SAA en inglés) así como biopsias de piel que está revolucionando el diagnóstico de la DCL. El principal reto ahora mismo es integrar estas técnicas en la práctica clínica, pero ya hay varios hospitales en España que disponen de las mismas.
¿Qué avances destacaría de los producidos en los últimos años?
Desde luego los avances principales son, en mi opinión, el desarrollo e integración clínica del ensayo por amplificación de semillas y biopsias de piel, así como varios frentes actuales para el desarrollo de tratamientos modificadores de la enfermedad para la DCL. Esto coincide con un cambio de paradigma muy importante que es ir desde los síntomas clínicos a las bases biológicas de la enfermedad.
"Un cambio de paradigma es ir de los síntomas a las bases biológicas de la enfermedad"
Mucha gente no sabe ni que existe la DCL pese a ser muy frecuente. ¿Cómo podría mejorarse este aspecto?
Aquí es central la colaboración entre investigadores, personal sanitario, industria, políticos e instituciones, sin olvidar las asociaciones y los pacientes y sus familias. Hoy en día hay numerosas iniciativas internacionales en todos estos frentes, y para mí lo más fácil sería sumarse más que tratar de hacer las cosas desde cero.
Sin quitarle la importancia que obviamente tiene la enfermedad de Alzheimer, ¿estamos empezando a asumir que no todo deterioro cognitivo es alzhéimer?
Sí. Los investigadores sabemos desde hace muchos años que hay múltiples causas de deterioro cognitivo en el campo de las enfermedades neurodegenerativas. Lo que ha ocurrido en los últimos cinco-diez años es el reconocimiento de que varias enfermedades pueden coexistir en el cerebro de pacientes con estos cuadros clínicos. Esto lo empezamos a aceptar también los que trabajamos en el ámbito clínico. Incluso, recientemente, la sociedad empieza a conocer también otras causas de deterioro cognitivo además del alzhéimer, como por ejemplo, la DCL.
¿En qué proyectos trabaja actualmente?
¡En muchos! Mis proyectos son muy amplios y multidisciplinares, desde biomarcadores en sangre y líquido cefalorraquídeo, hasta técnicas de neuroimagen, aspectos genéticos, diferencias de sexo/género, cognición y otros aspectos clínicos, siempre en material clínico de pacientes. Usamos mucho también técnicas avanzadas de análisis de datos, incluyendo la inteligencia artificial.
Un estudio realizado en el Hospital La Fe de Valencia sugiere que el escáner lumbar, una prueba de imagen muy utilizada en la práctica clínica, puede servir como herramienta de cribado oportunista de osteoporosis sin necesidad de someter a los pacientes a pruebas complementarias.
La osteoporosis es una enfermedad que afecta a más de tres millones de personas en España, especialmente a mujeres mayores de 50 años, pacientes en tratamiento crónico con corticoesteroides, o pacientes oncológicos. La osteoporosis debilita progresivamente las trabéculas del hueso hasta el punto de que pequeños traumatismos pueden producir fracturas de gran entidad, como fracturas vertebrales, fracturas de muñeca, o fractura de cadera.
La densitometría ósea es actualmente la técnica de referencia para el diagnóstico de esta enfermedad. No obstante, esta prueba no siempre forma parte del estudio inicial de todos los pacientes y su interpretación puede verse limitada cuando coexisten cambios degenerativos en el hueso.
El equipo investigador de la Fe, integrado por los doctores Pablo Ulldemolins, Juan Pedro Mencía y Arthur Maes, bajo la coordinación de la doctora Teresa Bas, ha planteado analizar si otras pruebas de imagen que ya se realizan con frecuencia en pacientes con dolor lumbar, fracturas o patología degenerativa, como el TAC o la resonancia magnética, pueden aprovecharse para detectar antes a muchos pacientes que hoy pasan inadvertidos.
«Los TAC que hoy en día se realizan por otros motivos se podrían utilizar para analizar la situación ósea del paciente lo que evitaría densitometrías y por tanto podría adelantar el diagnóstico de los pacientes y reducir costes al sistema sanitario. Además, con esta prueba podemos avanzar la aparición de nuevas fracturas y por tanto iniciar precozmente el tratamiento para evitarlas», explica Ulldemolins, uno de los principales investigadores del estudio.
Los resultados mostraron que el metaanálisis de las unidades digitales que proporciona el TAC lumbar no solo se correlacionaba con la densidad mineral ósea como hace actualmente la densitometría, sino que además permiten predecir la aparición de nuevas fracturas en otras partes del cuerpo. «Ahora nuestro reto es traslados estos resultados a la resonancia magnética, una prueba que se realiza a multitud de pacientes con dolor lumbar y que, además, no expone a los pacientes a radiación», señala Ulldemolins.
Los doctores Juan Pedro Mencía y Arthur Maes destacan también que el entorno investigador del Hospital La Fe «reúne las condiciones ideales para desarrollar proyectos de este tipo gracias al apoyo del hospital, del servicio y de la doctora Teresa Bas».
Tegucigalpa, 12 jun (Prensa Latina) Las autoridades sanitarias de Honduras anunciaron hoy una nueva ampliación de la campaña nacional de vacunación iniciada el pasado 13 de mayo, cuyo cierre estaba programado para el próximo lunes.
1. Hoy, 13 de junio, es el Día Europeo de la Prevención del Cáncer de Piel. ¿Cuánto daño hacen afirmaciones de famosos de que hay que tomar el sol poco a poco y sin usar protección solar?
Soy consciente de que el rigor científico pierde ante una historia bien contada, especialmente si la historia la cuenta una persona famosa, pero este tipo de afirmaciones hacen mucho daño, porque transmiten un mensaje aparentemente «natural» pero médicamente equivocado. La piel no necesita quemarse ni «entrenarse» para estar sana. El llamado «callo solar» no existe desde el punto de vista médico. Ponerse moreno es una respuesta defensiva de la piel ante una agresión, la llamada «melanogénesis». El sol tiene beneficios, por supuesto, pero la radiación ultravioleta es el principal factor ambiental relacionado con el envejecimiento cutáneo y con muchos cánceres de piel. Por eso, cuando una persona con influencia pública banaliza la protección solar, el mensaje puede tener consecuencias reales, sobre todo en adolescentes y jóvenes. El problema no es tomar el sol; el problema es la quemadura solar.
2. ¿A qué atribuye estos bulos?
A una mezcla de desinformación e idealización de lo «natural». Existe una tendencia peligrosa a pensar que todo lo natural es bueno y lo médico o preventivo es sospechoso. Y no es así. El arsénico o la cicuta también son naturales. También influye que las redes sociales premian los mensajes contundentes, emocionales y simples, aunque sean falsos. Decir «no uses crema solar porque bloquea la vitamina D» genera atención, pero desde el punto de vista médico es una simplificación peligrosa. La evidencia científica indica que el uso correcto de fotoprotección ayuda a reducir el daño cutáneo y el riesgo de cáncer de piel.
3. ¿Nota que los adolescentes y jóvenes están dejando de usar protección solar?
Sí, y me preocupa. Muchos jóvenes están muy concienciados con el cuidado de la piel, pero algunos siguen asociando el bronceado con belleza, salud o éxito social. En consulta vemos que muchos adolescentes usan cosméticos sofisticados e incluso se interesan por procedimientos estéticos para «embellecerse», pero se olvidan de protegerse del sol. La mejor crema antiedad sigue siendo una buena fotoprotección.
4. ¿La incidencia de cáncer de piel va en aumento?
Sí, está aumentando de forma clara. De hecho, la mitad de los españoles vamos a padecer cáncer de piel a lo largo de nuestra vida. También vemos más casos porque diagnosticamos mejor y antes, pero eso no explica todo.
5. ¿A qué se debe?
Hay un aumento real relacionado con la exposición solar acumulada, el envejecimiento de la población y hábitos de ocio al aire libre o uso de cabinas bronceadoras sin suficiente protección.
6. ¿Deberían adecuarse colegios o parques para proteger a los menores del sol?
Sin ninguna duda. La fotoprotección infantil no puede depender solo de que los padres pongan crema por la mañana. Debe ser una política de salud pública. Los colegios, guarderías y parques deberían tener más zonas de sombra a través de toldos y árboles, horarios razonables de recreo en los meses de mayor radiación y una cultura de gorra, camiseta y protección solar. Igual que nadie discute que un niño debe llevar cinturón de seguridad en el coche, tampoco deberíamos discutir que debe estar protegido del exceso de radiación ultravioleta.
7. Si pones protección solar 50 a un niño de 3 años muy blanquito a las 09:00, ¿hasta qué hora le durará como mucho?
La protección disminuye por el sudor, el roce, el agua y la arena. En un niño pequeño, especialmente si es muy blanquito y si va a estar al sol, yo aconsejaría reaplicar cada dos o tres horas y siempre después de sudar, bañarse o secarse con una toalla. Y añadiría algo importante: en niños, la crema solar no debe ser la única barrera. Es más importante usar la sombra, ropa, gorra y evitar las horas centrales del día.
8. ¿Cuáles son los peligros de que un pequeño esté tantas horas sin protección solar?
El principal peligro es la acumulación silenciosa de daño solar. La piel acumula radiación desde la infancia. Esa exposición repetida aumenta el riesgo futuro de manchas, envejecimiento prematuro, queratosis actínicas y cáncer de piel. Además, los niños pequeños tienen una piel más vulnerable y muchas veces no son conscientes de cuándo se están quemando. Pueden pasar horas al aire libre sin que nadie perciba el daño hasta que aparece el enrojecimiento por la tarde. Por eso la fotoprotección infantil no es una cuestión estética; es prevención oncológica.
9. Quemarse a esta edad, ¿en cuánto incrementa el riesgo de cáncer de piel?
Las quemaduras solares en la infancia son especialmente relevantes porque dejan una huella biológica a largo plazo. No es que una quemadura concreta garantice un cáncer de piel, pero sí aumenta el riesgo futuro, especialmente de melanoma. Por eso los dermatólogos somos tan insistentes: evitar quemaduras en niños es una de las mejores inversiones en salud cutánea futura. En términos prácticos, una quemadura solar en un niño nos preocupa más que en un adulto porque añade daño desde muy temprano.
10. ¿Se deberían hacer «mapeos» de lunares cada año en adultos con muchos lunares?
El mapeo corporal digital y la dermatoscopia nos permiten detectar cambios sutiles antes de que sean visibles a simple vista. Ahora en nuestras consultas usamos la inteligencia artificial para detectar cambios precoces y a comparar imágenes de cada paciente. No se trata de extirpar todos los lunares, sino de vigilar los que cambian o tienen criterios sospechosos.
Cada vez que escucha al futbolista Marcos Llorente negar la relación directa entre la exposición solar y el cáncer de piel, Marta Gama no se enfada. Le duele.
«Siento dolor y pena cuando le escucho porque hay gente joven que le va a hacer caso a él o a cualquier otra persona influyente. En el pueblo y cada vez que voy de campamento aviso a los chavales lo importante que es ponerse protección solar» y todas estas recomendaciones se caen «cuando una persona referente para muchos jóvenes dice esas barbaridades como lo de que el cuerpo hace callo. Por mucho que entrenes el cuerpo no te salvas del cáncer, o ¿con el tabaco fortaleces los pulmones mientras más fumes? Me quedo anonadada».
«Me gustaría hablar con él y que me dijera a mí con cáncer de piel a los 29 años lo mismo o a un padre que ha perdido a un hijo. El melanoma es un cáncer de piel que mata, yo soy de las afortunadas», incide esta paciente de Aguilar de Campoo y miembro de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC).
Sabe bien de lo que habla. A Marta le detectaron cáncer de piel en mayo de 2015. Tenía una verruga en la cara interna del muslo de la pierna derecha. Reconoce que nunca le gustó tumbarse a «tomar el sol, pero tampoco me echaba protección solar y trabaja en verano de campamentos, de modo que me exponía al sol sin protección».
Como la verruga le molestaba mucho al nadar, pidió cita con su médico de familia que le recetó una crema y le dijo que volviera en 15 días, tras lo cual le derivó a la dermatóloga para que se la quitase. No era lo que se esperaban, había cambiado mucho, de modo que llevaron la muestra a analizar a anatomía patológica. «Era melanoma, había que volver a operar porque había que ampliar márgenes y ver el estado del ganglio centinela», recuerda.
En junio la vuelven a operar. Esta vez en Brugos. A las tres semanas le indican que tienen que operarla «una tercera vez porque el ganglio centinela ha dado mal y los márgenes también tienen malignidad. Entonces ya me asusto, mucho más todavía de lo que estaba. Esta vez ya me quitaron todos los ganglios de la ingle de la pierna derecha y me hacen una ampliación mucho más bestia. Me quitan gran cantidad de músculo, como decirte, es un agujero elegante mucho más grande que una pelota de tenis».
"He perdido mucha fuerza en la pierna. Si me agacho no soy capaz de levantarme sin ayuda"
Marta Gama, paciente con melanoma
Marta ha perdido mucha fuerza, «tanta que si me agacho no soy capaz de levantarme sin ayuda».
La linfadenectomía a la que le someten arroja que dos de todos los ganglios tenían malignidad por lo que es derivada a oncología donde empieza el tratamiento de quimioterapia, un tratamiento a diario durante un mes.
El problema en su caso es que, además, tiene que acudir a Palencia. Es decir, «hacerme todos los días 200 kilómetros. Me ofrecieron opción de ambulancia, pero lo rechacé porque suponía a la vuelta llegar tarde». En cuanto a la opción de quedarse in situ, Marta no podía, «necesitaba volver porque mi madre tiene esclerosis múltiple», así que pidió a familiares y amigos que la llevaran y 6 personas se prestaron a ello, entre ellos su mejor amigo, hoy marido. Unas idas y venidas que sumadas a los 10 años de tratamientos habrán supuesto «unos 16.000 km y unas 4.120 horas de trayectos», estima.
Lo recuerda como algo duro. No tenía muchas secuelas, pero «estaba agotada, muchísimo. Me costaba andar, respirar, solo dormía y tomaba yogures y porque me obligaba mi madre porque de ser por mí no me los habría comido. Hoy te diré que me cuesta tomarlos».
Tras ese mes, yendo y viniendo, Marta comenzó con una quimioterapia en menor dosis en casa durante otros 11 meses. Durante ese año, le hicieron un PET en Salamanca para comprobar que el cáncer no se hubiera extendido.
Tras ver cómo daban el alta a 6-7 personas, a Marta la llamaron. «Me dijeron que se había iluminado una zona que es zona ovario derecho y que parecía que el cáncer se había extendido. Me preguntaron por la regla y fue cuando les dije que estaba ovulando y me dijeron que entonces podía ser por eso». Marta recuerda que ahí su pareja sí que se enfadó y le dijo al sanitario que «lo que me había hecho a mí no se lo podía hacer a otra persona».
En febrero le ven un bulto y deciden quitárselo en Burgos. Allí le vuelven a decir «que el cáncer se ha reproducido y que si está ahí no tardará el llegar a los pulmones y al cerebro. Vuelvo a hacerme pruebas y finalmente no era otro melanoma, sino un tejido cicatrizal que daba muy mala pinta a la vista. Durante una semana estuvimos pensando todos que me moría... Dos veces me han hecho la cruz, esta vez creo que porque presioné mucho en saber qué podía ser. No culpo a los médicos, me han salvado la vida, pero a veces sería necesario que fueran un poco más empáticos», recomienda.