La ansiedad por encontrar piso dispara las búsquedas un 28% antes de las matrículas: "Querían 500 euros por un piso viejo solo por estar en una zona universitaria"



Fue vaciando el piso de mi abuelo cuando apareció la revista olvidada. La abrí. Contenía uno de mis primeros artículos. En él recordaba la gran aventura vital que para un chico de pueblo suponía irse a Valencia a estudiar. Ya ha pasado casi un cuarto de siglo, pero en mi memoria sigue intacta aquella imagen. Hay un chico de 18 años tumbado en el camastro de un cuartucho caluroso al que sus compañeros llaman ratonera. Lee un libro de Francisco Peregil, el reportero al que más admira, ese reportero que algún día sueña ser. Suena airada la voz de Raimon por el radiocedé. Sobre el cabecero de la cama hay un cartel del año 36 con unos niños tristes, caras de hambre y brazaletes negros. Per ells! Vota les esquerres. Por la ventana ve ocho carriles para el tráfico y otros dos para el tranvía: monotonía urbana tras los cristales. Qué distinto todo al pueblo. Sobre todo, la independencia. Esa desconocida sensación de libertad. Los ojos que no te escrutan. La pregunta que no te aguarda. El pasado que no cuenta. Todo idealizado, claro: así era la juventud, así es la nostalgia.

Pregunta. Dispongo de una segunda vivienda de dos dormitorios en Madrid que ocupa un hijo que cubre los gastos. Surge la oportunidad de alquilar la segunda habitación a una persona por dos meses por motivos de estudios. ¿Qué tipo contrato se debe articular? ¿Qué tratamiento fiscal debe hacerse? V. Saz

© Foto: Jorge Zapata (EFE) (EL PAÍS)