El vértigo de viajar solo en verano: “Llevo demasiado tiempo viviendo como si mi vida estuviera en pausa”
La primera noche, Carmen cenó sola en la habitación del hotel. Había tardado años en reservar aquel fin de semana y, cuando por fin llegó, no se atrevía a bajar sola al restaurante. “Los primeros momentos los pasé casi escondida”, recuerda. “No me veía con fuerzas”. Al día siguiente se armó de valor y lo consiguió. Se sentó en una terraza con un libro. Esperaba que la gente la mirase, que pensara: “¿Pero qué hace esta señora aquí sola?”. Sin embargo, nadie la miró. “Fue casi una decepción, en el buen sentido, claro”, recuerda ahora. Carmen, que prefiere no decir su nombre real para proteger su intimidad, tiene 50 años, está divorciada y tiene dos hijos. Lleva más de una década soñando con hacer un gran viaje por su cuenta, aunque hasta ahora solo se ha atrevido con estancias breves. Como ella, hay muchas personas que pasan años deseando hacer un viaje a solas, ya sea porque no tienen pareja o simplemente para vivir la experiencia, pero nunca terminan de hacerlo. Algunas, especialmente las solteras, acaban apuntándose a los planes de otros, aunque siguen esperando a “la persona adecuada” para compartir su viaje soñado.

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