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Trump retira a su candidato a dirigir los servicios de inteligencia de EE UU tras las críticas de los republicanos por su falta de experiencia

La presión se había vuelto insoportable. Incluso para alguien como Donald Trump. El anuncio de que el presidente de Estados Unidos quería colocar en un puesto tan sensible como el de director de los servicios de inteligencia de la primera potencia mundial a Bill Pulte, un fiel aliado sin ninguna experiencia en la materia, sembró el desconcierto entre los propios republicanos. Diez días después, Trump se ha visto obligado a rectificar. Ya no será Pulte, sino el fiscal de Manhattan Jay Clayton el que sustituya a la dimitida Tulsi Gabbard, una de las bajas más sonoras en esta segunda estancia del magnate neoyorquino en la Casa Blanca.

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© AARON SCHWARTZ / POOL (EFE)

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, este miércoles en el Despacho Oval de la Casa Blanca.
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Alexandra Lange, Pulitzer de Crítica 2025: “Hemos hecho la infancia demasiado segura”

Alexandra Lange, en la entrada de la Librería Verbena, de Madrid, donde atendió a EL PAÍS.

Sale del colegio y va directo a Inglés. Después tiene entrenamiento y, más tarde, clases de música. Y cuando por fin llega a casa, apenas le queda tiempo para jugar. Buena parte de su jornada ha transcurrido en espacios diseñados por adultos, siguiendo horarios fijados por adultos y participando en actividades organizadas por adultos. En una época en la que las familias dedican enormes esfuerzos a elegir colegio, actividades extraescolares o métodos educativos, pocas veces se plantean una pregunta distinta: ¿qué aprenden los niños de los espacios que frecuentan cada día?

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La crítica y autora Alexandra Lange, en el interior de la Librería Verbena, en el madrileño barrio de La Latina.
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“La huelga ya me ha costado 3.800 euros”: los paros educativos pasan factura a profesores, alumnos y familias

Los profesores de secundaria Tàfol Nebot y Vicenta Pellicer, este miércoles en Castellón.

Vicenta Pellicer, de 60 años, profesora de Valenciano en un instituto público de Castellón, ha perdido 3.600 euros con la huelga indefinida que empezó el 11 de mayo y ha quedado suspendida este miércoles. Pellicer tenía previsto reformar el baño de su casa y cambiar el ordenador, pero ha aplazado ambos gastos y planea, además, unas vacaciones austeras. “Es una cantidad muy grande”, dice, “y evidentemente afecta a mis planes a corto y medio plazo”. El impacto en el hogar de Ismene Baños, maestra de Primaria en Mislata (Valencia), de 39 años, será mayor. Su pareja también es docente, han hecho 22 días de huelga, y calculan que la factura se acercará a los 7.000 euros. “Tenemos una reducción de jornada para cuidar de nuestra hija de año y medio, pero el curso que viene estamos pensando en renunciar a ella”, afirma. Y Cristina Arroyo, educadora infantil en una escuela del barrio de Aluche, en Madrid, acumula 28 jornadas de huelga desde abril, lo que reducirá, calcula, a casi la mitad su exiguo sueldo de 1.300 euros, y le ha obligado a volver a vivir a casa de sus padres a sus 40 años. “Si normalmente me cuesta llegar a fin de mes, imagina ahora”.

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Protesta de profesores en Valencia, este jueves.
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