México en vez de Miami: los cubanos huyen hacia el sur tras el regreso de Trump
Las imágenes de los casi 19 millones de euros emparedados en la vivienda de Óscar Sánchez, El Anodino, el inspector jefe de Policía investigado por colaborar con el narco, eran, hasta ahora, casi una leyenda. Uno de los últimos informes del caso, en manos de la Audiencia Nacional, incluye una decena de fotografías que han resuelto ese misterio. Con ellas, los miembros de Asuntos Internos de la Policía dan cuenta de todos los escondites que el policía investigado utilizó para ocultar la ingente cantidad de dinero en efectivo que estaba ganando.

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El juez del caso Plus Ultra ha abierto una pieza separada de la investigación principal contra el expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero para indagar en un supuesto delito fiscal y otro de contrabando por las joyas “cuyo origen en estos momentos no está justificado” y que fueron halladas en el registro de su oficina el pasado 19 de mayo. El magistrado de la Audiencia Nacional José Luis Calama recibió una tasación exhaustiva de las joyas este jueves, que valora el más de un centenar de piezas incautadas por la Policía en un montante total de 1.323.915 euros. En concreto, solo un juego de tres collares, tres pulseras, tres sortijas y tres pendientes —con oro blanco y zafiros y esmeraldas con origen en Zambia o Tailandia— está tasado en 1,2 millones de euros. Este nuevo movimiento judicial complica el futuro del expresidente, que pasa de tener una acusación principal por tráfico de influencias —derivada de la supuesta intervención con el Gobierno para el rescate millonario de la aerolínea Plus Ultra— a enfrentarse a una causa con otros delitos.

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A día de hoy, hemos acabado pensando que para evitar bacterias y malos olores debíamos meter en la lavadora las toallas cada vez que se utilizasen. Sin embargo, esta obsesión por la higiene diaria es menos beneficiosa de lo que creemos, primero porque acaba estropeando las fibras del producto, y además, aumenta de forma considerable el consumo de energía y agua.
Para saber realmente cuándo se debe lavar la toalla, primero se debe conocer de qué tipo es y cuánto se ha utilizado.
Estos textiles forman parte de nuestro día a día, están cuando nos lavamos las manos, cuando nos duchamos o cuando salimos de la piscina, y cada una de ellas siguen unas normas.
Para evitar que se acumulen bacterias y hongos los expertos recomiendan lavarla cada 3 o 4 usos. Sin embargo, es verdad que tiempo exacto y la necesidad de lavado dependen del uso y del tipo porque cada una retiene la humedad y la suciedad de una manera.
Para las toallas de ducha o de cuerpo, principalmente es importante extenderlas bien en un lugar donde haya ventilación para evitar el olor a humedad cada vez que se utilice. Asimismo, esta debe lavarse a la cuarta vez que se utilice.
¿Y las toallas de lavabo o manos? Pues bien, estas como se suelen usar varias veces al día por diferentes personas (casi siempre), acumulan gérmenes bastante más rápido, por ello recomiendan cada 1 o 2 días.
Mientras que, hay dos tipos que sí que se deben de lavar después de cada uso, y estas son las toallas de playa o piscina, y las de gimnasio o deporte.
Las toallas recogen un mal olor cuando se quedan húmedas, por las bacterias o por el detergente o suavizante que se deja sin aclarar bien. Muchas veces desconocemos por qué sigue oliendo mal la toalla, o no sabemos si realmente está bien lavada, esto se debe a estos errores:
El suavizante para las toallas no es beneficioso, ya que crea una especie de capa sobre las fibras de algodón, provocando que no absorba bien la toalla y no elimine bien los malos olores o la suciedad.
Hay expertos que recomiendan como sustitutivo a este producto el vinagre blanco.
Al echar demasiado detergente, puede hacer que la toalla no quede bien aclarada y el producto se quede sin aclarar, por lo que tampoco estaría del todo limpia.
Recomiendan lavar las toallas a parte del resto de coladas, llenando solo hasta tres cuartas partes del tambor para que haya espacio suficiente.
No se debe doblar y guardar las toallas en cuanto salen de la lavadora, esto es lo que produce la humedad y el moho. Por lo que, antes de guardarlas en la estantería o en el armario, se debe asegurar uno que está completamente seca.


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Existe una molécula de azúcar conocido como glucosamina que beneficia a aquellas personas que sufren de artritis o una enfermedad articular, sin embargo, lo que parece que ayuda en ciertas cosas, para otras es perjudicial.
Investigadores de la Universidad de Florida han publicado un estudio en el que declaran que existe un 25% más de probabilidad de morir en un plazo de 5 años si tomas glucosmina padeciendo Alzheimer, que si no tomases ese suplemento.
En el cerebro con Alzheimer, un sistema que añade azúcares a las proteínas se vuelve hiperactivo, llegando a provocar la muerte celular y la pérdida de memoria. Esto, a pesar que no se conoce mucho, se debe a que con la enfermedad del Alzheimer las células y proteínas del cerebro acumulan recubrimientos de azúcar adicionales. Sin embargo, las células y proteínas del cerebro tienen cadenas cortas de azúcar en su superficie, estos azúcares guían a la proteína para que coja su forma y así se una con otras proteínas, con las que tiene contacto en el proceso y desarrollo.
Lo que ocurre, es que con personas que padecen esta enfermedad cerebral, esas cadenas se quedan donde no deberían. Las proteínas que están por debajo no funcionan como deberían, esto es lo que hace que haya pérdida de memoria y muerte celular.
Este suplemento alimenticio es un aminoazúcar, compuesto por diferentes moléculas, las cuales el cuerpo las utiliza para formar nuevas células. Al no considerarse como un nutriente imprescindible, su deficiencia no está tan presente. Además, se vende sin receta como solución para el dolor articular.
Para comprobar si existía una relación entre ambos, se hizo un estudio con 24.000 pacientes con demencia y con 41.000 con deterioro cognitivo leve, comparando a quienes tomaron glucosamina con quienes no la habían probado jamás. Esto no demuestra realmente algo al completo, simplemente han evidenciado de que sí que existe una asociación. Para que se llegase a algo más explícito, los expertos señalan que necesitarían realizar un experimento más controlado, en vez de revisar los historiales de los pacientes.
Dejaron los pacientes, y estos científicos decidieron experimentar con ratones que habían modificado genéticamente previamente para que tuviesen síntomas parecidos a los de esta enfermedad. Buscaban con esta modificación encontrar el proceso por el cual la glucosamina dañaba al cerebro. Vieron, en efecto, que se producía lo que han explicado anteriormente con este suplemento y el Anzheimer.
Asimismo, existen estudios previos que han demostrado que los adultos cognitivamente sanos, si toman suplementos de glucosamina, hace que tengan un menor riesgo de demencia. Por lo que, la glucosamina no es que sea perjudicial para todo aquel que la tome, sino para aquellos cerebros que ya estén teniendo problemas de deterioro cognitivo.


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A la hora de realizar las tareas típicas del hogar y de limpieza no se suele tener en cuenta un cuidado que pasa desapercibido, pero resulta ser más importante de lo que uno piensa. Podemos llegar a pasar sobre ellas casi un tercio del día, colocando nuestra piel directamente con ella, y, sin embargo, hasta que no se aprecian manchas visibles, uno no piensa en lavarlas.
Aunque parezca que las almohadas son otro objeto más de la habitación, en ellas se quedan las bacterias, células muertas, el sudor u otros olores en su interior. Además, varios estudios sobre la higiene han detectado que en un almohadón puede acumular miles de ácaros si no se limpia como se debería.
Además, puede ser perjudicial para aquellas personas que sufran de asma, alergias o alguna otra enfermedad respiratoria, ya que al pasar tanto tiempo en contacto directo con ellas acabas respirando tú también esas bacterias, o células.
Las almohadas deben lavarse de dos a cuatro veces al año, es decir, de 3 a 6 meses, porque a pesar de que se cambien las fundas cada semana, la grasa corporal, la piel muerta o el sudor, traspasa el tejido. Aun así, no todas las almohadas se deben de lavar y desinfectar igual.
Si se tienen almohadas de fibra sintética o plumas se pueden lavar en la lavadora con un ciclo delicado usando agua fría o tibia con un poco de detergente.
Las que no se deben meter en la lavadora porque el agua y el centrifugado las acaba estropeando son las almohadas viscoelásticas o de látex. Por ello, para poder limpiar este tipo se debe retirar la funda y aspirar la superficie para quitar el polvo y los ácaros. Una vez realizado este paso, hay que mezclar agua tibia con un detergente suave y frotar con un paño húmedo.
Además, con bicarbonato y un poco de agua o vinagre se pueden eliminar las manchas amarillas, dejándolas reposar y actuar durante unos 15 minutos antes de enjuagarlas. Es muy importante que aunque se laven, dejarlas secar en posición horizontal antes de volver a ponerles la funda y de utilizarlas, ya que la humedad es un efecto peligroso.
Algo que aconsejan es utilizar fundas protectoras y cambiarlas cada vez que las sábanas, favoreciendo así la duración de estos cojines y su higiene.
Pero, aunque se laven regularmente, los expertos advierten de que al cabo de los 2 años como máximo, este producto pierde su capacidad de soporte y el 30% de su peso puede ser el polvo o los ácaros muertos. Para saber si ya se debe cambiarla por otra, el truco está en doblarla por la mitad, y si no vuelve a su posición original es el momento de comprar otra.


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Sidi Ifni, capital del África Occidental Española hasta 1969, se esconde entre impresionantes paisajes y un clima privilegiado. Aquí no hay grandes resorts, ni avenidas saturadas de turistas, solo hay brisa atlántica, calles tranquilas, fachadas blancas art déco, cafeterías frente al mar y una sensación de estar en un lugar donde el tiempo se detuvo en el siglo XX.


Asturias se incorpora en el listado de comunidades que pueden utilizar Uber. Desde finales del pasado mes de mayo, ya se puede viajar con esta empresa por Asturias a través de la aplicación. Por lo que, aquellos asturianos que prefieran conocer el precio cerrado del trayecto antes de confirmar, tienen la oportunidad.
No obstante, esta noticia no ha sido acogida positivamente por todo el mundo, ya que algunos trabajadores de Taxi temen que les quiten trabajo. Sin embargo, Uber asegura que no viene a competir con otros medios de transporte, sino para completar la oferta.
En total son cuarenta coches los que componen el grupo de Uber en esta comunidad, añadiendo que, están operativos en Gijón, Oviedo y Avilés. No obstante, se pueden mover por la ciudad o ir hacia otras zonas de Asturias.
En cuanto a los precios, hay que tener en cuenta que las tarifas son dinámicas, por lo que el coste varía según la demanda. Aun así, existen unas referencias iniciales.
Además, se debe saber que esta compañía tiene unos precios fijos dependiendo de con qué se realice el viaje, es decir con ellos o con taxi. El precio base en Uber será de 2,14 euros, y lo mínimo a lo que va a salir el viaje será a 5,83 euros. En el otro caso, es el ayuntamiento quien fija dichos precios.
Los viajes para ir al aeropuerto de Asturias desde Avilés el precio oscila entre los 20 euros, desde Gijón 58 euros, y desde Oviedo sale más caro debido a la distancia y está entre los 70 euros. En el caso de aquellos que quieran hacer trayectos entre las ciudades, si se viaja desde Oviedo a Gijón puede salir alrededor de 43 euros, y a Avilés por 49 euros. Asimismo, el viaje de Gijón a Avilés ronda entre los 40 euros.
Por otro lado, los traslados urbanos a hospitales, zonas de ocio, o al recinto ferial están entre los 6 euros.
A pesar de conocer estas tarifas, los precios son puras estimaciones, aunque Uber también ha pensado en esto, y en su propia aplicación tienen un apartado como Calculadora de Tarifas Uber en la cual los usuarios podrán conocer el precio exacto, teniendo en cuenta la hora y el tráfico.
Teniendo en cuenta la ley de Movilidad Sostenible que aprobó el Ejecutivo regional en 2018, solo podrán los taxis (los que funcionan en el sistema convencional como los que están incorporados en el servicio VTC), recoger y llevar a clientes dentro de las propias ciudades. Sin embargo, los VTC, solo pueden prestar servicios en los que el origen y el destino supere el ámbito urbano.
Pero, si tienen contratos globales cuya duración sea más de dos días, únicamente en este caso, podrán hacer viajes ellos también.


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Con su primer libro, 'Sin rencor', la autora quita el enfoque sobre la víctima para ponerlo también sobre el agresor, intentando entender los motivos y explicaciones filosóficas que hay detrás del acoso
El acoso escolar no es una etapa: es una herida que sangra en silencio
Con tan solo 17 años, Elena de Juan García sufrió acoso escolar durante su última etapa en el instituto. Su día a día se vio marcado por el hostigamiento, las risas crueles y el vacío social por parte de sus compañeros. Sin embargo, años después, ahora con 21, Elena ha dejado atrás el rencor y resentimiento para entender la mente humana y qué había detrás de sus acosadores. Apasionada de la literatura y la filosofía desde siempre, en su debut literario Sin rencor (Editorial Diëresis) explora lo que ocurre cuando una víctima de acoso escolar decide dejar de mirar sus propias heridas para estudiar la mente de quienes la hacen sufrir.
El libro rompe con el formato más tradicional de un testimonio para ofrecer un ensayo filosófico que analiza el acoso escolar desde la identidad, la dignidad y el perdón. Además, la autora se apoya en el pensamiento de filósofos como Platón, Sartre o Nietzsche para explorar las dinámicas del acoso y los mecanismos psicológicos que lo impulsan. Cada capítulo cuenta la historia y posibles trasfondos de algunos de sus compañeros, para intentar explicar y entender lo que les llevó a acosarla, algo que ha sido clave en su recuperación personal.
Con Sin rencor, espera ofrecer un faro de esperanza y una herramienta de apoyo a jóvenes que puedan estar atravesando lo mismo que ella vivió hace unos años.
Escribes este libro con solo 21 años, sobre el acoso que sufriste a los 17 años en el instituto. ¿En qué momento decides hacer de esta experiencia tan dolorosa, que es el acoso escolar, un objeto de estudio filosófico?
El libro lo empecé a escribir en el instituto, cuando tenía apenas 17 años y pasaba por el episodio de acoso. Pero en aquel momento era más autobiográfico y más narrativo, ni siquiera tenía intención de convertirse en un libro, era un poco mi diario y mi manera de desahogarme. Con el tiempo iba releyéndolo y cambiando cosas.
Llegó un punto en el que me di cuenta de que lo estaba cambiando por completo, porque ya había pasado un tiempo, y casi sin darme cuenta había ido perdonando a cada uno de ellos. Así fue el proceso, no es que la haya escrito hace 21 años, pero sí que tuve esta visión porque considero que, como digo en el libro, nadie que se sepa gozosamente pleno siente nunca la necesidad de rebajar a otro.
Siento que a veces cuando hablamos de episodios así tendemos a centrarnos en la víctima y se dicen frases como, “pues yo sufrí acoso escolar”, “¿Por qué? Por ser tal o por tener no sé qué”, y realmente ese ‘por qué’ suena un poco justificativo, un poco causal y creo que no se debería enfocar tanto en la víctima sino en el agresor.
Hay muchas personas que no saben estar solas y hacen lo que sea por ser parte de un grupo, incluso renunciar a una moral básica
¿Cómo fue el momento en el que te diste cuenta, por fin, de que tú no tenías la culpa de nada?
Durante mucho tiempo yo me he culpado a mí misma, y fue a través de mucha reflexión y mucha introspección, pero creo que es una respuesta común. Que tiendes a hacerte a ti misma una diana, y piensas que alguna falla tienes que aportar, porque no puede ser, ¿Por qué yo? ¿Qué les he hecho yo? A veces simplemente puede ser por tener algo diferente, pero puede ser algo diferente y positivo. Puedes llevar, como digo en el libro, un fulgor que incomoda.
Dices que el acoso no ocurre por tener un defecto, sino por tener algo que te hace diferente. ¿Cómo se defiende esa autenticidad en un entorno donde la norma es seguir al rebaño?
Hay muchas personas que no saben estar solas y hacen lo que sea por ser parte de un grupo, incluso renunciar a una moral básica. Esto lo trataba Simone Weil, y también lo menciono en el libro, que esa necesidad de pertenecer es algo humano, es inherente al ser humano y muchas conductas crueles nacen precisamente de ese miedo de quedar fuera del grupo.
Cuesta mucho defender esa autenticidad y se hace quizás a través de muchísima introspección y muchísimo análisis. También, aunque nuestra mente esté diseñada para no ver nuestros defectos o evitarlos un poco, ser consciente de uno mismo y de que nuestro valor reside en toda nuestra complejidad, no en lo que nos pintamos a nosotros mismos ser.
Cada capítulo tiene el nombre e historia de uno de tus acosadores ¿Qué te llevó a querer entender los motivos detrás de sus actos?
Realmente no son sus nombres, son pseudónimos. Inevitablemente todo el mundo ha pasado por situaciones duras o pasará por ellas en la vida, creo que es algo que tenemos que afrontar. En mi caso fue el tema del acoso escolar, pero otras personas tienen sus propias batallas. Siempre encontraremos la situación en la que las personas, por nuestra propia interacción y por nuestra naturaleza, nos hacemos daño entre nosotros.
Lo que yo pensaba es que estos comportamientos o todo lo que son nuestras carencias, nuestras contradicciones o nuestras fallas, tienen que haber aparecido antes en la historia necesariamente, porque tendemos a pensar que somos más distintos de lo que realmente somos. La naturaleza humana encierra una lógica que es muy constante, yo pensaba que quizás a través del pensamiento de filósofos, incluso los más clásicos, podemos vislumbrar un poco esta lógica que nos envuelve
El silencio es uno de los mayores cómplices que hay en el acoso, porque al final del día siempre es un grupito, nunca es una sola persona
Claro, porque en tu libro, utilizas los pensamientos de filósofos como Nietzsche o Platón. ¿Cómo te ayudó la filosofía a entender mejor la naturaleza humana y lo que habías sufrido?
A mí siempre me ha gustado mucho la filosofía, y creo que tiene respuestas muy importantes. A veces tendemos a irnos a cuestiones más metafísicas y plantearnos nuestra existencia, nuestro propósito en el universo, pero también nos da respuestas más tangibles que vemos reflejadas en el día a día. Es el caso, por ejemplo, del comportamiento humano, de por qué a veces entramos sin darnos cuenta en dinámicas dañinas: por qué se generan, cómo todo ello influye sobre nuestra identidad… Por eso me apoyaba en el pensamiento de estos filósofos.
Tu madre, que escribe el prólogo del libro, dice que el instituto era una prisión de indiferencia. ¿Son el silencio y mirar hacia otro lado el arma más peligrosa del acoso?
El silencio es uno de los mayores cómplices que hay en el acoso, porque al final del día siempre es un grupito, nunca es una sola persona. Y no todos son instigadores o líderes, siempre está el rebaño que sigue, el rebaño que calla o la institución en la que se desarrolla que también calla, y eso no deja de ser un cómplice. Obviamente mi madre sentía mucha impotencia porque, como cuenta en el libro, hacía de todo y más, se quejaba a la escuela y lo hacía saber a los profesores.
Pero lamentablemente no hacían mucho, y esto es algo que vemos muy a menudo en los típicos casos que ahora van surgiendo de vez en cuando, como el que vimos recientemente en Sevilla de una chica que se quitó la vida. Es muy triste escuchar estas noticias, pienso por ello que en el colegio o el entorno donde suceda (porque a veces no siempre es en el colegio, puede surgir acoso en el ambiente de trabajo, o donde sea) tendría que tener algunos protocolos que puedan seguir, algún programa para atajar el problema.
En el capítulo de Luisa, por ejemplo, hablas de la superficialidad y de que es más fácil aceptar lo estético que dudar de las cosas. ¿Por qué nos incomoda tanto cuestionar lo que la sociedad da por válido?
Porque a veces no nos damos cuenta, pero estamos configurados de tal manera que la estética es un filtro muy importante en nuestra moralidad. Es lo que trataba Schopenhauer con su famosa frase, que se le asocia tanto a él como a Nietzsche: “Cuando matas a una cucaracha eres un héroe, pero si matas a una mariposa eres un villano”.
La acción es la misma pero valoramos el entorno, la superficie, el envoltorio. En ese capítulo trato cómo se traslada esto al comportamiento humano, cómo a veces no es tanto estético como es el éxito, la fama… Pero es que muchas veces no nos damos cuenta.
De hecho, hace no tanto leí sobre un estudio que se publicó, un experimento que hicieron en el que había dos salas y en cada una había un grupo de personas, y se les leía un mismo guion poniéndoles imágenes de personas, con lo que había hecho cada una. Era ficticio, pero se les decía, “esta persona ha matado a alguien”, eran casos de derecho penal para personas que no habían estudiado derecho. Sorprendentemente, cuando les preguntaban la pena de prisión que les impondrían, en una sala pusieron a personas que eran convencionalmente atractivas y en otra personas que no tanto.
Siempre se les impuso mayores penas a las personas que no eran convencionalmente atractivas. Me pareció muy interesante el estudio porque reforzaba esta teoría de la belleza y la apariencia como filtro moral. Y es que no nos damos cuenta, pero tenemos incrustado en nosotros, en nuestra mente, el valorar la apariencia antes que la esencia. A veces ya no es cuestión de que nos cueste cuestionar determinadas realidades que ha impuesto la sociedad, sino que a veces no nos damos ni cuenta a primera vista y, requiere hacer un ejercicio reflexivo importante.
Exploras cómo las redes sociales y la inmediatez han moldeado la identidad de la Generación Z. ¿Qué crees que es necesario para que los jóvenes se centren más en lo auténtico y real?
Esto es algo muy duro, porque cada vez más vivimos en una sobreexposición constante. Jean Paul Sartre decía que la mirada de los otros nos condiciona profundamente, porque el problema llega cuando hay personas que no solo se sientan condicionadas por la mirada ajena, sino que acaban construyendo su identidad a partir de esa validación que le puedan dar otros.
Eso es muy peligroso, sobre todo en un contexto como el de ahora, en el que por el tema de la influencia de las redes sociales y la sobreexposición llega a haber muchas personas que no saben estar solas. Mi madre siempre me dice lo importante que es saber aburrirse. Esos momentos se sustituyen ahora por la hiperconectividad, consultar las redes, comunicarse constantemente con otros… Por una parte, tiene aspectos muy positivos y cosas que antiguamente no se podían hacer, pero es muy peligroso porque la soledad es muy importante. La soledad, aquello que dicen de que es importante saber estar solo, que no es lo mismo que sentirse solo.
Hablas de una epidemia actual que se basa en la presión por no molestar a nadie, en agradar constantemente. ¿Piensas que esta necesidad es aún mayor en las mujeres, por culpa de las expectativas sociales? ¿Por qué es necesario romper esto y permitirnos molestar?
Cuando pienso en esa frase me viene a la cabeza la película de Barbie. Sí, podría haber, pero yo no pienso que esté particularmente identificada en las mujeres, yo lo trato en el contexto de lo que viví siendo adolescente. En ese momento sucede más habitualmente que en la edad adulta, durante los años de adolescencia y de juventud temprana del ser adulto o joven. Son años de muchísimo autodescubrimiento, son años en los que te planteas una de las preguntas más difíciles acerca de tu identidad, sobre quién eres.
Luego está la corriente que defiende que, evidentemente, no acabamos de conocernos nunca plenamente, porque en eso estamos toda nuestra vida, conociéndonos, aprendiendo sobre nosotros mismos. Pero sí que esos años moldean muchísimo tu personalidad, yo creo que tanto hombres como mujeres a esas edades sienten muchos miedos y muchas inseguridades. Requiere muchísimo valor y muchísima valentía salir de esos miedos, salir de tu zona de confort y atreverte a disentir, pero no todo el mundo lo hace. Muchos caen en esa trampa para tratar de agradar, no llamar mucho la atención…
El acoso digital no para al salir del instituto, se cuela en el día a día. ¿Crees que la inteligencia artificial y la desinformación están empeorando esta desconexión y la soledad de los jóvenes?
Totalmente, es un gran peligro. Las redes sociales tienen muchas ventajas, no digo que no, y nos conectan mucho más de lo que estábamos antes, se pueden ver muchos puntos positivos. Pero en otros ámbitos, como es el caso del acoso, pienso que antiguamente quizás era una cuestión de la escuela y se pasaba muy mal, pero al menos se quedaba allí. Ahora, al tener un móvil en tu bolsillo, en cierta manera permites que ese acoso se infiltre en los espacios más íntimos en los que deberías sentirte más protegido.
Yo en aquella circunstancia, estando en mi propia habitación, que para una chica de 17 años es su lugar seguro, no podía ni descansar porque recibía llamadas, mensajes… Cuando bloqueaba un número me llamaban a través de otro, eso sí que es muy peligroso. En ese ámbito, pienso que las redes sociales y la conexión, todo lo digital, es muy positivo cuando se sabe utilizar bien. Pero debemos intentar evitar utilizarlo para mal, porque detrás de cada pantalla sigue habiendo una persona.
Tu libro se llama Sin rencor, y afirmas que perdonar es un proceso largo y difícil. ¿Qué significa para ti el perdón, y cómo te ha ayudado a sanar?
Siempre digo que perdonar es muy importante, porque cuando sufres una experiencia dura y dolorosa, inevitablemente vas a guardar un cierto tipo de rencor. Hasta incluso parece digno hacia ti mismo, resulta una cuestión de dignidad, porque no vas a estar súper feliz y sonreírle a la persona que voluntariamente te lo está haciendo pasar muy muy mal.
Pero con el tiempo ese rencor se ha de ir soltando, porque el perdón es el acto de soltar el rencor y se ha de ir soltando, porque es una emoción que nos genera un espejismo. En realidad no nos protege, puede parecer que en un momento inicial sí, porque define los límites que estamos dispuestos a tolerar, y nos estamos respetando a nosotros mismos.
Pero con el tiempo, en lugar de protegernos, lo único que está haciendo es atarnos al pasado que tratamos de dejar atrás. Si no soltamos ese rencor lo único que estamos haciendo es permitir que la herida nos defina, o le estamos dando una posición muy central en nuestra historia. Aunque es cierto que forma parte de nuestra identidad y siempre será una marca que llevaremos porque nos ha hecho aprender y nos ha dejado muchas lecciones, hay que aprender a soltarlo. Por eso digo sin olvidar, no olvidar porque las lecciones que te ha dejado forman parte de quien eres hoy y te han transformado.
Y por último, para alguien que esté sufriendo acoso escolar ahora mismo y se sienta atrapado, ¿cuál crees que es el primer paso o la forma más segura de pedir ayuda?
Lo que te recomiendan todo tipo de protocolos de acoso escolar es contarlo. Ojalá cualquier víctima de acoso que lo esté sufriendo ahora mismo tenga una familia tan buena como la mía, que les apoyen en todo y que sean su lugar seguro. Que puedan sentirse cómodos explicándoles, pero fuera de además contarlo a tu familia considero que es muy importante contarlo a adultos, a personas que puedan ayudar. Porque un adolescente, un joven que está en el colegio, es bastante vulnerable, sobre todo sufriendo una situación así. A veces, como en mi caso, lo cuentas al colegio, hablas con el director, el coordinador de estudios… Con quien haga falta, pero si el colegio no coopera, en ese caso me sabe fatal, porque me sentiría muy reflejada si es la situación de la víctima.
Es por ello que creo que todos tenemos que hablar más de este tema, para que se genere algún cambio importante. Yo no estoy en ninguna posición de cambiar los protocolos que tienen en los centros educativos, pero ojalá pueda hacer algo a través del libro. Yo siempre pensaba y decía en el propio libro, que si alguien se reconoce en la complejidad del existir, o este libro puede servir como faro para decirle a las víctimas que todo va a mejorar en un futuro, ya habrá cumplido su propósito. Si sucede eso, ojalá pueda ayudar y apoyar.

The beloved souvlaki has been around since ancient times. Archaeologists have found skewers dating back to the Bronze Age, and recent research looks at the functioning of early grills. In particular, “souvlaki trays” have been discovered dating all the way back to Mycenaean culture.
Therans and Mycenaean cultures were known for their luxurious lifestyles, ornate and colorful clothes, exquisite art, and sea trade with other cultures, such as Egypt. People developed these cultures on the islands of Crete and Santorini.
The oldest souvlaki skewers found seem to be those discovered by archaeologists on Santorini dating back as far as 2000 BC. There are traces of the popularity of souvlaki on Santorini and Crete through the Bronze Age, and both Theran and Mycenean cultures made use of this method of cooking.

Ancient Greek texts such as the Iliad and the Odyssey describe a spit (Greek: ὀβελός) being used to roast meat, but the exact functioning of the souvlaki trays was unknown until recently. The works of great poets and writers describe the same obeliskos being popular. Sophocles, Aristophanes, Xenophon, and Aristoteles all mention or describe the popular dish in their works.
It seems that ancient Mycenaeans did not have a large variety of foods available to them. Despite this, they developed various types of cooking methods, fostering innovation. Part of that innovation was souvlaki trays, as was cooking in jars, among other techniques. At the time and for most of ancient history, cooking was mostly done on hearths with few ingredients. The portable and lightweight souvlaki trays changed this for Mycenaeans around 1400 to 1050 B.C.
Academics suggest that an important historical force behind these contraptions was status. While the Myceneans had incredibly rich art and fashion, their diet lacked diversity, though a marker of status was drinking wine. On the other hand, one can imagine poorer Mycenaeans drank beer.
As they were skilled sailors, Therans on Santorini island had begun brewing beer in the II millennium B.C., possibly learning the skill from Egypt or the Near East, where beer had been brewed since the III and IV millennium B.C. Accounts of the 5th and 4th centuries B.C. tell of an Athenian bias against beer. It was considered a drink of barbarians, Egyptians, or even women. Beer brewing was never seen as valuable.
By the Classical period, this all changed. Wine had become readily available to all, pushing elites in later Greek societies to seek other ways to distinguish themselves — for instance, through the use of specific gadgets and kitchen appliances, echoing earlier innovations like the Mycenaean souvlaki trays.
The souvlaki trays found in Gla, Pylos, and Crete added something to the age-old tradition. Similar to modern-day outdoor grills, they were designed to be portable and good for travel or entertainment. Meat cuts seem to have been similar to the ones popular for souvlaki today, made from either lamb, pork, or mutton, and the meal was accompanied by bread made of various cereals.
The clay trays had placeholders for the skewers and, until recently, how they actually functioned was unknown. Researchers at Dartmouth College have recreated the trays using original ancient pottery techniques, tools, and ingredients. They realized the trays were not meant to be put on a hearth as originally thought. Rather, embers were placed in the tray and the skewers were grilled. They were practical, portable, and delicious!