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La revolución de los flamencos se levanta contra los megaproyectos de la familia Trump en Albania: “Nuestro país no está en venta”

“Albania no está en venta”. Ese es el grito de batalla que se ha apoderado de Tirana, la capital del país, durante las últimas dos semanas. Miles de personas han salido a las calles este jueves para protestar por duodécimo día consecutivo contra dos megaproyectos turísticos impulsados por Ivanka Trump y Jared Kushner, la hija y el yerno del presidente de Estados Unidos, en un rincón paradisíaco en la costa del mar Adriático. “Este es nuestro hogar y venimos a defenderlo”, afirma Ana Kodra, una manifestante de 22 años, que lleva atada a sus espaldas la bandera del país.

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© Florion Goga (REUTERS)

Manifestantes protestan en Tirana contra dos megaproyectos impulsados por la familia Trump, el miércoles.
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Tiza, plátano y libros nuevos

Una clase en un colegio público de Madrid.

El grupo se había ido ya hacia el aula después de la actividad en la que había participado, pero un par de niñas se quedaron rezagadas, acercándose tímidamente a la maestra, que estaba de baja desde hacía unas semanas y había vuelto al centro para una gestión. Estaban ahí de pie a su lado, sin decir nada. La docente parecía adivinarles el pensamiento: ¿qué? ¿Que cuándo vuelvo? Y las niñas, arrimándose más aún a la mujer, asintieron. En sus rostros se podía leer una expresión de anhelo, casi de súplica. Con el cuerpo y los ojos y ese silencio parecían gritar: ¡queremos que vuelvas ya! Ese afecto genuino y real, tan profundo, solo se tiene a los maestros que establecen un vínculo sólido con los alumnos. Al observar a las niñas me acordé de inmediato del maestro republicano de La lengua de las mariposas, por el que lloré en su día como si hubiera sido el mío. Y un poco lo es, si pensamos en la genealogía de la buena educación, la educación que ve en todos los alumnos a seres humanos que deben recibir la letra no con sangre sino con amor y buen trato, con rigor y disciplina, pero respeto y cariño.

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Un niño agredido sexualmente cada tres minutos: la realidad que el Gobierno francés no quiere ver

Después de días de búsqueda, a Lyhanna la encontraron muerta, tirada en un silo para granos dentro de una explotación agrícola del sur de Francia. Tenía 11 años. Su asesino era el padre de una de sus amigas; un pederasta que, pese a haber sido previamente denunciado y señalado decenas de veces por otras víctimas, nunca fue ni siquiera interrogado por la policía. La muerte de Lyhanna ha suscitado una fuerte conmoción en la sociedad francesa. Y mucha rabia también. Una rabia profunda de los ciudadanos hacia unas instituciones incapaces de reconocer sus carencias sistémicas, ciegas ante la realidad que las asociaciones de protección de la infancia llevan años denunciando a gritos: en Francia, un niño es víctima de agresión sexual cada tres minutos. En un año, son 160.000 los niños a los que unos adultos, impunemente, deciden arrebatarles la infancia, cuando no destruirles la vida entera. Pero hay más. En este país, en cada clase escolar, hay por lo menos tres niños víctimas de incesto. ¿Cómo volver a mirar esas fotos del colegio con la misma ternura e inocencia? Ahora las observo y me pregunto a cuántos de mis compañeros les habrá tocado vivir esa pesadilla.

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© Gonzalo Fuentes (REUTERS)

Manifestación contra el tratamiento judicial de los casos de agresiones sexuales contra menores, en París el pasado día 8.
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