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Ultraligera: «Nos sentíamos chavales muy creativos y en el colegio trataron de cortar esas alas»

Son el grupo de rock del momento. Y quien suscribe sospecha que no hemos visto más que una pequeña muestra de lo que son capaces de ofrecer. En la época de la hegemonía de los ritmos latinos, Ultraligera pertenece a una nueva generación de bandas españolas de rock que llenan grandes recintos y atraen a un público de distintas edades y estratos sociales. El año pasado hicieron la machada de colmar siete veces la madrileña sala La Riviera, y eso con un único disco de estudio en el mercado, un dato que habla de su autoridad. Otro: en solo un año han cuadruplicado sus oyentes mensuales en Spotify (se acercan a los 900.000). Su segundo disco de creación llevará por título «Lapsus» y sus seguidores ya disfrutan de tres sencillos –el próximo viernes lanzarán el cuarto– que aúnan un sonido poderoso, que busca la distinción, y unos textos que –por fin– están bien escritos. Gisme (cantante), Coque (guitarra), Santi (bajo) y Martín (batería) dan su versión de lo que es para ellos el éxito: «No se trata de cantidad de gente –arranca Gisme–, sino de hacer lo que nos dé la gana y tener un espacio cada vez mayor para poder desenvolvernos como no nos habían dejado hacerlo a través de la educación que recibimos, del propio colegio: nos sentíamos chavales muy creativos y trataron de cortar esas alas y esa libertad, que es la herramienta más valiosa que tiene un niño. Y como no la mataron del todo, esta se ha revolucionado y ahora estamos tratando de imponer nuestra ley contra ese mundo de los adultos. Una ley en absoluto agresiva, al revés, está llena de amor. Es creer en esa creatividad y decir: okey, vuestra industria nos la suda y con un espíritu independiente, y sin hacer caso de nada de lo que nos digáis, vamos a crear una banda grande. Y eso, hacer las cosas a nuestra manera, ha permitido que un montón de gente se fuera acercando». Pero ¿qué cambios han notado desde que empezaron hasta alcanzar este momento tan dulce? «Ahora somos más maduros, claro –señala Coque–, con más tablas y mejores técnicamente. Porque una vez que vimos que la cosa iba en serio nos pusimos a estudiar y a trabajar muy duro. Pero, quitando eso, te juro que no notamos grandes cambios. Nuestro deseo de hacer arte, canciones, sigue intacto. No tenemos otros objetivos que esos».

Droga no, medicina

No ocultan su alegría por las nuevas canciones, rock químicamente puro: «Nuestro anterior disco tuvo una producción un poco más pop –explica Coque–. Y en este hay mucha más potencia en las baterías y en las guitarras, los sonidos son más crudos, hay amplificadores con más distorsión, más efectos en la voz... Hemos tenido más tiempo para grabar, y se nota», y lo defienden con una seguridad rotunda, sin falsa modestia: «En España no se ha hecho nada así –afirma Gisme–. Y estamos jugando también con el límite de la peña, porque todo el mundo dice que el rock en castellano ha muerto. Muchas veces los responsables de que algo se muera son los que lo hacen, por no confiar en la gente. Y nosotros tenemos una confianza plena en la gente y vamos a buscar su límite, a ver cuánto rock son capaces de tolerar».

Hablamos de los excesos asociados históricamente al rock y ellos elaboran una teoría que pasa por sus propias experiencias: «Cuando empezamos teníamos 23 años y había una locura colectiva –dice Gisme–, pero ahora valoras la vida desde otro punto porque nuestra filosofía interna ha evolucionado. Antes nos comíamos lo de sexo, drogas y rock and roll al toque y ahora lo vas valorando y dices: de este eslogan hay cosas que no compro, aunque entiendo que funcionaran y que fueran absolutamente necesarias en los años 50, 60, 70 y, de alguna manera, hasta los 90. Pero a partir de los 2000 el rock viene a ser otra cosa». Le digo que no pueden negar que aquel fue un eslogan brillantísimo: «Como eslogan ha funcionado de la hostia, sí –continúa Gisme–, y te digo que lo compramos, pero lo readaptamos. Quitamos lo del sexo a lo loco, por ejemplo. Cuando hablamos de “me he quitado del sexo sin amor” no quiere decir que me haya impuesto un celibato o una monogamia, es solo que no eres menos gamberro por hacer las cosas con amor. Si tienes una relación de una noche tiene que haber responsabilidad emocional aunque no te impliques para toda la vida. Y ya no droga, sino medicina. Es decir, la droga ha formado parte de todas las culturas primigenias y sabias unidas con la naturaleza. ¿Para qué te vas a meter cocaína como un loco? Basta con preguntarte si hay drogas muchísimo más interesantes que realmente te ofrecen perspectiva, creatividad y, sobre todo, que te sacian. La saciedad es lo que se busca. El rock clásico –prosigue– nunca encontraba la saciedad, incluso se buscaba un placer oral a través de eso. Mira el logo de los Rolling Stones: esa es para mí la definición del rock, una boca con la lengua afuera tratando de palpar todo lo que pueda. Esa realidad moló durante una época, pero creemos que las cosas se pueden cambiar y hacer música porque te gusta y drogarte porque te gusta y porque te sacia, pero no a lo loco y siempre y todo el rato». O sea, les digo, que la manera que tienen de reescribir ese eslogan sería: sexo sí, pero mejor; drogas sí, pero mejor: medicina. Más calidad, en fin. Y rock and roll todo el del mundo: «Así es –responde Coque y asiente el resto–. Eso está muy bien».

¡Saltamos al asunto de la libertad de expresión en el arte y Gisme introduce algo interesante: «Los artistas estamos todo el día diciendo que queremos más libertad de expresión. Y resulta que cuando la gente se toma la libertad de opinar lo que quiera sobre ti, ahí se acabó la libertad. Estás replicando el sistema». ¿Está haciendo una apología de las redes sociales? «Estoy haciendo una apología de las redes sociales –asiente– porque es lo que a nosotros nos ha permitido desligarnos de cualquier multinacional. El artista no tenía ninguna libertad. Si quería hacer promoción tenía que venderlo todo, sus porcentajes, sus decisiones, todo, porque tenía que salir en unas televisiones y tocar en unos recintos que estaban mediatizados y de los cuales tenía el poder la clase política, que estaba a su vez ligada a las multinacionales. ¿Qué es lo que ha dado el poder al pueblo? Las redes sociales. Nosotros nos podemos comunicar con nuestro público de una manera muchísimo más directa de lo que nunca se pudo hacer». Y no sacan de ellas ni siquiera a los trolls: «No, no, mejor con ellos –afirma Gisme–. Porque son los que las hacen grandes. Debe haber libertad de expresión hasta para el exabrupto y el disparate, sí, y más en una sociedad que cada vez da menos pie a la emoción», concluye.

Al pleno desde el lapsus

Por Javier Menéndez Flores

Llega el lapsus igual que un trueno, como si estallase un obús en la cabeza, y no hay modo de evitar el sinsabor del gatillazo. Pero si logras aislar el mosqueo verás que tienes a tu alcance la oportunidad de la rectificación y la mejora. Basta con mirarte al espejo con los ojos inmisericordes de otro, se haga eso como diablos se haga, activar el resorte amargo de la autocrítica y admitir el error. Y estos cuatro magníficos han llenado unas cuantas papeleras antes de concluir que no es posible afilar más unas canciones que han nacido entre conciertos, besos y la pérdida definitiva de la inocencia. El rock, cuando contemplabais los miuras sin pisar la arena, era una inyección tras otra de placeres diversos y un modo de escapar del mundo inadmisible de esos extraterrestres con un punto de gilipollas llamados adultos. Pero ahora, cuando aquella fantasía se ha vuelto una realidad desbordante, sabéis que es ante todo decir no cuando deseáis hacerlo y entrar en los otros con la fuerza de un antídoto gracias a unas emociones que, por más que lleven vuestra firma, son las que cualquier hijo de madre ha sentido una vez o cientos.

Fue antes de ayer cuando le imprimíais vuestra impronta a temas de Chuck Berry en garitos infames y los cien pavos que os pagaban os parecían una fortuna, puesto que lo habríais hecho gratis. Hoy, la música que parís os permite celebrar un cumpleaños con una veintena de amigos; llevar a cenar a mamá a uno de esos restaurantes en los que no hay por qué sufrir las sonrojantes conversaciones de los otros clientes; sufragar un viaje con alguien querido sin tener que pedirle un préstamo a Lucifer o a cualquiera de sus secuaces. Pero en esencia nada ha cambiado, ya que seguís en esta fiesta imposible que es el rock por estricto amor al arte.

Él éxito es sentirse pleno en la propia piel y notar cómo los planes se van cumpliendo a pesar de algunas pértigas en las ruedas. Es saber que no hay hogar mejor que el de la furgoneta que os lleva al siguiente bolo y a esa habitación de hotel en donde el reloj de arena comienza su cuenta atrás y la sangre empieza a bullir. El triunfo de verdad es encontrar el adjetivo exacto y ese riff ante el que es imposible no saltar. No es la falaz foto de Instagram, no, es el abrazo de un bosque.

Gisme habla como el sumo sacerdote de una religión cuyos dioses están dentro de uno, pero cuando trepa por la estructura del escenario no dista gran cosa del simio de Kubrick. Y Coque tiene en sus dedos el calambre mágico de Keith Richards y fuera de su guitarra, que es su isla desierta y su templo, solo percibe desvarío y tinieblas. Martín ha dejado de sentir los brazos y las piernas, aunque eso no le impide sacar de sí un coro de lamentos broncos. Y Santi ejecuta su papel de lanza y es un póster que representa la condición de grave desde los pies hasta la cabeza. Ese, en fin, vendría a ser el evangelio del espectáculo del rock según Ultraligera. Pasen y disfruten.

¿Cuántas canciones, cuántas novelas, cuántas películas caben en un solo cuerpo? Lo que es seguro es que nada te va a dar tanto como esa fuente de conocimiento y disfrute. Y así pasa que cada vez que un adolescente desdeña el teléfono y echa mano de un libro la vida se vuelve una promesa de libertad y ese paraíso que creíamos en ruinas se ilumina como un estadio de fútbol.

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Grupo Ultraligera
@Gonzalo Pérez

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Grupo Ultraligera
@Gonzalo Pérez
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Los nombres rotos de Pedro Sánchez: todas las decepciones del presidente

Pedro Sánchez llegó a Moncloa prometiendo una regeneración democrática. Ocho años después, una parte sustancial de los nombres que le ayudaron a conquistar el PSOE, regresar tras su caída en 2016 y consolidar su poder aparecen atrapados en una maraña de investigaciones judiciales, escándalos políticos, ceses traumáticos y carreras destruidas. La oposición lleva años intentando demostrar que el presidente conocía las actividades de algunos de ellos. No lo ha conseguido.

Tampoco la Justicia ha acreditado hasta ahora que Sánchez participara en algunos de los hechos que se investigan en la Audiencia Nacional o en el Tribunal Supremo. Pero existe una pregunta mucho más política que empieza a perseguir al presidente: por qué tantos de los nombres en los que más confió terminaron convertidos en juguetes rotos.

Todo empezó en octubre de 2016. Pedro Sánchez acababa de ser derribado en uno de los episodios más traumáticos que se recuerdan en Ferraz. Mientras la mayoría de dirigentes le daba la espalda, a su alrededor se formó un núcleo de fieles: José Luis Ábalos, Santos Cerdán, Adriana Lastra, Juan Manuel Serrano, Paco Salazar y un puñado de dirigentes armaron su proyecto.

Cuando Sánchez aterrizó en Moncloa, ellos volaron con él. Ábalos se convirtió en ministro, secretario de Organización y uno de los hombres más poderosos. Santos Cerdán heredó progresivamente el control del aparato socialista. Juan Manuel Serrano terminó al frente de Correos.

Paco Salazar ocupó posiciones de relevancia en la estructura presidencial. El sanchismo no era solo un liderazgo. Era una red de confianza larvada durante años de resistencia. Y precisamente por eso sus caídas resultan hoy tan devastadoras para el presidente. El primero en desplomarse fue Ábalos. Su caída abrió una grieta que el presidente no ha podido tapar del todo. Durante años fue el rostro de Sánchez. Hoy es uno de los nombres más asociados a la corrupción que golpea al entorno socialista.

Junto a él apareció Koldo García. Guardaespaldas, chófer, hombre para todo y sombra inseparable del exministro. Su detención en febrero de 2024 abrió la caja de Pandora. Con él empezó el deterioro acelerado del relato de ejemplaridad que había acompañado al PSOE desde la moción de censura contra Mariano Rajoy. Pero el golpe más duro para Sánchez llegó después. Santos Cerdán no era un ministro. Era algo más importante.

Era el hombre que controlaba el partido tras el derrumbe de Ábalos. El negociador con Junts, Bildu y el PNV. El dirigente que resolvía las crisis internas, imponía disciplina orgánica y ejecutaba los encargos más delicados. Su caída tiene una dimensión distinta a la de Ábalos. Porque Cerdán era otra una apuesta personal del presidente. El hombre elegido para sustituir precisamente a Ábalos. Sánchez depositó en Cerdán parte de la estabilidad política del Gobierno. Primero cayó el escudero. Después cayó quien había heredado el escudo.

Paco Salazar terminó apartado por acusaciones de acoso sexual. Y Adriana Lastra desapareció abruptamente de la primera línea tras una guerra interna con Cerdán. Y luego está Leire Díez. No era nadie. Pero cada nueva revelación lo desmiente. Juan Manuel Serrano, amigo personal de Sánchez y uno de sus colaboradores más antiguos, ha reaparecido en las investigaciones relacionadas con Leire Díez.

La principal dificultad del presidente quizá no sea que algún día aparezca una prueba que le vincule directamente con las actividades que investigan los jueces. Su principal problema es que cada vez es menos creíble que tantos nombres situados de confianza actuaran sin que él supiera nada. Y ocho años después, el presidente contempla cómo muchos de los hombres que le ayudaron a conquistarlo aparecen repartidos entre sumarios, investigaciones, escándalos y silencios. Los nombres rotos de Sánchez.

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Pedro Sánchez, PSOE, en el Pleno del Congreso de los Diputados. David Jar
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La colonización institucional silenciosa que no cesa

La renovación de la cúpula de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) vuelve a poner sobre la mesa una preocupación creciente en amplios sectores de la sociedad española y de los partidos de la oposición respecto a la progresiva colonización de las instituciones por parte del Gobierno de Pedro Sánchez, como un intento de pervivencia silenciosa del sanchismo. Uno de los pilares esenciales de cualquier democracia liberal es la independencia de sus instituciones. Organismos reguladores, tribunales, entidades supervisoras y organismos públicos están llamados a servir al interés general, no a los intereses de un gobierno concreto ni de un partido político. Cuando esa frontera se difumina, la calidad democrática se resiente y la confianza de los ciudadanos en el Estado comienza a erosionarse. La renovación de cargos en la CNMC vuelve a levantar las sospechas de la oposición al recordar que todos los nombramientos que se han aprobado durante el paso de Sánchez por la Moncloa no responden exclusivamente a criterios de mérito, experiencia o independencia, sino a una lógica de afinidad política e intención controladora. Bajo el mandato de Cani Fernández, el organismo impuso sanciones millonarias a grandes compañías, analizó operaciones empresariales de enorme impacto y tomó decisiones que no siempre coincidieron con los intereses o preferencias del Gobierno. Por esa razón, la designación de sus responsables no puede convertirse en un simple reparto de cuotas de poder. Las instituciones existen para limitar la capacidad de los gobiernos, no para convertirse en una prolongación de ellos. Ahora vuelve a sonar Mariano Bacigalupo como la apuesta del Gobierno pero, si es designado presidente de la CNMC, el Gobierno volverá a alimentar las sospechas sobre la creciente politización de los organismos independientes. Nadie discute su experiencia regulatoria ni su conocimiento de sectores estratégicos, pero la independencia que exige una institución de esta relevancia también debe ser aparente. Su anterior salto de la CNMC a la CNMV ya generó controversia por su vinculación familiar con Teresa Ribera, entonces vicepresidenta del Gobierno. Un perfil incuestionablemente ajeno a cualquier sombra política debería ser la apuesta final. España necesita instituciones fuertes, respetadas y autónomas. La legitimidad de un gobierno procede de las urnas. La legitimidad de las instituciones reguladoras procede de su independencia. Confundir ambas cosas constituye un error que ningún Ejecutivo debería cometer.

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Cani Fernández
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El Apocalipsis según Gaudí

El miércoles, León XIV visitó la Sagrada Familia de Barcelona para bendecir la última y mayor de sus torres. Daba así por oficialmente estrenada la silueta de una obra que lleva ciento cuarenta y cuatro años en marcha. Ya solo falta rematar la que será la fachada principal del templo, la dedicada a la Gloria, en la que está por verse cómo se plasmará ese «más allá» invisible hacia el que todos caminamos. El sueño místico de Antoni Gaudí -cuyo centenario de su muerte también se celebró el miércoles- lo debe todo a las catedrales góticas, tan rodeadas de fe como de misterio. La de Notre-Dame de París tardó en levantarse ciento ochenta y dos años; la de Compostela, ciento treinta y seis. A excepción de Chartres, que fue una suerte de «prototipo» que se alzó en mitad de la campiña francesa en menos de tres décadas, a la mayoría de estos lugares sagrados les cuesta crecer. A veces da la impresión de que estamos ante secuoyas gigantes, vivas, que escalan en altura, anchura y profundidad de un modo casi biológico.

Como no podía ser de otro modo, León XIV se ha sobrecogido al comprobar la magnitud de la empresa gaudiniana, y ha dicho que «es mucho más que un monumento». Cuando lo vimos caminar bajo sus bóvedas, mirándolas de reojo, recordé una lectura que me impresionó años atrás y que quizá aclare sus palabras. Era un librito corto, escrito por el famoso novelista y egiptólogo francés Christian Jacq, en el que narraba su tropiezo con un sabio, a las puertas de la catedral de Metz, que le guio con encomiable paciencia por cada uno de sus medallones, esculturas, vitrales y requiebros. Aquel hombre, al que el escritor escondió tras el evocador pseudónimo de Pierre Deloeuvre -algo así como la piedra de la obra-, le contó que los sillares de Metz eran ladrillos que hablaban. León XIV, frente a la Sagrada Familia, predicó algo parecido al referirse a la basílica como «una elegante catequesis hecha de piedras, colores y luz». Pero Deloeuvre añadió algo más: para iniciar un diálogo con lugares así es necesario interrogarlos con dulzura. «Si tus preguntas salen del fondo del corazón», dijo, «encontrarán en ellas una respuesta».

En ese librito se desgranan los interrogantes que Christian Jacq fue articulando ante cada uno de sus símbolos. En conjunto, la iconografía de Metz le dio la impresión de ser un relato, una especie de breviario en el que se exploraba el camino de transformación del ser humano, desde su simpleza animal a su exaltación espiritual. Y Jacq, bregado asimismo en arcanos europeos, cita entonces al obispo Guillermo Durando, un intelectual del siglo XIII al que sus contemporáneos llamaron «El especulador», y que advirtió que «todas las cosas pertenecientes a los oficios, a los usos y costumbres o a los ornamentos de la Iglesia, están llenas de figuras divinas y de misterio», añadiendo que solo se revelan «cuando encuentran a un hombre que las examine atenta y amorosamente, que sepa extraer miel de la piedra y aceite de la más dura roca».

León XIV es, ahora, el último de esos hombres. Lo intuí en su mirada y en sus gestos de admiración y asombro. La Torre que bendijo, llamada de Jesús pero también del Cordero en los viejos bocetos del templo, le fue inspirada al arquitecto catalán por una frase del último capítulo del Apocalipsis. Es un texto en el que se describe la «Jerusalén celestial» que descenderá sobre nosotros al final de los tiempos: «El trono de Dios y del Cordero estará en la ciudad». La Sagrada Familia rebosa de esa catequesis metafórica. Las cuatro almenas que flanquean a la del Cordero están dedicadas a los cuatro evangelistas, remitiendo a otro capítulo del Apocalipsis, el quinto, en el que Juan escribe que «de pie, en medio del trono y de los cuatro vivientes (una metáfora de los evangelistas), está el Cordero». Súmesele a esto sus emblemas zodiacales, las alegorías vegetales, los reptiles e insectos, y hasta las cifras ocultas en el cuadrado mágico inscrito por Josep María Subirachs en la fachada de la Pasión, para intuir que todo en la Sagrada Familia pretende transmitirnos un mensaje de revelación. Eso precisamente significa Apocalipsis en griego. Y que esté clavada en medio de una ciudad tan industrial y mercantil como Barcelona, no es azar. Es el recordatorio perenne de que no todo acaba en la materia.

Quizá Gaudí no inició sus trabajos con esa vocación apocalíptica, pero en la cuaresma de 1894, cuando llevaba doce años ya de trabajo en el solar de la calle Menorca, algo lo llevó a ella. Un ayuno que casi acabó con él, como los de san Juan en Patmos, lo alejó de la imagen de arquitecto de la jet que se había forjado, convirtiéndolo en un ermitaño, un visionario capaz de escuchar lo inaudible y ver lo invisible.

Antes de que acabe el año, León XIV anunciará su beatificación. Eso será cuando un comité dé por buena la curación milagrosa de un bebé que se está investigando. Pero para mí, como para muchos, su verdadero milagro siempre será otro: el habernos hecho visible lo invisible, estremeciéndonos como ya lo lograron sus predecesores góticos. Eso es, precisamente, revelar. Apocaliptear. Lo insinuó Jacq en su librito -El iniciado (1998)- y hasta el propio Papa cuando dijo en Barcelona que la Sagrada Familia es «un signo visible de Dios invisible». ¿Acaso existe mejor definición de revelar que esa?

Javier Sierra es escritor y premio Planeta de novela

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El Apocalipsis según Gaudí
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Naomi Campbell. La fiera que se merendó la pasarela y engordó a los paparazzi

Pertenece Naomi Campbell a la estirpe de las supermodelos de los 90, y de todas ellas es sin duda la más icónica por su belleza, su carácter y su biografía, casi mito a estas alturas Leer

Pertenece <strong>Naomi Campbell </strong>a la estirpe de las supermodelos de los 90, y de todas ellas es sin duda la más icónica por su belleza, su carácter y su biografía, casi mito a estas alturas
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Japón evidencia los problemas defensivos de Países Bajos (2-2)

Países Bajos lleva sin perder en su estreno en la Copa del Mundo desde 1938, pero... ante Japón sólo fue capaz de sacar un punto, 2-2. Todo sucedió en una segunda parte de vértigo. Los primeros 45 minutos sobraron, pero los segundos tuvieron casi de todo. Adelantó Van Dijk a los neerlandeses con un remate de cabeza ajustado al palo izquierdo de Suzuki. Empató Nakamura con un disparo al borde del área que mostró las carencias de la defensa del equipo de Koeman. Pareció arreglarlo Summerville con un remate ajustado al palo derecho, pero en el minuto 89 Kamada firmó el empate definitivo.

Así hemos vivido el Países Bajos - Japón (Grupo E): mejores jugadas y resultado del partido de la fase de grupos del Mundial 2026, en vivo online

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El remate que acabó con el gol de Kamada que significaba el empate a dos
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Bouaddi, el joven campeón de oratoria y matemático que Marruecos le arrebató a Francia y bailó a Brasil en su estreno en el Mundial

Todavía con su larga cabellera húmeda y atusándose la perilla, Ayyoub Bouaddi (Senlis, Francia) saltaba de micro en micro en la zona mixta del estadio MetLife de Nueva Jersey. Con solo 18 años, la irrupción del mediocentro del Lille en el Mundial fue estelar. El novato que Marruecos le arrebató a la Francia de Didier Deschamps a menos de tres meses de iniciarse esta Copa del Mundo fue el reclamo de la prensa. Su elección por sus raíces marroquíes provocó un cisma en Francia similar al que ocurrió en España con Brahim Díaz, otro que también bailó a Brasil con la pelota.

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© Pamela Smith (AP Photo/Pamela Smith)

Los brasileños Casemiro (izquierda) e Igor Thiago disputan el balón con Ayyoub Bouaddi, de Marruecos en el partido inaugural entre ambas selecciones el 14 de junio
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Miles de docentes y familias se manifiestan por “la emergencia educativa”

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La manifestación convocada este domingo por los docentes -la última de este curso, pero con amenaza de continuar con las protestas en otoño- ha arrancado pasadas las doce del mediodía en los Jardinets de Gràcia. Se han concentrado 25.000 personas en el centro de Barcelona, según los sindicatos; cifra que la Guardia Urbana rebaja a menos de la mitad: 7.000.

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Despega el primer avión comercial capaz de llegar a cualquier lugar del mundo sin escalas

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ULR. Las siglas de Ultra Long Range (Ultra Largo Alcance) van pintadas sobre el fuselaje de algunos aviones que estos últimos días han estado haciendo pruebas de vuelo en Toulouse. Pruebas para alcanzar un límite muchas veces soñado: volar al otro lado del mundo, a las antípodas, sin realizar escalas intermedias.

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Jódar, un brevísimo descanso y a por la hierba de Wimbledon, su nuevo desafío: "No sé muy bien qué me espera"

El tenista español, que debuta en Wimbledon este año, afronta su primera gira sobre hierba con apenas diez partidos de experiencia en esa superficie. Leer

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Hamilton celebra su primera victoria con Ferrari y Antonelli descubre la mala suerte en Montmeló

El británico, sin ganar desde hace año y medio, firma una exhibición en Barcelona y se coloca a 41 puntos al líder del Mundial, que se retiró con problemas mecánicos a cuatro vueltas del final Leer

El británico, sin ganar desde hace año y medio, firma una exhibición en Barcelona y se coloca a 41 puntos al líder del Mundial, que se retiró con problemas mecánicos a cuatro vueltas del final
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'Alice y Steve' triunfa en Disney+:¿Por qué mi hija quiere besar a mi mejor amigo?

La edad es un número que realmente no indica nada. Cuando eres adolescente, estás deseando cumplir 18 años para ser "legal" ante la sociedad y poder tomarte una cerveza, un tinto de verano o un ron con cola sin presiones. Poder ir al estanco sin miedo a tener que enseñar el DNI cuando vas a por un paquete de Marlboro, entrar en la discoteca de moda sin tener que pedirle el favor de tu vida al portero de turno que esa noche custodia el lugar o poder conducir y tener la sensación de ser libre y de guiar tu propio destino. En otras cuestiones, la edad no es tan significativa. Hay personas de 20 años que están en peor forma física que hombres de 40, o señores de 65 que tienen una vitalidad que ya quisieran muchas treintañeras. En el amor, la edad no debería ser un problema (dando por sentado la legalidad y el consentimiento, algo que ni siquiera debería ser necesario aclarar). Sin embargo, aunque para enamorarse no hace falta tener la misma edad, a la hora de convivir en pareja y construir un futuro sí resulta relevante, porque aquí entra en juego el momento vital de cada persona.

 

No tengo por qué citar ningún nombre y a todos se nos viene a la cabeza alguna pareja que fracasó porque la diferencia de edad era abismal. Probablemente la edad no era el problema, pero sí el momento vital en el que se encontraba cada uno. Esta enseñanza, junto a otras cuestiones más o menos lícitas, es la que Alice (interpretada por Nicole Walker) intenta transmitirle a su hija Izzy (Yali Topol Margalith) cuando descubre que está saliendo con Steve (Jemaine Clement), un hombre de 50 años que, además, es su mejor amigo. Disney+ estrenó esta semana la miniserie 'Alice y Steve', una comedia británica alocada, con un gran guion y una excelente banda sonora, que refleja las distintas crisis que atravesamos a lo largo de nuestras vidas, desde la adolescencia hasta la mediana edad. La serie no pierde el tiempo a la hora de poner a sus personajes en situación. Es consciente de que no dispone de un tiempo infinito para desarrollar sus tramas y aprovecha sus tres horas de duración, repartidas en seis episodios de media hora, para contarnos una historia sobre la importancia del momento vital que atraviesa cada persona cuando decide compartir su vida con otra. Desde el primer minuto conocemos la química que existe entre Alice y Steve, pero también el punto en el que se encuentran sus vidas. Ambos arrastran trabajos que no terminan de llenarles y mantienen una relación con las drogas recreativas más propia de alguien que se resiste a aceptar el paso del tiempo que de dos personas que ya han superado la barrera de los cincuenta. Steve llega incluso a reconocer que suele escudarse en el amor para evitar hablar de sus sentimientos, una idea que la serie utiliza como eje central de su discurso y que desarrolla entre canciones bien escogidas y constantes referencias culturales que, en ocasiones, adquieren un carácter metatextual. No es casualidad que se mencione 'Sex Education' cuando Sophie Goodhart, creadora de la serie, también participó en el nacimiento de la popular ficción de Netflix.

Seis capítulos de comedia británica alocada, con un gran guion y muy buena banda sonora

La gran virtud de 'Alice y Steve' reside precisamente en la relación entre sus dos protagonistas. Son mejores amigos desde hace décadas y la serie se esfuerza en recordárnoslo en cada escena que comparten. Esa complicidad resulta fundamental para que el espectador entienda el auténtico conflicto de la historia. La pregunta nunca es únicamente por qué una joven de 26 años se fija en un hombre de 50, sino por qué alguien puede acabar enamorándose de la persona que lleva años ocupando un lugar privilegiado en el corazón de su madre. Aunque es fácil comprender el enfado de Alice cuando descubre la relación entre Steve e Izzy, sus reacciones terminan siendo desproporcionadas. En su intento de poner fin a una situación que considera intolerable, inicia una guerra personal contra su mejor amigo en la que ambos cruzan líneas éticas cada vez más cuestionables. El conflicto escala episodio tras episodio y obliga al espectador a replantearse continuamente quién tiene razón y hasta qué punto la diferencia de edad es realmente el problema. La serie tampoco evita señalar las contradicciones de su protagonista. Alice está casada con un hombre diez años más joven que ella, al que en numerosas ocasiones deja de lado para salir de fiesta con Steve y prolongar una forma de vida que parece incompatible con la imagen de una mujer de más de cincuenta años y madre de dos hijos. Y entre ellos se encuentra un adolescente que intenta encontrar su lugar dentro de una familia profundamente disfuncional y que observa cómo la polémica relación de su hermana mayor provoca tensiones que ni siquiera sus amigos más cercanos son capaces de comprender o aceptar.

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'Alice y Steve' triunfa en Disney+:¿Por qué mi hija quiere besar a mi mejor amigo?
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El papa León XIV agradece a Felipe VI durante su primer discurso tras su visita a España

El papa ha expresado este domingo su gratitud por el viaje apostólico a España y ha agradecido de forma especial al Rey Felipe VI su acogida. "Expreso ante todo mi gratitud al Señor por el viaje apostólico que me ha concedido realizar a España", ha dicho durante el rezo del Ángelus en la Plaza de San Pedro del Vaticano.

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