En el gigantesco Levi’s Stadium de Santa Clara debutan dos selecciones con diferente proyección en esta Copa del Mundo. Bajo los mandos de Julen Lopetegui, que se estrena en un Mundial tras la destitución con España a pocos días de arrancar Rusia 2018, Qatar es, a priori, uno de los combinados más débiles del torneo. Los anfitriones de 2022 se estrenan ante Suiza, una selección que desde 2014 siempre ha superado la fase de grupos en tres Mundiales y tres Eurocopas consecutivas.
Mauricio Pochettino se sentó en la sala de prensa del estadio SoFi de Los Ángeles bastante irritado. Como si Estados Unidos no hubiera ganado y jugado bastante bien en su estreno ante una raquítica Paraguay (4-1) en la madrugada del viernes al sábado, pero los ruidos que venían de las tripas del recinto descolocaron al técnico. Sobre lo que había ocurrido en el césped, eso sí, no podía tener tacha. Después del gran encuentro de su equipo, al argentino le tocó gestionar, además de su enfado, el mensaje y la euforia local tras un triunfo tan rotundo. También algunas actuaciones individuales, como las de Christian Pulisic y Folarin Balogun, gestor y martillo del buen debut local. El seleccionador regateó los elogios individuales y apuntó al colectivo en un intento de potenciar el espíritu gremial al inicio de una empresa tan titánica.
Cuando el EE UU-Paraguay se detuvo en el minuto 24 para la primera pausa de hidratación, el narrador de la Fox proclamó: “Y aquí termina el primer cuarto”. Ahí también empieza a cristalizar la terminología del nuevo fútbol que se cocina en este Mundial. Se registraban solo 24 grados y un 68% de humedad en Los Ángeles, pero la voracidad de la FIFA ha instaurado estas nuevas interrupciones comerciales sobre las que ya bromeó con cierto sarcasmo el exfutbolista Alexi Lalas en el partido inaugural: “México 1 - Sudáfrica 0 al final del primer cuarto”, escribió en la red social X. “Lo odio”, respondió la exjugadora y bicampeona del mundo y olímpica Carli Lloyd.
Donald Trump se lo perdió, prefirió no cruzar Estados Unidos de punta a punta, pero su selección logró en Los Ángeles una gran victoria. Es verdad que enfrente tuvo una Paraguay hecha un trapo durante casi todo el choque, auto mutilada por un gol en propia puerta a los cinco minutos, pero contra los equipos reducidos a cenizas se puede ganar de forma convincente o por inercia, y los locales lo hicieron de buenas maneras. Cuando se alcanzó el descanso, la función ya se había dado por finiquitada con el 3-0 y el doblete de Folarin Balogun. La gente pudo retirarse en paz a los vomitorios a seguir comiendo. Incluidos George Lucas, Hilary Duff, Paris Hilton, Halle Berry, Vince Vaughn, David Beckham y Kareem Abdul-Jabbar, que andaban en los muchos palcos del SoFi Stadium. Buen fútbol, goles y celebridades.
¿Qué probabilidad hay de que Francia gane el Mundial? ¿Llegará Canadá a cuartos? ¿Ganará una selección europea? En EL PAÍS hemos hecho un modelo estadístico para predecir el torneo. Dice que España es la favorita, pero también que solo gana con probabilidad 16%, es decir, apenas 1 de cada 6 veces. ¿Crees que tiene razón?
Los clásicos suelen decir que solo dos futbolistas, el brasileño Mané Garrincha, en el Mundial de Chile de 1962, y el argentino Diego Armando Maradona, en México 86, ganaron una Copa del Mundo por sí solos. Lo deslumbrantes y desequilibrantes que fueron sus actuaciones individuales les elevaron por encima del desempeño colectivo. La Brasil de Carlo Ancelotti debuta esta noche en el MetLife de Nueva Jersey ante la pujante Marruecos (24.00, TVE-1) con Vinicius como gran luminaria de la canarinha. El filigranero y controvertido extremo del Real Madrid afronta su segunda participación en la gran competición del fútbol con el peso de ser la gran esperanza de una selección que, por falta de creatividad en el centro del campo, apunta más al contragolpe que al jogo bonito. El fútbol samba está reservado en gran medida a la cintura y la explosividad de Vinicius a la carrera. “Estoy en el momento más especial e importante de mi carrera. Estoy al nivel físico y técnico con el que siempre había soñado. No he sufrido ninguna lesión esta temporada. Me he preparado muy bien para llegar a este momento”, afirmó este viernes en rueda de prensa.
Cuarta en Qatar 2022 y con la vitola de haber sido la primera selección africana en alcanzar las semifinales de un Mundial, Marruecos se presenta esta noche ante Brasil con el empeño de confirmar el paso adelante que pretende dar su nuevo seleccionador. Mohamed Ouahbi (Marruecos, 49 años) ha tratado de darle un vuelco al libreto de Walid Regragui, destituido el pasado marzo tras perder la controvertida final de la última Copa de África ante Senegal. Ouahbi es el técnico con el que Marruecos conquistó el último Mundial sub- 20 con un fútbol ofensivo, acorde con el talento que abunda en uno de los países donde el juego en la calle todavía es un vivero. “La camiseta de Marruecos ahora exige competir de otra manera”, espetó Ouahbi el día que anunció la convocatoria mundialista.
Brasil en un Mundial siempre fue show y cuando hay dudas sobre que vaya a serlo sobre la hierba, como ahora, siempre puede serlo fuera de ella. Lo comprobó Carlo Ancelotti el pasado 20 de mayo cuando hizo acto de presencia en el Museo del Mañana de Río de Janeiro para anunciar la lista de 26 jugadores. En la entrada, a la sombra de la cubierta de Santiago Calatrava, inspirada en el batir de alas de las aves y en las ramificaciones de las bromelias, el primer seleccionador extranjero que dirigirá en una fase final a los pentacampeones fue recibido por un remolino de reporteros gráficos. En el interior le aguardaban 700 periodistas, los directivos de la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF), un racimo de exjugadores legendarios como Romario y estrellas del mundo de la farándula y del espectáculo brasileños como la cantante Ludmilla.
Esto, querido lector, es una correspondencia entre dos de las grandes plumas de las letras hispánicas. Martín Caparrós y Juan Villoro, amigos y fanáticos futboleros, iniciaron una conversación –íntima y pública al mismo tiempo– con la excusa de la celebración del Mundial de Qatar, en 2022. Ahora, cuatro años más tarde, retoman esa misma serie, titulada ‘Un mundial de ida y vuelta’, para seguir con idéntica pasión el día a día de este otro Mundial que acogen EEUU, México y Canadá.
Hernán Galíndez es de Rosario, como Leo Messi, y jugó contra el astro argentino cuando ambos eran niños, pero este portero de 39 años solo ha representado a Ecuador. Casi llora cuando recuerda por qué se nacionalizó ecuatoriano. “El 14 de abril del 2016 hubo un terremoto de 7.8 en la costa, que hacía 100 años que no ocurría, y a mí me pasó algo. Me acerqué a un supermercado de Quito [jugaba allí] a comprar arroz, fideos y agua para mandar, pero no había nada. Pregunté y me dijeron que la gente ya lo había enviado todo. Lo cuento y me emociona”, relata, efectivamente, al borde de la lágrima. “Ese día decidí que quería ser ecuatoriano. Por eso, cuando alguien dice que Galíndez se nacionalizó para jugar en la selección no tiene ni idea. Tampoco nadie en Argentina entiende mi amor por Ecuador”, cuenta este portero, que asegura que su carrera “ha sido rarísima”. Desde luego, una secuencia de imprevistos que lo sitúan ante su segundo Mundial, protagonista y testigo de la evolución de un equipo que dispone del centro del campo para atrás a Willian Pacho (PSG), Moisés Caicedo (Chelsea), Piero Hincapié (Arsenal) y Pervis Estupiñán (Milan). Su estreno es contra Costa de Marfil, a la 1.00 de domingo a lunes (Dazn).
El 13 de junio de 2018 Julen Lopetegui (Asteasu, Guipúzcoa; 59 años) se encontraba en la concentración de la selección española en Krasnodar, a solo dos días del debut de la Roja en el Mundial de Rusia contra Portugal. Pero nunca llegó a estrenarse como técnico en la Copa del Mundo. El Real Madrid había anunciado unas horas antes que había contratado al técnico para la siguiente temporada y Luis Rubiales, entonces presidente de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) lo destituyó: “Lo que no podemos hacer en la RFEF es no cumplir con nuestros propios valores”, explicó. Justo ocho años más tarde, otro 13 de junio, Lopetegui se dispone a estrenarse por fin en un Mundial, a los mandos de la selección de Qatar, que juega este sábado contra Suiza en San Francisco (21.00, Dazn). Se trata de la segunda Copa del Mundo en la que participa el país, aunque es la primera en la que lo hace después de ganarse la clasificación. La otra fue en la cita que organizó en 2022. Lopetegui llegó en mayo de 2025, con el pase muy en el aire, pendiente de un difícil camino contra Irán, Omán y Emiratos.
El Estadio Azteca tiene una boca tan grande que parece querer comerse el Mundial. Me bastó con entrar a la inauguración para saber que estaba empezando algo importante. Algo grande. Un juego fascinante y polémico que cada cuatro años obliga al planeta a detenerse para mirar un balón que corre portando una sola mercancía: incertidumbre.
El Mundial pasó de Ciudad de México a Toronto. Un salto de 4.000 kilómetros de la primera a la segunda jornada. Contrastes propios de esta Copa elefantiásica, variación geográfica y ambiental, del colosal Azteca al Toronto Stadium, recinto que recuerda al Ramón de Carranza antes de la reforma. Escenario fronterizo, propio de los orígenes victorianos del fútbol, para acoger el debut de Canadá, un organizador sin grandes pretensiones. Animada por Alanis Morissette en la interpretación de O Canada, la hinchada se entregó a una fiesta discreta. Tanto que celebró el empate ante Bosnia después de un partido trabado hasta el final, hasta que Cyle Larin recibió una pared de Promise y se giró como un ciclón para desorientar a Muharemovic en la frontal del área y mandar el balón a la red. Fue la pócima contra la angustia. La liberación. La remontada. El 1-1 que evitó el escarnio del anfitrión. El mejor resultado de la historia de la participación de la selección norteamericana en la Copa del Mundo.