El Mundial de fútbol de 2026 comienza con cifras sin precedentes: 48 selecciones, 104 partidos y tres países organizadores —Estados Unidos, México y Canadá— en un formato que multiplica la escala del torneo. Esta ampliación va acompañada de un fuerte aumento en los costes para los aficionados, con entradas que pueden alcanzar los 30.000 dólares y una estructura de precios variables en función de la demanda. A esto se suman gastos elevados en transporte y alojamiento en ciudades donde la oferta está tensionada y los estadios se encuentran a menudo en la periferia, lo que encarece aún más la experiencia.
El mayor Mundial de fútbol de la historia echa a andar mañana jueves en el estadio Azteca. El partido inaugural entre México y Sudáfrica será el pistoletazo de salida de un torneo que también organiza Canadá y que sobre todo discurrirá por Estados Unidos, donde se celebrarán 78 de los 104 partidos, incluida la final el 19 de julio. El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, decía el pasado mayo en la sede en Nueva York de la ONU, una organización que nació en 1945 para evitar conflictos bélicos, que “todos los ojos estarán puestos en Norteamérica”. “Pasamos mucho tiempo hablando de lo que nos divide, pero nos dimos cuenta de que, cuando reúnes a un grupo de personas, son muchas más las cosas que las unen que las que las separan”, añadía. La Copa del Mundo, sin embargo, la acogerá un país que hace poco más de 100 días lanzó una guerra contra Irán junto a Israel sin ningún tipo de aval de Naciones Unidas, que tiene abierto un conflicto diplomático de primer orden con otro organizador como México y cuya política antiinmigración, que atemoriza a muchos aficionados, denegó el lunes el acceso al somalí Omar Artan, uno de los 52 colegiados que iba a arbitrar durante la competición.
El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, visita el Estadio de Nueva Jersey, en el que se jugarán ocho partidos, entre ellos la final, el pasado lunes.