El lenguaje del fútbol: resonancias bélicas y ruido militar
El portero es el ‘arquero’ (que defiende el arco, la puerta) o el ‘cancerbero’ (el perro mitológico de tres cabezas que guardaba la puerta de los infiernos).
Por delante del portero se sitúa la defensa, que, por lo general, es ‘aguerrida’, contundente y expeditiva. Destacan en ella los dos centrales, que han de ser altos para dominar los balones aéreos –de ahí que se les llame a menudo ‘las torres’–; con frecuencia, uno de los dos ejerce como ‘mariscal’ del área. Los laterales, por su parte, deben ser ‘incisivos’ y ‘punzantes’ en sus subidas al ‘ataque’ por las bandas. Si todos estos requisitos se cumplen, los delanteros del equipo contrario se encontrarán frente a un ‘valladar’, un ‘bastión’, un ‘baluarte’ o una ‘muralla’ inexpugnables.
A los medios o centrocampistas se les pide que sean mordientes y expertos en labores de ‘zapa’, y que sepan bregar tanto en las tareas de destrucción como en las de construcción, las ofensivas o ‘maniobras’ de ataque.
La misión de los extremos es penetrar por los flancos o bandas a fin de ‘desarmar’ la defensa rival, ‘bombear’ balones al área e intentar el ‘pase de la muerte’ para que el delantero centro, el ‘ariete’ (máquina militar antigua para acometer murallas), que constituye la ‘punta de lanza’ del ataque, logre ‘batir’ al guardameta o ‘perforar’ la portería contraria. Como los delanteros o atacantes, los ‘artilleros’, suelen ser tres, se les otorga el sobrenombre de ‘tridente’ (arpón de tres puntas). Una cualidad indispensable de todo buen atacante es ser un ‘cañonero’ con buena ‘puntería’ para ‘dar en el blanco’. Los ‘tiros’, ‘disparos’ o lanzamientos a la portería contraria, para que tengan efecto y sean ‘letales’, han de ser no solo ‘potentes’, sino auténticos ‘cañonazos’, ‘trallazos’ o ‘zambombazos’, lanzados con la fuerza y precisión de un ‘obús’ o de un ‘misil’. Y cuando el disparo es imparable o se efectúa ‘a boca de cañón’, es decir, ‘a quemarropa’, el autor del gol ‘fusila’ al portero.
El equipo (la ‘escuadra’), que tiene un ‘capitán’, es dirigido desde el ‘foso’ por el entrenador, que es el encargado de diseñar tanto la ‘estrategia’ como la ‘táctica’ del choque. Cuando las cosas van bien, lo normal es que ordene un ‘repliegue” de las líneas, o incluso que el equipo se ‘atrinchere’ en la propia ‘zona de contención’; y si van mal y es necesario atacar, se verá obligado a ‘adelantar líneas’ con el fin de desplegar todo el ‘arsenal’ ofensivo (la ‘artillería pesada’, esto es, los mejores atacantes disponibles) y mantener un ‘asedio’ o ‘asalto’ constante a base de ‘bombardeo’ de balones sobre el área enemiga, cuidando, eso sí, de no quedar ‘desarmado’ o con las ‘líneas de retaguardia’ desguarnecidas.
Lo primero que suele inculcar el entrenador a sus pupilos es que al campo se ha de salir a ‘luchar’ y morir si es preciso defendiendo los colores, y para ello se ha de ‘presionar’ o ‘estrangular’ al rival hasta vencerlo, derrotarlo, aplastarlo o arrollarlo. Claro que hay equipos a los que no resulta fácil ‘doblegar’, sobre todo si juegan en casa y han conseguido hacer de su campo un ‘fortín’, una ‘fortaleza’ o un ‘reducto’ impenetrables. No resulta de este modo extraño que se hable luego de ‘héroes’, ‘gestas’, ‘hazañas’ y ‘victorias históricas’, y tampoco que a lo largo del encuentro se produzcan en más de una ocasión ‘refriegas’, ‘batallas campales’ y ‘bajas’ por lesión.


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