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Trump Picks Jay Clayton for Director of National Intelligence After Backlash Over Bill Pulte

The president said he would nominate Jay Clayton, the U.S. attorney in Manhattan and the former chairman of the Securities and Exchange Commission, for the permanent role.

© Dave Sanders for The New York Times

President Trump’s pick to be the director of national intelligence, Jay Clayton, took over as the U.S. attorney for Manhattan in April 2025.
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El Premio Planeta conmemora su 75º aniversario con un encuentro histórico en Madrid

Setenta y cinco ediciones del Premio Planeta separan aquella de 1952 en la que un pionero Juan José Mira recogía su galardón, por 'En la noche no hay caminos', de la de este 2026, que tendrá lugar el próximo 15 de octubre, en Barcelona. Pero antes, el Grupo Planeta ha querido celebrar la efeméride con un acto histórico en la Galería de Cristal del Palacio de Cibeles al que han acudido más de 600 personalidades del mundo de la literatura, así como de otros ámbitos.

Una gala, presidida por el presidente de Grupo Planeta y Atresmedia, José Creuheras, que supone el pistoletazo de salida de una serie de actos conmemorativos que se irán sucediendo en los próximos meses hasta la entrega del nuevo reconocimiento.

Se trata de la primera vez que el Premio Planeta organiza un evento de estas características con motivo de un aniversario, un hecho que no se han querido perder las principales firmas de la editorial. No podían faltar la inmensa mayoría de los ganadores y finalistas del Premio Planeta, que han marcado la historia del galardón, como Javier Cercas, Juan del Val, María Dueñas, el trío de Carmen Mola, Sonsoles Ónega, Juan Eslava Galán, Paloma Sánchez-Garnica, Santiago Posteguillo...

¿Qué significa ganar un Planeta?

Tampoco han faltado numerosas autoridades, reconocidas personalidades del mundo de la cultura, la empresa y la sociedad civil españolas. Desde el ministro de Cultura, Ernest Urtasun, al alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida. Pasando por Alberto Núñez Feijóo, presidente del Partido Popular; Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid; y la presidenta del Congreso de los Diputados, Francina Armengol.

Durante el acto, algunos de los ganadores y finalistas del Premio Planeta de Novela explicarán en primera persona lo que ha significado para ellos obtener este galardón. Y a su vez, en el transcurso de la ceremonia se rendirá un homenaje especial a los finalistas, en reconocimiento a su contribución a la historia y al prestigio del Premio a lo largo de estos 75 años.

© La Razón

Una imagen del galardón del Premio Planeta.
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'La escopeta nacional' somos todos (incluso medio siglo después de la película de Berlanga)

He aquí unos supuestos que a nadie le sonarán demasiado lejanos. Nobles tan vacíos en la ética como en la cuenta corriente. Promotores inmobiliarios a la caza del pelotazo del siglo. Ministros aferrados a la poltrona y a los placeres de la carne. Amantes secretarias enfundadas en verano en costosos abrigos de visón. Hijos bastardos que malviven de las migajas que se escapan del mantel. Meapilas salvapatrias S.A. Banqueros paganinis del festín. Estrellas del momento que evitan su ocaso a golpe de talonario mediante calenturas a izquierda y derecha. Damas alcohólicas de la Cruz Roja expertas en la caridad bien entendida... la que empieza por uno mismo. «Negocietes privados» a costa del erario público. Divisas a buen recaudo en bancos centroeuropeos. Crucifijos con telarañas que presiden las alcobas donde los látigos y las obsesiones se postran a sus pies. Armas cargadas dispuestas a finiquitar a todo lo que se menee por tierra, mar y aire.

La enumeración es cosecha de Juan Echanove y en ella se encuentran muchos de los arquetipos presentes en «La escopeta nacional». Una película de 1978 que, sin embargo, se acomoda como un guante en este 2026, pero no solo. Como confesó Rafael Azcona en más de una ocasión, su humorista favorito era Cervantes, a quien adaptó en su versión del «Quijote». Y es por ello que entre todos esos «personajes» también encontraremos muchas similitudes con el Siglo de Oro. Así que podríamos decir que esta parte de la «tradición» española, además de firme, tiene demasiados años, siglos, de vigencia.

Y con esa idea bien presente en la cabeza, Echanove, como director, recupera el clásico de Luis García Berlanga y Azcona en el Teatro Español, donde presentan una «reinvención» cuya adaptación firma un Bernardo Sánchez Salas que hace bueno aquello de Bernard Shaw de «si vas a contarles la verdad, hazles reír». El chiste como tumba del humor. «La risa amarga que vemos en esta obra es lo que la diferencia del chiste», afirma el adaptador, que ya versionó, en 2000, «El verdugo» (en la que actuaba Echanove). Y en la misma línea se mueve el director: «No hay mejor manera de volverse a mirar en ese espejo de la historia que la risa. Una risa un tanto amarga que nos hace ver que después de 50 años pueden haber cambiado los hilos, pero el telar sigue siendo el mismo», asegura de una pieza que cuenta con 17 actores y tres músicos (Pere Ponce, Marta Ribera, Enrique Viana, Patxi Freytez, Pedro Mari Sánchez...).

La esencia intacta

Echanove y Sánchez presentan así una función que «mantiene la esencia intacta» de los Berlanga y Azcona, aunque «no es una transcripción de la película; son lenguajes distintos»: una sátira mordaz sobre las apariencias, el poder y la corrupción en una España que, aunque cambiante, sigue reconociéndose en el espejo de su pasado. Un empresario catalán busca hacer negocios en Madrid y acude a una cacería con la élite del régimen franquista. Lo que parece una reunión estratégica pronto se convierte en un desfile de intereses cruzados, hipocresía y situaciones absurdas que harán reír y reflexionar al espectador. «Es una película que se actualiza sola. No hace falta forzar nada. Encontramos la picaresca española, que permanece fija pese a variar en su forma».

«La escopeta nacional» sumerge al espectador en un juego de equilibrios entre lo cómico y lo crítico, en la que se recuerda la maestría de la histórica pareja «para retratar la sociedad con ironía y agudeza», apuntan sobre dos hombres que «jugaron» en el séptimo arte una partida que mostraba, en boca de Echanove, «todos estos entresijos de una España que salía de una dictadura para afrontar los caminos luminosos de la Transición. La comedia les proporcionó el telar en el que tejer esta visión hiperrealista de una España deshilachada».

Sánchez, por su parte, señala a la pareja de guionistas como los culpables de trazar «un mapa imprescindible para conocernos como individuos y como país. Juntos, formaron un eje fundamental de la historia del cine español, pero también del internacional».

  • Dónde: Teatro Español, Madrid. Cuándo: del 16 de junio al 26 de julio. Cuánto: de 6 a 22 euros.

© Javier Naval / Teatro Español

Elenco de 'La escopeta nacional' durante un ensayo

© Javier Naval / Teatro Español

Pere Ponce y Juan Echanove, en un ensayo de la pieza que programa el Teatro Español
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'Crónica de un mal español': el último Berlanga

Existe una máxima en la familia: «Un Berlanga nunca se aburre». La «fantasía» prima sobre todo lo demás. Así lo afirma Jorge García-Berlanga, nieto del responsable de «El verdugo», «Plácido», «La escopeta nacional» y tantas otras obras maestras del cine español; y el hombre que recoge ahora el legado de su abuelo en «Crónica de un mal español» para llevarlo al Teatro Español y poner de relieve la vigencia del genio, además de rendirle pleitesía.

Afirma García-Berlanga nieto –y también hijo del escritor– que no se podía imaginar en aquellas comidas de domingo, en las que se peleaba con su abuelo Luis por el último bombón de chocolate, que décadas después acabaría haciendo buena la expresión «de tal palo tal astilla». «Entonces», explica, «solo era un niño introvertido que escuchaba por debajo de la mesa sus intensas reflexiones sobre el porvenir político, mezclados con chistes escatológicos, anécdotas, o chismes de tal y cual estrella». Fue esta su introducción al mundo de esa «fantasía» a la que todo Berlanga está «condenado»: «Siempre encontraremos alguna cosa para matar el tiempo o para salir. Yo mismo, en cualquier conversación, puedo estar imaginándome una nueva historia», explica el aquí responsable de la dramaturgia, de la dirección y hasta de la interpretación del protagonista.

El montaje se introduce de esta manera en la vida y obra de Luis García Berlanga. En concreto, retrocede hasta ese 12 de junio de 1921 que le vio nacer, en Valencia. Un mes antes del desastre de Annual, «el lloro de un niño interrumpe en la tragedia con un afortunado canto de humanidad», presenta el programa de mano. Aquel chiquillo creció, y junto a él, también lo hacía una España «en pleno proceso de pubertad, de rebelión, lucha entre hermanos, de valores absolutos y "tantrums" emocionales, a los que se es difícil ajustar».

La curiosidad de un niño

Pero Berlanga permaneció, denunció y hasta se aprovechó de las circunstancias, «al final sigue siendo un niño curioso y rinde culto a la contradicción», añade su nieto Jorge, que aprovecha esta función para preguntarse cómo era ser español entonces y qué hechos moldearon el corazón de «un hombre dividido». Se sumerge así en la figura familiar y en la de un maravilloso cronista de España en un momento de la temporada teatral en el que esta «Crónica...» coincide en el Español con «La escopeta nacional», que dirigirá Juan Echanove desde el 16 de junio en el escenario principal.

Berlanga, como su «colega» Rafael Azcona, se preocupaba de escuchar a los viejos del lugar, a la calle, a toda esa gente que pasaba por los cafés. Y es en uno de ellos, en el Gijón, donde este montaje se desarrolla. Un escenario que verá desfilar a ilustres de la época; nombres que serán fundamentales para desmenuzar el mundo íntimo del «padre» de «Bienvenido, Mister Marshall», como Fernán Gómez, Conchita Montes, Mingote, Edgar Neville, Umbral, Juan Antonio Bardem... También a su esposa María Jesús y la «Musa». Decenas de personajes a cargo del elenco de la compañía Balmoral: Júlia Roch, Nacho Serrano, Natalia Vellón, Octavio Vellón, Pablo Vélez y el propio director, que se mete en la piel del protagonista de esta historia: «Hay cosas que me salen solas», asegura.

Entre poemas, notas y diarios, cada «aventura» al lado de don Luis sirvió para que el nieto fuera alimentando la bestia. Se adentraba poco a poco en un universo fascinante. «Tal vez algo de esto tuviera que ver con que yo también me acabara dedicando a la farándula, otros dicen que los artistas manamos de un deseo de expresar todo lo callado». Surgió la «necesidad de contar la historia de un hombre que iba mucho más allá del cine, y a través de la que se va moldeando una España, como él, llena de contradicciones».

En palabras de Franco, fue «peor que un comunista», simplemente, «un mal español». Pero, ¿en qué consistía ser buen español? «Definir al régimen como querían desde dentro. Retratar una España feliz, gloriosa y rica». Berlanga hizo lo contrario: «Mostró las carencias de la gente; muchas de las que hoy siguen. Pero también las virtudes», apunta un García-Berlanga que hoy rebusca entre el mito y la verdad de nuestro imaginario patriótico.

La imperdible erótica berlanguiana

Y también esta crónica ahonda en otro aspecto fundamental, para su nieto, en este gigante del cine: la erótica. Se pregunta Jorge García-Berlanga si sus padres sabrían que, «en una de las comunes incursiones en las que acompañaba a mi abuelo a su estudio después de comer, había divisado unos pechos escondidos entre sus papeles y ahora me colaba en secreto a estudiar los cientos de mujeres desnudas que guardaba su preciada colección erótica (...) Era muy elaborada. No estamos hablando de una cosa simple, sino muy literaria. Él decía que la erótica era más importante que el cine».

Donde no hay discusión es en que el arte «berlanguiano» (palabra que incluso está recogida en el Diccionario de la RAE desde 2020) hizo una radiografía del pueblo español de la que «es difícil escaparse», sostiene, en la actualidad: «En esta época en la que cada vez se camina sobre un suelo más fino, ¿podemos todavía reírnos de nuestras desgracias? ¿Podemos recordar lo que nos une?».

  • Dónde: Teatro Español (Salón de los balcones), Madrid. Cuándo: hasta el 28 de junio. Cuánto: 10 euros.

© Balmoral

Jorge García-Berlanga, nieto del histórico cineasta, en un posado promocional de la pieza

© Balmoral

Elenco de la obra: Júlia Roch, Nacho Serrano, Natalia Vellón, Octavio Vellón, Pablo Vélez y Jorge García-Berlanga
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Top Pentagon Official Worked Closely With C.I.A. Officer Later Found With Gold Bars

David Rush, the C.I.A. employee, worked on a highly classified China spying program with Stephen A. Feinberg, the Pentagon’s second-ranking official.

© Eric Lee/The New York Times

Stephen A. Feinberg in February 2025, during his confirmation hearing to be deputy defense secretary.
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Un flotador de tela, camas de campaña, zapatos litúrgicos y otros "caprichos" textiles del rey

Los monarcas siempre han tenido de todo. Al menos, todo lo que han querido. Que la reina Berenguela quería una almohada a medida, pues suya era en pleno siglo XIII; un sencillo y elegante cojín dorado tejido en sarga que Patrimonio Nacional ha guardado con mimo hasta el día de hoy. O si la corte de Carlos III requería una bañera-diván de estilo francés no había nadie en todo el territorio nacional para decirles que no. ¿Quién no ha soñado con una visita al psicólogo en la que, primero, bañarse y, después, asistir a consulta? O, ya el «summum», ambas a la vez. Pues eso también es posible en palacio, donde se ha conservado (a falta de la «tapa») una «bañera sultana» (hacia 1770) de madera de nogal, rejilla de paja, zinc y raso de seda. Una delicia de la higiene capaz de virar de la limpieza corporal a la mental (aunque solo sea para relajarse) con un solo gesto: el de cubrir la cubeta con una «tapa» tapizada que no ha llegado hasta nuestros días (lo que lamentan desde la casa).

Son solo dos de los más de 25.000 objetos tejidos que Patrimonio Nacional mantiene con celo en sus almacenes. Piezas de «todo tipo», aseguran, de las que ahora muestras algo más de 200 en su Galería de las Colecciones Reales. Limosneras, cortinas, tronos, doseles, zapatos litúrgicos, tronos, camas de campaña que se convierten en escritorios, mantos...

«Vestiduras facen mucho conoscer á los homes por nobles ó por viles, et por ende los sabios antigos establecieron que los reyes vestiesen paños de seda con oro et con piedras preciosas, porque los homes los pudiesen conoscer...», se firmaba en la «Partida segunda» (Ley V, Título V) de Alfonso X el Sabio. Una máxima que se puede comprobar en una muestra en la que el color carmesí, siempre adornado de oro y/o plata, desataca entre toda la paleta. Y donde también cobra algo de sentido aquella leyenda del V.E.R.D.E.: "Viva el rey de España".

Tesoros del Medievo a la actualidad

Y entre todo ese batiburrillo de «tesoros», aparece otro elemento que, a ojos de hoy, siglo XXI, siglo del plástico, suena hasta curioso, extravagante (llámenlo como quieran): un salvavidas de algodón, seda, pasamanería y relleno de corcho, mucho corcho, todo el necesario suficiente para que todas esas telas empapadas no se vayan al fondo. Aseguran las conservadoras de la institución que no se han atrevido a probarlo por si se va a pique, pero, sobre todo, para no arruinar sus detalles siglo y medio después de su invención. Se trata de un flotador primigenio que, como le ocurría a la «sultana», también vale por dos. Salvavidas y colchoneta al mismo tiempo: se lo podía poner el marino alrededor de su tronco en situaciones de riesgo o, ya más tranquilo, hacer gala de toda su amplitud y emplearlo para relajarse tumbado sobre las olas.

Todo ello se recoge ahora en la planta -3 de la Galería, donde «Tejiendo la vida cortesana. Tejidos y bordados de las Colecciones Reales» ocupa la sala contigua a Fernando Brambila (pintor de los Reales Sitios). Allí, Pilar Benito, María Barrigón y Lourdes de Luis son las comisarias de un recorrido que Ana de la Cueva, presidenta de Patrimonio Nacional, define como un «universo exquisito y delicado que construyeron puntada a puntada» los mejores artistas y artesanos de la época. Una colección de textiles que, en palabras de Víctor Cageao –director de la Galería– «son piezas clave en la configuración de los espacios regios a lo largo de nuestra historia. Tejidos y bordados que desempeñaron un papel fundamental en la vida cortesana española como símbolos de poder, refinamiento y representación».

© Patrimonio Nacional

Salvavidas-colchoneta labrado en algodón y seda, y relleno de corcho (finales del siglo XIX)
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Esos papistas «oscares» del Gobierno

A estas alturas de nuestra embarrada película política, ya pocos pueden dudar que posiciones abanderadas por beligerantes ministros como Óscar Puente y Óscar López a propósito de «campañas orquestadas» para derribar al gobierno difieren muy poco o tal vez nada de la opinión del propio presidente. Casi se podría afirmar que los «Oscares» ni siquiera llegan a ser más papistas que el papa; hablan por su boca. Cuando se alude a causas políticas o hasta se afirma saber quién está detrás del contubernio al coincidir en el tiempo casos como el del hermano del presidente o el tsunami de las cloacas del PSOE, se está atacando directa y frontalmente no solo al poder judicial en una arremetida inédita durante décadas de democracia, sino al propio sistema, rebajando todos los estándares democráticos de un país europeo ya de por sí bastante castigados. El poder judicial sencillamente cumple con su cometido como poder del Estado, hace su trabajo y no tiene culpa ni responsabilidad alguna frente a la acumulación de pruebas o de indicios constantes y sonantes susceptibles de ser investigados, ya sean actividades de la esposa del jefe del gobierno, de su hermano, de exministros, de exsecretarios generales, de expresidentes o de su propio partido. Los casos son los que son y sus tiempos judiciales siempre van a coincidir con coyunturas políticas; no hay manos negras que manejen los tiempos. Ya ocurrió en otros momentos de nuestra historia reciente con escándalos que afectaron a los dos grandes partidos, además de PNV y la antigua CiU, hasta llegar a lo que ahora se investiga en el entorno político y personal más cercano al presidente. Jueces como Calama o Pedraz, con la redacción de autos exquisitos, ya se ocuparon de salir al paso sobre cualquier acusación de lawfare; el primero de ellos, incluso, no haciendo coincidir la eclosión de casos mediáticamente muy relevantes con la campaña y recta final de los comicios andaluces. El manejo de los tiempos tiene mucho más que ver con el juego político, con retiros «reflexivos» de un hombre profundamente enamorado al que siguieron movimientos no precisamente amables con jueces y periodistas, o con alharacas como ¿Quién va a pedir perdón? a un fiscal general posteriormente condenado. Los «Oscares» están inquietantemente desatados, especialmente Puente, muy «sensible» ante preguntas de periodistas sobre bendiciones eclesiásticas por la seguridad ferroviaria. Eso, claro, no es carne de tuit.

© Europa Press

El ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente, durante la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros
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