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“Magari dico una bestialità, ma ascoltare Lucio Dalla a teatro equivale ad ascoltare Beethoven”: Pierdavide Carone nell’opera “L’anno che verrà”, dedicata al grande artista
Le musiche, le parole, le canzoni e il talento di Lucio Dalla vengono celebrati con l’opera “L’anno che verrà” da dicembre in tour nei teatri. Il progetto è ideato da Marcello Corvino e diretto da Manuel Renga. La storia si svolge in un grande hotel sul mare, alla vigilia di Capodanno, dove si incrociano le vicende di alcuni viaggiatori: una giovane coppia in fuga, una cantante di piano bar alla ricerca di un amore perduto, un musicista disilluso e un uomo d’affari colpito da una crisi esistenziale. Ad accoglierli è un enigmatico portiere, che avrà il volto di Pierdavide Carone, che Dalla lo ha conosciuto bene. Il cantautore scomparso, infatti, non solo ha prodotto l’album “Nanì e altri racconti”, ma è salito sul palco del Festival di Sanremo 2012 per dirigere l’orchestra e duettare con Carone.
“Sarebbe assurdo immaginare un futuro in cui i ragazzi non conoscano Lucio Dalla o lo scoprano solo attraverso le piattaforme digitali – ha dichiarato Carone -. Magari dico una bestialità, ma ascoltare Dalla a teatro equivale ad ascoltare Beethoven. La musica pop che supera il tempo deve avere lo stesso peso della sinfonica, perché parla alle generazioni e le attraversa”.
E ancora: “La vocalità di Dalla era talmente esuberante che l’unico modo per cantare, soprattutto quando si aggiungerà l’orchestra, è quasi ‘aggredire’ le canzoni, cercando di farlo in modo degno. Quando devo cantare Lucio sono sempre preoccupato, però il concetto di preoccupazione si trasforma in sfida, per quel senso di gratitudine nei confronti di una persona a cui dobbiamo molto”.
Il regista Manuel Renga ha aggiunto: “Questa nuova opera pop è un lavoro che non racconta la vita del grande Lucio Dalla, ma prende a piene mani dalla sua creatività musicale e traduce in scena il grande affresco umano che le sue canzoni compongono. Lucio Dalla diventa per noi il ‘custode dei sogni’ colui che è in grado di leggere chiaramente le paure, i desideri, i sogni e le delusioni dell’uomo e trasformarle in situazioni musicali popolari, dirette, emozionanti”. Lo spettacolo è composto dai brani più conosciuti come “La sera dei miracoli” e “L’anno che verrà” e quelli contenuti in album meno popolari “per tenere conto di tutte le anime musicali di Dalla”. È un viaggio onirico, “dove i personaggi sono le incarnazioni di quei sogni, di quelle paure e speranze, racconti di vita che si intrecciano sulle note musicali”.
Il debutto è previsto per l’11 e 12 dicembre a Ferrara, si proseguirà il 18, 19 e 20 dicembre con tre spettacoli a Reggio Emilia, per poi salutare il 2026 il 22 e 23 dicembre con una doppia data a Ravenna. In tabellone a gennaio anche appuntamenti a Piacenza e Modena, mentre il Teatro Duse di Bologna ospiterà lo spettacolo il 10, 11 e 12 settembre. Sul palco ci saranno fino a cento artisti, tra attori, orchestra sinfonica e la compagnia di danza di Michele Merola, che curerà le coreografie.
L'articolo “Magari dico una bestialità, ma ascoltare Lucio Dalla a teatro equivale ad ascoltare Beethoven”: Pierdavide Carone nell’opera “L’anno che verrà”, dedicata al grande artista proviene da Il Fatto Quotidiano.
'La escopeta nacional' somos todos (incluso medio siglo después de la película de Berlanga)
He aquí unos supuestos que a nadie le sonarán demasiado lejanos. Nobles tan vacíos en la ética como en la cuenta corriente. Promotores inmobiliarios a la caza del pelotazo del siglo. Ministros aferrados a la poltrona y a los placeres de la carne. Amantes secretarias enfundadas en verano en costosos abrigos de visón. Hijos bastardos que malviven de las migajas que se escapan del mantel. Meapilas salvapatrias S.A. Banqueros paganinis del festín. Estrellas del momento que evitan su ocaso a golpe de talonario mediante calenturas a izquierda y derecha. Damas alcohólicas de la Cruz Roja expertas en la caridad bien entendida... la que empieza por uno mismo. «Negocietes privados» a costa del erario público. Divisas a buen recaudo en bancos centroeuropeos. Crucifijos con telarañas que presiden las alcobas donde los látigos y las obsesiones se postran a sus pies. Armas cargadas dispuestas a finiquitar a todo lo que se menee por tierra, mar y aire.
La enumeración es cosecha de Juan Echanove y en ella se encuentran muchos de los arquetipos presentes en «La escopeta nacional». Una película de 1978 que, sin embargo, se acomoda como un guante en este 2026, pero no solo. Como confesó Rafael Azcona en más de una ocasión, su humorista favorito era Cervantes, a quien adaptó en su versión del «Quijote». Y es por ello que entre todos esos «personajes» también encontraremos muchas similitudes con el Siglo de Oro. Así que podríamos decir que esta parte de la «tradición» española, además de firme, tiene demasiados años, siglos, de vigencia.
Y con esa idea bien presente en la cabeza, Echanove, como director, recupera el clásico de Luis García Berlanga y Azcona en el Teatro Español, donde presentan una «reinvención» cuya adaptación firma un Bernardo Sánchez Salas que hace bueno aquello de Bernard Shaw de «si vas a contarles la verdad, hazles reír». El chiste como tumba del humor. «La risa amarga que vemos en esta obra es lo que la diferencia del chiste», afirma el adaptador, que ya versionó, en 2000, «El verdugo» (en la que actuaba Echanove). Y en la misma línea se mueve el director: «No hay mejor manera de volverse a mirar en ese espejo de la historia que la risa. Una risa un tanto amarga que nos hace ver que después de 50 años pueden haber cambiado los hilos, pero el telar sigue siendo el mismo», asegura de una pieza que cuenta con 17 actores y tres músicos (Pere Ponce, Marta Ribera, Enrique Viana, Patxi Freytez, Pedro Mari Sánchez...).
La esencia intacta
Echanove y Sánchez presentan así una función que «mantiene la esencia intacta» de los Berlanga y Azcona, aunque «no es una transcripción de la película; son lenguajes distintos»: una sátira mordaz sobre las apariencias, el poder y la corrupción en una España que, aunque cambiante, sigue reconociéndose en el espejo de su pasado. Un empresario catalán busca hacer negocios en Madrid y acude a una cacería con la élite del régimen franquista. Lo que parece una reunión estratégica pronto se convierte en un desfile de intereses cruzados, hipocresía y situaciones absurdas que harán reír y reflexionar al espectador. «Es una película que se actualiza sola. No hace falta forzar nada. Encontramos la picaresca española, que permanece fija pese a variar en su forma».
«La escopeta nacional» sumerge al espectador en un juego de equilibrios entre lo cómico y lo crítico, en la que se recuerda la maestría de la histórica pareja «para retratar la sociedad con ironía y agudeza», apuntan sobre dos hombres que «jugaron» en el séptimo arte una partida que mostraba, en boca de Echanove, «todos estos entresijos de una España que salía de una dictadura para afrontar los caminos luminosos de la Transición. La comedia les proporcionó el telar en el que tejer esta visión hiperrealista de una España deshilachada».
Sánchez, por su parte, señala a la pareja de guionistas como los culpables de trazar «un mapa imprescindible para conocernos como individuos y como país. Juntos, formaron un eje fundamental de la historia del cine español, pero también del internacional».
- Dónde: Teatro Español, Madrid. Cuándo: del 16 de junio al 26 de julio. Cuánto: de 6 a 22 euros.


© Javier Naval / Teatro Español


© Javier Naval / Teatro Español
'Crónica de un mal español': el último Berlanga
Existe una máxima en la familia: «Un Berlanga nunca se aburre». La «fantasía» prima sobre todo lo demás. Así lo afirma Jorge García-Berlanga, nieto del responsable de «El verdugo», «Plácido», «La escopeta nacional» y tantas otras obras maestras del cine español; y el hombre que recoge ahora el legado de su abuelo en «Crónica de un mal español» para llevarlo al Teatro Español y poner de relieve la vigencia del genio, además de rendirle pleitesía.
Afirma García-Berlanga nieto –y también hijo del escritor– que no se podía imaginar en aquellas comidas de domingo, en las que se peleaba con su abuelo Luis por el último bombón de chocolate, que décadas después acabaría haciendo buena la expresión «de tal palo tal astilla». «Entonces», explica, «solo era un niño introvertido que escuchaba por debajo de la mesa sus intensas reflexiones sobre el porvenir político, mezclados con chistes escatológicos, anécdotas, o chismes de tal y cual estrella». Fue esta su introducción al mundo de esa «fantasía» a la que todo Berlanga está «condenado»: «Siempre encontraremos alguna cosa para matar el tiempo o para salir. Yo mismo, en cualquier conversación, puedo estar imaginándome una nueva historia», explica el aquí responsable de la dramaturgia, de la dirección y hasta de la interpretación del protagonista.
El montaje se introduce de esta manera en la vida y obra de Luis García Berlanga. En concreto, retrocede hasta ese 12 de junio de 1921 que le vio nacer, en Valencia. Un mes antes del desastre de Annual, «el lloro de un niño interrumpe en la tragedia con un afortunado canto de humanidad», presenta el programa de mano. Aquel chiquillo creció, y junto a él, también lo hacía una España «en pleno proceso de pubertad, de rebelión, lucha entre hermanos, de valores absolutos y "tantrums" emocionales, a los que se es difícil ajustar».
La curiosidad de un niño
Pero Berlanga permaneció, denunció y hasta se aprovechó de las circunstancias, «al final sigue siendo un niño curioso y rinde culto a la contradicción», añade su nieto Jorge, que aprovecha esta función para preguntarse cómo era ser español entonces y qué hechos moldearon el corazón de «un hombre dividido». Se sumerge así en la figura familiar y en la de un maravilloso cronista de España en un momento de la temporada teatral en el que esta «Crónica...» coincide en el Español con «La escopeta nacional», que dirigirá Juan Echanove desde el 16 de junio en el escenario principal.
Berlanga, como su «colega» Rafael Azcona, se preocupaba de escuchar a los viejos del lugar, a la calle, a toda esa gente que pasaba por los cafés. Y es en uno de ellos, en el Gijón, donde este montaje se desarrolla. Un escenario que verá desfilar a ilustres de la época; nombres que serán fundamentales para desmenuzar el mundo íntimo del «padre» de «Bienvenido, Mister Marshall», como Fernán Gómez, Conchita Montes, Mingote, Edgar Neville, Umbral, Juan Antonio Bardem... También a su esposa María Jesús y la «Musa». Decenas de personajes a cargo del elenco de la compañía Balmoral: Júlia Roch, Nacho Serrano, Natalia Vellón, Octavio Vellón, Pablo Vélez y el propio director, que se mete en la piel del protagonista de esta historia: «Hay cosas que me salen solas», asegura.
Entre poemas, notas y diarios, cada «aventura» al lado de don Luis sirvió para que el nieto fuera alimentando la bestia. Se adentraba poco a poco en un universo fascinante. «Tal vez algo de esto tuviera que ver con que yo también me acabara dedicando a la farándula, otros dicen que los artistas manamos de un deseo de expresar todo lo callado». Surgió la «necesidad de contar la historia de un hombre que iba mucho más allá del cine, y a través de la que se va moldeando una España, como él, llena de contradicciones».
En palabras de Franco, fue «peor que un comunista», simplemente, «un mal español». Pero, ¿en qué consistía ser buen español? «Definir al régimen como querían desde dentro. Retratar una España feliz, gloriosa y rica». Berlanga hizo lo contrario: «Mostró las carencias de la gente; muchas de las que hoy siguen. Pero también las virtudes», apunta un García-Berlanga que hoy rebusca entre el mito y la verdad de nuestro imaginario patriótico.
La imperdible erótica berlanguiana
Y también esta crónica ahonda en otro aspecto fundamental, para su nieto, en este gigante del cine: la erótica. Se pregunta Jorge García-Berlanga si sus padres sabrían que, «en una de las comunes incursiones en las que acompañaba a mi abuelo a su estudio después de comer, había divisado unos pechos escondidos entre sus papeles y ahora me colaba en secreto a estudiar los cientos de mujeres desnudas que guardaba su preciada colección erótica (...) Era muy elaborada. No estamos hablando de una cosa simple, sino muy literaria. Él decía que la erótica era más importante que el cine».
Donde no hay discusión es en que el arte «berlanguiano» (palabra que incluso está recogida en el Diccionario de la RAE desde 2020) hizo una radiografía del pueblo español de la que «es difícil escaparse», sostiene, en la actualidad: «En esta época en la que cada vez se camina sobre un suelo más fino, ¿podemos todavía reírnos de nuestras desgracias? ¿Podemos recordar lo que nos une?».
- Dónde: Teatro Español (Salón de los balcones), Madrid. Cuándo: hasta el 28 de junio. Cuánto: 10 euros.


© Balmoral


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