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Trump amenaza con represalias a Irán tras derribar un helicóptero de EEUU

Donald Trump, presidente de EEUU, en una comparecencia en el Despacho Oval.

La tregua entre Estados Unidos e Irán podría estar a punto de saltar por los aires. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha dicho este martes que habrá represalias contra Irán por haber derribado un helicóptero estadounidense en el estrecho de Ormuz. El ataque no dejó víctimas. Tuvo lugar 100 días después del inicio de las hostilidades. Desde el 7 de abril está en vigor una tregua cada vez más frágil.

"Acabo de ser informado por nuestras Fuerzas Armadas de que los iraníes derribaron uno de nuestros helicópteros Apache de alta tecnología mientras patrullaba el estrecho de Ormuz", ha escritoTrump en su red Truth Social. "Dos pilotos estuvieron involucrados, ambos sanos y salvos. No obstante, Estados Unidos debe, necesariamente, responder a este ataque", ha añadido.

El helicóptero estadounidense cayó cerca de la costa de Omán, donde los dos soldados a bordo sobrevivieron, según informó este martes el Comando Central de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos (Centcom). Fuerzas estadounidenses rescataron a los dos tripulantes del helicóptero AH-64 Apache, según informa la agencia Efe.

En el golfo de Omán, el Ejército estadounidense disparó a un buque petrolero por violar el bloqueo que Washington impone desde el 13 de abril contra embarcaciones que salen y llegan a puertos iraníes.

Discrepancias con Netanyahu

Estos hechos ocurren en medio de los nuevos enfrentamientos en la región, donde Irán e Israel han intercambiado ataques en los últimos días. Trump exigió el lunes a las dos partes que pararan. Las discrepancias con su aliado, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, son cada vez más intensas. Netanyahu quiere seguir atacando el Líbano hasta reducir a su mínima expresión a Hizbulá. Pero la campaña militar contra Irán y sus aliados se ha revertido contra Israel y EEUU.

El presidente estadounidense aseguró que podría alcanzar un acuerdo con Irán en "dos o tres días", el enésimo plazo que plantea tras varias semanas de negociación con la República Islámica. Sin embargo, en cualquier momento puede decidir más ataques. Irán no se quedará de brazos cruzados y la escalada salpicará a toda la región.

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Dos milenios de cristianismo amenazados por la ofensiva israelí en el Líbano

Un soldado israelí coloca un cigarrillo en una estatua de la Virgen María en el sur del Libano

La escalada militar en el Líbano, llevada a cabo por Israel e intensificada en 2026, está provocando una crisis que amenaza con alterar irreversiblemente el mosaico demográfico y religioso de Oriente Próximo. Como consecuencia de los ataques se están desmantelando las comunidades cristianas del sur del país. Su presencia se remonta a los primeros años del cristianismo, con la ciudad de Tiro con la mayor afluencia en estos nuevos creyentes. El libro de los Hechos de los Apóstoles documenta cómo San Pablo encontró a una comunidad de cristianos ahí establecida.

Hoy, el Líbano posee el panorama religioso más diverso de Oriente Próximo, con 18 confesiones reconocidas oficialmente. La demografía se divide casi por la mitad entre musulmanes, con un 60% entre chiíes y suníes, y cristianos de mayoría maronita con un 30%.

Debido a esta situación, aunque el objetivo declarado por el Gobierno israelí es neutralizar la infraestructura militar del grupo chií Hizbulá, los bombardeos israelíes tienen un impacto devastador sobre la población cristiana de la región.

Bajo el fuego cruzado

En los últimos meses, el avance de las tropas israelíes más allá del río Litani ha arrastrado al frente de guerra a pueblos que intentan mantenerse al margen del conflicto. Localidades como Rmeish, Debel, Ain Ebel y Al-Qlayaa se han convertido en escenarios bélicos que ponen en riesgo a sus habitantes, como el caso de la familia Karam a principios de junio. El doctor James George Karam y sus dos hijos universitarios (Theodosia y Tony) fueron alcanzados por un ataque aéreo israelí cuando estaban en su vehículo cerca de Al-Qlayaa, muriendo los tres. Regresaban de Sidón, donde los jóvenes habían acudido a rendir sus exámenes académicos.

Hay casos más al norte, a las afueras de Sidón, concretamente en la localidad predominantemente cristiana de Maghdoucheh y la vecina Anqoun, la cual además albergaba a miles de desplazados de todas las confesiones. Estas sufrieron bombardeos masivos apenas unas horas después de recibir avisos de evacuación. A causa de estos ataques, el sur del país del cedro cada vez se ve más desprovisto de sus habitantes originarios, y sus respectivas confesiones. 

Templos en ruinas

A la par de la destrucción material, el liderazgo cristiano libanés ha denunciado un patrón de destrucción y faltas de respeto hacia los recintos sagrados. Las autoridades israelíes justifican sus ataques con el argumento de que los monasterios e iglesias alcanzados son usados por Hezbolá para sus intereses terroristas. Así, edificios de culto en pueblos como Deir Mimas y Yaroun recibieron daños severos de fuego de artillería pesada.

Restos del convento de las Hermanas Basilianas Salvatorianas en Yaroun.

En mayo, la difusión de imágenes que mostraban a soldados israelíes profanando estatuas de la Virgen María en la aldea de Debel y de Jesucristo en Yaroun encendió la opinión internacional. Aunque líderes religiosos judíos y sectores de la comunidad internacional condenaron de inmediato los actos tachándolos de vandalismo aislado, para los cristianos locales representó un mensaje de inequívoco desprecio hacia su arraigo en la región, una indignación recogida por asociaciones como Mission Network News.

Soldado de las IDF a martillazos con la estatua de un Jesús crucificado.

El temor a la desaparición

A diferencia de conflictos anteriores, como la ocupación de 1982-2000, donde las aldeas cristianas servían a menudo como zonas neutrales de refugio, la táctica actual de dispersión y bombardeo de saturación llevada a cabo por Israel no discrimina sectores. Ahora, desde las iglesias locales hasta el Vaticano han multiplicado sus llamamientos diplomáticos urgentes a que se finalicen las hostilidades, advirtiendo que la pérdida de la pluralidad religiosa en el Líbano despojaría al país de su identidad fundacional, además de extinguir a una de las comunidades religiosas más antiguas del mundo.

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Netanyahu, el aliado incómodo de Trump que frustra los intentos de paz con Irán

El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, en una visita a la 36ª Brigada en el norte de Israel esta primavera.

Hace justo cien días que Estados Unidos e Israel atacaron Irán con el objetivo de derrocar al régimen de los ayatolás e impedir para siempre su carrera nuclear. Fue Benjamin Netanyahu quien convenció a Donald Trump de emprender la operación. Le aseguró que sería un éxito fácil de conseguir. Pero el régimen se mantiene en pie, aunque muchos de sus dirigentes han caído. Y ha descubierto que cuenta con cartas como el cierre del estrecho de Ormuz. Desde el 7 de abril está en vigor una tregua tambaleante. Trump está decidido a que sea el anticipo de un acuerdo con Teherán. Sin embargo, el primer ministro israelí insiste en seguir atacando el Líbano, para acabar con Hizbulá, aliado de Teherán.

Israel atacó Irán el domingo por primera vez desde el inicio de la tregua. El régimen de Teherán respondió, de modo que el temor a una escalada se hizo mayor. Sin embargo, el presidente de Estados Unidos dijo contundente, según el Financial Times: "Yo tomo las decisiones. No es él quien toma las decisiones". Y reafirmó que Netanyahu "no tendrá otra opción" que acepta un acuerdo con Irán, si finalmente se alcanza. En declaraciones a Axios, Trump decía el domingo que estaba "cerca". Pero lleva así semanas.

Tras los ataques del domingo y el lunes, Trump pidió a Netanyahu y al régimen de Teherán que pararan. Los dos parece que le han hecho caso. De momento.
"Las hostilidades en este frente cesaron, ya que tras los golpes que asestamos al régimen terrorista de Teherán, ha dejado de atacarnos", afirmó el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu. Si Irán "comete el error de reanudar sus ataques", Israel responderá "con toda la fuerza", advirtió el primer ministro israelí. Irán insiste en que la tregua afecta al Líbano pero Netanyahu discrepa con el argumento de que Hizbulá sigue bombardeando territorio israelí.

Trump tiene prisa

Trump quiere llegar a un acuerdo con Irán lo antes posible ya que los efectos económicos del cierre de Ormuz y su pulso con los ayatolás le hace aparecer como un líder débil en pleno año electoral. En noviembre se celebran las legislativas de medio mandato y si los republicanos pierden escaños en la Cámara de Representantes y la mayoría en el Senado la capacidad de acción del presidente quedará limitada. Trump sabe que si Irán escala van a implicarse los hutíes, las milicias chiíes de Irak, y sus aliados en la región van a padecer las consecuencias.

"Estados Unidos e Irán se están testando mutuamente como parte del proceso en el que busca cómo construir confianza entre ellos. Washington y Teherán quieren que termine la guerra por distintas razones. Irán incluso está dispuesto a ofrecer algo que pueda vender Trump como victoria siempre que se levanten las sanciones económicas y no haya una renuncia total al desarrollo nuclear", ha dicho Ellie Geranmayeh, investigadora en el ECFR, en un encuentro con periodistas. "Israel, sin embargo, quiere la escalada. Netanyahu es quien está dispuesto a que descarrile el proceso".

Netanyahu también medirá su fuerza en las urnas este año. Si se muestra débil con Hizbulá, y con Irán, perderá apoyos. Pero tampoco puede arriesgarse a enfadar a su amigo americano. Israel sigue dependiendo en gran medida del armamento y los sistemas de defensa aérea de EEUU.

El dilema de Netanyahu

Como escribe Gideon Rachman en el Financial Times, "Netanyahu se enfrenta ahora a una decisión muy difícil. ¿Suspenderá los ataques contra Irán y Hizbulá, con el riesgo a parecer débil ante los ojos tanto del régimen iraní como de la opinión pública israelí? ¿O desafiará a Trump y pondrá en peligro su alianza con Estados Unidos?". Y añade: "El dilema es aún más agudo porque el acuerdo de paz en el que está trabajando Trump parece que dejará a Irán en una posición financiera más sólida, y aún con una capacidad nuclear residual".

Netanyahu lo sabe y por eso lo intenta torpedear. En realidad, es él quien falló en sus cálculos. Su plan era asestar un golpe final a su enemigo regional, con la ayuda de Estados Unidos. En lugar de conseguir un éxito propio y de paso facilitar un triunfo a Trump le ha llevado a un atolladero. Y además no facilita la salida.

"Al iniciar una guerra sin cuartel contra los enemigos de Israel, Netanyahu pretendía restaurar su propia reputación y asegurar su futuro político. La victoria sobre Irán estaba destinada a ser el logro culminante: el triunfo definitivo sobre el enemigo supremo, convenientemente conseguido en un año electoral. En cambio, es probable que Netanyahu se presente a las elecciones a finales de este año con los enemigos del país vivos y coleando, y con el apoyo a Israel cayendo en picado en todo Occidente e incluso en la Casa Blanca", apunta Rachman. Sentencia que su visión sobre la seguridad, y su desprecio por la diplomacia, ha fracasado. Cuanto antes lo reconozca antes podrá rectificar.

Según escribe Joshua Leiffer en Haaretz, "el primer ministro es un astuto actor político al que se ha dado por perdido en numerosas ocasiones, y aún podría encontrar la manera de recuperarse de la humillación que le ha infligido Trump y de la frustración de los israelíes, agotados por casi tres años de guerra. Pero Netanyahu tampoco se ha presentado nunca a unas elecciones con el telón de fondo de una debacle estratégica de esta magnitud. Su carta de presentación era que, al haber convertido a Israel en una potencia regional, su poderío militar hacía innecesarias las soluciones diplomáticas. Esa ilusión se ha hecho añicos, y el Israel de Netanyahu se ve obligado, con demasiado retraso, a reconocer los límites de su poder".

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Los españoles consumen más gasolina y diésel que el año pasado pese a los precios disparados por la guerra

Surtidores de una gasolinera Repsol, a 22 de junio de 2025, en Madrid (España).

El impacto ha sido contenido. En las estaciones de servicio la actividad se ha mantenido prácticamente invariable y la demanda de combustibles en las gasolineras apenas se ha resentido por la guerra. Más aún, el balance global de los cinco primeros meses del año es positivo, con un incremento del 0,73% de mayor consumo de combustibles en plena ofensiva de precios al alza provocados por la contienda bélica en Irán.

Según la Corporación de Reservas Estratégicas de Productos Petrolíferos (CORES), entre enero y mayo de este año se han consumido en España 9,29 millones de toneladas de gasolina y gasóleo. Esta cifra supone casi 68.000 toneladas más que durante el mismo periodo del año pasado. El encarecimiento del petróleo -y con él, el de los carburantes- ha disparado su precio en los surtidores desde que la guerra comenzó a finales del pasado mes de febrero.

La medida, que se ha traducido en una rebaja del 21% al 10% del IVA y el recorte del Impuesto Especial sobre Hidrocarburos al mínimo legal permitido en la UE. Los recortes están en vigor hasta el próximo 30 de junio. Un periodo que la patronal de las estaciones de servicio ya ha reclamado que se pueda prolongar hasta el final de verano para no provocar un impacto importante en el precio en pleno inicio de operación salida de verano.

El 'sorpasso' del diésel y las medidas anticrisis

En las primeras semanas del conflicto, el comportamiento de los precios de los combustibles ha ido en aumento, registrando un sorpasso del gasóleo sobre la gasolina que aún hoy se mantiene. A finales de marzo se alcanzó un 'techo', con el precio del gasóleo en un máximo de 1,96 euros por litro y la gasolina 95 en 1,61 euros por litro.

Sólo el plan anticrisis del Gobierno, que contempló rebajas impositivas sobre los carburantes, permitió rebajar el precio de modo significativo, si bien la tendencia general no dejó de subir. El 8 de abril se alcanzó -sin aplicar los descuentos- el precio más elevado de toda la crisis, con un precio del diésel de 2,1 euros por litro.

La Semana Santa ha sido el verdadero motor que ha permitido mantener e incluso elevar levemente el consumo de carburantes en España este año. El pasado mes de marzo, según datos de CORES, el consumo aumentó un 6,15% respecto al mismo mes del año pasado. Los 2,494 millones de toneladas de combustible consumidas ese mes suponen 144.585 más que en marzo de 2025.

Récord de turismo y despegue del consumo de queroseno

El sector del turismo en España se ha visto beneficiado por la situación, convirtiendo a nuestro país en un punto con mayor demanda y presencia de visitantes que otros destinos. Esta realidad se ha reflejado no solo en un repunte de la automoción, sino en combustibles clave como el queroseno de aviación. El sector de las aerolíneas también ha corroborado que la demanda no se ha resentido y, de cara al periodo estival, se espera un incremento en la oferta de billetes de avión.

Los últimos datos de CORES muestran cómo nuestro país ha aumentado de modo importante el consumo de combustible de aviación. En los cuatro primeros meses de este año, la llegada de turistas extranjeros a España ha alcanzado cifras récord con 26,6 millones de visitantes. De enero a abril pasado, el país incrementó un 4,3% el uso de este carburante. En total, se consumieron 2,3 millones de toneladas de queroseno en el primer cuatrimestre del año, dos de ellos con la crisis de Irán ya en marcha. Esto supone la cifra más elevada al menos desde 2023, año en el que el consumo en el mismo periodo apenas superó los 2 millones de toneladas.

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La cesta de la compra se enfrenta a nuevas subidas: el campo acumula 280 millones de sobrecostes por la guerra en Irán

El ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación, Luis Planas

A los 100 días del inicio de la guerra en Irán, y con la cuenta atrás en marcha para que decaigan las medidas anticrisis aprobadas por el Gobierno, las familias españolas afrontan el riesgo de nuevas tensiones en la cesta de la compra. El secretario general de COAG (Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos), Andrés Góngora, advierte de que "el conflicto está generando un sobrecoste para el sector agrario español de 2,8 millones de euros al día", lo que sopone 280 millones por el momento. Además, desde la organización temen que, si no se resuelve el conflicto en Oriente Medio en verano, los agricultores tendrán desde este mismo "otoño problemas de liquidez para afrontar las siembras" de invierno.

La preocupación del sector agrario radica en que el actual encarecimiento de la energía, los carburantes y los fertilizantes termine reproduciendo la misma espiral de costes que sufrió el campo tras el estallido de la guerra en Ucrania. En 2022, los precios de los alimentos subieron más de un 15% y la cesta de la compra experimentó el mayor episodio inflacionista desde el comienzo de la serie del INE (Instituto Nacional de Estadística). Según explica Góngora, cuando se dispara el precio de las materias primas, "el impacto sobre la renta agraria es inmediato". Así sucedió en 2022: los consumos intermedios del sector "aumentaron un 29,9% en un solo año, con subidas del 62% en fertilizantes y del 50% en energía y lubricantes, lo que provocó una caída de la renta agraria real del 8,7%".

Y de acuerdo con el último informe de Perspectivas Económicas de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), durante los 100 días de duración del conflicto en Oriente Medio, los precios de los fertilizantes han registrado incrementos de entre el 39% y el 59%. Además, desde COAG suman las "significativas" subidas de otros "insumos clave", como el gasóleo agrícola, cuyo precio se ha disparado entre un 40% y un 50%. Un escenario en el que los sobrecostes derivados del conflicto bélico podrían acabar trasladándose al consumidor final en un momento especialmente delicado: los alimentos se han encarecido casi un 40% desde la pandemia, según los datos del INE.

Y no parece que la presión vaya a disiparse a corto plazo. La presidenta del BCE (Banco Central Europeo), Christine Lagarde, reconoció en marzo durante una entrevista en The Economist que los daños sobre la capacidad de producción energética derivados del conflicto "ya son demasiado importantes" y que su normalización no podrá producirse "en cuestión de meses" Circunstancia que amenaza con seguir alimentando el encarecimiento de materias primas esenciales para el campo.

El sector agrario ve "prematuro" retirar las ayudas

Ante este escenario, el foco está puesto en las medidas de apoyo aprobadas por el Gobierno para amortiguar el impacto económico de la guerra. Las medidas fiscales aplicadas a la electricidad y al gas han decaído, mientras que las vinculadas a los carburantes seguirán vigentes, por el momento, hasta el próximo 30 de junio. Precisamente para decidir si las medidas se mantendrán, adaptarán o se retirarán definitivamente, el Ministerio de Economía ha iniciado una ronda de reuniones con los agentes sociales y los sectores más afectados.

Entre ellos, el sector agrario, que considera "prematuro" retirar las medidas y reclama prolongar los mecanismos de apoyo mientras persiste la volatilidad en los mercados energéticos y de materias primas. En concreto, las organizaciones defienden "la continuidad de las medidas vinculadas al gasóleo profesional agrario" y pesquero, que contemplaba una subvención de 20 céntimos por litro de combustible que se sumaba al descuento general y que podría decaer el próximo 30 de junio.

No obstante, algunas medidas agrícolas tienen aseguradas su continuidad más allá del verano, lo que podría amortiguar el impacto sobre los precios en el supermercado. A finales de mayo, la Comisión Europea dio luz verde al régimen español de subvenciones estatales por valor de 500 millones de euros para ayudar a las empresas agrícolas a paliar los efectos de la subida de los precios de los fertilizantes.

Este programa permanecerá en vigor hasta el 31 de diciembre de 2026 y, según se desprende del comunicado remitido por Bruselas, "las empresas podrán recibir 22 euros por hectárea de secano y 55 euros por hectárea de regadío, hasta un máximo de 300 hectáreas por beneficiario". Además, de acuerdo con las estimaciones de la Comisión, el plan podría cubrir "hasta el 70% de los costes adicionales de los fertilizantes derivados de la crisis de Oriente Medio". Pese a ello, el sector teme que una prolongación del conflicto termine neutralizando parte del efecto de estas ayudas y vuelva a tensionar los costes de producción como sucedió en 2022.

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