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A journey through the ages of soccer in the United States

The first time U.S. soccer legend Tab Ramos played on a team in the country he had just moved to from Uruguay, Argentina was the reigning champion of the 1978 World Cup and the boy was thrilled that the jersey he was given, the Harrison Rec kit, was orange “like the Dutch one.” Ten minutes in, the coach took him off the field: he was too good to compete with that group. He was 12 years old.

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© George Etheredge (George Etheredge)

The courts at Pier 5 in the Brooklyn Bridge Park, with the Manhattan skyline across the river.
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Manoliño and other dolphins who approach people to escape their loneliness

Manoliño, Spain’s most famous lone dolphin, was first spotted in 2019. Over time, he became a regular in the Muros‑Noia and Ferrol estuaries of the Spanish northwestern region of Galicia; he practically became one of the locals. For five and a half years, he approached boats and bathers, allowed himself to be touched in shallow waters near the shore, and even interfered with the work of divers who collected razor clams. He died in September 2025 after being struck by a ship’s propellers.

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© EPV

El delfín solitario nadando en la ría de Muros y Noia
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7 miniseries perfectas para ver sin salir de casa este fin de semana

Este fin de semana la actualidad en España tiene dos protagonistas indiscutibles. Por un lado, la esperada visita del papa a nuestro país, que concentrará gran parte de la atención mediática y ciudadana, especialmente en Madrid y Barcelona. Por otro, el multitudinario concierto de Bad Bunny, llamado a reunir a miles de seguidores y a convertirse en uno de los grandes acontecimientos culturales de estos días.

Pero si prefieres mantenerte al margen de todo ese ruido mediático, siempre queda una alternativa infalible: acomodarte en el sofá y dejarte atrapar por alguna de estas siete miniseries perfectas para una maratón de fin de semana.

Por suerte, el catálogo de las plataformas no nos defrauda: durante estos días, tenemos a nuestro alcance un amplio surtido de miniseries lo bastante variado como para mantenernos a salvo hasta que al termómetro le dé por aflojar. De los thrillers made in Spain a las historias de superhéroes con Nicolas Cage, pasando por misterios surrealistas y adaptaciones literarias, estos programas te ayudarán a desconectar del alboroto con el que nos da la bienvenida junio.

'La nena' (Disney+, atresplayer, 8 capítulos)

Tras La novia gitana y La Red Púrpura, Nerea Barros vuelve a interpretar a la inspectora Elena Blanco en esta nueva adaptación de los bestsellers del colectivo Carmen Mola. Tras abandonar la Brigada de Investigación de Casos, la protagonista volverá a la acción para descubrir el paradero de su compañera Chesca (Lucía Martín Abello), desaparecida en extrañas circunstancias durante el Año Nuevo chino.

'Berlín y la dama del armiño' (Netflix, 8 capítulos)

El universo de La casa de papel vuelve a expandirse mediante esta nueva aventura de Pedro Alonso como ese ladrón egocéntrico e irresistible a partes iguales. Esta vez, Berlín y su banda se mudan a Sevilla por encargo de un aristócrata (Tristán Ulloa) ansioso por hacerse con una de las obras maestras de Leonardo Da Vinci, robo mediante: ¿cuál de los dos será el primero en traicionar a su presunto socio?

'Esto no es un misterioso asesinato' (Filmin, 6 episodios)

Si todo whodunit a la antigua tiene un punto surreal, ¿qué ocurre cuando encerramos a Salvador Dalí, Max Ernst, René Magritte y Man Ray en una mansión inglesa donde un asesino campa a sus anchas? Pues esta serie belga, que ofrece una variación desopilante sobre un tema clásico y en la que el artista de Figueres (interpretado por Iñaki Mur, el Oliver de Merlí) es el que más da el cante. ¡Faltaría más!

'Ravalear' (HBO Max, Movistar Plus+, 3 episodios)

Pol Rodríguez e Isaki Lacuesta, colaboradores habituales, se alían de nuevo para esta miniserie creada por el primero y que aborda un tema candente: la gentrificación de los centros urbanos. Con Sergi López y Enric Auquer en el reparto, y basada en una historia real, Ravalear expone las cuitas de un restaurante barcelonés que en peligro de desaparecer por culpa de un fondo de inversión y sus manejos.

'El señor de las moscas' (Movistar Plus+, 4 episodios)

Con la flama que está cayendo, ¿a que apetece pasar unos días en la playa? Pues ten cuidado con lo que deseas: esta adaptación de la novela de William Golding firmada por Jack Thorne (Adolescencia) te helará la sangre en las venas con su retrato de unos niños ingleses que naufragan en una isla tropical... y se deslizan de inmediato hacia el salvajismo y la ultraviolencia.

'Spider-Noir' (Prime Video, 8 episodios)

Por si no bastase con la historia de un 'Spidey' alternativo que trabaja de detective y tiene el rostro de Nicolas Cage, esta serie nos da la opción de ver a 'Nic' lanzando redes en color o en blanco y negro mientras vive una historia que combina el universo Marvel con el ambiente de clásicos del misterio como El halcón maltés. Está claro que, si Phil Lord y Chris Miller no existieran, tendríamos que inventarlos.

'The Hack' (Filmin, 7 episodios)

Tras el éxito de Adolescencia, Jack Thorne está que no para. En esta miniserie, el guionista y Lewis Arnold (Misfits) reúnen a los grandísimos David Tennant y Robert Carlyle para un híbrido de comedia satírica y drama criminal que recrea uno de los hechos más vergonzosos del periodismo británico: la trama de escuchas telefónicas que, tras ser destapado en 2009, llevó al cierre del tabloide News of the World.

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Cuando Hollywood inventó el 'biopic', la década que dio forma al género

En los años treinta el cine vivió una serie de cambios profundos que lo consagraron como el principal entretenimiento de las masas. El sonoro se consolidó, el sistema de estudios alcanzó su máxima expansión y la Gran Depresión hacía que las salas rebosaran de espectadores. Eran tiempos en los que convivían los gánsters de la Warner, los monstruos de la Universal, las comedias de Capra y los melodramas sociales sobre el paro y las cárceles. Mientras tronaban las metralletas en pantalla, comenzó a abrirse paso un nuevo género, la biografía filmada.

Entre Disraeli (Alfred E. Green, 1929) y Juárez (William Dieterle, 1939), Hollywood hizo algo que ningún cine había hecho antes. Convirtió la biografía filmada en un producto de estudio, con sus actores fijos y sus formas de rodar, la llenó de espectadores en todo el mundo y la elevó a categoría de cine serio, premiada en los Óscar y respetada por la crítica. Todo sucedió en una década, en un puñado de estudios y muchas veces con los mismos guionistas, directores y estrellas.

Sin embargo, la biografía heroica tenía sus raíces en la Antigüedad. Plutarco mostraba la Historia como una sucesión de hombres ejemplares en sus Vidas paralelas y la hagiografía medieval la reescribió con los santos de la Iglesia. Pero hubo que esperar a 1841 para que el escocés Thomas Carlyle convirtiera la tradición en teoría con On Heroes, Hero-Worship, and the Heroic in History, basado en varias conferencias del propio autor donde defendía que la historia universal no es sino la biografía de los grandes hombres. Casi un siglo después, mientras Hollywood empezaba a rodar a Pasteur o a Disraeli, el escritor austriaco Stefan Zweig encabezaba en Europa una nueva fiebre biográfica con superventas como Fouché (1929) o Marie Antoinette (1932), libro este último que sirve de base para la María Antonieta que Norma Shearer protagonizó para la MGM en 1938.

Pero el cine no partía de cero, aunque no se reconociera el género como tal. Antes, Lubitsch ya había filmado en Alemania Madame DuBarry (1919) o Anna Bolena (1920), Dreyer realizó La pasión de Juana de Arco (1928) y DeMille había llevado a la pantalla a Jesús con El rey de reyes (1927). A esa lista habría que sumar algunas adaptaciones de figuras legendarias, como la Cleopatra de Theda Bara (J. Gordon Edwards, 1917) o el prodigio técnico de Napoleón (Abel Gance, 1927).

El estudio académico de referencia ha sido Bio/Pics, de George F. Custen (1992), donde critica al biopic clásico que se convirtió en un producto muy estándar y previsible. Hollywood eliminó las contradicciones o lo incómodo de las historias y, a cambio, contó siempre el mismo guion, el personaje solitario que vence a pesar de las adversidades y contra todos, y el mundo mejorando a su paso.

Paul Muni

Si encontramos un personaje que retrate esta época es, sin duda, Paul Muni. Nacido Frederich Meshilem Meier Weisenfreund en Leópolis, Ucrania, en 1895, era hijo de actores judíos del teatro que emigró con su familia a Estados Unidos siendo niño. La Warner lo convirtió en el rostro del prestigio biográfico justo después de su explosión en el cine de género con Scarface, el terror del hampa (Howard Hawks, 1932) y Soy un fugitivo (Mervyn LeRoy, 1932). De ahí en adelante encarnaría a Pasteur, a Zola y a Juárez con un método personal donde se transformaba gracias a horas de maquillaje, el estudio obsesivo de la voz y los gestos del personaje que interpretaba. De esta forma lograba fijar sobre la pantalla la idea de que interpretar a un gran hombre exigía desaparecer dentro de él. Ganó el Óscar al mejor actor por La tragedia de Louis Pasteur (William Dieterle, 1936) y, con esa estatuilla, certificó el prestigio del género entero.

Pero el biopic de los treinta no fue obra de un solo nombre sino de un puñado de equipos que coincidieron en muy pocos años. En la Warner trabajaban los alemanes Henry Blanke y William Dieterle, ambos formados en el cine de Weimar, que firmaron con Paul Muni la trilogía Pasteur-Zola-Juárez. Antes de Muni, George Arliss ya había abierto el camino para el estudio interpretando a Disraeli, a Voltaire en Voltaire (John G. Adolfi, 1933) y al barón Rothschild en La casa de Rothschild (Alfred L. Werker, 1934). En la MGM mandaban las reinas. A la María Antonieta de Shearer se sumaba La reina Cristina de Suecia (Rouben Mamoulian, 1933), protagonizada por Greta Garbo. Desde Londres, el productor Alexander Korda apuntalaba el género con La vida privada de Enrique VIII (Alexander Korda, 1933), que dio a Charles Laughton el primer Óscar para un actor británico. La década se cerraba con Bette Davis en el papel de Isabel I en La vida privada de Elisabeth y Essex (Michael Curtiz, 1939).

Por eso, casi un siglo después, seguimos viendo en pantalla, con mejores maquillajes y efectos técnicos, lo mismo que Paul Muni hacía en 1936 frente al microscopio de Pasteur. La fórmula tiene noventa años, pero no ha pasado de moda. Las superproducciones sobre Oppenheimer, Elvis, Marilyn Monroe, Napoleón o Michael Jackson confirman que el biopic atraviesa una segunda edad de oro, posible solo porque la primera, la de los años treinta, ya había hecho gran parte del trabajo.

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