Una bandera para cuarenta días
El Estadio Azteca tiene una boca tan grande que parece querer comerse el Mundial. Me bastó con entrar a la inauguración para saber que estaba empezando algo importante. Algo grande. Un juego fascinante y polémico que cada cuatro años obliga al planeta a detenerse para mirar un balón que corre portando una sola mercancía: incertidumbre.

© YONHAP (EFE)