Diario de una funcionaria

Marta es economista. Trabajaba en el departamento de marketing de una empresa privada, pero le empezó a entrar vértigo ante la idea de dirigir su carrera hacia un lugar que no le convencía. Preparó unas oposiciones y ahora, a los treintaitantos, es funcionaria de Justicia y cuenta su vida cotidiana en una serie de TikTok, “diario de una funcionaria”, que me resulta absolutamente hipnótica. Cada mañana, Marta se levanta, va leyendo en el metro hasta unos juzgados del centro de Madrid, se sienta frente al ordenador, desayuna, trabaja, aprovecha a veces el descanso para hacer recados, vuelve a trabajar. Tramita cosas. Algunos días come en la oficina, otros se va a casa. Tiene toda la tarde para cocinar, limpiar, ir al gimnasio, hacer la compra, acudir a clases de cerámica, quedar con sus amigos o su pareja, ir al cine, ver una serie, tirarse en el sofá, seguir leyendo. Enseña cómo lo hace, cada día, a lo largo de decenas de vídeos. A diferencia de la mayor parte de las creadoras de contenido, que intentan vender un estilo de vida más o menos sofisticado, los vídeos de Marta tratan sobre la normalidad. Es una chica normal, con su casa normal, su ropa normal, su vida normal. Y sin embargo, sus imágenes resultan profundamente aspiracionales porque transmiten el lujo de una vida joven y tranquila, con un salario fijo y tiempo libre, en la que conciliar el trabajo con todo lo demás es posible y cada día promete discurrir como el anterior. En nuestro país el 76% de los jóvenes menores de 29 vive con sus padres y no en pareja, y cuatro de cada diez tuvo que abandonar su empleo en menos de un año debido a los bajos salarios y la falta de flexibilidad.