
Del centro de salud de Mungwalu de Ituri, provincia del noreste de la República Democrática del Congo (RDC) donde se concentra el epicentro del actual brote de ébola, solo quedan paredes ennegrecidas y equipos carbonizados. Hace tan solo unos días, el lugar recibía pacientes y era un centro de información sobre el virus. Pero de repente, los habitantes, furibundos y convencidos de que la enfermedad era inventada o se exageraba, quemaron el lugar. A 80 kilómetros, en la periferia de Bunia, la capital de la región, otro centro de salud corrió la misma suerte. Estos ataques no son solo actos de vandalismo. Mientras las autoridades sanitarias intentan contener esta nueva embestida del virus, libran una batalla paralela y menos visible, pero igualmente peligrosa, contra la propagación de rumores y falsas informaciones y la desconfianza de la población.
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