En el acto de despedida de Madrid que celebró el Papa el martes, en Ifema, Niurka Gibaja, entusiasmada, viviendo el momento como la culminación de cuatro días de trabajo como voluntaria, agitó una banderita multicolor al aire. Entonces sonó una voz detrás suya, denotando desagrado:
La teóloga Niurka Gibaja (tercera por la derecha, agachada), miembro de Crismhom y de Revuelta de Mujeres, el pasado domingo junto a otros creyentes LGTBIQ+ en el Movistar Arena, en Madrid, donde el Papa celebró un acto, en una imagen cedida por la propia Gibaja. A la derecha del todo, Raúl Peña, portavoz de Crismhom.
David France (Míchigan, 65 años) se instaló en Nueva York a comienzos de los años ochenta. Formaba parte del aluvión de gais y lesbianas que en esa época llegaron a la ciudad, como “una diáspora inversa”: “Habíamos nacido en el exilio, separados de los nuestros, pero nos reuníamos en un espacio que existía solo en nuestra imaginación”. Era 1981, el mismo año en el que el Centro de Control de Enfermedades (CDC) de EE UU notificó los primeros casos de una extraña neumonía. Todos eran hombres, jóvenes, y gais. France asistió a la propagación del virus del VIH y la eclosión de la pandemia de sida en uno de sus epicentros. También, a la lucha que sobrevino después para reclamar derechos para los afectados, pelear por la búsqueda de tratamientos, o hacer frente a una ola homofóbica. “Fue muy difícil adaptarse. Es un milagro que muchos hayamos sobrevivido”, explica en una entrevista por videollamada France, uno de los grandes narradores de la crisis del sida.
“¡Maricón!”. No era la primera vez que lo oía, pero sí era la primera vez que se lo decían dentro de un campo de fútbol. También era la primera vez que tanta gente se lo gritaba al unísono: “¡Maricón!”. “Alguna vez, saliendo de fiesta con mis amigos, me lo habían dicho. En ese momento se pasa muy mal, pero siempre preferí obviar los insultos. Siempre consideré que era mejor ignorarlos”, explica el futbolista Nacho Ruiz (Torrent, Valencia, 29 años). El 16 de noviembre del año pasado, fue distinto. “Ese día me lo dijeron en un partido y más veces que en toda mi vida. Juego al fútbol desde que tengo seis añitos. Empecé en el Valencia y debuté profesionalmente con 19 en el Espanyol y nunca me había pasado esto”, reconoce.