The rhythm, the cadence, is hypnotic. The late-afternoon sun helps: scales flying off the fish flash in a silvery, summery gust. Three young men fall into a soft, steady rhythm — fish, knife, entrails — chop, chop! The day winds down at the pier, and Curaçao — this small, arid island off the northern coast of Venezuela, part of the former Dutch Antilles — now stands out as one of the best ideas conceived since the Big Bang; at times, it may also seem like the opposite: a Caribbean theme park for Europeans and Americans. But not now — it is a kingdom of physical well-being, a haven of tranquility, the soul of the slow world. Guts, scales, salt water, milky sun, rhythm, rhythm, rhythm.
El actor Jorge Kent ofrece una de las mejores interpretaciones de su carrera en el papel de un enfermero que encarna la resiliencia de toda una profesión en 'Una buena vida'
Juan Mayorga reaviva las cenizas de la memoria histórica en 'El jardín quemado'
Carolina África ha levantado una obra de teatro donde la emoción, como pocas veces, explota en la platea. El público que asiste a ver la obra se conmociona con esta historia cotidiana de unos personajes atrapados en la tragedia de la pandemia del covid-19 y una sanidad pública que se tambalea. Una buena vida es un alegato en defensa de la cultura de los cuidados y la sanidad pública, una pertinente crítica al desmantelamiento de lo social. Pero esta obra pequeña y en apariencia simple —en el Teatro María Guerrero de Madrid hasta el 21 de junio— es también una acusación a una sociedad enferma y amnésica.
La tragedia que provoca esa catarsis entre el público no se debe tan solo al sufrimiento de los personajes, sino también a la verdad que esta obra pone frente al espectador: la de un país que ya ha olvidado lo que pasó, la de una sociedad que salía con denuedo a los balcones a agradecer a los sanitarios, pero que hoy ya ni se acuerda. Una buena vida trata sobre la trágica capacidad del hombre contemporáneo en olvidar las cosas que decidió que eran importantes.
La trama es sencilla: una mujer (la propia Carolina África) resbala a la salida del hospital cuando sale de haber parido a su hija. Se fractura el pilón tibial y ha de estar internada varias semanas. El resbalón es debido a que todavía quedan restos de la borrasca Filomena. Es enero de 2021 y el hospital está con nuevas restricciones ante una nueva ola del covid-19. La mujer está en una habitación con Teresa (Ahimsa), una enferma mayor con demencia senil, y la cuida un atento enfermero (Jorge Kent).
La historia surge de una vivencia personal de la propia autora, pero la obra no tira del género de la autoficción. En escena se respeta la unidad de tiempo y espacio y las actuaciones son de un realismo descarnado, de un naturalismo muy cotidiano. Pero África compone un dispositivo que, aunque tarde en aparecer y tenga algo de efectista, quebrará la obra.
El universo de esta creadora escénica, que comenzó hace 15 años con su compañía La Belloch, es reconocible, particular. Es el suyo un teatro de las emociones, un teatro que parte de lo cotidiano, de personas de carne y hueso. La autora poco a poco va mostrando sus intimidades y sus miedos, hasta que los pliegues y complejidades de cada personaje afloran. En sus obras, África une crudeza y humor, aunque a veces tiende a dulcificar, a embellecer en exceso, a dejarse llevar por la ternura imaginada de sus personajes. Todo esto está en esta obra, pero en esta ocasión sale victoriosa.
Ahimsa en la obra 'Una buena vida'.
Las causas son varias. Por un lado, consigue que el efecto teatral del final de la obra funcione, conmueva hasta la parálisis del teatro. Cuando ocurre, no lo vamos a contar, hay un silencio en que uno puede escuchar hasta el temblor de las butacas vecinas. Por otro, cuenta con un personaje, un Juan nadie', un ser anónimo que se come la escena. Jorge Kent, que interpreta al enfermero, está enorme. En cada gesto, en la energía donde coloca el cuerpo, en la composición del arco emocional.
Kent lleva años trabajando mucho y bien con directores como Alfredo Sanzol, Rakel Camacho o Marta Pazos. Es uno de los mejores actores de su generación. Pero en esta pieza realiza un trabajo —que debería girar por todas las escuelas de teatro— donde hace sin hacer, donde no hay ni un exabrupto ni un gesto o un decir que busque el reconocimiento o la floritura. Kent se repliega por completo para y en su personaje y consigue albergar toda la subtrama de la pieza, acarrear el peso de toda la obra.
La acompaña África, que compone un personaje cercano, verborreico hasta llegar a ser pesada, una madre desesperada que ya no sabe qué decir o hacer para abrazar a su recién nacido a quien por las normas de la pandemia no puede ni visitar. Ella lleva la batuta de todos los diálogos, del ritmo de la función, y consigue ser efectiva y creíble. Y completa el reparto Ahimsa, que compone una anciana enorme, Teresa, un papel duro de hacer, dificilísimo para que tenga verismo sin llegar a la afectación, pero que esta actriz borda.
Alguien podrá esgrimir que África es un poco terrorista emocional, que juega con las emociones del público. Es cierto que a veces lo bordea, como en el final de la obra en el que el uso de unas sombras demasiado simbólicas pueden echar al espectador de la función por el grado de caramelo utilizado. Pero la obra está llena de recovecos estupendos.
Carolina África y Jorge Kent en 'Una buena vida'.
Uno de ellos es el uso del lenguaje, que no es otro que el que usamos en la calle, pero que nos sigue sonando malsonante encima de un escenario, algo que pone sobre el tapete una interesante pregunta: ¿qué es lo que esperamos ver en un teatro? Otro acierto es el uso de los cuerpos que reflejan con naturalidad, sin melindres, la dureza de un hospital. Una manera efectiva y honesta de romper con el artificio y acercar la severa realidad del paciente. En escena vemos cómo el enfermero cuida el cuerpo de Teresa, le limpia el culo, las axilas, la espalda… Son escenas bellísimas en que la actriz Ahimsa interpreta a esa Teresa ya ida con una dignidad inconmensurable.
Destaca también la gran capacidad de África de mostrar a través de la historia, sin tener que recalcarlo con textos dirigidos a público, la crudeza de una sanidad cada día más precarizada e inhumana. Cuando vemos a esos enfermos pasando frío porque no hay más mantas, utilizando frascos de orina con chinchetas dentro como sonajeros que sustituyan a los timbres que no funcionan o pidiendo cuidados a unos enfermeros desbordados, nos asalta la certeza de que sabemos lo que está pasando y lo que permitimos con nuestros votos.
Todo ese entramado de aciertos, en ese escenario que llega a oler a detergente industrial y comida recalentada, confronta al espectador no ya solo con la precariedad de la sanidad pública, sino también con las prioridades que nos estamos dando como sociedad y como individuos.
La escenografía y el vestuario de 'Una buena vida' corren a cargo de Pablo Menor Palomo.
Esa Teresa ahí callada, qué gran acierto es que no diga ni una sola palabra, nos habla de los miles de ancianos que se abandonó en las residencias a su buena suerte, pero también de qué hacemos nosotros para incluirles, cuidarles y darles un espacio donde tengan palabra y dignidad. África, en definitiva, consigue que aparte de la crítica social, cada espectador se pregunte sobre su propia vida, sobre si aquello que creyó era importante todavía sigue siéndolo o lo ha perdido en la vorágine de un presente que no cesa.
Esta sociedad está hecha, construida y sostenida por gente anónima. Gente que en ocasiones vive vidas más o menos placenteras, pero en otras es tocada por la tragedia, desahuciada, explotada o forzada a pasar por calvarios donde su padecer no importa. Su dolor es demasiado pequeño ante un Estado que los trata como números, pero también ante una sociedad civil amnésica que anda pegada a las pantallas de óxido de indio y estaño, absorta en la trifulca política o la última polémica mediática inventada. Y en ese acontecer absurdo lo importante se va desdibujando, quedándose atrás. No importa lo que haya pasado, todo se olvida en un presente unidimensional, amorfo. A esa amnesia que crece a la velocidad de un virus es a la que ataca esta obra.
Es una pena que esta producción del Centro Dramático Nacional no haya sido coproducción y, por lo tanto, no pueda girar sino de manos del CDN. Es una obra pequeña y la dirección de este centro, que tiene dineros muy limitados para hacer girar sus producciones, debería ver el modo para que no muera en junio con la última función programada. Consigue algo muy especial y valioso, tanto a nivel teatral como social, que debiera recorrer muchas de las ciudades de este Estado.
El pasado 27 de mayo, el Ministerio de Transportes anunció que ya se ha licitado por 718.908,44 euros el contrato para la redacción del proyecto que pretende mejorar la conectividad en La Rioja Baja.
Este nuevo enlace se situará en el kilómetro 186,2 de la autopista Vasco-aragonesa y se conectará con la N-232, en torno al kilómetro 351,6 de esta vía, mediante la carretera autonómica LR-384. Desde el ministerio dirigido por Óscar Puente, se estima que la actuacióncontará inicialmente con un presupuesto de 11,2 millonesde euros.
¿Qué objetivos y plazos tiene el proyecto de Aldeanueva de Ebro?
Esta intervención nace de la necesidad de mejorar la conectividad de la AP-68 con la red viaria regional. El enlace reducirá la distancia actual existente de 27,6 kilómetros entre los enlaces de Corella/Alfaro y Calahorra.
En cuanto a los tiempos, el contrato para la redacción del proyecto tiene un plazo de ejecución de 24 meses. Según la planificación oficial, los trabajos de diseño deberían comenzar en marzo de 2027 para finalizar en febrero de 2029, por lo que el inicio de las obras físicas en el terreno no se prevé hasta mediados de 2029.
¿Qué otro enlace se va a construir en La Rioja?
Además de la actuación en Aldeanueva, el Ministerio de Transportes ha impulsado recientemente el enlace de Fuenmayor, una infraestructura clave para la Ronda Sur de Logroño (A-68) que ha requerido una inversión de 36 millones de euros.
Este nudo conecta la futura autovía con la A-12, la LO-20, la N-120 y la N-232 y contará con 13 ramales, de los cuales ya se han puesto en servicio 8. La misión de esta infraestructura es dejar preparadas las conexiones ante la liberalización del peaje de la AP-68, prevista para finales de este año.
Por otro lado, desde el ministerio confirman que se está redactando un proyecto adicional para mejorar específicamente la funcionalidad del enlace de Calahorra, reforzando así la capacidad de todo el corredor riojano.
Everything in this story comes back to El Cabra. Everything leads to him, Cabrero Segundo, the “famous Lacandón,” the boss, a man of average height, about five foot five, brown-skinned, with a paunch, a goatee and tattoos: a cross on his left shoulder and a jaguar on his right. An eccentric character. In the film he had made about his life, he cast a hulking actor who was eight inches taller. At the height of his power he built a clandestine airstrip two minutes from his house to receive drug shipments. The night he kidnapped 33 soldiers, disarmed and stripped them — no one in the jungle forgets that — he spent the final hours before dawn snorting cocaine in front of them, using a banknote. El Cabra, a man with ambition.
At a time when tens of thousands of people flock each night to see Bad Bunny in Madrid and share millions of videos capturing his every move, it feels strange to think that on this very day, exactly 50 years ago, a concert took place that was likely attended by fewer people than those dancing each night in the Puerto Rican star’s casita— and yet may have changed popular music forever.
Tener una cafetera superautomática en casa se ha convertido en una de las mejores formas de disfrutar de un café de calidad sin complicaciones. Estos modelos permiten preparar desde un espresso intenso hasta cappuccinos cremosos con solo pulsar un botón, moliendo el café al instante para conseguir un aroma y un sabor mucho más auténticos en cada taza.
YouTube, TikTok, and Instagram are facing a flood of AI-generated content aimed at children. It’s easy and quick to create, and production is rampant. But it has the inherent flaws of AI-generated video: visual inconsistencies, narrative gaps, and a lack of realism. While it’s still too early for comprehensive studies, experts have already raised concerns about the impact of these videos on children’s cognitive development.
La Credencial del peregrino es uno de los elementos principales del Camino de Santiago, ya que atesora que el caminante ha realizado el viaje hasta llegar a la capital de Galicia. Para fomentar el turismo rural en la provincia de Sevilla, la Junta de Andalucía ha presentado un visado muy similar, el 'Pasaporte Sierra Morena', que pretende impulsar el sector turístico en esta preciosa zona del sur de España.
Ha sido el propio consejero de Turismo y Andalucía Exterior, Arturo Bernal, quien ha dado a conocer este peculiar pasaporte turístico para potenciar el turismo en la comarca de la Sierra Morena de Sevilla (o Sierra Norte), en concreto en la decena de municipios que se encuentran en ella y que conforman una estampa apasionante que encandila a todos los afortunados que la contemplan.
¿En qué consiste el 'Pasaporte Sierra Morena'?
El 'Pasaporte Sierra Morena' nace de la mano de la Delegación Territorial de Turismo de Sevilla, con el que se pretende impulsar el desarrollo tanto económico como turístico y cultural de los diez municipios que integran la comarca sevillana, para además acercar un poco más al resto del mundo tanto su apasionante patrimonio como su gastronomía, sus tradiciones y su artesanía, entre otras joyas que ocultan las localidades.
Quienes se hagan con este documento podrán ir sellándolo a medida que vayan visitando las distintas villas sevillanas de Sierra Morena, lo que hace la experiencia mucho más interesante. Todos aquellos que se pasen por la decena de pueblos podrán conseguir productos típicos de la zona para premiar el haber descubierto la verdadera esencia del norte de la provincia de Sevilla, que sin duda es una de las partes más fascinantes del interior de Andalucía.
De esta manera, los municipios de Alanís, Almadén de la Plata, Cazalla de la Sierra, Constantina, Guadalcanal y Las Navas de la Concepción, así como El Pedroso, La Puebla de los Infantes, El Real de la Jara y San Nicolás del Puerto recibirán un empujón en el sector turístico para garantizar un futuro mucho más sostenible y seguro. Además, el entorno natural que rodea a todas estas poblaciones es sumamente excelso, por lo que adentrarse en la comarca puede ser un plan ideal de fin de semana.
Este pasaporte pretende aumentar la cifra de seis millones de turistas que visitaron el territorio sevillano el año pasado, según los datos de la propia Junta de Andalucía, aunque la gran mayoría de ellos solo visitó la capital provincial. Además de la majestuosa Catedral de Sevilla, el Real Alcázar o el Archivo de Indias, no se debe obviar que a escasa distancia de la ciudad también hay auténticas joyas que merecen ser descubiertas.