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Ni crucigramas ni sudokus: descubren un sencillo hábito que reconfigura tu mente

8 June 2026 at 10:44

Muchas personas recurren a sudoku y crucigramas para mantener la mente activa y preservar la salud cerebral, pero investigaciones recientes apuntan a que existe un hábito mucho más sencillo y accesible para cualquier persona: prestar atención a la respiración. Lejos de ser una función automática sin importancia, respirar de forma consciente puede influir directamente en la actividad cerebral, las emociones y la capacidad de concentración.

Gran parte de estos descubrimientos están relacionados con los trabajos del neurocientífico Jack L. Feldman, profesor de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA). Feldman es considerado una de las máximas autoridades mundiales en el estudio de la respiración y fue quien identificó una pequeña región del tronco cerebral denominada complejo preBötzinger. Esta estructura actúa como el principal generador del ritmo respiratorio en los mamíferos y resulta esencial para que podamos respirar de manera continua durante toda la vida.

Las investigaciones de Feldman demostraron que la respiración no solo garantiza el suministro de oxígeno al organismo; también está estrechamente conectada con regiones cerebrales relacionadas con la atención, la memoria, las emociones y la cognición. De hecho, determinados grupos de neuronas implicados en el control respiratorio envían señales a áreas superiores del cerebro, lo que ayuda a explicar por qué los cambios en el patrón de respiración pueden modificar nuestro estado mental.

El poder de ralentizar la respiración

Uno de los hallazgos más interesantes es que la respiración consciente parece actuar como una especie de puente entre el cuerpo y la mente. Cuando una persona ralentiza voluntariamente su respiración y presta atención al aire que entra y sale de los pulmones, se produce una regulación de la actividad neuronal que favorece estados de calma y concentración. Según Feldman, esta conexión podría explicar los efectos positivos que técnicas como el yoga o ciertas formas de meditación tienen sobre el bienestar psicológico y el rendimiento cognitivo.

Además, estudios realizados en UCLA han revelado que cada respiración es el resultado de una compleja coordinación entre miles de neuronas. Lejos de funcionar como un mecanismo rígido y repetitivo, el cerebro genera cada respiración mediante patrones neuronales que cambian constantemente, aunque mantengan un ritmo estable. Esta capacidad de reorganización continua refleja la enorme flexibilidad de los circuitos cerebrales y ayuda a comprender por qué la respiración puede influir de manera tan profunda en nuestros procesos mentales.

Una actividad gratis donde y cuando quieras

La importancia de este descubrimiento radica en que ofrece una herramienta sencilla para mejorar el funcionamiento cerebral. A diferencia de otras actividades que requieren tiempo, preparación o habilidades específicas, respirar conscientemente puede practicarse en cualquier momento y lugar. Bastan unos minutos al día de atención plena a la respiración para activar mecanismos neuronales relacionados con la regulación emocional y la concentración.

Los avances de la neurociencia muestran que la respiración es mucho más que una función automática destinada a mantenernos vivos. Gracias a los trabajos de Jack L. Feldman y otros investigadores, hoy sabemos que constituye una poderosa vía de comunicación entre el cerebro y el cuerpo. Por ello, dedicar unos minutos diarios a respirar de forma consciente puede convertirse en una herramienta eficaz para mejorar la atención, reducir el estrés y favorecer un mejor equilibrio mental, sin necesidad de recurrir a complejos ejercicios cognitivos.

Ann Cvetkovich, la activista que convirtió la depresión en acción política

7 June 2026 at 04:30
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“Todo irá bien”, proclamaban antes las películas. Pero no. En la calle vemos alguna cara sonriente y muchos semblantes serios o tristes, bregando como pueden con el mundo exterior. A todos ellos hay que sumarles los que no vemos, los invisibles rostros de interior de personas recluidas en sus casas, vencidas.

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Da vittime ad aguzzini: un’analisi psicologica del caso Israele

5 June 2026 at 06:01

La “coazione a ripetere” secondo la psicoanalisi è la tendenza dell’individuo a risperimentare, ripetendo diverse volte la situazione, un evento traumatico anche quando questo modo di comportarsi provoca sofferenza. Per noi psicoterapeuti è sempre drammatico dover constatare che, ad esempio, chi ha subito violenza da piccolo tenda a esercitare episodi violenti verso i bambini. A livello razionale pare assurdo che chi ha sofferto per un certo comportamento o subito un evento violento lo riproponga. Non è entrata in lui la consapevolezza della drammaticità e della sofferenza che si determina? Come mai chi è stato nei panni della vittima ha la tendenza a entrare nei panni dell’aggressore senza, apparentemente, sentirsi in colpa? Certamente per fortuna solo una parte, relativamente piccola, delle vittime divengono carnefici ma il mistero di questo meccanismo psicologico rimane intatto.

Riflettevo su queste evidenze della psicologia nelle scorse settimane ponendo un paragone con la mattanza che lo stato di Israele sta attuando verso i palestinesi. Possibile che uno stato, fondato psicologicamente sull’esperienza del tentato genocidio nazista, possa ora esercitare una violenza, altrettanto efferata, verso un altro popolo? Il fatto che l’attuale situazione in Palestina possa definirsi o meno tentato genocidio non è rilevante ai fini della valutazione psicologica dell’enormità di tale situazione. Passare dal ruolo di vittime a quello di persecutore in una maledetta “coazione a ripetere” con analoghe modalità pare un destino dell’umanità.

Alcuni anni orsono ebbi in cura un uomo che era stato picchiato a sangue nell’infanzia dal padre alcolista. Raccontava che viveva nel terrore la sera quando il padre rientrava dal bar. Poteva capitare che il genitore si sdraiasse e dormisse ma a volte bastava un nonnulla per innescare la sua rabbia che si sfogava prima con la madre e poi con lui che era l’unico figlio. Il ragazzo appena 14 enne era andato via di casa e si era costruito una posizione sociale ed economica. Aveva frequentato, mentre lavorava, le scuole serali con grandi sacrifici per poi divenire un imprenditore affermato. Ora che era sposato e padre di due figli poteva essere sereno. Un demone però si agitava in lui per cui tendeva, nelle serate con amici, a bere in modo eccessivo per poi divenire collerico. Dopo alcuni episodi in cui aveva dato delle sberle ai figli si rivolse a me terrorizzato dalla constatazione di “essere divenuto come suo padre”. In un anno di psicoterapia si rese conto dei meccanismi inconsci che lo attanagliavano e li affrontò.

Freud affermava che i conflitti non elaborati vengono riproposti, senza che molte persone se ne rendano conto coscientemente, nella speranza inconscia di poterli padroneggiare. Assumere il ruolo del carnefice per chi è stato vittima è un modo per dire a se stessi inconsciamente: “Non mi capiterà più di essere debole e subire! Posso controllare il terrore e le angosce”. Possiamo sottilmente ritenere che il piccolo bambino maltrattato per soffrire psicologicamente meno “proiettasse se stesso nel padre” identificandosi con lui. Il sentimento ambivalente di affetto e odio, contemporaneamente provati, verso la figura genitoriale facevano provate emozioni anche esse ambivalenti: sofferenza per essere vittima ma soddisfazione di impartire una lezione.

Nei campi di concentramento nazisti la figura dei Kapò è stata molto controversa. Si trattava di prigionieri che venivano scelti per controllare gli altri. Alcuni di questi abusavano del loro potere divenendo, a detta degli altri prigionieri, peggio delle guardie naziste. Qualcuno affermerà: si tratta della banalità del male! Certamente è vero che tutti noi uomini abbiamo accanto a componenti altruiste e buone anche aspetti aggressivi e cattivi. L’esperienza clinica della tendenza a ripercorrere strade di sofferenza da parte di molti individui si salda con l’ipotesi suggestiva che anche i popoli possono imboccare gli stessi errori. Vedere gli israeliani come popolo svolgere il ruolo di aguzzini, perpetrando crimini che ricordano i nazisti, lascia sconcertati e attoniti.

Con questo scritto non desidero lanciare accuse che evocano opposti schieramenti ma sollecitare una autoriflessione in tutti noi.

L'articolo Da vittime ad aguzzini: un’analisi psicologica del caso Israele proviene da Il Fatto Quotidiano.

¿De verdad tu pareja tiene que hacerte feliz?

3 June 2026 at 04:00

Nos han vendido una idea del amor y de las relaciones muy concreta. Y la hemos comprado totalmente. Y cómo no comprarla cuando el cine, la música y los mitos del amor romántico nos han grabado a fuego la idea de que nuestra pareja tiene que hacernos felices.

Fruto de esa idea tan insertada en nuestro 'mindset', empezamos a depositar ciertas expectativas sobre la pareja y esperamos que se cumplan. Esas expectativas suelen construirse alrededor de la idea que tenemos de lo que debe ser una relación de pareja, y lo que yo creo que la otra persona debería darme, sí o sí. En resumen, la relación se acaba convirtiendo en una especie de carta a los Reyes Magos que tiene el objetivo de que todos mis deseos y necesidades se vean cubiertos.

La cuestión es que esto no lo solemos admitir. Ni siquiera nos lo planteamos. Únicamente creemos que empezamos una relación porque nos hemos enamorado de esa persona y lo demás, ya vendrá solo. El tipo de amor que hemos asociado a las relaciones de pareja, nada tiene que ver con el Amor (con mayúscula). El Amor es plenamente consciente de que mi pareja no tiene, en ningún caso, la obligación de hacerme feliz.

Ahora bien, después de haber leído esta última frase, puedes autoevaluar la idea de amor que aplicas a tu relación de pareja. En otras palabras, te estoy invitando a que, en un gesto de honestidad contigo mismo, puedas ver si has sido presa del concepto de amor que usa expresiones del tipo: "quiero hacerte feliz el resto de mi vida". Si la respuesta es sí... tranquilidad, no nos alarmemos. Es lo más habitual.

Hay algo muy importante que conviene entender sobre las relaciones de pareja: gran parte de lo que sentimos que nos faltó emocionalmente en la infancia solemos acabar buscándolo en la pareja, incluso sin ser conscientes de ello. Afirma Joan Garriga, uno de los grandes referentes en el ámbito de las relaciones y la terapia sistémica, que "el encuentro en la pareja no es un encuentro de dos, sino de muchos".

Y quizá esa frase explica más cosas de las que parece. Porque cuando entramos en una relación no llegamos vacíos. Llegamos con nuestra historia, nuestras heridas, y todo aquello que nos faltó en nuestro hogar de origen.

La infancia, clave en nuestras relaciones

Así, por ejemplo, alguien que creció sintiendo distancia emocional por parte de uno de sus progenitores, o de los dos, puede acabar esperando, sin darse cuenta, que su pareja le dé constantemente esa atención, esa validación o esa presencia emocional que echó de menos durante años. Y ahí la relación deja de ser solo un vínculo entre dos personas. También se convierte en el lugar donde intentamos resolver necesidades mucho más antiguas. Porque hay una gran diferencia entre compartir bienestar con alguien y esperar que alguien nos rescate del malestar.

Llegados a este punto, quizá lo importante sea tener claro qué pertenece a una relación sana y qué cosas estamos esperando que la otra persona resuelva por nosotros. En una relación sana las dos personas se relacionan desde la interdependencia. Es decir, dos individuos autónomos, con sus propias vivencias y crecimiento interno.

Esa individualidad bien entendida será la que aporte a la relación los elementos importantes que esta debería tener. Así, la relación se convierte en un espacio de crecimiento mutuo donde las personas pueden sostenerse, acompañarse y compartir la vida sin perderse a sí mismas. No desde la exigencia de que el otro calme constantemente mis inseguridades o vacíos, sino desde la libertad de poder elegirnos sin convertirnos en responsables absolutos del bienestar emocional del otro. Porque una relación sana puede dar amor, apoyo, intimidad y refugio emocional en determinados momentos. Pero lo que no puede hacer es sustituir el trabajo interno que cada persona necesita hacer consigo misma.

Hay una pregunta muy clarificadora que debería ser imprescindible antes de formar una pareja: ¿me escogería a mí como pareja? Si la respuesta es 'no', quizá antes de buscar amor afuera deberíamos empezar por construir una relación más sana con nosotros mismos.

Convertirnos primero en "el amor de nuestra vida" y no ir a la relación para sentirnos completos a través del otro. Porque compartir la vida con alguien puede hacernos profundamente felices. Pero difícilmente podremos construir una relación sana cuando esperamos que ella venga a salvarnos de nosotros mismos.

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