La Habana, 10 jun (Prensa Latina) Muchas personas, además de en sus programas turísticos por Cuba, quieren emplear tiempo hoy en caminar por lugares interesantes, como es el caso de la habanera Alameda e Iglesia de Paula, muy cerca del mar.
Un misterio que ha tardado casi medio siglo en resolverse y que puede arrojar algo de luz sobre un dilema bastante cotidiano, sobre todo en vacaciones: cómo debe alguien que visita un lugar durante varios días decidir a qué restaurante ir cada jornada con el objetivo de maximizar su experiencia. Para entenderlo, hay que rebobinar hasta finales de los años 70, cuando el físico estadounidense Richard Feynman (1918–1988) —Premio Nobel de Física en 1965 por su trabajo en la electrodinámica cuántica (QED), que estudia cómo interactúan la luz y la materia— quedó con su amigo, el escritor y cineasta Ralph Leighton, para almorzar en el restaurante tailandés Indra, en Glendale (California). Este dudaba entre pedir su plato preferido, el pollo al jengibre, o probar algo nuevo que pudiera sorprenderle. Un dilema que asalta a casi todos los comensales cuando conocen de antemano la carta: ¿ir a lo seguro o descubrir una receta nueva, aun a riesgo de que no guste?
El físico Richard Feynman, en una imagen de archivo tomada en 1986, dos años antes de su muerte, durante su intervención como miembro de la Comisión Rogers, encargada de investigar la explosión del transbordador espacial Challenger.