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EEUU abordará por 6 meses la reducción de sus tropas en Europa pero no detalla si afectará a Rota y Morón

El secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, ha confirmado este jueves que su país iniciará una "revisión" durante seis meses de sus tropas en Europa en el marco de la OTAN, lo que viene siendo un análisis de hasta qué punto se puede alcanzar la reducción de efectivos que, de momento, ya ha afectado a Alemania. Eso sí, no ha dado detalles de si ese nuevo plan afectaría a las bases españolas de Rota y Morón. "Llamémosla la revisión de la OTAN 3.0. Esta revisión se llevará a cabo con la colaboración de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos y del mando Europeo. Implicará consultas con el Congreso de Estados Unidos y con nuestros aliados, pero que no quepa duda: será una revisión en toda regla", explicó.

En la cumbre de ministros de Defensa de la Alianza, Hegseth añadió que se mirará uno por uno a todos los aliados. "Es una revisión en la que algunos países suspenderán y otros aprobarán con nota. En definitiva, la revisión tiene por objeto tanto mejorar la postura y las bases de las fuerzas estadounidenses como reforzar la OTAN 3.0; pretende ser constructiva, como siempre lo hemos sido", explicó.

Mark Rutte, en cambio, no duda del compromiso de Estados Unidos con la OTAN, pero añade matices: Washington cumplirá en caso de guerra aunque no lo haga con todo lo que ha prometido en el pasado. "Si estalla una guerra, está claro que todos los aliados, incluido Estados Unidos, harán todo lo que esté en su mano. No digo que puedan cumplir todo lo que prometieron en el marco del modelo de fuerzas de la OTAN, pero sí que darán lo máximo de sí mismos", comentó le secretario general de la Alianza al inicio del cónclave.

"Dependerá del tipo de guerra", avisó; y volvió a elogiar el rol de Washington. "Pero estoy bastante seguro de que lucharemos en esa guerra y la ganaremos", sentenció junto al secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, que elogió a los europeos, capaces dijo de liderar la "OTAN 3.0" para que sea una alianza "más firme" y con un mejor reparto de cargas. Ese giro "representa el reconocimiento de que, tras la Guerra Fría, es necesario volver a ser una alianza militar firme, dotada de capacidades militares reales capaces de disuadir aquí mismo, en el continente, y de asumir el liderazgo en la defensa convencional".

Rutte, en general, sigue comprando el marco de Estados Unidos. "Lo que ha dicho EEUU, y sabíamos que esto iba a pasar, es que tiene que ocuparse de múltiples teatros de operaciones. No pueden dispersar demasiado sus recursos. Han dicho que tenía que reducir en cierta medida su contribución al modelo de fuerzas de la OTAN", explicó.

Ya este jueves el secretario general había apuntado que Canadá y los aliados europeos "están cerrando la brecha" de capacidades ante la reducción de tropas estadounidenses en otros países. "Estamos trabajando en ello y, por supuesto, aún nos queda trabajo por hacer en otras cuestiones, pero realmente estamos en una buena posición en este aspecto", resumió el dirigente neerlandés sin dar más detalles sobre esas capacidades.

"Como herramienta de planificación, debemos tener en cuenta el hecho de que EEUU está reduciendo su contribución, que sigue siendo considerable, pero algo menor de lo que era en el pasado", recordó para finalizar su mensaje mientras Hegseth insistió en la "línea dura" marcada por Trump respecto a la Alianza Atlántica y repitió que los europeos necesitan más implicación. "Muchos países los están cumpliendo, algunos todavía necesitan hacer más, y seremos francos al respecto, tanto en privado como en público. Creo que eso es importante, ser honesto con los amigos, asegurarse de que puedan estar a la altura", terminó.

Rescató, por otra parte, las críticas a los aliados por la falta de ayuda a Trump en la guerra en Irán. "Demasiados de nuestros aliados dijeron que no, o intentaron ahogarnos en debates jurídicos arcanos, o nos criticaron públicamente por hacer lo que ellos mismos no están dispuestos o no son capaces de hacer. Fue vergonzoso", sentenció, y fue todavía más duro: "Algunos aliados que se muestran encantados de hablar del orden internacional basado en normas y de la unión de las potencias medias, parecen seguir pensando que ha llegado la era del gorroneo".

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Trump tiene razón, todos le esperan y hasta le aplauden: "Soy el jefe"

Donald Trump se paseó por el G7: literalmente. Fue casi como ese campeón que vuelve a su pueblo tras ganar lo que sea y le levantan al cielo desde el balcón del Ayuntamiento, pero esta vez con las montañas de Evian de fondo y una cumbre que, en realidad, sirvió para limar asperezas entre Europa y Estados Unidos. "Soy el jefe", dijo el inquilino de la Casa Blanca tras llegar 45 minutos tarde a la tercera jornada de cónclave en Francia, entre enfados de la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, y guiños de Francia y Alemania: Macron le explicó la Champions del PSG y Merz le regaló una camiseta de la selección germana.

Y es que, en realidad, Trump tiene razón: es el jefe. Guste o no, todos dependen de sus decisiones. En Irán, en Ucrania, en política energética o comercial. Da igual; manda el jefe. Todos le esperan y hasta le aplauden. Macron definió como "muy bueno" el pacto de Washington con Teherán aunque de momento nadie se lo haya leído y el líder estadounidense habló con sorna del recibimiento de los europeos: "Se han dado cuenta de que tengo razón. Casi siempre tengo razón".

Macron, Merz, Von der Leyen y demás líderes se la dieron. Todos elogiaron el acuerdo porque saben que de él depende que no haya más bombas en Oriente Medio y por tanto se frene una crisis que, de nuevo, hizo tambalear los cimientos globales. Hay guerra cuando dice el jefe, y hay paz cuando dice el jefe. Aunque no le guste a Israel, que sigue atacando al Líbano entre censuras de Washington por no hacerlo "con criterio". No se da por aludido Netanyahu, que ha pasado de aliado de guerra a casi un problema para Trump.

De todos modos, este es el pacto del jefe. "Irán no puede tener un arma nuclear. No puede desarrollarla, ni comprarla. Nunca podrán tener un arma nuclear", declaró en una rueda de prensa en la que alargó hasta la media hora el discurso inicial para después dar paso a las preguntas. También sostuvo que el pacto evitó una escalada militar prolongada: "Si no hubiéramos hecho este acuerdo, podríamos haber seguido lanzando bombas durante otras tres semanas, dos semanas, cuatro semanas o dos años".

El jefe es infinito, pero parece que todos a su alrededor dependen del humor de Trump: atrás quedaron los insultos al Reino Unido y a Keir Starmer, los desplantes y las burlas con Macron o aquella tensa reunión en la Casa Blanca en la que Merz no defendió a España como socio comunitario frente a las amenazas arancelarias del magnate convertido en presidente. "Toda mi vida ha consistido en cerrar acuerdos", recordó, alegando su pasado inmobiliario, ahora trasladado al escenario global. Todo va de números para el jefe; de ganancias y pérdidas, y en Irán, aunque no lo diga, ya estaba perdiendo demasiado.

Da la sensación de que en Ucrania también habrá paz como (no tanto cuando) quiera Trump, pero al menos Volodimir Zelenski se llevó el favor, después de muchos meses, del presidente estadounidense. Pero el mercado es el mercado, y las sanciones futuras al petróleo ruso dependerán, avisó el jefe, de cómo se desenvuelvan los precios del crudo en todo el mundo. De Irán a Ucrania y tiro porque me toca. En Kiev -y entre los europeos- hay alivio con el buen tono de Trump durante la cumbre, con fotos amables, gestos y cercanía. Porque, en general, al jefe es mejor tenerlo contento. Trump tiene razón.

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Los líderes de la UE vuelven a centrarse en Ucrania mientras esperan que el acuerdo de Trump con Irán se consolide

Hay una mezcla de sentimientos en la Unión Europea: por un lado, la cautela tras el acuerdo de paz entre Estados Unidos e Irán -que se firmará este viernes como "memorando de entendimiento"-, y por el otro el optimismo respecto a la situación de Ucrania, con quien ya se han abierto oficialmente las negociaciones de adhesión para su entrada en el bloque. De hecho, el foco de los 27 volverá a posarse más en Kiev durante la cumbre del Consejo Europeo de este jueves y viernes en Bruselas. La idea es profundizar en la búsqueda de una estrategia que permita sentar a Rusia en la mesa de negociaciones, y se hará con la presencia en el cónclave de Volodimir Zelenski.

Con todo, los europeos tiran de paciencia respecto a Oriente Medio, conscientes de que están en manos de Trump. A la espera de la implementación del acuerdo en Europa se mueve el argumento de que hay "una oportunidad" para la estabilidad, pero falta por cumplirse el reclamo de que el pacto se aplique también en el Líbano. Esa esa línea que defiende España, entre otros socios. Para la UE ese cese de las hostilidades es clave desde el punto de vista energético para la estabilización de los mercados y, sobre todo, con un estrecho de Ormuz en el que "no haya peajes", tal como insisten varios líderes en las últimas horas.

"Aplaudimos el anuncio del acuerdo entre Estados Unidos e Irán, alcanzado bajo el firme liderazgo del presidente Trump y con el apoyo de los países mediadores, que ofrece una oportunidad histórica para impedir que Irán adquiera armas nucleares y para hacer frente a las amenazas relacionadas con sus actividades regionales y balísticas", señalaron por ejemplo en el comunicado del G7, apadrinado y encabezado por Emmanuel Macron. Y es que el pacto con Teherán también le puede servir a la UE para calmar las tensiones con Washington.

Y es que, en general, los europeos compran el principal argumento de Estados Unidos: Irán no puede tener un arma nuclear. Pero más allá de Teherán el foco se pondrá de nuevo en otros puntos como el mencionado Líbano, pero también en el papel de Israel, toda vez que la Alta Representante, Kaja Kallas, quiere poner sobre la mesa la opción de seguir sancionando a los colonos en Cisjordania e incluso ampliar las medidas a los ministros extremistas del Gobierno de Benjamin Netanyahu, como es el caso del titular de Seguridad Nacional, Ben Gvir, quien ya cruzó duras palabras con algunos líderes europeos por la retención de los miembros de la flotilla hace algunas semanas.

Eso sí, Ucrania será la parte que tome muchísimo peso en los debates. Para Zelenski su estancia en Bruselas tiene tres elementos principales: el primero pasa por el arranque de las negociaciones de adhesión a la UE. El pasado lunes se dio el paso histórico de abrir las conversaciones con el primer punto a debatir, relativo a los valores fundamentales. La aspiración de Kiev sigue siendo una incorporación rápida al bloque y los países se dividen entre los que hablan de "reducir los obstáculos" para la ampliación y los que insisten, como Alemania, en que Ucrania "tiene todavía muchas reformas importantes" por hacer y abogan -algo que apoya también España- por una integración progresiva. La meta de los ucranianos es poder ser parte de la Unión en 2027, pero los expertos no ven ese paso claro hasta, como pronto, 2030.

El segundo es el incremento del apoyo a Kiev y la mayor presión sobre Rusia en forma de sanciones. Los líderes de la UE toman el testigo del G7 también en este punto, con un refuerzo de las sanciones contra el Kremlin, sobre todo en las que tienen que ver con el comercio, la energía y el desarrollo militar. De hecho, los 27 ya trabajan en el vigésimo primer paquete de medidas: se centrará en la prohibición de entrada a la UE para los combatientes de Moscú y más medidas restrictivas sobre la energía rusa, las cryptomonedas y los movimientos financieros.

"Las ventas de energía mantienen en marcha la maquinaria de guerra de Rusia. Queremos cortar este flujo de efectivo. Introduciremos un congelamiento temporal del tope al precio del petróleo ruso y nuevas restricciones a la reventa de buques de GNL a Rusia. Nuestro trabajo para frenar las operaciones de la flota sombra de Rusia continúa, con 30 nuevos buques sancionados, propuestas para nuevas designaciones de facilitadores y la ampliación de nuestro criterio para las listas de buques. Cualquier barco que suministre o reposte a buques en lista negra estará expuesto a sanciones él mismo. Dos puertos rusos y cuatro aeropuertos también enfrentarán prohibiciones de transacciones", explicó hace ya días la Alta Representante de la UE, Kaja Kallas.

"El cansancio de Rusia es evidente"

Y el tercer elemento en la agenda para Ucrania, unido al anterior, estará relacionado con las futuras negociaciones de paz. Los europeos en este sentido sienten también un "optimismo moderado" tras el G7 y el aviso de Trump a Putin. "Tiene que llegar a un acuerdo", dijo el presidente estadounidense. Ahora la UE espera tener un sitio en la mesa para retomar un diálogo Kiev-Moscú que no se da desde el pasado mes de marzo. Todos coinciden en que el refuerzo de las sanciones es una manera de "obligar" al presidente ruso a sentarse a negociar. "La situación está cambiando para Ucrania. El panorama en 2026 es muy diferente al de 2025. Ucrania defiende valientemente la línea del frente. El cansancio de Rusia es evidente. Es el momento de redoblar nuestro apoyo", apuntaron en este sentido la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa.

España llega esta vez a la cita en Bruselas con cierta discreción. Respalda que se pueda hablar de una integración paulatina de Ucrania, así como el debate de la ampliación de la UE. Sobre Oriente Medio, fuentes diplomáticas insisten en que el Gobierno acoge de buen grado el acuerdo pero cree que su implementación es fundamental: es decir, pasar del texto a la realidad con una potencial misión en Ormuz para asegurar la reapertura del estrecho siempre que se den las condiciones y bajo el mandato de la ONU.

Los jefes de Estado y de Gobierno tendrán tiempo también para hablar del próximo presupuesto a largo plazo de la UE -para el periodo 2028-2034-, un debate que ya muestra tiranteces en sus primeras fases. En esa toma de contacto inicial, que tuvo lugar esta semana, ya se vieron las diferencias: España y Francia defienden un marco financiero "ambicioso", frente a Alemania o Suecia que reclaman una reducción sustancial del gasto. Ahí estará la clave en una negociación compleja que se tendrá que alargar hasta bien entrado el 2027. Las partidas clave serán las relacionadas con la política agraria o los fondos de cohesión frente a prioridades como la defensa o la migración, que apuntan a subir mucho respecto a ejercicios anteriores.

La meta, en general, es ir poniendo las cosas en su sitio en Ucrania y Oriente Medio, con la competitividad respecto a China en un segundo plano o las cuentas que tiene que hacer la Unión a nivel interno o cómo defenderse por ejemplo de las incursiones de drones en los Bálticos. De nuevo, una cumbre de agenda muy llena y marcada por las dudas y la inestabilidad, aunque con mensajes algo más optimistas que en anteriores ocasiones.

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