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Sembrar conocimiento para cosechar futuro: el campo entra a las aulas de Castilla y León

La mayoría de los niños y niñas saben reconocer una barra de pan, un vaso de leche o una pieza de fruta, pero pocos conocen el proceso que permite que esos alimentos lleguen cada día a sus mesas. Reducir esa distancia entre la sociedad y el sector primario es el objetivo de las nuevas unidades didácticas sobre agricultura y ganadería promovidas por la Junta de Castilla y León en colaboración con representantes del sector agrario.

La iniciativa nace tras una propuesta presentada en marzo de 2025 por la organización profesional agraria COAG a las consejerías de Educación y de Agricultura. Según explica a Ical el director general de Desarrollo Rural en funciones, Jorge Izquierdo, la propuesta fue trasladada por COAG a ambas consejerías durante el mes de marzo. La iniciativa planteaba inicialmente la inclusión de una asignatura para acercar el sector a los jóvenes y dar a conocer su importancia estratégica para la comunidad.

Ante la dificultad de esta medida, se optó por desarrollar materiales didácticos que pudieran utilizarse de forma flexible en los centros educativos. “Es importante acercar la realidad del sector agrícola y ganadero al alumnado de primaria y secundario, especialmente en las etapas más tempranas, para que conozcan el sector sin prejuicios y comprendan su relevancia para Castilla y León”, precisa.

Detrás de esta propuesta existe una preocupación compartida: el creciente desconocimiento que la sociedad urbana tiene sobre el origen de los alimentos y sobre la realidad del medio rural. “Llevamos más de un año trabajando para que los niños tengan una percepción clara de dónde salen los alimentos, de dónde proceden, cómo se elaboran y cómo se trabaja para producirlos”, explica a Ical el coordinador de COAG, Lorenzo Rivera.

Según recoge el informe elaborado por la Dirección General de Desarrollo Rural, gran parte de la población desconoce la importancia estratégica del sector agrario como base de la producción alimentaria y como motor económico de numerosas zonas rurales. La iniciativa pretende precisamente acercar esa realidad a las aulas mediante recursos didácticos, actividades prácticas y visitas a explotaciones agrarias y ganaderas.

Rivera considera que existe una visión distorsionada sobre el trabajo que desarrolla el sector. “La percepción que tiene la sociedad sobre el conocimiento de nuestro trabajo ha sido bastante distorsionada y lo mejor que se podía hacer era educar”, afirma.

Las unidades didácticas buscan mostrar a los estudiantes qué ocurre más allá de los supermercados y de los productos ya elaborados. El alumnado podrá conocer cómo se cultivan los alimentos, cómo se crían los animales, cuáles son los controles sanitarios exigidos y qué innovaciones tecnológicas están transformando el sector.

“Producir alimentos de calidad no es sencillo. Tenemos que cumplir una exigencias enormes y es importante que los alumnos comprendan esa realidad”, señala Rivera.

Uno de los aspectos más destacados del proyecto es su apuesta por el aprendizaje directo. Los materiales se complementarán con visitas a explotaciones agrícolas y ganaderas para que los estudiantes conozcan sobre el terreno cómo funciona una granja o una explotación agrícola moderna.

“Los niños salen encantados cuando visitan estas instalaciones. La leche no sale de la nevera ni un trabajo detrás de cada alimento aparece por arte de magia. Existe una visión muy alejada de la realidad de nuestro trabajo”, explica el coordinador de COAG.

La iniciativa también pretende mostrar la complejidad económica y tecnológica del sector.

Desde la selección de semillas hasta la mecanización pasando por los sistemas de riego, la fertilización, la gestión empresarial o la incorporación de nuevas tecnologías, los materiales educativos reflejan una actividad mucho más avanzada de lo que habitualmente percibe la sociedad. “Detrás de una cosecha hay decisiones, inversiones, innovación y muchísimo trabajo. No es solo sembrar y recoger”, resume.

Además, las unidades abordan cuestiones relacionadas con la sostenibilidad, la industria agroalimentaria, el cooperativismo y la figuras de calidad diferenciada que caracterizan a numerosos productos de Castilla y León.

Para los impulsores del proyecto, el objetivo final va más allá de transmitir conocimientos. Se trata de fomentar el respeto hacia el medio rural y hacia quienes producen los alimentos. “Queremos abrir la puerta para que los alumnos conozcan la realidad del campo, de las granjas y de las explotaciones. Que puedan comprender de primera mano cómo trabajamos”, afirma Rivera.

Vocación de futuro

El coordinador de COAG se muestra convencido de que la iniciativa tendrá efectos a largo plazo. “Estamos seguros de que van a tener una visión totalmente distinta de la producción de alimentos”, asegura.

A su juicio, este acercamiento permitirá que las nuevas generaciones valoren mejor el trabajo del sector y adopten una relación más consciente con la alimentación. “Vamos a avanzar en comer alimentos saludables, disminuir y mejorar su conocimiento sobre lo que comen y de dónde procede”, sostiene.

Desde la dirección general de Desarrollo Rural comparten esa visión y confían en que el proyecto contribuya también a despertar nuevas vocaciones. “Tenemos que sensibilizar a los jóvenes sobre la alimentación y mostrarles que el campo ofrece oportunidades de futuro y una buena calidad de vida”, señala. “Queremos que conozcan la agricultura y la ganadería de Castilla y León en toda su diversidad y que entiendan que son actividades esenciales para nuestra economía, nuestro territorio y nuestra forma de vida”.

Las unidades didácticas ya están a disposición de los centros educativos y representan un paso más en el intento de acercar dos mundo que durante años se han ido alejando: el de quienes producen los alimentos y el de quienes los consumen. Una apuesta por sembrar conocimiento hoy para cosechar comprensión mañana.

© Ical

Montanera en la dehesa salmantina
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Hormuz, nucleare e beni congelati. La tenuta dell'intesa si gioca sui dettagli

Pronti all'intesa o alla guerra? Il dubbio aleggia da 48 ore. Giovedì Donald Trump era pronto a scatenare l'inferno e a prendersi non solo Hormuz, ma anche il terminal di Kharg e tutto il petrolio iraniano. Nelle ore successive giurava, invece, di esser pronto a spedire in Svizzera il vice JD Vance per firmare un'intesa definitiva con gli iraniani. Ma ieri il giro dell'oca era di nuovo alla casella iniziale. Mezza giornata di indiscrezioni sui contenuti dell'accordo filtrate da media americani e iraniani rivelavano un pateracchio indecifrabile in cui poco o nulla coincideva. A partire dalla presunta firma di domani in Svizzera. "Qualsiasi speculazione su una firma in Svizzera o su un incontro faccia a faccia non è altro che un malinteso e un'illusione americana", scriveva l'agenzia Fars News, vicina ai pasdaran. Alla fine però un tweet del ministro degli esteri iraniano Abbas Araghchi rimetteva tutto in ordine dando per certo un Memorandum "vicino alla conclusione". Un'assicurazione accettata da Trump che rilanciava il tweet definendolo "molto positivo".

Ma se un'intesa è stata raggiunta bisogna capire quale sia stato il miracolo. Anche perché le contraddizioni emerse continuano ad apparire insanabili. Prendiamo la questione nucleare, ovvero una delle ragioni per cui Donald Trump sostiene di esser sceso in guerra. Secondo fonti della Casa Bianca l'Iran era pronto a smantellare il programma nucleare e procedere alla distruzione di tutto l'uranio arricchito rimasto sul suo territorio. Nelle stesse ore l'Irna, l'agenzia di stampa ufficiale iraniana, spiegava che non si era raggiunta alcuna intesa sul nucleare. Un programma che nella versione iraniana non era destinato né ad essere smantellato, né tanto meno congelato per 20 anni, ma semplicemente modificato in base a modalità discusse nei 60 giorni successivi alla firma del memorandum. Ma le contraddizioni non si limitavano al nucleare. La riapertura di Hormuz restava altrettanto controversa. Per la Casa Bianca, Teheran era pronta a concedere l'immediata riapertura dello Stretto rinunciando a riscuotere pedaggi. Gli iraniani, pur non menzionando i pedaggi, ribadivano non solo la volontà di mantenere il controllo dello Stretto, ma anche di governarne i transiti in barba al diritto marittimo internazionale. "Contrariamente ad alcune bizzarre affermazioni, l'Iran non si impegna in alcun modo a cedere la gestione dello Stretto di Hormuz o a ripristinare le condizioni precedenti l'aggressione militare. L'unico punto menzionato - scriveva l'Irna - è la normalizzazione del transito. La futura amministrazione dello Stretto si baserà su un'iniziativa e una proposta iraniana. E Teheran risolverà direttamente la questione nei colloqui con l'Oman". Come dire lo Stretto è nostro e lo gestiamo noi con i nostri vicini. Ma incongruenze ancor più pesanti riguardavano il destino delle sanzioni e la restituzione degli assetti finanziari di Teheran congelati da Washington. L'agenzia iraniana Mehr dava per certa l'imminente fine delle sanzioni e lo sblocco di 24 miliardi di dollari di beni congelati entro 60 giorni. Le fonti dell'Amministrazione Trump sottolineavano invece che l'intesa è "basata sulle prestazioni" e dunque l'Iran non riceverà un soldo "finché non rispetterà la sua parte dell'accordo". Incongruenze e contraddizioni su cui sembra assai difficile costruire una tregua di lunga durata.

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