La guerra en Oriente Medio eclipsa el declive y la persecución religiosa a los católicos y ortodoxos de la región
Este viernes, mientras el Papa León XIV regresaba a Roma tras su visita apostólica a España, la Administración Trump daba por hecho un acuerdo con Teherán para negociar durante 60 días, sin violencia, las condiciones del programa nuclear iraní. Aunque el régimen de los ayatolás no ha firmado aún el flamante memorando de entendimiento y se antojan duras negociaciones por delante para un cese definitivo de la violencia, la región respira este fin de semana, de Irán al Líbano pasando por Israel, las monarquías del Golfo, Jordania y Siria.
Para los cristianos de Oriente, su cuna histórica, sin embargo, la situación cambiará poco en los próximos tiempos. Olvidados —invisibles— para los medios y la opinión pública internacionales salvo cuando se produce una desgracia en forma de atentados, matanzas o exilio forzoso, su declive demográfico, político, social y cultural en el conjunto de la región ha sido irremisible en las últimas décadas.
El último gran líder en acordarse de ellos fue precisamente el actual pontífice, que no casualmente inició sus viajes apostólicos en Turquía —con motivo de los 1.700 años del Concilio de Nicea— y el Líbano —el país de la región con mayor porcentaje de cristianos— entre noviembre y diciembre de 2025 y en abril de este año el primer papa agustino visitó Argelia —cuna de San Agustín de Hipona— con el telón de fondo de la (pen)última crisis regional.
"Mi oración y mi preocupación por el pueblo del Líbano y por las iglesias del Medio Oriente es diaria", afirmó el Papa durante tras su encuentro mantenido el pasado mes de mayo en el Vaticano con el católicos Aram I, jefe de la Iglesia apostólica armenia. El tiempo dirá si la elección simbólica de León XIV al haber optado por tres países de mayoría musulmana en sus primeros viajes fuera de Europa tiene consecuencias positivas para una minoría que, como dice el maestro de periodistas en la región Tomás Alcoverro, es "la sal de Oriente Medio".
Siria e Irak, las consecuencias del terror yihadista
A pesar de la derrota del Estado Islámico y su califato en 2019, la situación más precaria la siguen viviendo los cristianos de Siria e Irak, donde han pasado en tres lustros de representar más del 10% de la población a verse relegados a porcentajes inferiores al 2% y avanzan, por tanto, hacia la extinción a medio plazo tras décadas de persecución, marginación y exilio.
A pesar de los malos augurios que despertó la caída del régimen de Bachar al Asad y la llegada al poder de los antiguos yihadistas de Hayat Tahrir al Sham comandados por Ahmed al Sharaa a Damasco hace ahora año y medio, la existencia de las últimas minorías de cristianos —mayoritariamente ortodoxos— de Damasco, Alepo y el occidental Valle de los Cristianos, sobre todo, transcurre con una relativa normalidad no exenta de tensiones. No en vano, la comunidad ortodoxa de Damasco se vio sacudida en junio del año pasado cuando un terrorista suicida se inmoló durante la celebración de la misa dominical en la iglesia de San Elías del barrio de Dweila dejando más de dos decenas de muertos, en el más grave de los incidentes registrados en Siria. El nuevo presidente y su gobierno insisten en trabajar por una Siria inclusiva donde los cristianos tengan su sitio.
Aunque la peor parte de la violencia sectaria protagonizada por grupos islamistas radicales se la han llevado drusos y alauíes —la secta emparentada con el chiismo a la que pertenecía el clan Asad y la mayoría de altos cargos del régimen baazista—, el número de cristianos sigue menguando, y las otrora vibrantes comunidades de la capital siria y de Alepo son solo ya un recuerdo. El deseo de emigrar de las generaciones más jóvenes es ampliamente mayoritario, como ha podido constatar este medio de representantes de las distintas iglesias católicas de Damasco.
En Irak, la población cristiana en Irak pasó de casi 1,5 millones de personas en 2003 a menos de 250.000 en la actualidad. Este éxodo masivo fue impulsado por la violencia sectaria, la persecución extrema del grupo terrorista Estado Islámico y la posterior inestabilidad económica. Como resultado, gran parte de esta minoría ha huido a Occidente o a la región autónoma del Kurdistán, dejando comunidades históricas diezmadas
Líbano, el declive imparable de su bastión regional
Si Siria e Irak presentan la situación más crítica, Líbano constituye aún el principal bastión de la religión de Oriente Medio, aunque las distintas denominaciones cristianas vienen experimentando un innegable retroceso en todos los ámbitos desde hace décadas. Pese a que no se hace un censo oficial desde 1932, se estima que al menos el 30% de la población del pequeño Estado levantino es aún cristiana, siendo la confesión mayoritaria la de los católicos de rito maronita. Así, la emigración masiva y razones demográficas —menor natalidad— explican una mengua sostenida que ha ido en paralelo a la pérdida de relevancia política, aunque el sistema político libanés establece aún que el presidente de la República y el jefe de las Fuerzas Armadas han de ser obligatoriamente cristianos maronitas.
"Hay una cuestión indiscutible, que es la pérdida de peso demográfico en los últimos cincuenta años. En cuanto a la pérdida de influencia política, el acuerdo de Taif implicó una profunda reforma al sistema republicano, que pasó del presidencialismo al parlamentarismo", explica a 20minutos el director del núcleo de Estudios de Medio Oriente de la Universidad Austral (Argentina) Said Chaya. Al respecto, el investigador recuerda que "en el régimen post-Taif, el presidente de la República, aunque conserva la jefatura de las Fuerzas Armadas, tiene asignadas funciones más protocolares o vagas, como 'la custodia de la unidad, 'la integridad territorial' o el otorgamiento de perdones y condecoraciones. El primer ministro, en cambio, reforzó su protagonismo".
"Mi hipótesis es que el conflicto Riad-Teherán se llevó puesta a la proyectada unidad política de los cristianos, debilitándolos profundamente al impedirles formar un frente unido como comunidad subnacional, como demostraron otros grupos durante el mismo periodo, tanto los suníes bajo Hariri, los chiíes con el tándem que formaron Hezbolá y Amal [el otro gran actor político chií libanés] y los drusos con Jumblatt", estima el investigador y profesor de Análisis Internacional.
Además, la actual guerra entre Israel y Hezbolá, la principal milicia afiliada a la República Islámica de Irán, ha vuelto a poner de relieve la complejidad interna del tejido social libanés, pues una gran parte de la sociedad del país de los cedros no solo no participa en la contienda sino que la considera ajena, empezando por los propios católicos maronitas. Las zonas objeto de los ataques israelíes son fundamentalmente chiíes, pues la comunidad seguidora de esta rama del Islam constituye la base del movimiento proiraní —aunque no siempre: esta semana los mandos militares instaban al desalojo del barrio cristiano de Tiro, en el sur—, lo que viene agravando en los últimos meses de conflicto bélico las tensiones sectarias latentes en un país de equilibrios precarios.
Sobre el futuro político de los cristianos en el país de los cedros, Chaya cree que "el presidente Joseph Aoun presenta una oportunidad renovada para esa unidad en la representación política comunitaria, aunque los tiempos son difíciles". "El Líbano está enclavado en una negociación compleja entre Irán y Estados Unidos que determinará el futuro de la región, mientras además debe soportar los abusos de las incursiones y bombardeos israelíes que día a día suman nuevas víctimas fatales. A ello se suma la presión de Hezbolá, que, aunque debilitado, da muestras de su negativa a alinearse a las negociaciones que lidera Aoun", concluye el docente.
Con todo, los cristianos egipcios constituyen la mayor comunidad en términos numéricos absolutos, entre el 10% y el 15% de la población, de todo Oriente Próximo, lo que en un país que ha superado ya los 100 millones de almas se traduce en al menos 10 millones de personas, la mayoría seguidores de la Iglesia ortodoxa copta de Alejandría. Lo cierto es que tras la ola de violencia yihadista de los años 2017 y 2018, las comunidades cristianas han gozado de una situación de relativa normalidad gracias al reforzamiento de la seguridad por parte de las autoridades egipcias.
"Estado crítico" en Turquía y el Kurdistán
Si agónica es la situación de los cristianos en Siria e Irak, no más prometedor es el panorama en otra de sus cunas históricas: Asia Menor. "El cristianismo en Turquía, donde históricamente ha habido tres grandes comunidades, armenios, siríacos y griegos, se encuentra en un estado crítico provocado por dos factores: por una parte, políticas del gobierno expresamente diseñadas para entorpecer la vida religiosa de la comunidad cristiana; por otra parte, el propio desdén que muchos turcos sunitas conservadores muestran a la hora de tratar con sus compatriotas cristianos", asegura a 20minutos el profesor de historia de las religiones y doctor en Filosofía Islámica por la Universidad de Sevilla Alejandro Colete.
"Antes de la Primera Guerra Mundial estas comunidades muy numerosas y ocupaban precisamente las zonas con los asentamientos más antiguos de Anatolia. Pero con la adopción del concepto de Estado nacional importado de Europa, los Jóvenes Turcos empezaran a tomar una serie de medidas que inauguran esta peligrosa decadencia de la comunidad cristiana, medidas que continuarán incluso después de que el Imperio otomano caiga y se instaure la moderna República de Turquía liderada por Atatürk", explica Colete.
"Para hacernos una idea, abunda el profesor de historia de las religiones: en 1914 los cristianos eran el 20% de Turquía y en 2014 el 0,2%. Tenemos tres limpiezas étnicas diferentes a principios de siglo: El genocidio armenio, el genocidio asirio o siríaco y el genocidio póntico", abunda Colete. "Aunque ya no se legisla activamente en contra del cristianismo o los grupos étnicos no-turcos, las instituciones tienen toda una serie de mecanismos pasivos para hacer la vida de la comunidad cristiana más difícil", concluye el especialista.
A pesar de la autonomía política de las regiones de mayoría kurda de Siria e Irak, la situación no es mejor para las comunidades cristianas. "Aunque el gobierno de Ahmed a Sharaa quiere ser inclusivo y centrarse en la reconstrucción, muchos cristianos se quejan de que se sienten desamparados", asegura el profesor de historia de las religiones y doctor en Filosofía Islámica por la Universidad de Sevilla. "Aunque Rojava [región de facto autónoma en el norte y noreste de Siria] todavía cuenta con cierto grado de autonomía, el futuro es incierto", advierte.
En el caso del Kurdistán iraquí, el investigador recuerda que es donde "los cristianos siríacos han sufrido sus mayores reveses, especialmente durante 2014-2016, los años más crudos del Estado Islámico. Robos, secuestros, matanzas y desplazamientos forzados fueron durante un tiempo su pan de cada día". "La comunidad se encuentra ahora en una situación precaria en la que, además, siguen en un vacío institucional: no cuentan con representación política y además siguen siendo víctimas de violencia esporádica por parte de milicias locales o suníes progresivamente radicalizados", asegura Colete a 20minutos.
La extinción de Gaza
Capítulo aparte merece la situación de los cristianos palestinos. Aunque la situación presenta notables diferencias entre los distintos lugares con presencia de cristianos palestinos, Cisjordania, Gaza, Jordania e Israel, lo cierto es que las comunidades, mayoritariamente ortodoxas griegas, es la de un declive imparable desde hace décadas.
La situación más crítica la presenta la franja. La comunidad cristiana de la Franja, una de las más antiguas del mundo, se encuentra al borde de la extinción. Antes del conflicto, rondaba el millar de personas, pero tras más de dos años de intensos bombardeos, asedio y destrucción, la cifra se ha desplomado drásticamente. En la actualidad, apenas unos pocos cientos de ellos permanecen refugiados en los recintos de la parroquia de la Sagrada Familia, la iglesia de San Porfirio y la iglesia bautista de Gaza.
Y es que, según la tradición bíblica, el territorio de la actual Gaza –citado una decena de veces en el Nuevo Testamento– se encontraba en el camino del exilio egipcio de la Sagrada Familia en su huida de las intenciones del rey Herodes. Antes de la llegada del Islam, en el siglo VI d. C., los cristianos eran mayoría en la Franja. Finalmente, en Cisjordania el escenario no es mucho más alentador, pues el porcentaje de cristianos se sitúa entre el 1 y el 2,5% de la población palestina.
