La historia de Mata Hari, la espía con la que el Gobierno compara ahora... a Leire Díez
El Gobierno intenta alejarse todo lo posible de Leire Díez. Moncloa insiste en dibujar su figura como la de una militante de base que actuaba por iniciativa propia e ironizan sobre el hecho de que tuviera tanto poder como para influir en todo. "Desde Mata Hari no se conoce nada igual [...] Deberían darle la medalla de Isabel la Católica", apunta una voz de peso en el Ejecutivo.
De ese modo, el Gobierno hace alusión a la mítica bailarina y espía neerlandesa que fue fusilada en Francia en 1917 por realizar labores de espionaje para Alemania durante la Primera Guerra Mundial. La palabra mítica se ajusta como un guante a su caso, porque puede que en torno a ella haya habido más ruido que nueces.
Puede que la historia, que no los historiadores, haya sobrevalorado la figura de Mata Hari. Como dice la escritora Carmen Posadas, "su único mérito fue bailar desnuda" durante sus años de artista de cabaret. Luego fue espía, pero poco y mal.
Ni ascendencia oriental o asiática
Sabemos con certeza que ella era Margaretha Geertruida Zelle; que nació en Leeuwarden (Países Bajos) el 7 de agosto de 1876; y que murió, fusilada, en Vincennes (Francia), el 15 de octubre de 1917. En esos 41 años le dio tiempo a ser estudiante, esposa, madre, modelo, bailarina, cortesana y espía. Aun después de muerta siguió viva, como mito.
¿Una ramera? Sí, pero una traidora, ¡nunca!"
No tenía ascendencia asiática ni de Oriente Medio. No, los padres de la señorita Zelle eran neerlandeses. Era la hija mayor del sombrerero Adam Zelle y de Antje van der Meulen.
Margaretha demostró pronto que era lista y que tenía carácter y belleza. A los dieciséis años, estudiaba para convertirse en maestra. En aquella escuela tuvo relaciones con uno de los directores, por lo que fue expulsada. Se fue a vivir con su tío. Aquella muchacha era un ser muy libre.
En 1895, respondió a un anuncio de un militar veinte años mayor que solicitaba esposa. Tras una breve correspondencia, se casaron en Ámsterdam ese mismo año. Ella estaba a punto de cumplir los 19. Se fueron a vivir a las Indias Orientales Neerlandesas, lo que hoy es Indonesia. Tuvieron dos hijos, uno de los cuales falleció con dos años. El matrimonio fue un desastre.
Su único mérito fue bailar desnuda"
Se dice que la soledad llevó a Margaretha a sus primeros contactos con la cultura javanesa, en especial con las danzas folclóricas balinesas y las técnicas amatorias orientales. Decidió dejar a su marido y de paso Java, y volvió a Europa (perdió la custodia de su hija porque su marido la acusó de vida libertina).
De cómo inventó a Mata Hari, princesa de Java
En 1903 la encontramos en París intentando ganarse la vida como modelo de desnudo para artistas. Se hacía llamar lady MacLeod. Con pocos ingresos, decidió reinventándose como bailarina. Con las danzas brahmánicas y orientales triunfó en Europa.
Auque antes de bailar inventó el personaje. Gracias a su largo cabello oscuro y las facciones extranjeras heredados de su madre se hizo pasar por una supuesta princesa de Java. Había nacido Mata Hari (el ojo del día en malayo). Aquella bailarina de una falsa realeza oriental debutó en el Museo Guimet el 13 de marzo de 1905.
Sus sensuales bailes la convirtieron en la diva de la Belle Epoque de París. "De una u otra manera ella inventó el striptease como forma de danza... Era una celebridad", comenta a la BBC Hans Groeneweg, del Museo Fries, ubicado en Leewarden, la ciudad natal de Margaretha.
En París, las entradas para sus espectáculos de danza erótica y exótica duraban poco en la taquilla y hasta había tortas por sentarse en las primeras filas. Mata Hari bailaba las danzas sagradas que aseguraba había aprendido con su "familia de Java".
Supo sugerir la desnudez sin llegar a desnudarse; ese era el principal atractivo de sus actuaciones. Usaba velos translúcidos de los cuales se iba despojando poco a poco hasta quedar vestida únicamente con una malla del mismo color de su piel. Parecía desnuda pero al parecer, cuentan las crónicas más honestas, nunca llegó a mostrar sus pechos.
De bailarina a espía por dinero
Sus bailes hicieron famosa a la señorita Zelle en aquellos primeros años del siglo XX en París, pero lo que la llevó a perdurar en la historia fue otra cosa. Fue su labor como espía. Es ahí donde nacerá el mito.
Ocurrió durante la Primera Guerra Mundial. Cuando estalla el conflicto, los Países Bajos se mantuvieron neutrales. Su nacionalidad permitió a Zelle cruzar las fronteras con facilidad y pudo así viajar entre Francia y su país a través de España y Gran Bretaña.
Ante el declive de su carrera como bailarina, Mata Hari decidió venderse como espía. En 1915, en La Haya, se comprometió con el cónsul alemán en Ámsterdam. Así nació el agente H21.
Como si Madonna o Shakira espiaran ahora para rusos y ucranianos"
"Como si Madonna o Shakira espiaran ahora para rusos y ucranianos", cuenta Carmen Posada, que en 2023 publicó Licencia para espiar, un libro sobre el papel de las mujeres en el espionaje. Asegura la escritora que el trabajo de Zelle como espía "fue pésimo".
Mata Hari en Madrid
Una carta manuscrita, que fue subastada en 2021, da cuenta del paso por Madrid de la bailarina. Se trata de una cuartilla en papel con el membrete del antiguo hotel Ritz y corresponde a uno de los últimos viajes de Mata Hari a la capital de España, entre octubre de 1916 (cuando se reunió con el agregado militar alemán, el mayor Arnold Kalle) y enero de 1917.
Zelle realizó labores de espionaje a favor de Alemania. Un telegrama, precisamente de Von Kalle, fue lo que supuso su captura. En aquel, el oficial daba detalles de un tal agente H21, con direcciones, detalles bancarios y incluso el nombre de la fiel sirvienta de Mata Hari. Los franceses no dudaron en detenerla.
Nadie reclamó su cuerpo
Tras un mar de interpretaciones durante todos estos años, en 2017 los archivos sacaron a la luz las trascripciones del interrogatorio a Mata Hari en junio de 1917. La bailarina transformada en espía confesó: había sido reclutada por los alemanes.
En el juicio que siguió Mata Hari aseguró que de los alemanes solo quería dinero, que ella era leal a los aliados. Pero nadie la creyó. Durante aquel interrogatorio se le atribuye esta frase: "¿Una ramera? Sí, pero una traidora, ¡nunca!".
La mujer que tuvo París a sus pies fue ejecutada por un pelotón de fusilamiento en la fortaleza de Vincennes antes del amanecer del 15 de octubre de 1917. Margaretha Geertruida Zelle tenía 41 años. Nadie reclamó su cuerpo, que entregado a la escuela de medicina de París donde se usó en clases de disección.





