Qué futuro me espera
Una de la madrugada. Tengo 32 años y me encuentro sentada en la taza del baño de casa de mis padres mientras pienso qué futuro me espera. Mejor dicho, qué presente tengo. Dejé un trabajo que emocionalmente me llenaba, pero en el que las semanas se convertían muchas veces en 11 días seguidos, y eso me agotó. Lo dejé para opositar y ahora me enfrento a procesos con más de 20.000 personas, entiendo, igual de desesperadas que yo. Antes de encender este cigarro, me he pasado LinkedIn. Y por eso pienso qué presente me queda, nos queda, a los que nos sacamos una carrera universitaria hace más de 10 años y ya no podemos realizar convenios de prácticas, pero tampoco tenemos los cinco años mínimos de experiencia que solicitan las empresas para puestos que perfectamente, con un voto de confianza, una oportunidad, podríamos desarrollar. Pienso en esto y me acuerdo de mi padre, que sin estudios, a base de trabajo, consiguió trazar una carrera profesional sólida. Y pienso en mí, y en la gente que está como yo en este extraño limbo y supongo que estamos condenados a enfrentarnos a 20.000 personas por una plaza mientras robamos Orfidal en casa de la suegra y fumamos en la taza del WC de la de nuestros padres a la una de la madrugada. Qué futuro.

© ÓSCAR CORRAL

