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Cursor o el último atajo de Musk para recortar distancias con sus rivales en la carrera de la IA

SpaceX ha acordado la adquisición de Cursor, una de las startups de inteligencia artificial más prometedoras del sector del desarrollo de software, en una operación valorada en 60.000 millones de dólares (51.600 millones de euros al cambio) que pone de manifiesto las prioridades estratégicas de Elon Musk en la carrera global por la IA. Aunque la compañía disponía de 30 días para decidir si ejecutaba la compra tras su histórica salida a bolsa, el acuerdo se cerró apenas dos jornadas después del debut bursátil. La rapidez refleja la urgencia de SpaceX por reforzar las capacidades de xAI, la división de inteligencia artificial de Musk, y reducir la distancia que la separa de competidores como OpenAI y Anthropic.

La adquisición responde a varias necesidades clave. En primer lugar, permite a xAI fortalecer su posición en el creciente mercado de herramientas de programación impulsadas por inteligencia artificial, un segmento en el que OpenAI y Anthropic han logrado una fuerte adopción entre desarrolladores y empresas. Cursor se ha convertido en uno de los actores más relevantes de este mercado gracias a su asistente de programación basado en IA, capaz de ayudar a escribir, corregir y optimizar código. Desde su lanzamiento en 2023, la compañía ha experimentado un crecimiento extraordinario y ya cuenta con más de 3.000 clientes corporativos que pagan al menos 100.000 dólares anuales por sus servicios. Según fuentes cercanas a la empresa, sus ingresos anualizados alcanzaron los 3.000 millones de dólares en abril.

La operación también busca acelerar el desarrollo tecnológico de xAI. Antes incluso de anunciarse la compra, equipos de Cursor y xAI ya colaboraban estrechamente en proyectos conjuntos, con empleados de la startup trabajando desde las oficinas de la compañía de Musk. Ambas empresas estaban desarrollando modelos de IA y explorando nuevas capacidades avanzadas para futuras aplicaciones.

Otro de los factores detrás de la adquisición es la competencia por el talento especializado. xAI ha afrontado numerosas salidas de ingenieros y especialistas en entrenamiento de modelos durante los últimos meses, además de dificultades para atraer profesionales de primer nivel. La incorporación de Cursor aporta no solo tecnología y clientes, sino también equipos altamente cualificados en uno de los segmentos más demandados de la industria. Para Cursor, la integración supone acceso a una de las mayores infraestructuras de computación del sector. SpaceX dispone de una importante reserva de chips y capacidad de centros de datos, recursos esenciales para entrenar y operar modelos avanzados de inteligencia artificial a gran escala.

En pleno ascenso de los costes por la IA

La compra llega en un momento en el que las inversiones de Musk en IA están elevando significativamente los costes de SpaceX. La compañía registró pérdidas netas de 4.940 millones de dólares el año pasado tras asumir deuda vinculada a las inversiones de xAI, mientras que el gasto de capital casi se duplicó hasta los 20.700 millones de dólares, siendo la inteligencia artificial la principal partida de inversión. Pese a ello, los inversores continúan respaldando la estrategia.

Las acciones de SpaceX acumularon una subida superior al 40% durante sus dos primeras sesiones bursátiles y siguieron avanzando tras conocerse la operación. De mantenerse esa tendencia, la compañía alcanzaría una valoración cercana a los 2,7 billones de dólares y se situaría entre las mayores empresas cotizadas del mundo. Más allá de la magnitud financiera, la compra de Cursor representa una declaración de intenciones: Musk está decidido a convertir la inteligencia artificial en uno de los pilares centrales del futuro de SpaceX y a competir de forma directa con los líderes actuales del sector.

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Warsh afronta su primer gran reto en la Fed entre Trump y la presión para subir tipos

Apenas tres semanas después de asumir el cargo, Kevin Warsh afronta su primer gran reto al frente de la Reserva Federal. La inflación está repuntando al ritmo más rápido de los últimos tres años. Crece el desacuerdo entre los responsables de la política monetaria del banco central. Y, para más inri, los inversores han estado vendiendo bonos del Tesoro de Estados Unidos y apostando cada vez más a que la Fed tendrá que empezar a subir los tipos de interés antes de diciembre, desafiando el llamamiento del presidente Donald Trump para que los reduzca.

En este escenario, hay poco en juego en el resultado de la reunión de política monetaria de la Fed de esta semana. El consenso de los analistas confían en que el banco mantendrá su tasa de referencia sin cambios en un rango de entre el 3,5% y el 3,75%, mientras espera ver cómo el impacto de los precios de la energía derivado de la guerra con Irán se traslada a la economía, incluso después del acuerdo provisional alcanzado el domingo para detener el conflicto.

El foco, no obstante, estará sobre la primera rueda de prensa de Warsh, así como el comunicado posterior a la reunión y las previsiones de la Fed, que serán examinados minuciosamente en busca de pistas sobre los próximos pasos. Si transmite de forma convincente que la Fed está dispuesta a volver a centrarse en la lucha contra la inflación, es probable que Wall Street se sienta tranquila respecto al compromiso de Warsh con la independencia política del banco central. Si no lo consigue, inquietará a unos mercados que ya temen que pueda poner en riesgo la credibilidad de la Fed al ceder a las presiones de la Casa Blanca.

"Es una posición muy difícil para él desde cualquier punto de vista", afirmó James Clouse, economista del Andersen Institute y exsubdirector de la división de asuntos monetarios de la Fed. Sin embargo, en el caso de Warsh, el conflicto inmediato entre las prioridades de la Casa Blanca y la dirección que está tomando la economía resulta especialmente delicado. La tensión en Wall Street ha aumentado debido a las dudas sobre las opiniones de Warsh y a unas perspectivas más amplias complicadas por la guerra y por un auge de la inversión en inteligencia artificial que está impulsando aún más una economía sorprendentemente resistente.

Cabe precisar que Warsh fue un firme partidario de una política monetaria restrictiva durante su mandato como gobernador de la Fed entre 2006 y 2011, cuando el colapso del mercado inmobiliario llevó a Estados Unidos a una profunda recesión. Pero en los años posteriores se convirtió en un duro crítico del banco central y el año pasado cuestionó que siguiera pronosticando una inflación elevada, argumentando que la inteligencia artificial desencadenará una "fuerza desinflacionaria significativa" al aumentar la productividad.

El silencio de Warsh desde que juró el cargo el mes pasado -algo no inusual en un nuevo presidente que intenta orientarse- complica aún más la situación. Además, la evolución de la economía ha cambiado rápidamente desde que la guerra con Irán impulsó al alza los precios del petróleo. A medida que las empresas ven aumentar sus costes, los trasladan a los consumidores mediante precios más altos, alimentando una inflación que ya llevaba cinco años por encima del objetivo del 2% de la Fed. En mayo, el índice de precios al consumo (IPC) aumentó un 4,2% respecto al año anterior, la cifra más alta desde abril de 2023.

Esto ha cambiado drásticamente las expectativas en Wall Street. Los operadores han abandonado las apuestas, antes generalizadas, de que la Fed volvería a recortar los tipos este año y ahora se inclinan por el escenario contrario. Los rendimientos de los bonos del Tesoro a dos años han superado el 4%, situándose por encima del tipo oficial de la Fed, mientras que los rendimientos a 30 años alcanzaron el mes pasado su nivel más alto desde 2007. Ambos movimientos fueron interpretados como mensajes claros de Wall Street de que los tipos deberían subir.

El lunes, los rendimientos de los bonos del Tesoro cayeron tras el acuerdo entre Estados Unidos e Irán, y el rendimiento a dos años descendió cuatro puntos básicos hasta el 4,04%. Esta dinámica no pasa desapercibida para los responsables de la Fed. En la última reunión de abril, muchos miembros advirtieron que probablemente tendrían que empezar a subir los tipos si la inflación seguía elevada y querían eliminar el sesgo favorable a futuras bajadas, según las actas de aquella reunión. Tres miembros discreparon porque se opusieron al lenguaje utilizado en el comunicado de la Fed.

Al mismo tiempo, Warsh asume el cargo después de un ataque sin precedentes contra el banco central por parte de la administración Trump, incluyendo un intento de destituir a la gobernadora Lisa Cook y una investigación penal que Jerome Powell, predecesor de Warsh, calificó como una represalia por no haber adaptado la política monetaria a los deseos del presidente. Cuando Trump promovió a Warsh al consejo de la Fed, afirmó que respetaba su independencia. Sin embargo, Trump criticó repetidamente a Powell y este mes declaró que Warsh se equivocaría si subiera los tipos, insistiendo en que la Fed debería reducirlos.

"Espero que el Kevin Warsh que veamos sea el mismo Kevin Warsh claramente comprometido con la lucha contra la inflación que vimos durante muchos años, porque la inflación es demasiado alta", afirmó Ellen Meade, profesora de Economía en la Universidad de Duke y antigua asesora de responsables de la Fed durante una larga carrera en la institución. "Necesita hacer algo que demuestre que entiende el mensaje de los datos económicos que están llegando".

Otros expertos consideran exagerados los temores de que Warsh pueda sacrificar la credibilidad de la Fed para complacer al presidente. "No hay realmente ninguna razón para esperar que simplemente diga: vamos a bajar los tipos porque el presidente quiere tipos más bajos" señaló Norbert Michel, del Center for Monetary and Financial Alternatives del Cato Institute. "Kevin sabe que así no funcionan las cosas".

Aun así, Warsh ha prometido una importante reestructuración del banco central que incluye una cooperación más estrecha con el Departamento del Tesoro. Ha afirmado que la Fed necesita cambiar la forma en que evalúa la inflación y se comunica con el público, y también ha defendido la reducción de la enorme cartera de bonos del banco central, una medida que podría elevar los tipos de interés a largo plazo al obligar a los mercados a absorber una mayor cantidad de deuda. Sin embargo, la atención inmediata se centrará en las señales que Warsh decida enviar sobre cómo pretende dirigir el banco central durante los próximos meses. "Tu primera reunión siempre será tu primera reunión", dijo Jason Granet, director de inversiones de BNY en Nueva York. "El comunicado, las actas y la rueda de prensa: esta reunión dará mucho de qué hablar y analizar".

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