El ramillete de nueve autopistas de peaje licitadas, construidas y puestas en servicio en tiempos de José María Aznar (Partido Popular) al frente del Gobierno, y que tuvieron que ser rescatadas de la quiebra entre 2018 y 2019, cumple ya los 20 años de operaciones muy lejos de alcanzar las expectativas iniciales. Han llegado a la madurez sin visos de generar grandes beneficios a las arcas públicas ni de atraer una demanda aceptable. Las radiales R2 (Madrid-Guadalajara) y R4 (Madrid-Ocaña), también la AP-36 (Ocaña-La Roda), están por debajo de los registros de tráfico previos a la crisis financiera. El que pasa por el mayor fiasco en el sector de las infraestructuras se ha enquistado ahora en manos del Estado.
El lawfare y su matriz, la juristocracia, algo peor: la creencia viciada de que el poder judicial está por encima de los otros dos poderes. Aquí ni siquiera queda ya sombra de eso. Además, lo observo con terror, incluso ahora en España; EEUU sigue arrogándose el papel de supremo juez internacional
Querido, sigo sin encontrar pistas de tus parientes pero te escribo por otras cosas. Por cierto, en Rosario la expectación por nuestro amigo común Darío Grandinetti, es bárbara. Ojalá hubieras venido.
De nuestras conversaciones sobre antropología política recuerdo como actuales tus menciones insistentes y muchas veces sin respuestas al Manual de Sharp. Se pudrió el genio. En este país ya lo hemos superado con nota; las cinco etapas del golpe suave. Ahora puedes practicar en España, aunque me da que estás de juía, esa palabra que aprendimos en Bollullos Par del Condado.
El primer paso, aprendimos, consistía en general malestar difuso, un estado de ánimo deprimido, nada funciona, un rechazo a los gobiernos e incluso al Estado, caldo de cultivo del advenimiento del fascismo, hoy, debidamente camuflado de inquietud y de ira, como diría nuestro respetado Primo Levi. En esa estrategia, en su primer paso, había que lanzar en expediciones sucesivas las redes de fondo a la pesca de casos de corrupción, fundados o no, a veces sin comprobación, a veces fallidos, pero siempre con el fin de contribuir a crear desafección, desmoralización o pérdida de pulso civil ante la indefensión y la vergüenza de los propios en un escenario de ofensiva generalizada. Para ello, los medios tenían que estar en la vanguardia necesaria, los gastadores, para agrandar los casos o para esconderlos, según su naturaleza, origen o por las implicaciones de los amigos o patronos. Más esto último.
Recordarás aquellas clases de nuestro maestro Carlo, en este caso sobre el papel mancornado de ciertos jueces. El lawfare triunfa, decía, aunque no haya sentencia, se sobresea o sea absolutoria; el camino recorrido, las páginas, editoriales, columnas u opiniones al aire conforman un arma tan potente que, sometidas las víctimas al ritual sacrificial, exhibidos en los anaqueles del escándalo y el escarnio, ya apenas quedarán restos de su anterior humanidad cuando todo termine. La mancuerna entre jueces y medios. Recuerda siempre a mi compatriota, Raúl Zaffaroni.
El lawfare y su matriz, la juristocracia, algo peor, la creencia viciada de que el poder judicial está por encima de los otros dos poderes. Aquí ni siquiera queda ya sombra de eso. Además, lo observo con terror, incluso ahora en España; EEUU sigue arrogándose el papel de supremo juez internacional. En Brasil fue clave —en Portugal, también—, gracias a ciertos jueces, en la demonización, primero, de Lula y, más tarde, en su aniquilación.
El general Charles Dunlap, un experto, ya recomendó hace más de treinta años, utilizar el lawfare sin límites al considerar el malmeter judicial un instrumento clave para la seguridad nacional de EEUU
Negarse a gastar al menos el 5% del PIB en armas no es baladí, pero negar el uso de las bases militares en la aventura fracasada de Irán a los americanos, ha sido el colmo (recuerdo que jugamos un partido de básquet en Morón, nos echaron chinchetas en las duchas los muy cabrones pero ganamos y bebimos Colt 45 en el club de oficiales por primera vez en nuestras ya largas vidas). Sois bravos. El general Charles Dunlap, un experto, ya recomendó hace más de treinta años, utilizar el lawfare sin límites al considerar el malmeter judicial un instrumento clave para la seguridad nacional de EEUU. Por supuesto colonizando los sistemas judiciales de sus aliados provinciales. Deberíais ir familiarizándoos con la HomeSecurity.
Te seguiré escribiendo, no es una venganza por lo que te reías de nosotros. He leído que también hay ruido de hamburguesas en la embajada en Madrid, con esto termino. Las embajadas yanquis han participado de manera muy activa en los procesos de judicialización política, por supuesto a su favor, político o en interés de sus cabildos empresariales y financieros. Esto último es clave porque sus contactos con los sectores más poderosos son vigorosos, a ello unen en su red a funcionarios en ejercicio o no; recuerdo que en los servicios de inteligencia de un país que vos conocés pero no cito, se admitió que todos cobraban de la CIA. Ni que decir tiene que a un partido político lacayo y cipayo, decimos por acá, le basta con decir que aumentará el gasto militar cuando gobierne para ganarse el favor de cualquier embajador.
Te espero en Rosario. Venite, no hay Cruzcampo pero sí Quilmes en todos los almacenes. Chau.
El magistrado cita personalmente este lunes a la mujer del presidente y el resto de acusados ante la posibilidad de que se tomen medidas para evitar que “eludan” la Justicia
El juez Peinado rechaza archivar el caso de Begoña Gómez e insiste en que la juzgue un jurado popular
La investigación que el juez Juan Carlos Peinado abrió hace más de dos años contra Begoña Gómez avanza ya hacia el juicio si no lo impide la Audiencia Provincial, la instancia que revisa sus decisiones. Tras recibir los escritos de las acusaciones ultras que sustentan la causa y que piden 24 años de cárcel para la mujer del presidente del Gobierno, el juez la ha citado este lunes al último acto previo al enjuiciamiento, la llamada audiencia preliminar.
Se trata de un trámite que no requiere la asistencia de los investigados, si bien Peinado exigió su comparecencia bajo la amenaza de que, en caso de no presentarse, podrían ser “conducidos por la fuerza pública”. Su argumento es que, ante las altas penas a las que se exponen, “se podría adoptar alguna medida cautelar de naturaleza personal que evite o minimice el riesgo” de que se fuguen. Es una apreciación llamativa en el caso de Begoña Gómez, quien va acompañada permanentemente en sus desplazamientos por un equipo de escoltas de la Policía Nacional. Y también en el del empresario Juan Carlos Barrabés, que está gravemente enfermo, según los informes médicos que constan en la causa.
La defensa de Begoña Gómez da por hecho que se abordará la posibilidad de que se tome algún tipo de medida cautelar contra ella, como la retirada del pasaporte, por lo que sí tiene previsto acudir a la comparecencia, a diferencia de lo que hizo en anteriores ocasiones. En estas citaciones estuvo representada por su abogado, posibilidad que incluye la Ley del Jurado y que aclara una circular de la Fiscalía General del Estado de 1995.
Las fuentes jurídicas consultadas por elDiario.es recuerdan que para acordar algún tipo de medida cautelar debe solicitarlo alguna de las partes. No se espera que lo haga la Fiscalía, quien ha pedido reiteradamente el archivo de la causa al considerar que Peinado se basa en “hipótesis” y “alambicadas teorías” para sentar en el banquillo a Begoña Gómez.
Sin embargo, el escrito en el que las acusaciones ultras pedían 24 años de cárcel por delitos de malversación, tráfico de influencias, corrupción en los negocios y apropiación indebida sí daba pistas al respecto al solicitar al juez que tomara medidas como la retirada del pasaporte o las comparecencias quincenales en el juzgado. Formulaban esta petición ante el “evidente y fundado riesgo de fuga” derivado de “la gravedad de las penas solicitadas”.
Los ultracatólicos de HazteOir lideran la acusación popular tras la decisión del magistrado de agruparlas bajo una única dirección letrada. También forman parte partidos como Vox o el minoritario Iustitia Europa y otras organizaciones vinculadas a la extrema derecha como Manos Limpias. No obstante, el pseudosindicato que dirige Miguel Bernad, que interpuso la primera querella que dio origen a la investigación, solicitó recientemente al juez que le permita ir por libre por las “diferencias radicales y profundas” con el resto de acusaciones.
Manos Limpias no ve claros tres de los cinco delitos que se le achacan a la esposa de Pedro Sánchez y tampoco la imputación de la asistente Cristina Álvarez, para quien el conjunto de las acusaciones populares piden 22 años de cárcel, al considerar que se dedicó a la captación de fondos, reuniones y supuestos negocios privados de Begoña Gómez durante su horario de trabajo.
Las peticiones de las defensas
El juez Peinado rechazó prácticamente todas las diligencias que las partes habían pedido que se celebraran en la audiencia preliminar. Por ejemplo, la defensa de Barrabés solicitó la declaración de más de una veintena de testigos, pero el juez determinó que escucharles no era “imprescindible” para decidir sobre la procedencia de abrir juicio. También rechazó que se abordaran los últimos informes periciales que ha presentado la defensa de Begoña Gómez, que sí están incorporados al procedimiento.
Así que más allá de las posibles medidas cautelares, lo previsto es que las defensas y la Fiscalía defiendan de nuevo que la causa debe archivarse y que las acusaciones insistan en que tiene que ir a juicio. Parte de la investigación impulsada por el juez Juan Carlos Peinado gira en torno a la actividad profesional de Begoña Gómez en la Complutense. Según el juez, desde la llegada de Pedro Sánchez, primero a la Secretaría General del PSOE y, sobre todo, al Gobierno, “se tomaron determinadas decisiones públicas favorables” a la cátedra que Begoña Gómez codirigió en esa Universidad gracias a su “posición relacional”.
En esta línea, las acusaciones populares lideradas por HazteOir defienden que Begoña Gómez se valió de la influencia derivada de ser la esposa del presidente para favorecer a empresas de Barrabés en adjudicaciones públicas e impulsar de forma irregular la creación de la Cátedra de Transformación Social Competitiva que codirigió en la Universidad Complutense de Madrid.
Se espera que en la vista de este lunes su abogado, Antonio Camacho, rebata esta tesis sobre la base de los argumentos de su escrito de defensa. Entre ellos, que su vinculación con ese campus comenzó en 2012, cuando Pedro Sánchez “no ostentaba responsabilidad pública alguna”, que fue ella quien “inventó” el término “Transformación Social Competitiva” que dio nombre a la dirección de la cátedra extraordinaria que asumió en 2020 o que ese cargo no conllevaba “retribución económica alguna”.
Se prevé que la Fiscalía se exprese en ese mismo sentido. En sus escritos, el fiscal José Manuel San Baldomero ha criticado que el juez Peinado haya tachado de “irregular, corrupta y delictiva” cualquier actividad realizada por la esposa de Pedro Sánchez “forzando la conexión de actividades profesionales o cotidianas e institucionales como si de una trama u organización criminal se tratara”. Y también ha atacado el mantra de los negocios privados de Begoña Gómez, que cobró 34.314 euros en una década de colaboración con la Complutense. “No parece que el lucro sea sospechoso ni disparatado”, dejó por escrito el fiscal.
Sobre la supuesta apropiación indebida del software vinculado a la cátedra, las acusaciones ultras defienden que “se apropió y puso bajo su poder de control y disposición” el programa en perjuicio de la Complutense porque no lo entregó a pesar de que estaba obligada a ello.
La defensa de Begoña Gómez viene subrayando, sin embargo, que el convenio de la cátedra preveía crear una plataforma tecnológica gratuita propiedad de la Complutense. Y que las empresas colaboradoras ingresaron directamente las aportaciones económicas en el patrimonio de la universidad, así como que fue la propia Complutense quien licitó los contratos necesarios. Además, la defensa ha insistido en que el software nunca llegó a finalizarse ni a usarse debido a que la Complutense canceló la cátedra, por lo que ni Begoña Gómez se lucró ni la Universidad sufrió ningún perjuicio patrimonial.
Por otro lado, respecto a las funciones de la asistente en las que el juez y las acusaciones ven un delito de malversación, la defensa de Begoña Gómez mantiene que su ayuda “ocasional” mediante el envío de “un número muy limitado de correos para ayudar en momentos puntuales” a Begoña Gómez no afectó sus funciones ni supuso un “menoscabo de recursos públicos”.
Tras escuchar los argumentos de las partes —y, en su caso, decidir si impone a los investigados alguna medida cautelar—, el juez tendrá que determinar en el mismo acto o en los tres días siguientes si abre o no juicio oral contra Begoña Gómez, su asistente en la Moncloa y el empresario Barrabés. Tras una instrucción en la que se ha apoyado en las acusaciones de extrema derecha, todo apunta a que Peinado dejará a los tres investigados camino del banquillo antes de su jubilación, prevista para el próximo septiembre.
Son el grupo de rock del momento. Y quien suscribe sospecha que no hemos visto más que una pequeña muestra de lo que son capaces de ofrecer. En la época de la hegemonía de los ritmos latinos, Ultraligera pertenece a una nueva generación de bandas españolas de rock que llenan grandes recintos y atraen a un público de distintas edades y estratos sociales. El año pasado hicieron la machada de colmar siete veces la madrileña sala La Riviera, y eso con un único disco de estudio en el mercado, un dato que habla de su autoridad. Otro: en solo un año han cuadruplicado sus oyentes mensuales en Spotify (se acercan a los 900.000). Su segundo disco de creación llevará por título «Lapsus» y sus seguidores ya disfrutan de tres sencillos –el próximo viernes lanzarán el cuarto– que aúnan un sonido poderoso, que busca la distinción, y unos textos que –por fin– están bien escritos. Gisme (cantante), Coque (guitarra), Santi (bajo) y Martín (batería) dan su versión de lo que es para ellos el éxito: «No se trata de cantidad de gente –arranca Gisme–, sino de hacer lo que nos dé la gana y tener un espacio cada vez mayor para poder desenvolvernos como no nos habían dejado hacerlo a través de la educación que recibimos, del propio colegio: nos sentíamos chavales muy creativos y trataron de cortar esas alas y esa libertad, que es la herramienta más valiosa que tiene un niño. Y como no la mataron del todo, esta se ha revolucionado y ahora estamos tratando de imponer nuestra ley contra ese mundo de los adultos. Una ley en absoluto agresiva, al revés, está llena de amor. Es creer en esa creatividad y decir: okey, vuestra industria nos la suda y con un espíritu independiente, y sin hacer caso de nada de lo que nos digáis, vamos a crear una banda grande. Y eso, hacer las cosas a nuestra manera, ha permitido que un montón de gente se fuera acercando». Pero ¿qué cambios han notado desde que empezaron hasta alcanzar este momento tan dulce? «Ahora somos más maduros, claro –señala Coque–, con más tablas y mejores técnicamente. Porque una vez que vimos que la cosa iba en serio nos pusimos a estudiar y a trabajar muy duro. Pero, quitando eso, te juro que no notamos grandes cambios. Nuestro deseo de hacer arte, canciones, sigue intacto. No tenemos otros objetivos que esos».
Droga no, medicina
No ocultan su alegría por las nuevas canciones, rock químicamente puro: «Nuestro anterior disco tuvo una producción un poco más pop –explica Coque–. Y en este hay mucha más potencia en las baterías y en las guitarras, los sonidos son más crudos, hay amplificadores con más distorsión, más efectos en la voz... Hemos tenido más tiempo para grabar, y se nota», y lo defienden con una seguridad rotunda, sin falsa modestia: «En España no se ha hecho nada así –afirma Gisme–. Y estamos jugando también con el límite de la peña, porque todo el mundo dice que el rock en castellano ha muerto. Muchas veces los responsables de que algo se muera son los que lo hacen, por no confiar en la gente. Y nosotros tenemos una confianza plena en la gente y vamos a buscar su límite, a ver cuánto rock son capaces de tolerar».
Hablamos de los excesos asociados históricamente al rock y ellos elaboran una teoría que pasa por sus propias experiencias: «Cuando empezamos teníamos 23 años y había una locura colectiva –dice Gisme–, pero ahora valoras la vida desde otro punto porque nuestra filosofía interna ha evolucionado. Antes nos comíamos lo de sexo, drogas y rock and roll al toque y ahora lo vas valorando y dices: de este eslogan hay cosas que no compro, aunque entiendo que funcionaran y que fueran absolutamente necesarias en los años 50, 60, 70 y, de alguna manera, hasta los 90. Pero a partir de los 2000 el rock viene a ser otra cosa». Le digo que no pueden negar que aquel fue un eslogan brillantísimo: «Como eslogan ha funcionado de la hostia, sí –continúa Gisme–, y te digo que lo compramos, pero lo readaptamos. Quitamos lo del sexo a lo loco, por ejemplo. Cuando hablamos de “me he quitado del sexo sin amor” no quiere decir que me haya impuesto un celibato o una monogamia, es solo que no eres menos gamberro por hacer las cosas con amor. Si tienes una relación de una noche tiene que haber responsabilidad emocional aunque no te impliques para toda la vida. Y ya no droga, sino medicina. Es decir, la droga ha formado parte de todas las culturas primigenias y sabias unidas con la naturaleza. ¿Para qué te vas a meter cocaína como un loco? Basta con preguntarte si hay drogas muchísimo más interesantes que realmente te ofrecen perspectiva, creatividad y, sobre todo, que te sacian. La saciedad es lo que se busca. El rock clásico –prosigue– nunca encontraba la saciedad, incluso se buscaba un placer oral a través de eso. Mira el logo de los Rolling Stones: esa es para mí la definición del rock, una boca con la lengua afuera tratando de palpar todo lo que pueda. Esa realidad moló durante una época, pero creemos que las cosas se pueden cambiar y hacer música porque te gusta y drogarte porque te gusta y porque te sacia, pero no a lo loco y siempre y todo el rato». O sea, les digo, que la manera que tienen de reescribir ese eslogan sería: sexo sí, pero mejor; drogas sí, pero mejor: medicina. Más calidad, en fin. Y rock and roll todo el del mundo: «Así es –responde Coque y asiente el resto–. Eso está muy bien».
¡Saltamos al asunto de la libertad de expresión en el arte y Gisme introduce algo interesante: «Los artistas estamos todo el día diciendo que queremos más libertad de expresión. Y resulta que cuando la gente se toma la libertad de opinar lo que quiera sobre ti, ahí se acabó la libertad. Estás replicando el sistema». ¿Está haciendo una apología de las redes sociales? «Estoy haciendo una apología de las redes sociales –asiente– porque es lo que a nosotros nos ha permitido desligarnos de cualquier multinacional. El artista no tenía ninguna libertad. Si quería hacer promoción tenía que venderlo todo, sus porcentajes, sus decisiones, todo, porque tenía que salir en unas televisiones y tocar en unos recintos que estaban mediatizados y de los cuales tenía el poder la clase política, que estaba a su vez ligada a las multinacionales. ¿Qué es lo que ha dado el poder al pueblo? Las redes sociales. Nosotros nos podemos comunicar con nuestro público de una manera muchísimo más directa de lo que nunca se pudo hacer». Y no sacan de ellas ni siquiera a los trolls: «No, no, mejor con ellos –afirma Gisme–. Porque son los que las hacen grandes. Debe haber libertad de expresión hasta para el exabrupto y el disparate, sí, y más en una sociedad que cada vez da menos pie a la emoción», concluye.
Al pleno desde el lapsus
Por Javier Menéndez Flores
Llega el lapsus igual que un trueno, como si estallase un obús en la cabeza, y no hay modo de evitar el sinsabor del gatillazo. Pero si logras aislar el mosqueo verás que tienes a tu alcance la oportunidad de la rectificación y la mejora. Basta con mirarte al espejo con los ojos inmisericordes de otro, se haga eso como diablos se haga, activar el resorte amargo de la autocrítica y admitir el error. Y estos cuatro magníficos han llenado unas cuantas papeleras antes de concluir que no es posible afilar más unas canciones que han nacido entre conciertos, besos y la pérdida definitiva de la inocencia. El rock, cuando contemplabais los miuras sin pisar la arena, era una inyección tras otra de placeres diversos y un modo de escapar del mundo inadmisible de esos extraterrestres con un punto de gilipollas llamados adultos. Pero ahora, cuando aquella fantasía se ha vuelto una realidad desbordante, sabéis que es ante todo decir no cuando deseáis hacerlo y entrar en los otros con la fuerza de un antídoto gracias a unas emociones que, por más que lleven vuestra firma, son las que cualquier hijo de madre ha sentido una vez o cientos.
Fue antes de ayer cuando le imprimíais vuestra impronta a temas de Chuck Berry en garitos infames y los cien pavos que os pagaban os parecían una fortuna, puesto que lo habríais hecho gratis. Hoy, la música que parís os permite celebrar un cumpleaños con una veintena de amigos; llevar a cenar a mamá a uno de esos restaurantes en los que no hay por qué sufrir las sonrojantes conversaciones de los otros clientes; sufragar un viaje con alguien querido sin tener que pedirle un préstamo a Lucifer o a cualquiera de sus secuaces. Pero en esencia nada ha cambiado, ya que seguís en esta fiesta imposible que es el rock por estricto amor al arte.
Él éxito es sentirse pleno en la propia piel y notar cómo los planes se van cumpliendo a pesar de algunas pértigas en las ruedas. Es saber que no hay hogar mejor que el de la furgoneta que os lleva al siguiente bolo y a esa habitación de hotel en donde el reloj de arena comienza su cuenta atrás y la sangre empieza a bullir. El triunfo de verdad es encontrar el adjetivo exacto y ese riff ante el que es imposible no saltar. No es la falaz foto de Instagram, no, es el abrazo de un bosque.
Gisme habla como el sumo sacerdote de una religión cuyos dioses están dentro de uno, pero cuando trepa por la estructura del escenario no dista gran cosa del simio de Kubrick. Y Coque tiene en sus dedos el calambre mágico de Keith Richards y fuera de su guitarra, que es su isla desierta y su templo, solo percibe desvarío y tinieblas. Martín ha dejado de sentir los brazos y las piernas, aunque eso no le impide sacar de sí un coro de lamentos broncos. Y Santi ejecuta su papel de lanza y es un póster que representa la condición de grave desde los pies hasta la cabeza. Ese, en fin, vendría a ser el evangelio del espectáculo del rock según Ultraligera. Pasen y disfruten.
¿Cuántas canciones, cuántas novelas, cuántas películas caben en un solo cuerpo? Lo que es seguro es que nada te va a dar tanto como esa fuente de conocimiento y disfrute. Y así pasa que cada vez que un adolescente desdeña el teléfono y echa mano de un libro la vida se vuelve una promesa de libertad y ese paraíso que creíamos en ruinas se ilumina como un estadio de fútbol.
Pedro Sánchez llegó a Moncloaprometiendo una regeneración democrática. Ocho años después, una parte sustancial de los nombres que le ayudaron a conquistar el PSOE, regresar tras su caída en 2016 y consolidar su poder aparecen atrapados en una maraña de investigaciones judiciales, escándalos políticos, ceses traumáticos y carreras destruidas. La oposición lleva años intentando demostrar que el presidente conocía las actividades de algunos de ellos. No lo ha conseguido.
Tampoco la Justicia ha acreditado hasta ahora que Sánchez participara en algunos de los hechos que se investigan en la Audiencia Nacional o en el Tribunal Supremo. Pero existe una pregunta mucho más política que empieza a perseguir al presidente: por qué tantos de los nombres en los que más confió terminaron convertidos en juguetes rotos.
Todo empezó en octubre de 2016. Pedro Sánchez acababa de ser derribado en uno de los episodios más traumáticos que se recuerdan en Ferraz. Mientras la mayoría de dirigentes le daba la espalda, a su alrededor se formó un núcleo de fieles: José Luis Ábalos, Santos Cerdán, Adriana Lastra, Juan Manuel Serrano, Paco Salazar y un puñado de dirigentes armaron su proyecto.
Cuando Sánchez aterrizó en Moncloa, ellos volaron con él. Ábalos se convirtió en ministro, secretario de Organización y uno de los hombres más poderosos. Santos Cerdán heredó progresivamente el control del aparato socialista. Juan Manuel Serrano terminó al frente de Correos.
Paco Salazar ocupó posiciones de relevancia en la estructura presidencial. El sanchismo no era solo un liderazgo. Era una red de confianza larvada durante años de resistencia. Y precisamente por eso sus caídas resultan hoy tan devastadoras para el presidente. El primero en desplomarse fue Ábalos. Su caída abrió una grieta que el presidente no ha podido tapar del todo. Durante años fue el rostro de Sánchez. Hoy es uno de los nombres más asociados a la corrupción que golpea al entorno socialista.
Junto a él apareció Koldo García. Guardaespaldas, chófer, hombre para todo y sombra inseparable del exministro. Su detención en febrero de 2024 abrió la caja de Pandora. Con él empezó el deterioro acelerado del relato de ejemplaridad que había acompañado al PSOE desde la moción de censura contra Mariano Rajoy. Pero el golpe más duro para Sánchez llegó después. Santos Cerdán no era un ministro. Era algo más importante.
Era el hombre que controlaba el partido tras el derrumbe de Ábalos. El negociador con Junts, Bildu y el PNV. El dirigente que resolvía las crisis internas, imponía disciplina orgánica y ejecutaba los encargos más delicados. Su caída tiene una dimensión distinta a la de Ábalos. Porque Cerdán era otra una apuesta personal del presidente. El hombre elegido para sustituir precisamente a Ábalos. Sánchez depositó en Cerdán parte de la estabilidad política del Gobierno. Primero cayó el escudero. Después cayó quien había heredado el escudo.
Paco Salazar terminó apartado por acusaciones de acoso sexual. Y Adriana Lastra desapareció abruptamente de la primera línea tras una guerra interna con Cerdán. Y luego está Leire Díez. No era nadie. Pero cada nueva revelación lo desmiente. Juan Manuel Serrano, amigo personal de Sánchez y uno de sus colaboradores más antiguos, ha reaparecido en las investigaciones relacionadas con Leire Díez.
La principal dificultad del presidente quizá no sea que algún día aparezca una prueba que le vincule directamente con las actividades que investigan los jueces. Su principal problema es que cada vez es menos creíble que tantos nombres situados de confianza actuaran sin que él supiera nada. Y ocho años después, el presidente contempla cómo muchos de los hombres que le ayudaron a conquistarlo aparecen repartidos entre sumarios, investigaciones, escándalos y silencios. Los nombres rotos de Sánchez.
La renovación de la cúpula de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) vuelve a poner sobre la mesa una preocupación creciente en amplios sectores de la sociedad española y de los partidos de la oposición respecto a la progresiva colonización de las instituciones por parte del Gobierno de Pedro Sánchez, como un intento de pervivencia silenciosa del sanchismo. Uno de los pilares esenciales de cualquier democracia liberal es la independencia de sus instituciones. Organismos reguladores, tribunales, entidades supervisoras y organismos públicos están llamados a servir al interés general, no a los intereses de un gobierno concreto ni de un partido político. Cuando esa frontera se difumina, la calidad democrática se resiente y la confianza de los ciudadanos en el Estado comienza a erosionarse. La renovación de cargos en la CNMC vuelve a levantar las sospechas de la oposición al recordar que todos los nombramientos que se han aprobado durante el paso de Sánchez por la Moncloa no responden exclusivamente a criterios de mérito, experiencia o independencia, sino a una lógica de afinidad política e intención controladora. Bajo el mandato de Cani Fernández, el organismo impuso sanciones millonarias a grandes compañías, analizó operaciones empresariales de enorme impacto y tomó decisiones que no siempre coincidieron con los intereses o preferencias del Gobierno. Por esa razón, la designación de sus responsables no puede convertirse en un simple reparto de cuotas de poder. Las instituciones existen para limitar la capacidad de los gobiernos, no para convertirse en una prolongación de ellos. Ahora vuelve a sonar Mariano Bacigalupo como la apuesta del Gobierno pero, si es designado presidente de la CNMC, el Gobierno volverá a alimentar las sospechas sobre la creciente politización de los organismos independientes. Nadie discute su experiencia regulatoria ni su conocimiento de sectores estratégicos, pero la independencia que exige una institución de esta relevancia también debe ser aparente. Su anterior salto de la CNMC a la CNMV ya generó controversia por su vinculación familiar con Teresa Ribera, entonces vicepresidenta del Gobierno. Un perfil incuestionablemente ajeno a cualquier sombra política debería ser la apuesta final. España necesita instituciones fuertes, respetadas y autónomas. La legitimidad de un gobierno procede de las urnas. La legitimidad de las instituciones reguladoras procede de su independencia. Confundir ambas cosas constituye un error que ningún Ejecutivo debería cometer.
El miércoles, León XIV visitó la Sagrada Familia de Barcelona para bendecir la última y mayor de sus torres. Daba así por oficialmente estrenada la silueta de una obra que lleva ciento cuarenta y cuatro años en marcha. Ya solo falta rematar la que será la fachada principal del templo, la dedicada a la Gloria, en la que está por verse cómo se plasmará ese «más allá» invisible hacia el que todos caminamos. El sueño místico de Antoni Gaudí -cuyo centenario de su muerte también se celebró el miércoles- lo debe todo a las catedrales góticas, tan rodeadas de fe como de misterio. La de Notre-Dame de París tardó en levantarse ciento ochenta y dos años; la de Compostela, ciento treinta y seis. A excepción de Chartres, que fue una suerte de «prototipo» que se alzó en mitad de la campiña francesa en menos de tres décadas, a la mayoría de estos lugares sagrados les cuesta crecer. A veces da la impresión de que estamos ante secuoyas gigantes, vivas, que escalan en altura, anchura y profundidad de un modo casi biológico.
Como no podía ser de otro modo, León XIV se ha sobrecogido al comprobar la magnitud de la empresa gaudiniana, y ha dicho que «es mucho más que un monumento». Cuando lo vimos caminar bajo sus bóvedas, mirándolas de reojo, recordé una lectura que me impresionó años atrás y que quizá aclare sus palabras. Era un librito corto, escrito por el famoso novelista y egiptólogo francés Christian Jacq, en el que narraba su tropiezo con un sabio, a las puertas de la catedral de Metz, que le guio con encomiable paciencia por cada uno de sus medallones, esculturas, vitrales y requiebros. Aquel hombre, al que el escritor escondió tras el evocador pseudónimo de Pierre Deloeuvre -algo así como la piedra de la obra-, le contó que los sillares de Metz eran ladrillos que hablaban. León XIV, frente a la Sagrada Familia, predicó algo parecido al referirse a la basílica como «una elegante catequesis hecha de piedras, colores y luz». Pero Deloeuvre añadió algo más: para iniciar un diálogo con lugares así es necesario interrogarlos con dulzura. «Si tus preguntas salen del fondo del corazón», dijo, «encontrarán en ellas una respuesta».
En ese librito se desgranan los interrogantes que Christian Jacq fue articulando ante cada uno de sus símbolos. En conjunto, la iconografía de Metz le dio la impresión de ser un relato, una especie de breviario en el que se exploraba el camino de transformación del ser humano, desde su simpleza animal a su exaltación espiritual. Y Jacq, bregado asimismo en arcanos europeos, cita entonces al obispo Guillermo Durando, un intelectual del siglo XIII al que sus contemporáneos llamaron «El especulador», y que advirtió que «todas las cosas pertenecientes a los oficios, a los usos y costumbres o a los ornamentos de la Iglesia, están llenas de figuras divinas y de misterio», añadiendo que solo se revelan «cuando encuentran a un hombre que las examine atenta y amorosamente, que sepa extraer miel de la piedra y aceite de la más dura roca».
León XIV es, ahora, el último de esos hombres. Lo intuí en su mirada y en sus gestos de admiración y asombro. La Torre que bendijo, llamada de Jesús pero también del Cordero en los viejos bocetos del templo, le fue inspirada al arquitecto catalán por una frase del último capítulo del Apocalipsis. Es un texto en el que se describe la «Jerusalén celestial» que descenderá sobre nosotros al final de los tiempos: «El trono de Dios y del Cordero estará en la ciudad». La Sagrada Familia rebosa de esa catequesis metafórica. Las cuatro almenas que flanquean a la del Cordero están dedicadas a los cuatro evangelistas, remitiendo a otro capítulo del Apocalipsis, el quinto, en el que Juan escribe que «de pie, en medio del trono y de los cuatro vivientes (una metáfora de los evangelistas), está el Cordero». Súmesele a esto sus emblemas zodiacales, las alegorías vegetales, los reptiles e insectos, y hasta las cifras ocultas en el cuadrado mágico inscrito por Josep María Subirachs en la fachada de la Pasión, para intuir que todo en la Sagrada Familia pretende transmitirnos un mensaje de revelación. Eso precisamente significa Apocalipsis en griego. Y que esté clavada en medio de una ciudad tan industrial y mercantil como Barcelona, no es azar. Es el recordatorio perenne de que no todo acaba en la materia.
Quizá Gaudí no inició sus trabajos con esa vocación apocalíptica, pero en la cuaresma de 1894, cuando llevaba doce años ya de trabajo en el solar de la calle Menorca, algo lo llevó a ella. Un ayuno que casi acabó con él, como los de san Juan en Patmos, lo alejó de la imagen de arquitecto de la jet que se había forjado, convirtiéndolo en un ermitaño, un visionario capaz de escuchar lo inaudible y ver lo invisible.
Antes de que acabe el año, León XIV anunciará su beatificación. Eso será cuando un comité dé por buena la curación milagrosa de un bebé que se está investigando. Pero para mí, como para muchos, su verdadero milagro siempre será otro: el habernos hecho visible lo invisible, estremeciéndonos como ya lo lograron sus predecesores góticos. Eso es, precisamente, revelar. Apocaliptear. Lo insinuó Jacq en su librito -El iniciado (1998)- y hasta el propio Papa cuando dijo en Barcelona que la Sagrada Familia es «un signo visible de Dios invisible». ¿Acaso existe mejor definición de revelar que esa?
Javier Sierra es escritor y premio Planeta de novela
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Pertenece <strong>Naomi Campbell </strong>a la estirpe de las supermodelos de los 90, y de todas ellas es sin duda la más icónica por su belleza, su carácter y su biografía, casi mito a estas alturas
Países Bajos lleva sin perder en su estreno en la Copa del Mundo desde 1938, pero... ante Japón sólo fue capaz de sacar un punto, 2-2. Todo sucedió en una segunda parte de vértigo. Los primeros 45 minutos sobraron, pero los segundos tuvieron casi de todo. Adelantó Van Dijk a los neerlandeses con un remate de cabeza ajustado al palo izquierdo de Suzuki. Empató Nakamura con un disparo al borde del área que mostró las carencias de la defensa del equipo de Koeman. Pareció arreglarlo Summerville con un remate ajustado al palo derecho, pero en el minuto 89 Kamada firmó el empate definitivo.
Así hemos vivido el Países Bajos - Japón (Grupo E): mejores jugadas y resultado del partido de la fase de grupos del Mundial 2026, en vivo online