Unos socios cómodos con un Sánchez débil
La intervención, ayer, de la portavoz de Bildu en el Congreso, Mertxe Aizpurua, refleja hasta qué punto puede considerarse Pedro Sánchez seguro en La Moncloa, al menos, hasta el final de la legislatura en el verano de 2027, por cuanto el líder socialista representa a ojos de quien fue condenada por colaboración con el terrorismo como una «ventana de oportunidad para un ciclo social y plurinacional». Si partimos de lo que entienden los herederos de la banda etarra por «plurinacionalidad», que sería el paso inmediatamente anterior a la consecución de la independencia de las Vascongadas, se comprenderá el virtuosismo con el que los socios de investidura se aplican al doble rasero a la hora de encarar la oleada de corrupción que afecta al principal partido del Gobierno. Porque esa «ventana de oportunidad» no es más que la de un presidente débil, mucho más si cabe cuando ha demostrado por activa y por pasiva su obsesión por mantenerse en el poder caiga quien caiga –dos ex secretarios de Organización de su partido conocen ya lo que es la cárcel y una tercera, la actual, está incursa en las investigaciones judiciales de la cloaca– y pese a su incapacidad para sacar adelante las cuentas del Estado, algo que en cualquier democracia que se precie lleva a la dimisión del Ejecutivo y a la convocatoria electoral. Decir que los socios nacionalistas de Sánchez tratan de contemporizar con un escándalo político del que no hay precedentes en la reciente historia democrática española es quedarse demasiado corto, puesto que la opinión pública española asiste atónita a unos juegos malabares y a unas contemplaciones que moverían a la conmiseración si no fuera porque detrás de todas esas cautelas existe un preciso cálculo de las ventajas, a costa de la institucionalidad española, que todavía pueden obtener de su apoyo a Sánchez, pese al evidente desgaste electoral de una posición de tal cinismo que se hace cada vez más difícil de aceptar por la ciudadanía. Por otra parte, el calendario político, que no el judicial, tiende a alinearse en favor de los gubernamentales. Por una parte, no hay previsión de citas electorales hasta mayo de 2027, cuando tienen que celebrarse elecciones municipales y autonómicas, con lo que se pone fin temporalmente a la cadena de derrotas en las urnas de los socialistas y sus aliados de ultraizquierda, y, por otra, la llegada del verano con la suspensión de las Cortes por vacaciones y, especialmente, la pausa en las actuaciones judiciales durante el mes de agosto contribuirán a dar un respiro al sanchismo, a menos, claro, que la instrucción de las diversas causas abiertas o la publicación de las sentencias pendientes de los casos de Ábalos y el hermano de Pedro Sánchez arrojen novedades que impidan a los socios seguir cubriéndose tras unas líneas rojas que van retrasándose política y moralmente de manera sucesiva. Porque lo que parece inevitable es que el inquilino de La Moncloa se atrinchere en el cargo hasta el final.


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