La relevancia internacional y el universo interior del reivindicado jurista y humanista alicantino Rafael Altamira
El editor valenciano Manuel Aguilar tenía entre manos una joya. Pretendía publicar un Manual de Historia de España firmado por el jurista, pedagogo y escritor Rafael Altamira, en una edición ilustrada en papel satinado de 629 páginas. La fecha, 18 de octubre de 1939, “año de la Victoria”, le obligaba a enviar primero el texto al Servicio de Censura, donde calificaron la obra de “bien escrita, excelentemente documentada” y con un “criterio general bueno”. Sin embargo, Altamira se encontraba en aquel momento exiliado en los Países Bajos, a punto de que la invasión nazi lo obligara a afincarse en México. Y para el régimen franquista, era un personaje incómodo. “En determinados momentos solamente”, subraya el censor, “se deja llevar el autor de sus ideas y esto en una obra didáctica puede ser perjudicial para los espíritus no formados”. Al final, se permitió la publicación, pero “con tachaduras” que debían corregirse.

