El candidato ‘popular’ Alfonso Fernández Mañueco acaba de ser investido presidente de la Junta de Castilla y León tras recibir el apoyo de 47 procuradores de PP y Vox, que firmaron la semana pasada un acuerdo de gobierno, pese a la oposición de los socialistas, UPL, Soria YA y Por Ávila.
La votación se saldó con 47 ‘síes frente a 35 ’noes', cerró una larga sesión de investidura en las Cortes en la que Fernández Mañueco expuso su programa de gobierno y logró la confianza mayoritaria de la Cámara para continuar cuatro años más al frente de la Comunidad.
Ahora, el presidente del Parlamento, el ‘popular’ Francisco Vázquez, comunicará el resultado de este pleno al Gobierno central y a Su Majestad el Rey Felipe VI para que se proceda a su nombramiento mediante un Real Decreto Ley, que será publicado en el Boletín Oficial del Estado (BOE). Posteriormente, Fernández Mañueco tomará posesión de su cargo este jueves.
Durante el debate, Mañueco se comprometía, con humildad e ilusión, a seguir construyendo comunidad desde la libertad, la igualdad y la solidaridad y con el objetivo también de que la región siga siendo protagonista en el futuro de España.
Asimismo, avanzaba un Gobierno sustentado en el «contrato de legislatura» alcanzado con Vox en el que le acompañarán once personas, dos de ellos vicepresidentes, pero, sobre todo, aseguraba que será un Ejecutivo de acción, además de responsable, con coraje y liderazgo para afrontar los retos que la comunidad tiene por delante y sin «retroceso» en los derechos., en un mensaje claro a quienes critican la prioridad nacional en las ayudas.
Durante un ahora y 24 minutos Mañueco desgranaba la hoja de ruta de su nuevo Gobierno, que pasa por seguir bajando impuestos y por una fiscalidad favorable para los jóvenes y el medio rural, con la vivienda como una de las prioridades y con el objetivo de consolidar una comunidad dinámica e innovadora, atractiva para vivir y trabajar, orgullosa de su historia y proyectada en el futuro.
Además, se comprometía a elaborar y aprobar los Presupuestos Generales de la comunidad durante cada año de legislatura, en un dardo a Pedro Sánchez que lleva sin aprobar unas Cuentas en España desde 2022.
El líder popular lanzaba nuevas puyas a al Gobierno de la nación al reivindicar la política útil al servicio de los ciudadanos, que respeta las leyes y apuesta por el diálogo, gobernando sin imponer, y aseguraba que su Gobierno de coalición se alejará del ruido y se rebelará para «evitar· que se normalice la «degradación» de la política española actual.
También valoraba el pacto con Vox «legitimado por las urnas» y aseguraba que defenderá los intereses de la comunidad por encima de los de sus respectivos partidos, además de priorizar las ideas que les unen por delante de las que les separan.
Esta mañana, en la cabina de vuelo de un Airbus A320 de Iberia, ha ocurrido algo que en dos mil años de historia de la Iglesia Católica solo puede haber sucedido un puñado de veces. León XIV se ha sentado en el jumpseat, ese asiento plegable encajado entre el comandante y la primera oficial, reservado al inspector de vuelo, al piloto en prácticas o a un observador acreditado, para presenciar el despegue desde Barajas. Esta mañana, ese asiento con unas vistas privilegiadas al exterior y a la cabina de mando lo ocupaba el sucesor de Pedro.
El juicio contra David Sánchez ha quedado visto para sentencia esta mañana. El hermano del presidente ha renunciado a su derecho a pronunciar la última palabra. Miguel Ángel Gallardo, ex presidente de la Diputación de Badajoz y exsecretario general del PSOE en Extremadura, sí ha hablado para “reiterar mi inocencia y la del resto de las personas que están aquí”, en referencia a David Sánchez y los otros nueve acusados.
La temporada de ópera en el Palau Les Arts llega a su fin con las representaciones de Turandot, última obra escrita por Giacomo Puccini. Supuso la culminación de su dramaturgia musical y el canto del cisne del romanticismo operístico italiano, a pesar de que un cáncer de garganta le impidiera concluirla. Una lujosa producción de Faust abrió la programación 25-26 allá por octubre y tras ella siguieron títulos como Eugene Onegin y Salomé, entre otros, que confirmaron al teatro de la capital del Turia como una de las estaciones imprescindibles en el panorama nacional e internacional. Coincide la programación de Turandot con el centenario de su estreno en Milán, que tuvo lugar el 25 de abril de 1926 bajo la dirección del maestro Arturo Toscanini.
Llega este título fundamental a Valencia en una excelente producción procedente de Tokio y dirigida en lo escénico por Àlex Ollé, uno de los directores artísticos de La Fura del Baus. La magnífica escenografía de Alfons Flores aprovecha la totalidad de la caja escénica del teatro y nos introduce en un mundo opresivo y gris, sometido al dictamen de un emperador y a la mano de hierro con que sus oscuros esbirros sustentan el orden público. Se plasma esta situación en una ciudad vertical, casi una colmena humana, que recuerda algunas imágenes de las urbes más hacinadas de China en la actualidad. Escaleras cruzadas recubren altos muros a modo de un diseño que recuerda las paradojas de M. C. Escher. Allí se dispone el pueblo, así como los guardianes y funcionarios del régimen, para admirar las apariciones de los mandatarios o asistir a las pruebas, a vida o muerte, que deben afrontar los candidatos a desposar con la princesa Turandot. En lo alto de los muros, se alzan picas coronadas con las cabezas de los que no han conseguido su propósito.
La historiaestá ambientada en una China imperial de carácter mítico, pero la vinculación con aquellas tierras orientales la tradujo Puccini en una música donde aparece la escala pentatónica, característica de aquellas tierras entre otros lugares del planeta. Esto confiere a la partitura un carácter enigmático que arrebató desde el primer momento a los escuchantes del siglo XX, subyugados también por el hecho de que la ópera se estrenara de manera póstuma. Cuando Puccini estaba a punto de concluir la partitura, se topó con un cáncer fulminante. Tras recibir un novedoso tratamiento de radioterapia en Bruselas, falleció en menos de un mes y la ópera quedó inconclusa.
Puccini dispuso para esta ópera la orquesta más nutrida de su trayectoria, buscando obtener un resultado que, por momentos, luce gran espectacularidad, pero también hallazgos y detalles tímbricos poderosamente seductores y sutiles. Todos esos matices fue capaz de manejarlos con soltura Sir Mark Elder desde el podio, aplicando un tempo contenido en todo momento, con lectura atenta y dejando respirar el drama. De tal modo, pudimos disfrutar de la suntuosa orquestación que posee la partitura pucciniana, y de unas apabullantes apariciones del coro. Esta lección de conocimiento del inglés llegó al público de manera rotunda, como quedó patente por la gran ovación que se le tributó al finalizar la representación.
Similar entusiasmo despertó la soprano Carolina López Moreno, que sorprendió con una voz de gran atractivo para definir a Líu, consiguiendo momentos de una profunda belleza y sentido dramático, sobre todo en su despedida junto a Turandot, antes de tomar su última y fatal decisión. Gran triunfo y muchas esperanzas en que siga con buen pie por un camino ya iniciado en la música de Puccini, sabiendo que próximamente la escucharemos en el papel de Mimí, de La Bohème, en la nueva temporada del Teatre del Liceu. Guiado por la joven Líu, el anciano Timur fue interpretado por el bajo Liang Li, ataviado casi como si de Max Estrella se tratara. De voz rotunda y bien proyectada, cumplió perfectamente con el rol de padre de Calaf.
Esta ópera de Puccini reserva varios pasajes lucidos a Ping, Pang y Pong, tres personajes que tienen su origen en la 'Commedia dell’arte', según los imaginó Carlo Gozzi en una fábula teatral del siglo XVIII. De ahí parte el argumento. Alex Ollé ofrece protagonismo escénico a este trío que Jan Antem, Pablo García-López y Mikeldi Atxalandabaso aprovechan al máximo. Aparecen como tres borrachines menesterosos, semejantes a aquellos personajes de Shakespeare que en sus tragedias ofrecen un contrapunto humorístico, bufonesco. En el segundo acto van vestidos como una unidad NBQ de descontaminación. En realidad son tres funcionarios del Estado que se dedican al trabajo sucio -quizás hoy se podrían denominar ‘fontaneros’-, y aportan un distanciamiento del tiránico contexto, además de una bella evocación de la naturaleza, ausente de esta gris ciudad. El resultado de sus intervenciones fue espléndido, tanto en la conjunción vocal como en su sentido de la comedia.
Dos esferas distantes encierra esta ópera: el ámbito de un poder casi celestial, encarnado por el Emperador y Turandot; y el de la población de a pie. Ese alejamiento confiere al mandatario y a su hija una condición ultraterrena que, en la puesta en escena de Ollé, todavía queda más evidenciada. Una inmensa estructura desciende lentamente desde las alturas generando un mágico efecto de iluminación, casi como la nave nodriza de Encuentros en la Tercera Fase(Steven Spielberg, 1977) se aproximaba a la superficie ante la mirada de los terrestres.
Turandot es una princesa de hielo que aparece ante sus súbditos periódicamente, como un cometa que atraviesa el Sistema solar; una mujer ajena a las emociones que ve rodar las cabezas de los pretendientes tras un macabro juego de adivinanzas. Ekaterina Semenchuk se hizo con el papel aportando veteranía desde su voz de 'mezzo', capaz de alcanzar el necesario carácter trágico.
De veteranía también hizo buen uso Gregory Kunde, sobre todo teniendo en cuenta que ya ha cumplido los 72 años. Realmente asombrosa prestación la suya, ofreciéndonos un Calaf de categoría a lo largo de toda la representación. Entonó con seguridad y buen gusto el aria, quizás, más popular de la historia: Nessun dorma. Esta piezaabre el tercer acto tras el descanso y es uno de los mayores retos para un tenor, aunque no puede nunca acabar en ovación por necesidades del guion -la música no se detiene-. Kunde dotó de emoción esa página inigualable.
Llega el último acto y la túnica blanca de Turandot se torna en un degradado negro, símbolo de un corazón en deshielo que adquiere impurezas. Tras el suicidio de Líu, rotunda prueba de lealtad, el coro entona un estremecedor lamento fúnebre. El día del estreno en Milán, Arturo Toscanini dejó la batuta sobre el atril llegado este punto. Todo quedó en silencio, se giró hacia el público y pronunció las siguientes palabras: "Qui, Giacomo Puccini morì", según recuerda una de sus hijastras, presente en la histórica representación.
Pero la música sigue porque la ópera fue concluida por el compositor Franco Alfano, a partir de algunos bocetos de Puccini. Tras un dúo con Calaf, Vemos a una princesa despojada de su tocado, alejada de su carácter divino y turbada por el amor. En esta versión de Àlex Ollé adopta una decisión que no está en el libreto: suicidarse del mismo modo que lo había hecho Líu. La princesa de hielo se ha convertido en una mujer que ama y se rige por afectos humanos, aunque estos la lleven a la muerte. Un final apoteósico y un cierre triunfal de temporada.
Ismael Serrano (Madrid, 1974) está recorriendo un camino en el que rinde un doble homenaje, y lo hace asumiendo un riesgo y una responsabilidad. El riesgo de subir a un escenario cada tarde para encarnar nada menos que a Antonio Machado y la responsabilidad de interpretar las canciones de Joan Manuel Serrat que tanto han significado en su trayectoria vital y musical.Golpe a golpe refleja varios episodios de la vida del poeta sevillano protagonizados por su hermano Manuel, su madre o aquella chica de trece años, Leonor, de la que se enamoró y acabó siendo su esposa. También aparecen escritores como Valle-Inclán, Lorca o Rubén Darío.
Este recorrido escénico se inicia con el paso a pie de la frontera con Francia, en Portbou, durante una fría noche de enero de 1939. Allí dejó atrás España definitivamente, comenzó un exilio marcado por la amargura, un camino sin retorno que le llevaría a la muerte en menos de un mes. Ismael Serrano se enfunda sombrero y abrigo, y con aire taciturno aporta su visión de Machado en el Teatro Infanta Isabel, donde estará hasta el 28 de junio.
Creo que a Machado lo mató escuchar por la radio las arengas de su hermano al ejército franquista
Si caes en la tentación de poner el piloto automático en canciones que has cantado muchas veces, no comunicas de verdad
La política puede resultar decepcionante, pero todos tenemos la responsabilidad de estar informados y tener espíritu crítico
Empecé la carrera de Ciencias Físicas porque me gustaba mucho, pero la música me ofrecía respuestas más convincentes
No lo es. Pero debería serlo. Ojalá tuviéramos un consejero delegado del mundo como Robert Prevost. El papa León XIV ha hecho lo que tenía que hacer estos días en Madrid. También ha dicho lo que tenía que decir. Caiga quien caiga. Ha visitado a las autoridades, pero también a los pobres. Recorrido el centro de Madrid, aunque deteniéndose en la periferia porque "es donde hay que empezar". Recibido en el aeropuerto por niños enfermos y Reyes. Diciendo verdades como puños en todas sus intervenciones. La prosperidad de España está basada en el acuerdo y no en el enfrentamiento actual, afirmó el pontífice. Qué peligroso alimentar la polarización para conseguir beneficios a corto plazo. Por qué ridiculizamos la caridad cuando es lo más necesario por no hablar de lo cruel que es la inmigración que tanto ignoramos cuando la vivimos en nuestras propias carnes con nuestros antepasados.
No existe un dirigente del mundo. Si el planeta fuese una empresa necesitaría un CEO como el papa León XIV. Un líder que piensa y actúa. Piensa, como acaba de demostrar en su reciente encíclica dedicada a los peligros de la tecnología. Actúa, como estos días en Madrid con numerosos gestos para dar protagonismo a los más necesitados: enfermos, pobres, migrantes y presos. Sin despreciar la importancia de las instituciones como actores de los cambios sociales a las que ha cuidado de sobremanera desde la Familia Real, clase política, sindicatos, empresarios, universitarios y artistas.
También ese gerente del mundo ha de ser moderno y clásico. Experto en inteligencia artificial (IA) como para que la primera carta a sus feligreses sea sobre esta disrupción técnica. Clásico, para citar a los santos españoles que más han aportado a la teología como Teresa de Jesús, Juan de la Cruz o Ignacio de Loyola.
Estudioso y comprometido socialmente. Prevost se graduó en matemáticas y en teología lo que no le impidió irse a las misiones durante casi dos décadas para vivir rodeado de miseria. Ese primer ejecutivo del planeta Tierra, como el santo padre, debería saber comunicar a la vez que reflexionar. Mirar hacia fuera y hacia dentro. Ponerse al frente de una vigilia y una misa ante cientos de miles de personas y rezar a solas en la intimidad de su cuarto en la Nunciatura.
Por supuesto, el que dirija el mundo ha de pensar en lo divino y en lo profano. Y el Papa lo cumple porque los que somos católicos lo consideramos como el representante de Dios en la tierra. Y es que además lo hemos visto en sus discursos de estos días: capaz de conciliar los mensajes más espirituales de la religión cristiana con las llamadas a la acción y la denuncia cruda y valiente de lo que pasa en las calles de Madrid, sin ir más lejos.
Si se piensa en quien dirige el mundo aparece inmediatamente un oligarca tecnológico o un presidente de una gran nación. Alguno puede pensar hasta en teorías conspiranoicas y en un selecto grupo de millonarios que se reúnen en lujosas mansiones. Pero a nadie le vendrá a la cabeza un humilde agustino que dice cosas como que nadie nació siendo maestro, que los jóvenes pueden cambiar la historia con el amor o que la fe no puede ser solo un museo al que visitar. Y que defiende no tener miedo porque Jesús no abandona a nadie. Bienvenido, papa León.