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Los delitos de odio, una lacra que casi se ha duplicado en personas con discapacidad

10 June 2026 at 04:00

Los delitos de odio registrados en España no dejan de crecer. Según los últimos datos presentados por el Ministerio del Interior, desde el año pasado han aumentado un 23,6%, hasta llegar a las 2.417 infracciones penales, lo que representa la cifra más alta de la serie histórica desde que se empezaron a medir en 2014.

El mayor incremento en la tipología de delitos se produce en la islamofobia, con un aumento del 133% con respecto al año anterior, seguido de la disfobia, el odio a las personas con discapacidad, que ha crecido un 90%.

Así, si en 2024 los delitos de odio registrados contra las personas con discapacidad fueron 31, en 2025 este número se elevó hasta 59. Un mayor número de denuncias podría estar de estos datos, pero lo cierto es que el odio al diferente -también hacia las personas con discapacidad- prolifera, sobre todo en las redes sociales.

Como ejemplo, Montse Font, influencer con discapacidad que divulga sobre accesibilidad en las redes sociales, que contaba hace unas semanas a 20minutos que se sentía "una de las personas más odiadas en las redes, sobre todo en TikTok. Tengo mucho hate con mensajes como ‘levántate y anda’, ‘no te quejes’, ‘pídete la eutanasia’… Creo que me ven como un blanco fácil. Al final, he decidido no leer los comentarios en TikTok porque llegó un momento que empezaron a afectarme mucho, así que decidí que o dejaba de leer los comentarios o cerraba todas las redes".

Y hace un año, el cómico con huesos de cristal, Felipe Mateos denunciaba amenazas e insultos tras haberse quejado en redes de la gente que ocupa plazas de aparcamiento reservadas para personas con movilidad reducida. Fue tanto el hate que recibió que decidió alejarse unas semanas de las redes. "He recibido amenazas diarias e insultos (…) La verdad es que alucino un montón porque, en el vídeo solo defiendo que las personas con movilidad reducida podamos aparcar en las plazas de aparcamiento destinadas para nosotros, porque si vosotros veis algo ilegal, ¿no llamarías a la Policía?", contaba hace un año.

Por desgracia, no son casos aislados, sino una realidad contra la que hay que luchar, pues como asegura Gregorio Saravia, Delegado del Cermi para los Derechos Humanos y la Convención de la ONU de la Discapacidad, "las personas con discapacidad no pueden ser objeto de burla, escarnio o mofa en una sociedad democrática. Este tipo de delitos son el preludio de otros delitos".

Luchar contra ese tipo de delitos es complejo, pues muchas veces se producen desde el anonimato, pero desde Cermi abogan por tomárselos en serio, tanto desde las instituciones como la sociedad civil poniendo en marcha cuanto antes estrategias de detección y prevención.

Las personas con discapacidad no pueden ser objeto de burla, escarnio o mofa en una sociedad democrática

Un delito complejo y difícil de medir

"El fenómeno del odio es muy complejo y no se puede erradicar el sentimiento del odio en el ser humano. Siempre habrá personas que van a odiar y en la sociedad lamentablemente nos toca convivir con ellas", lamenta Saravia.

Sin embargo, aunque no se puedan erradicar siempre hay intentar combatirlo, sobre todo cuando se da entre los más jóvenes. "Quizás lo hacen para un desafío de TikTok o como algo que consideran que puede llegar a cosechar ‘me gustas’ en alguna red social, y en muchos casos ni siquiera son conscientes de las repercusiones de lo que hacen, pero no por ello hay que quitarle importancia. Los delitos de odio o los casos de bullying o agresiones que vemos en las redes sociales reflejan un fenómeno del que no terminamos de conocer en todas sus dimensiones, y desde Cermi creemos que es una cuestión mucho más seria de lo que parece, pues en los delitos de odio no solo está en juego la dignidad de las personas con discapacidad, sino también su seguridad, pues el discurso de odio muchas veces prepara el paso hacia la acción, hacia la agresión física contra una persona con discapacidad", alerta.

Es importante no solo conocer las verdaderas dimensiones de este fenómeno -pues solo denuncia una mínima parte- sino todas las características del fenómeno, tener datos disgregados, por discapacidad, por sexo… unos datos de los que ahora mismo no disponen en la asociación. “Tener más datos reflejaría lo que ocurre, en qué lugar quedan las mujeres y las niñas con discapacidad, el perfil de las personas que cometen estos delitos… todo ellos nos ayudaría a generar políticas para combatirlas, pero no solo desde el punto de vista penal, persecutorio, sino desde el punto de vista educacional, para generar conciencia", insiste Gregorio Saravia.

La IA al servicio de la detección

Los delitos de odio se puede cometer en cualquier sitio, pero donde más se producen es en las redes sociales. Por ello, Cermi participa en el Plan Nacional de Lucha contra los Delitos de Odio del Ministerio del Interior, y trabaja en el marco de la Unión Europea, concretamente en la Comisión Europea, donde están viendo la manera de que las grandes plataformas de contenidos y de redes sociales les ayuden a localizar y combatir estos delitos. "Tienen que crear protocolos de actuación claros y eficaces que se pongan en marcha cuando se encuentran contenidos que pueden llegar a ser tipificados como discurso de odio", insiste, "porque no se trata de coartar ninguna libertad de expresión, ni de operar con formas de censura de los contenidos en redes, sino de que no se pueda multiplicar el odio como se multiplica en las redes y que haya una completa impunidad, porque puede generar un daño que muchas veces es irreparable".

En su opinión, no es tan difícil, pues los delitos de odio en redes se podrían detectar de manera eficaz usando la inteligencia artificial. "Se podrían incluso establecer protocolos de denuncia dentro de las propias aplicaciones, algo que podría hacerse de manera rápida y accesible. Así, cualquier usuario que viera que se ha violado un código de conducta dentro de una determinada plataforma, podría denunciarlo de manera fácil dentro de la misma, que podría verificar, a través de herramientas de IA si, efectivamente, se trata de un discurso de odio y actuar. De esta manera evitaríamos lo que ocurre ahora, que estamos ante un océano interminable de mensajes imposibles de detectar y que atentan en muchos casos contra la dignidad de todas las personas, una dignidad que deberíamos preservar".

No se puede multiplicar el odio como se multiplica en las redes y que haya una completa impunidad

El Delegado del CERMI para los Derechos Humanos insiste en que hay que actuar, y para hacerlo, antes tenemos que ser conscientes de que en internet y en las redes sociales no todo vale, sino que en la Red también se tienen que cumplir nuestros derechos. Además, quiere recordar a todos los ciudadanos, con o sin discapacidad, que se puede denunciar. "Por un lado, es necesario que las personas con discapacidad generen su propia autodefensa ante situaciones como estas, pues muchas veces no son conscientes de que están siendo víctimas de un discurso de odio y simplemente lo dejan pasar", contaba a este medio Montse Font, que había terminado haciéndolo.

Por tanto, si uno tiene indicios de que se puede haber cometido un delito de odio, aunque el soporte sean las redes, siempre se tienen que reunir las pruebas y denunciar. Algo que reconoce que no siempre es fácil para las personas con discapacidad por falta de accesibilidad. "Los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado no cuentan con personal capacitado para atender este tipo de denuncias y la persona puede encontrarse barreras a la hora de comunicarse o de expresar con claridad qué es lo que ha ocurrido. Por este motivo, hay muchas denuncias que se pierden, algo que no debería ocurrir".

Prevenir desde la raíz

Combatir los delitos de odio contra las personas con discapacidad no es fácil, pues no solo hay que luchar contra una red inabarcable, sino también contra años de prejuicios. Como advierte Saravia, "pesan décadas de estigmatización, de ideas equivocadas, de incluso a veces hasta de miedo con respecto a las personas con discapacidad. Todo esto forma parte del imaginario colectivo y se traslada a las propias personas con discapacidad, que muchas veces sienten que no son ciudadanos de primera, sino de segunda, que sus vidas no tienen relevancia, porque, aunque sea de manera inconsciente, acaban por acostumbrarse a los malos tratos".

Las personas con discapacidad son un ‘blanco fácil’, como decía Monstse Font, no porque sean vulnerables de por sí, sino por que se encuentran en una situación de mayor vulnerabilidad porque el entorno no ayuda, crea barreras. "Generamos sociedades, formas de comunicarnos, de movernos y de ejercer los derechos que responden a una estandarización del ser humano en lugar de apreciar a la diferencia, porque la diferencia no viene a ponernos las cosas más difíciles, simplemente nos obliga a ser un poquito más creativos. Vivir en una sociedad diversa que nos empuja a imaginar soluciones para todos es una sociedad más decente. En España la tenemos, pero siempre podemos mejorar", asegura optimista.

Muchas personas con discapacidad se sienten ciudadanos de segunda y, aunque sea de manera inconsciente, acaban por acostumbrarse a los malos tratos

Mejorar con respecto a los delitos de odio requiere mejorar en muchos frentes, pero el más importante considera que es el educativo, tanto en el ámbito escolar como en el divulgativo. "A mí siempre me han parecido que son maravillosas las campañas que la Dirección General de Tráfico, de las que se saca pecho porque son muy eficaces. Pues desde las administraciones se podrían hacer campañas de ese estilo para llamar la atención sobre las cuestiones que tienen que ver con el odio y que se hicieran desde una narrativa inclusiva, pero que no sea una campaña teñida de un determinado color del espectro ideológico, sino basadas en el fomento de la tolerancia, del respeto al principio de igualdad y no discriminación, que es como debería ser una sociedad que se precie de ser una sociedad democrática".

Y desde los colegios, considera esencial la educación en derechos humanos, "en materias que tengan que ver con la discapacidad, la diversidad y la inclusión". Y cuando ya se ha cometido el delito, "desarrollar cuál es el perfil de los victimarios, por qué lo hacen, para qué lo hacen… y pensar en qué programas de rehabilitación social se podrían poner en marcha para personas que están detrás de estos discursos o delitos de odio".

Ayúdame 3D imprime sillas de ruedas personalizadas y adaptadas para niños: "Les ayudan a hacer amigos"

9 June 2026 at 04:56

Desde que hace casi 10 años Guillermo Martínez Gauna-Vivas decidió utilizar su impresora 3D para algo más que imprimir juguetes, ya son cientos de personas alrededor del mundo las que tienen una de sus Trésdesis: prótesis de brazos impresas en 3D que fabrican y entregan gratis a quienes las necesitan.

Ahora, gracias a una iniciativa nacida en Estados Unidos, han decidido ir más allá y atreverse con un reto aún mayor: imprimir sillas de ruedas. Pero no unas cualesquiera, sino sillas de ruedas para niños y totalmente personalizadas.

La iniciativa se ha hecho más que viral y los vídeos publicados en las redes de Ayudame3D con una niña, Mía, estrenando su silla de princesas tienen millones de reproducciones, un éxito que Guillermo Martínez desea que se traduzca en también en donaciones. "La gente tiene buena fe y comparte los vídeos, pero lo que hacemos cuesta mucho dinero. Pedir dinero siempre nos ha dado un poco de vergüenza, pero queremos ser transparentes con lo que nos cuesta hacerlo real y estamos teniendo una acogida espectacular. La gente lo entiende y se están animando a colaborar", cuenta.

Una silla perfecta para los niños

La idea de imprimir sillas de ruedas en 3D no es originariamente suya, sino que nació al otro lado del charco, pero en cuanto la conoció, Guillermo Martínez supo que quería importarla. "Vi un vídeo en Internet de un chico americano que decía que estaba diseñando una silla de ruedas para el hijo de unos amigos. Le escribí corriendo y le dije que me encantaba, que yo tenía un proyecto en España y que quería colaborar. Me contestó muy majo diciéndome que me iba a facilitar el diseño".

Unos meses después, cuando lo terminó, se lo envió. Pero en lugar de ponerse a hacerlas directamente, contactaron con el departamento de rehabilitación y terapia ocupacional del hospital Gregorio Marañón. "Se la dieron a probar a niños y niñas con parálisis cerebral, espina bífida… u otra patología que provoca problemas de movilidad en las piernas, y gracias a ese feedback de niños reales, hicimos un rediseño".

Como cuenta entusiasmado Guillermo, han creado una silla perfecta para todos los niños, pues está diseñada sin necesidad de que les empuje un adulto, y está totalmente adaptada a los menores. "Esta silla tiene dispositivos más de entretenimiento, una bandeja para que puedan comer en ella y, algo muy importante, les permite estar a la altura de los niños de su clase, algo que no ocurre con las sillas convencionales. Muchas veces los niños con algún tipo de discapacidad no entran tanto en el círculo social por la dificultad que tienen de acercarse al resto de la clase, y creemos que nuestra creación lo facilita y es algo fantástico".

Les permite estar a la altura de los niños de su clase, algo que no ocurre con las sillas convencionales

Además, personalizan la silla para cada niño. "Ahora estamos haciendo una chulísima de dragones, otra para un pequeño que nos pedido que tenga ‘todos los colores’… y nos estamos volviendo locos para que cada trocito tenga un color diferente… Es muy divertido ver las solicitudes y lo que pasa por la cabeza pensante de un niño, pero sobre todo es muy bonito", insiste el fundador de Ayúdame 3D.

Apenas están empezando, pero su idea es ir ya mejorándolas, pues uno de sus próximos desafíos es conseguir la adaptación progresiva de la silla según el niño va creciendo.

Es gratis, pero hacerla no

En breve ya habrá 10 niños con estas sillas en España y ya están trabajando en varias más que tienen en lista de espera, pero para conseguirlo, y hacerlo cuanto antes, necesitan ayuda, tanto en forma de donaciones como de otras personas que les ayuden a imprimirlas, a fabricarlas. "Tenemos una frase que creo que define muy bien la situación, y es que esta silla es totalmente gratis para el niño, pero que fabricarla no lo es. Hemos calculado que cada una nos cuesta unos 500 euros, así que animamos a la gente a que nos ayude a hacerlas con sus colaboraciones. Pueden hacerlo con tres euros al mes o con donaciones puntuales a través de nuestra web. Por ejemplo, pueden apadrinar una silla, donar los 500 euros directamente, las empresas también apadrinar una o las sillas que quieran… Lo guay, además, es que te puedes desgravar hasta el 80% de lo que donas en la declaración de la renta del año siguiente".

Esta iniciativa se está viralizando más que otras y Guillermo cree que es porque pone el foco en el beneficiario, y más en este caso, donde la protagonista es una niña. "Con los niños, la gente se sensibiliza más, se acerca más…", explica. Además, lo que quieren que la gente vea es cómo ayudan a las personas con sus iniciativas. "Siempre contamos la parte buena, nunca vamos a poner a un niño triste en la cámara y luego vamos a decir 'dona para que este niño no esté triste', sino todo lo contrario, que es lo que hemos hecho ahora: mostrar a un Mía, una niña súper feliz en su silla de princesas. Queremos que se vea qué pasa cuando ayudamos a estas personas, que vean que lo que hacemos es real, que realmente ayudamos a las personas".

Y ya van cientos, pero su intención es que sean muchísimas más.

No solo brazos…

Quieren ayudar a mucha gente más, y de muchas más formas, por eso su manera de ayudar no ha hecho más que crecer desde 2017, cuando empezaron 'imprimiendo brazos'. "Desde que en la pandemia empezamos a imprimir máscaras para profesionales sanitarios, me di cuenta de que no solo teníamos que hacer brazos, sino que podíamos hacer cualquier cosa que saliese de las impresoras, por algo nos llamamos Ayúdame 3D y no 'brazos3D'", bromea.

Por eso, a partir de ahí, empezaron a pensar otras manera de ayudar. De los brazos, siguieron con un proyecto para niños en oncología, unas cajas que cubren las bolsas de quimioterapia de los niños con imágenes de superhéroes, de princesas... Un pequeño gesto que supone una enorme ayuda psicológica para pequeños que están pasando por un cáncer, y más tarde, desarrollaron otros proyectos también relacionados con hospitales. Ahora, ya están fabricando piernas ortopédicas en 3D y siguen avanzando.

Nos encanta decir que 'sí' a todo y, aparte de las sillas, trabajamos para mejorar nuestros diseños, hacer prótesis mioeléctricas, prótesis de piernas…

"Nos encanta decir que 'sí' a todo lo que podemos y, aparte de las sillas, estamos trabajando para mejorar nuestros diseños de prótesis, haciendo prótesis mioeléctricas -van con los impulsos de los músculos-, cerrando proyectos para prótesis de piernas… y, por otro lado, estamos llevando impresoras a otros países y formando allí gente para que fabriquen prótesis", cuenta.

Y, por supuesto, siguen con sus 'brazos' y con estas sillas, de las que tienen más de 100 solicitudes en todo el mundo, 20 de ellas en España. "Por eso invitamos a personas de todo el mundo a que las fabriquen. Ahora mismo nosotros estamos muy centrados en España, y estamos intentando colaborar con universidades, con fundaciones, con empresas de impresoras 3D que nos ayuden a agilizar la fabricación pero estamos muy contentos con la acogida y con todo lo que está colaborando la gente".

Siguen y siguen, porque como reza el lema de Ayúdame 3D, "ayudar es demasiado fácil como para no hacerlo".

Sergio y su lucha diaria por tener una vida normalizada: "Tener Tourette no tiene nada de divertido"

7 June 2026 at 06:43

Sergio, que ahora tiene 40 años, vivió hasta hace dos años sin saber que tenía síndrome de Tourette, un trastorno neurológico que se caracteriza sobre todo por provocar tics y que puede llega a ser muy incapacitante.

Los tics han estado presentes en su vida desde que recuerda, pero, a pesar de visitar a neurólogos, nunca confirmaban que fuera Tourette. "Siempre lo descartaban. Primero porque no tenía cropolalia -emisión involuntaria de palabras obscenas, insultos o comentarios inapropiados-, y más tarde porque tenía pareja o estudiaba una carrera", recuerda Sergio.

Todo eso son falsos mitos sobre el Tourette, es decir, que no lo diagnosticaron antes por falta de conocimiento de un trastorno que no es ni mucho menos infrecuente, pues afecta a entre el 0,3% y el 0,8% de la población menor de 18 años.

Esa falta de diagnóstico no se lo puso fácil, pues a los tics, que provocaban las risas de sus compañeros de colegio, se unía el TDAH -también sin diagnosticar- y una ansiedad que le acompaña durante toda su vida. "Durante todo ese tiempo, tuve que convivir con cosas que yo pensaba que eran normales, como que me despistaba mucho en clase, me ponía a escribir y a veces no podía terminar las frases… y, sobre todo, por las miradas ajenas. Lo niños me miraban, mi imitaban y se reían y los adultos me decían que me controlara cuando hacía tics, no me comprendían. Yo lo vivía todo esto con mucha vergüenza, con la sensación que querer huir de donde estaba".

En el instituto, la cosa fue algo mejor, y sin adaptaciones de ningún tipo llegó a la universidad, donde estudió Pedagogía. Ahí empezó a sospechar que tenía algún tipo de trastorno de aprendizaje, como TDAH, trastorno que tiene asociado al Tourette. "Haberlo sabido antes, me habría permitido tener adaptaciones, una mayor comprensión, porque no saberlo me ha hecho sentirme mal continuamente. Sin embargo, creo que también me ha hecho más fuerte, más resiliente… y con sufrimiento, pero he logrado tener una vida normalizada".

Tan normalizada que ha llegado a ser profesor en un centro público de Formación profesional, donde imparte un ciclo formativo sobre Atención a Personas en Situación de Dependencia, algo poco usual en personas con esta condición. Fue precisamente gracias a la madre de un alumno con síndrome de Tourette que decidió volver a pedir que lo evaluaran. "Daba por hecho que yo lo tenía. Se acercó a mí buscando ayuda para su hijo, y la ayuda me la dieron ellos a mí", dice agradecido.

Lo niños me miraban, mi imitaban y se reían. Yo lo vivía con mucha vergüenza, con la sensación que querer huir de donde estaba

Toda una vida sintiéndose diferente

El diagnóstico ha supuesto para Sergio un antes y un después. Como explica, le dio tranquilidad y se sintió muy feliz, pues por entendió por fin "por qué actuaba como actuaba y me sentía como me sentía. Por fin todo encajaba y eso me ha dado mucha seguridad y valentía".

Valentía, por ejemplo, para contarle a sus alumnos sin tapujos lo que le ocurre al inicio del curso. "Así, si lo alumnos hacen un comentario o burla, propia de la edad, no me afecta y, además, les sirve a nivel formativo, pues van a trabajar con personas, van a dedicarse a algo relacionado con la discapacidad y la dependencia. Yo no tengo dependencia, pero sí ciertos limitaciones, y yo al contarlo también estoy más cómodo", cuenta.

No tener diagnóstico ha significado para él sentir que no encajaba, sobre todo a nivel social, pues siempre le costó hacer amigos, encajar en grupos, estaba bien solo… además de tener trastornos asociados que, al no tener conocimiento sobre el síndrome, no los relacionaba con ellos. "Yo pensaba que podía tener TDAH, después TOC, siempre he tenido ansiedad… pero no le di más importancia". Hasta que no tuvo el diagnóstico, no supo que el Tourette no son solo tics, sino que se asocia a muchos más trastornos que, en su caso, no son pocos: TDAH, TOC, ansiedad, disforia ansioso-depresiva, agorafobia -en aglomeraciones-, trastorno del sueño e hipersensibilidad sensorial.

"Una de las cosas que me dijo la psicóloga cuando me diagnosticó es que le sorprendía mucho que hubiera llegado hasta donde he llegado sin ningún tipo de ayuda con Tourette y todos los trastornos asociados que tengo. Hasta entonces, solo me había tratado en terapia la ansiedad, tras la pandemia, pero no por el Tourette. Ahora lo trato todo con psicoterapia y desde hace unos meses estoy probando una medicación para la ansiedad".

Limitaciones que no se ven, pero se sienten

Lo ha logrado, pero no sin sufrimiento, un sufrimiento que aún le acompaña y le limita a veces mucho en su día a día. "A pesar de que he conseguido trabajar y seguir adelante, siento que tengo muchas limitaciones y es muy agotador vivir de esta forma, con una ansiedad constante, y eso afecta mucho a nivel social y con mi familia. Yo tengo un niño de seis años y, por ejemplo, los momentos en el parque son muy agotadores para mí, y lo mismo me ocurre si voy de comprar a un centro comercial, a hacer la compra, con la reuniones familiares, las fiestas… me saturo enseguida, aguanto muy poco rato… Me tengo que ir, pero no porque no quiera estar, sino porque no aguanto, a veces mi mujer tiene que asumir más tareas en casa porque yo me saturo o me bloqueo… y eso me crea mucha culpabilidad, mucha ansiedad…”

En el trabajo, ha encontrado mucha comprensión, entienden si a veces se tiene que quedar en casa o salir de clase un momento, aunque reconoce que aún le cuesta pedir ayuda. "Estoy aprendiendo a respetar mis límites, pero me noto más dependiente y no me gusta", reconoce.

Como también reconoce que le vendría muy bien tener reconocida la discapacidad, cuya valoración aún espera después de dos años. “Para las oposiciones que me estoy preparando me vendría muy porque tendría adaptaciones, más comprensión del tribunal, opción a una plaza reservada en las oposiciones… pero aún no me han llamado. Lo estoy deseando, pero a la vez me pone muy nervioso, no me apetece sentirme observado, evaluado…”.

Estoy aprendiendo a respetar mis límites, pero eso me hace sentir más dependiente y no me gusta

Un día para reivindicar

Cada 7 de junio, en Astta (la Asociación Andaluza de pacientes con Síndrome de Tourette y Trastornos Asociados, a la que pertenece) aprovechan el Día Mundial Concienciación síndrome de Tourette para reivindicar y visibilizar un síndrome que está aun rodeado de estigmas y desconocimiento. "Cada año pedimos que nos respeten, una atención adecuada, más conocimiento sobre este síndrome… porque el Tourette todavía sigue siendo muy desconocida y la poca visibilidad que ha tenido en series o películas la tratan como si fuera algo divertido. Y tener síndrome de Tourette no tiene nada de divertido, no es divertido, hay gente que lo pasa muy mal, que viven en entornos en los que no son comprendidos, en los que sufren burlas".

Y todo eso limita mucho, por eso suelen tener muchos problemas de integración, pocos llegan a tener estudios superiores y tienen serias dificultades para encontrar trabajos y conservarlos, a pesar de que un porcentaje superior a la población general tiene altas capacidades. "Yo soy consciente de lo afortunado que soy porque, aunque me cueste mucha ansiedad, he acabado una carrera y hasta presentarme a unas oposiciones", asegura Sergio.

Por eso piden diagnósticos certeros y tempranos, algo que no siempre se produce; una atención acorde a sus necesidades por parte de los profesionales y que se reconozca al síndrome de Tourette como una entidad propia. "Siempre se habla de Tourette y trastornos asociados, no se estudia como un trastorno en sí mismo. Si se estudiara más y se fuera consciente de lo limitante que puede llegar a ser, se les podría apoyar como necesitan, terminarían los estudios e incorporarse al mercado laboral, porque ahora no es así", reivindica Sergio.

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