Qué buenos son mis amigos
Ocurre pocas veces. Empezar un libro y que te acucie la necesidad y el placer de devorarlo de un tirón, ahuyentando el sueño, fascinado de principio a fin. Con La bola me ha vuelto a ocurrir ese milagro. Me gusta hasta su dedicatoria: “A mis padres por no darme nunca por perdido. A Anna, Giulia y Simona por no darme nunca la razón”. Anna es su mujer, toneladas de estilo, y Giulia y Simona son sus pequeñas hijas. De mi amigo Dani Verdú sabía que, además de irónico, muy listo, zumbón y divertido, antiguo pateador de calles duras, poseía el bendito don de la escritura. Conocía su virtuosismo en distancias cortas, en sus columnas y en sus crónicas, pero ignoraba si eso ocurría en las largas.

© Marta Pérez (EFE)




